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Raquel Lanseros: «La poesía está del lado de la justicia y la verdad»

Raquel Lanseros. Foto de Laure Recio.
Raquel Lanseros. Foto de Laure Recio.

Raquel Lanseros: «La poesía está del lado de la justicia y la verdad»

Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973). Poeta, traductora, antóloga y profesora de Universidad. Su último libro de poesía, Matria, ha obtenido en España el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Andalucía de la Crítica. Además, ha publicado en España Leyendas del Promontorio, Diario de un destello, Los ojos de la niebla, Croniria y Las pequeñas espinas son pequeñas. Asimismo, ha publicado diez libros de poesía en Francia, Estados Unidos, Colombia, Argentina, Italia, México, Portugal, Marruecos y Puerto Rico. Su obra poética hasta 2016 ha sido reunida íntegramente en el volumen Esta momentánea eternidad. Poesía (2005-2016).

En el campo de la literatura infantil y juvenil, es la autora de Himbu, el pequeño pintor, un álbum ilustrado publicado por Edelvives en 2019. Como traductora, destacan sus versiones de Edgar Allan Poe, Lewis Carroll, Louis Aragon y Sylvia Plath. Ha sido también galardonada con el Premio Unicaja de Poesía, un Accésit del Premio Adonáis, el Premio de Poesía del Tren, el Premio Antonio Machado en Baeza y el Premio de Poesía Jaén. Doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura, Máster en Comunicación Social y Licenciada en Filología Inglesa, es autora asimismo de publicaciones académicas y de investigación en el ámbito de la poesía, la traducción, los estudios de género, la creación poética y la transversalidad del conocimiento. Su obra ha sido traducida a diversas lenguas e incluida en numerosas antologías y publicaciones literarias de todo el mundo.

Javier Gilabert: Tras el breve pero necesario parón estival y preparándonos para volver a nuestros respectivos campos de batalla –nunca esa metáfora tuvo más sentido que en estos días-, Fernando al hospital y yo a las aulas, tenemos el gran honor de inaugurar el “curso entrevistadoril” con Raquel Lanseros, a quien agradecemos profundamente que le haya robado tiempo a sus vacaciones para contestar a nuestras preguntas.

Fernando Jaén: Junto con Ana Merino, reuniste en el libro ‘Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX’, 82 autoras nacidas entre 1886 y 1960, pioneras de la poesía en castellano de diferentes países y culturas. Imagino que la tarea de recoger este grupo heterogéneo de voces no fue fácil. ¿Cómo surgió esta idea? ¿Qué dificultades y qué alegrías encontrasteis en este trabajo?

Raquel Lanseros: Efectivamente, no fue un trabajo fácil, sino que requirió mucho esfuerzo y dedicación. Ayudó mucho la inmejorable sintonía que tuvimos Ana y yo en todo momento, fue una verdadera delicia trabajar juntas y compartir todas las labores de organización, selección y edición, que fueron largas e intensas. Pero el entusiasmo común era tal que ambas afrontamos todo el proceso con alegría, tenemos un recuerdo muy hermoso de aquella época. Trabajamos convencidas de la pertinencia del aporte, tanto académico como poético, por la necesidad de visibilización de la obra de tantísimas autoras de ambas orillas cuyo legado es indispensable para comprender la poesía del siglo XX en español. No fue sencillo realizar la selección de las autoras -hay muchas poetas con méritos para estar en una antología de esta naturaleza- ni de los poemas de cada una de ellas -para esto último seguimos criterios argumentales, editoriales y cronológicos-. La acogida del libro fue tan buena que desbordó cualquier expectativa previa, con la satisfacción añadida de que ha servido como punto de partida para posteriores investigaciones en el ámbito universitario de varios países.

«La poesía es un acto de amor»

F.J.: Eres autora de ‘Leyendas del promontorio’, ‘Diario de un destello’, ‘Los ojos de la niebla’, ‘Croniria’ y ‘Las pequeñas espinas son pequeñas’, libros que se agrupan en ‘Esta momentánea eternidad. Poesía reunida (2005-2016)’, una edición preciosa de Visor que incluye poemas exentos e inéditos. Esta obra reunida da una idea del peso de tu obra y de tu voz en la poesía española actual. ¿Qué sientes al mirar atrás y ver esta extensa y sólida obra? ¿Ha sido la poesía un acto de amor en este largo camino?

Raquel Lanseros: Creo que cualquier autor, al mirar atrás, tiende a ver su propia obra en términos vivenciales más que literarios. Las experiencias personales de cada momento están indeleblemente entrelazadas con la creación poética, de modo que los recuerdos y los libros se entremezclan en la memoria. Uno no puede dejar de sentir sobre todo gratitud ante el hecho de que haya habido personas dispuestas a acoger y valorar su propuesta poética. Porque indudablemente, como menciono en el prólogo de ‘Esta momentánea eternidad’, la poesía es un acto de amor al mundo, a los libros, a las personas, a las palabras, a los lugares, a la vida. Y es también un acto de comunicación, así que el agradecimiento a esos receptores (lectores/oyentes) es absoluto.

