Opinión y Pensamiento

¿El fin de las conjuras?

¿El fin de las conjuras? Orgías, conspiparanóicos y militares en el Imserso
Emprendedores, collage por Sofía Crottogini

¿El fin de las conjuras? Orgías, conspiparanóicos y militares en el Imserso

Cuan ideales eran aquellos tiempos en los que los emperadores morían acuchillados. Roma, cuna de la civilización, inventora del derecho, pasado glorioso para la cultura Europea, tenía, entre sus costumbres, que cuando a algún alto cargo del poder se le iba un poquito de madre, se reunía un grupito de adversarios y le daban de puñalás.

Habría que contar los hobbies que tenía la clase política y las élites romanas. El emperador romano más trending topic es Calígula, famoso por abusar sexualmente de niños y ancianos, de gozar de las múltiples y creativas torturas que ordenaba por simple diversión, y por nombrar cónsul a su caballo.

Cada emperador estaba más loco que el siguiente, y los senadores y todos los altos cargos que les acompañaban no eran inocentes. Otro Grande fue Heliogábalo, que ahogaba a los invitados de sus orgías en pétalos de flores.

Esto no son excepciones del excelente imperio Romano, son la regla. Por eso, toda esta corte de patricios, senadores y demás, cuando al emperador se ponía en contra de sus intereses, conjuraban y lo mataban.

Esto no sucedía en la decadencia del imperio Romano, era parte de su esplendor. ¿Qué pasa cuando al poder ilimitado le ponemos un apetito vicioso ilimitado? Sin embargo, hemos superado Roma y nos queda un mundo precioso.

Vivimos en una sociedad idílica con el más alto grado de felicidad y Justicia. Los trabajadores tenemos las mejores condiciones y vivimos en megaciudades cuasimágicas sitiadas por la belleza de la publicidad y el todopoderoso e implicado McDonald’s. Empresarios y demás, justos y atrevidos, emprenden para traer aún más riqueza a este maravilloso paisaje. Los políticos, sabios y virtuosos, se agrupan internacionalmente para asegurar la paz mundial.

Quizás, haya pequeños conflictos aislados, pero son irregularidades y males necesarios para salvaguardar el bienestar general. La tecnología nos permite los milagros que no pudo hacer la religión y condensa a la vida humana en la más perfecta de las acciones que ya recomendaba el griego Aristóteles: la contemplación.

En nuestro caso, la contemplación de las series de televisión, hechas por los grandes artistas de Netflix, junto con la neurociencia, que consiguen llevar al espectador al éxtasis y a la trascendencia del tiempo. ¿Cómo podría haber conjuras en nuestra época? ¿A quién se le ocurriría usar la violencia en un mundo así de perfecto? Es impensable que un entrañable poderoso pudiera cometer tales excesos como había en Roma.

Vivimos en un mundo pacificado, que no pacífico, rodeado de guerras que no le importan a nadie. Incluso defender la vida y criticar políticas es parte de la moda de Instagram. Todo el mundo sabe qué hay detrás de las cosas pero está seguro de que no le tocará o no se arriesgará, secretamente es un cómplice del conquistador.

El Covid ha sido lo único real en muchos años que parecía que podría sacarnos del letargo. En este mundo encantado ¿Cómo se iba a dejar morir a los viejos en pútridas residencias construidas con dinero público por empresas privadas? ¿Cómo iba a haber peleas dentro de las altas esferas que excedan el conocimiento de la población? La televisión se confunde con la realidad y parece que todo es público, que los poderes no tienen intimidad.

Sin embargo no, la política no se hace en el Parlamento y las entrevistas. La política está hecha de conjuras y acuerdos en la puerta de atrás, en comilonas y con maletines.

La historia de España es un simulacro tras otro, una conjura tras otra. ¿Cómo olvidar el teatral golpe de estado de Tejero para legitimar la monarquía o la creación de los GAL por Felipe González?

Estas orquestaciones son conjuras, y como lo fueron lo siguen siendo. ¿Cómo un partido de izquierdas va a tirar por tierra todos sus ideales y profesores de universidad, expertos en política, van a cometer errores tan garrafales por su propio pie? Pues porque detrás de los ideales y de las cámaras, lo que hay es la corte de los emperadores, donde todo el mundo sabe lo que pasa aunque juguemos a que somos tontos y nos creemos que se siguen las reglas.

