poesía

Los amores sucios

Los amores sucios

Los turistas aplauden a la puesta de sol.
Así resulta obligatorio disfrutar del paisaje
y presentir que esas dunas volverán a mi vista
cuando el invierno truene o el tedio nos arañe.

En lugares semejantes yo encontré la dicha,
o al menos alivio para la soledad y el hastío.
Qué jóvenes fuimos todos los veranos,
qué libres creíamos que seríamos siempre.

Comprábamos belleza, buscábamos países
acaso parecidos a cuadros y a películas,
al manual de uso para sonrisas perfectas,
a carteles de turismo que nuestro rostro llevaran.

Sin embargo, ahora, junto al rayo verde,
el levante cálido y la ropa ibicenca,
el recuerdo de la piel conduce sin embargo
a lugares que no están en la avenida de la fama.

La memoria me lleva a oscuros talleres
y afueras lluviosas, bares como antiguas
máquinas tragaperras, estaciones término,
ciudades sin gracia y suaves amores sucios.

No fue junto a las dulces arenas blancas,
los templos dorados, las alfombras de Persia,
el sol como un pájaro que huye del ocaso,
donde solía venir el gozo a visitar mis horas.

Bienvenidas las sombras y el rincón marchito,
donde llegó el tiempo a besarme con gula,
un coche a solas en polígonos industriales,
olor a comida, fábricas vacías, desnudos pabellones.

Contemplo el crepúsculo como un dije de plata
y es bello suponer que la noche inminente
terminará seguro más temprano que tarde
y seremos luminosos otra vez y otro día.

Pero mi alma retorna hacia alcobas modestas,
pisos de estudiantes, casapuertas entornadas,
habitaciones sin vistas, antros de humo.
Éramos penumbra pero tampoco importaba.

No eran de seda oriental los vestidos de saldo,
si acudía la joven de la vieja academia,
la amante que olía a colonia barata,
la mujer del suburbio con sus sueños inéditos.

No hubo a menudo alhambras en los ojos vecinos,
sino que fuimos caricias de tizne, cuerpos manchados.
Estábamos desnudos también frente a la tarde,
solo que los turistas no nos aplaudían.

‘Los amores sucios‘ es el poema que da título al libro, una colección de fotogramas desordenados que, superpuestos, dan lugar a una imagen de imágenes que cuenta la historia de cómo nos enteramos, poco a poco y a golpe de experiencia, de que el amor es menos noches de boda y besos desarmados y más labios urgentes y días después. Y de cómo pasa el tiempo y uno concluye que, aunque de segunda mano, ese amor sigue valiendo la pena.

Juan José Téllez
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