J. G.: ¿Te pasa como a mí que de una forma o de otra la poesía se acaba colando en tus clases? ¿Cómo ves a la nueva hornada de poetas, al futuro de la poesía española?

Raquel Lanseros: Eso siempre, la poesía sale a relucir con mucha frecuencia en mi ejercicio docente. Doy clase en la Universidad, en el área de Didáctica de la Lengua y la Literatura, así que, de todas formas, en mi caso es necesario y pertinente que la poesía esté presente. En cuanto al futuro de la poesía española (y la del resto del mundo) yo siempre soy muy optimista al respecto. Creo que la poesía forma parte de la condición humana, de modo que siempre habitará con nosotros. Cambiarán las modas, los soportes, las usanzas, pero la poesía seguirá con nosotros, inagotable y pura, como definía a su amada el enamorado de Borges.

«El lenguaje, la cultura y el conocimiento necesitan el mayor apoyo y prestigio social y no siempre lo tienen»

J.G.: En tu faceta como docente tienes la responsabilidad de formar a las futuras maestras y maestros tanto en Lengua y Literatura como en habilidades comunicativas. Es ésta una gran responsabilidad, ¿verdad? ¿Está la universidad al tanto de las necesidades reales de la escuela actual? ¿Nos comunicamos cada vez peor?

Raquel Lanseros: La educación es efectivamente una gran responsabilidad, una de las piedras angulares sobre las que se construye cualquier sociedad. Por eso mismo es un reto tan apasionante. Desde la Universidad se intenta (aunque no siempre se logra) tener presentes las necesidades de la escuela. En la Facultad de Educación no es raro que los docentes universitarios (como es mi caso), hayamos pasado antes por alguna otra etapa educativa (Primaria, Secundaria, Formación del Profesorado), de modo que conocemos la realidad escolar de primera mano. No puedo afirmar si nos comunicamos cada vez peor o no, para ello necesitaríamos analizar diacrónicamente el fenómeno comunicativo en diferentes siglos (con iguales coordenadas). Lo que sí es cierto es que el lenguaje, la cultura y el conocimiento necesitan el mayor apoyo y prestigio social y no siempre lo tienen.

J.G.: Profesora, poeta y madre —no necesariamente en ese orden—. ¿Cómo te las apañas para sacar todo adelante (risas)? ¿Sigue siendo este un mundo de hombres (el real, el universitario, el literario…)?

Raquel Lanseros: El orden no altera el producto y en este caso tampoco. No te voy a negar lo difícil que resulta conciliar la vida familiar y la profesional en este mundo nuestro, máxime si la profesional se bifurca a su vez en dos facetas (académica y poética en mi caso, con todo lo que ambas conllevan). Tengo muy a menudo, como puedes imaginar, la oprimente sensación de falta de tiempo. Hago lo que puedo, pero eso significa muchas renuncias, mucho cansancio y mucho sueño atrasado. Creo que lo más difícil de ser mujer en este lugar y en este momento histórico radica precisamente en la dificultad para la conciliación. La sociedad está preparada para que una mujer ejerza la crianza y también (aunque a regañadientes y poco a poco) lo va estando cada vez más para que ejerza sus ambiciones profesionales o artísticas. Pero para lo que no está preparada de ninguna manera, ni en mentalidad ni en estructura logística, es para que una mujer aspire a aunar ambas cosas. Hay muchos prejuicios y muchos obstáculos aún que superar acerca del rol de madre combinado con el ejercicio de la libertad individual. Es la principal asignatura pendiente que tenemos como colectivo y urge abordarla, pero por el momento se opta por mirar hacia otro lado, con toda la pérdida de potencialidad que ello implica.

«Lo más difícil de ser mujer en este lugar y en este momento histórico radica precisamente en la dificultad para la conciliación»

F.J.: En tu obra el trato que haces del lenguaje es admirable, exquisito, mezclando un hermoso lirismo con un tono narrativo, siempre con tu propia música interna, con tu elegancia. ¿Cómo es posible transferir tantos matices al traducir tu obra a otra lengua? ¿De qué manera te enfrentas a una obra cuando ejerces como traductora?