El otro día al político homófogo, József Szájer, eurodiputado del ala más dura de Hungría, fue pillado in fraganti en una pandémica orgía gay. Se le tacha de hipócrita, pero esto no es así, lo que se hace para conseguir el poder no tiene porqué tener coherencia entre aquello se dice públicamente y lo que se practica en la vida privada.

Que la política esté hecha de conjuras, no implica que haya conspiraciones.

En el otro extremo de creer que hay juego limpio, está la conspiparanoia que se cree que está todo amañado. Se han hecho muy famosas por las redes las teorías que dicen que el Covid es un virus para controlar a la población como en una tecnodistopía propia de algún nuevo capítulo de Black Mirrow, que el  5G o las vacunas nos van a convertir en Zombis, o que estamos gobernados por una élite de pedófilos extraterrestres con sede en Hollywood.

Esto es absurdo porque da significados trascendentales y loquísimos a lo que es del sentido común. ¿Qué en Hollywood y en las altas clases políticas y empresariales hay pedofília? Eso se sabe desde preescolar, y no es solamente por el caso Bar España, la pedofilia es de lo más usual en nuestra cultura.

En Madrid, en los pisos de calle Montera, al lado de la comisaría más céntrica de nuestro país, cualquiera puede ir a alquilar a una tierna adolescente recién traída de Rumanía, y no precisamente de viaje de estudios. La pedofilia en la Iglesia es un tema de prensa rosa. ¿Cómo olvidar el caso de los Romanones donde declararon inocente al sacerdote porque había una gran diferencia entre las manchas del pene descriptas en el testimonio y la «hiperpigmentación difusa´´ de la exploración física?

Y si esto no es demasiado, podemos negar también las misiones de paz de los cascos azules de la OTAN que prostituyen a niñas por pedazos de pan.

Calígula nunca haría eso, dice un cordial ciudadano romano.

Teniendo este plano general ¿Cómo los de Hollywood van a ser menos? Hay hasta un documental en Netflix sobre la isla de Epstein que cualquiera puede ver por una módica subscripción…

La gracia de la teoría de la conspiración es que se creen que han descubierto la verdad extraordinaria por vídeos de youtube, que es, en realidad, un secreto a voces.

No sé por qué tanta alarma ante algo comúnmente inaceptado y por todo el mundo sabido. No hacen falta que sean Illuminati, son empresarios anodinos y corrientes con gustos normales para una sociedad neoliberal.

No hacen falta chemstrails para envenenarnos cuando hay transgénicos y jornadas laborales extenuantes. No hacen falta vacunas con microchips, ni paranoias así, para controlar el mundo, cuando la opinión pública se maneja desde las redes. No hace falta tanto drama ni tanta épica, el juego es groseramente banal. La teoría de la conspiración no es la revelación, es el punto de partida. Y como buena política y conjura, llegó el asesor de propaganda de Trump y en este mágico relato lo puso a él como el salvador del mundo…

Parece de cachondeo, pero hay que reconocer la genialidad de mezclar verdad con delirios funcionales para quien comete los crímenes.

Ante esta extravagancia o la creencia en el juego limpio se responde de la misma manera: con memes. Nadie se toma en serio lo peligrosa y chunga que es nuestra sociedad y creemos que siempre viviremos en paz o, por lo menos, en tranquilidad.

Por eso llegan unos militares en una conjuración por guasap diciendo que van a fusilar a 26 millones de personas y se toma a broma, como si no fuera a suceder, como si hubiéramos avanzado desde Roma y pacificado a los dirigentes del Ser Humano.

Parece que lo privado es menos serio que lo público, así que no pasa nada que se digan estas cosas. Quitándole a la política y la economía la posibilidad de la conjura o exagerándola como conspiración, estamos banalizando y tiñendo de rosas a lo que, por definición, son traiciones y disputas violentas.

En mi humilde opinión, solo un pueblo politizado y activo puede evitar que se acumule tanto poder en una clase o un país para que no se dé lugar a tales excesos. Pero la politización requiere actividad y compromiso, y nadie nos ata a nuestro sillón o a nuestro egocentrismo. No estamos controlados, este mundo viene de nuestra propia voluntad y, por supuesto, de una falta de tiempo y el cansancio que impide la organización.

Estemos calmados, a España no le va a pasar nada ni va a haber otra guerra civil. Europa, o sus restos en poco tiempo, no lo permitirían.

¿Qué pasaría con los resort de vacaciones alemanes, rusos e ingleses en Málaga o Menorca? El puticlub no puede tener las aguas revueltas, antes enviarían a los cascos azules.

Fernando Grieta
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