Raquel Lanseros: Muchas gracias por esas observaciones tan generosas. Yo creo que toda traducción implica una recreación, tanto lingüística como pragmática y cultural. Los traductores de poesía son personas enamoradas del hecho poético, que comprenden y asumen, de manera que son capaces de trasladar muchísimos matices de la obra en lengua ajena a la lengua propia. Yo he tenido la fortuna de tener traductores espectaculares, como Marie Ange Sánchez al francés, Allen Josephs, Gordon McNeer y Anthony Geist al inglés, Naike La Biunda, Davide Rondoni, Gianni Darconza y Paolo Ruffilli al italiano, André Domingues, Beatriz Hierro Lopes y Alberto Augusto Miranda al portugués, Aziz Tazi y Khalid Raissouni al árabe, entre otros. Muchos de ellos grandes poetas en su propia lengua, con una sensibilidad exquisita para absorber y transmitir las diversas capas significativas que implica la poesía. A todos ellos estoy muy agradecida y reconocida. En cuanto a las traducciones que yo realizo al español (Edgar Allan Poe, Lewis Carroll, Louis Aragon y Sylvia Plath entre otros), suponen siempre una inmersión en el universo personal del autor o autora, así como una constante negociación entre la literalidad y la connotación.

J.G.: Nacida andaluza, parte de tu educación y tu labor profesional se desarrollan en otras partes de España. ¿Cuál es tu relación con nuestra Comunidad en este momento? ¿Es Andalucía tierra de poetas?

Raquel Lanseros: Sí, mi vida ha sido hasta el momento muy variada, viajera, y ajetreada, lo cual me ha llevado a residir en muchos lugares distintos. La verdad es que lo vivencio como una fuente de riqueza, he tenido la posibilidad de ver el mundo desde diferentes lugares y de absorber matices, culturas, lenguas, acentos. Andalucía, además de mi lugar de nacimiento, es siempre mi casa. A ella me unen muchos momentos intensos de mi biografía, tengo grandes amigos y amigas y amo su cultura, su paisaje, su patrimonio histórico. Es tierra de poetas sin ninguna duda, sólo hay que repasar los grandes nombres de la Historia. Y más ampliamente, es tierra de grandes artistas (pintores, escultores, músicos…).

J.G.: Me gustaría que nos hablaras de tu abuelo, de qué relación tiene con tu gusto por la poesía. ¿Se podría hacer algo más en la escuela para que se dejara de escuchar el consabido «A mí es que la poesía no me gusta”?

Raquel Lanseros: Mis abuelos (también mi abuela) eran personas que amaban la poesía, las canciones, el teatro, la cultura, a pesar de que no tuvieron la oportunidad de recibir una formación institucional, hecho que siempre lamentaron muchísimo. De mi trato con ellos nace, entre otras cosas, un profundo respeto por la cultura y un reconocimiento al legado de las generaciones anteriores, sobre el que cada nuevo individuo tiene la opción de construir y aportar. Para propagar el gusto por la poesía, nada mejor que una sociedad que fehacientemente valorase las artes, las ciencias, el conocimiento. La escuela puede poco de manera aislada, los jóvenes son muy intuitivos para captar lo que la realidad social valora y propone realmente, más allá de los muros de los colegios o institutos.

«En la poesía lo importante siempre está lejos de la vanidad»

J.G.: La fama y las redes sociales van últimamente de la mano. ¿En qué medida ambas te han beneficiado o perjudicado?

Raquel Lanseros: No tengo conciencia marcada de ninguna de las dos cosas. Hay que tener en cuenta que la relevancia social que proporciona la poesía es, afortunadamente, muy limitada. Y digo afortunadamente porque en la poesía lo importante siempre está lejos de la vanidad.

F.J.: Tras publicar tu volumen de poesía reunida, publicas un libro extraordinario, que luce con luz propia -luz púrpura-, ‘Matria’, con el que obtienes el premio andaluz y el premio Nacional de la Crítica. ‘Matria’ es un poemario que ahonda en la memoria, en las raíces. Se aprecia la casa familiar como una patria íntima, rodeada de libros en tu caso, entre dos mundos. ¿Consideras que la poesía es tu refugio, tu matria, tu legado? ¿Qué importancia tiene la infancia en la creación de la poesía?

Raquel Lanseros: Sin duda alguna la poesía es, entre otras cosas, un refugio, un solaz de sentido y belleza, a cobijo de la intemperie. No puedo afirmar qué será mi legado, en caso de tenerlo. Quizá un libro, quizá un poema o un verso, quizá solo un recuerdo -ojalá luminoso- en la memoria de mis descendientes. Es imposible predecirlo, más allá de la seguridad sobre la propia pequeñez, y no digamos cuando intermedia el tiempo. En cuanto a la importancia de la infancia en la creación poética, prácticamente todos los poetas coinciden en que es capital. Un ejemplo de ello es el famoso poema ‘Adrogué’, de Jorge Luis Borges. Muy bien lo expresó Rilke: la infancia es la patria del poeta.

«Sin duda alguna la poesía es, entre otras cosas, un refugio, un solaz de sentido y belleza, a cobijo de la intemperie»

F.J.: ‘Matria’, dedicado a tu hijo, hilvana un discurso consciente que trasciende la individualidad, a la vez que intenta descifrar el tiempo y su leyenda, con una voz lúcida que busca la verdad de aquellas que fueron silenciadas. ¿Es la poesía el refugio de las voces acalladas por la historia? ¿Indagar en las raíces, en los orígenes, es una forma de enfrentarse al futuro que nos espera? ¿Cómo se presenta ese futuro?

Raquel Lanseros: La poesía es muchas cosas juntas, tantas que es muy difícil describirlas todas en pocas líneas. Reflejo del alma humana como es, también contiene contradicciones y paradojas. Pero una cosa es cierta, la poesía está del lado de la justicia y la verdad. Nunca se ha llevado bien con la hipocresía inherente al poder. Y a través de ella, en ocasiones, hablan los silenciados por la Historia, los agraviados, los ofendidos, los indefensos. En poesía, el yo se remansa en el nosotros; de otro modo carece de interés alguno. Por lo que respecta a la segunda pregunta, las raíces, la conciencia del origen nos refuerzan y nos pertrechan para el futuro y para el presente, pues nos dotan de identidad, algo imprescindible para articular un criterio propio. Ahora bien, eso no nos convierte en pitonisas, nadie sabe qué futuro nos espera. Podemos hacer planes, predicciones o vaticinios, pero la vida siempre nos sorprende. Desvelar el futuro lo convierte en presente y eso se llama vivir.

J.G.: 2019 fue, sin duda, el año de ‘Matria’. ¿Ha cambiado este poemario tu vida? ¿Cuál es ahora tu horizonte, Raquel?

Raquel Lanseros: Los reconocimientos siempre hay que tomarlos con máxima gratitud, pero también con cautela. Sobre todo porque en lo que respecta al hecho creativo, estamos siempre enfrentándonos desde cero. Dicho lo cual, es cierto que la buenísima recepción de ‘Matria’ por parte de la crítica y el público ha supuesto una gran alegría, siempre es un regalo inesperado que se valore una obra y una propuesta. Con ‘Matria’ sucede que muchos lectores me escriben para comentar impresiones, sensaciones o identificaciones personales con poemas o con versos. Es una inmensa felicidad que la gente haga suyas las palabras de un libro, de hecho es la mejor fortuna que éste puede correr. En cuanto a mis horizontes, hay ahora mismo varios proyectos muy ilusionantes en los que trabajo. Pero siempre es mejor no desvelarlos antes de tiempo.

«La poesía posee todas las contradicciones del alma humana»

J.G.: ¿Cómo se explica que la poesía esté cada vez más en boga y sin embargo no deje de ser, como decía Juan Ramón Jiménez, un producto para inmensas minorías?

Raquel Lanseros: La poesía, como afirmaba antes, posee todas las contradicciones del alma humana. De ahí se deriva que la buena poesía, adecuadamente transmitida, le llegue a todo el mundo. Pero también que la poesía, como realidad comunicativa compleja, exija un esfuerzo que solo una minoría esté dispuesta a cultivar y a mantener en el tiempo.

F.J.: Nadie es buen sastre de sí mismo, nos dices, pero me gustaría terminar con una de esas preguntas sin respuesta que lanzas en tu poema ‘La loca más cuerda’, ¿Quién es el ser humano más libre de la Tierra?

Raquel Lanseros: Como muy bien afirmas, ésa es una pregunta sin respuesta. Podríamos aventurar algunas, pero para ello primero necesitaríamos consensuar qué entendemos por libertad. Y eso es un apasionante ejercicio filosófico que precisa de mucha investigación y reflexión. Hay quien dice que es más libre quien menos necesita, pero no existe nadie completamente autosuficiente para su supervivencia. Otros afirman que el conocimiento nos hace libres, pero una gran parte del que tenemos está sesgado por múltiples intereses o enfoques culturales. Sigamos pues, pensando y argumentando, pues las preguntas son cuando menos tan apasionantes como sus hipotéticas respuestas.

J.G.: Muy a nuestro pesar llega el momento «Carta blanca». Eso significa que tenemos que acabar la entre2vista. ¿Cómo te gustaría cerrarla?

Raquel Lanseros: Pues antes de nada, agradeciendo mucho a ambos vuestras preguntas y vuestro compromiso con la difusión de la poesía. Y, aprovechando esta libertad que me brinda la “Carta blanca” (todo un clásico ya de la sección), me gustaría hacer un homenaje a una de las capacidades más necesarias y prometedoras de la inteligencia humana. Para ello, cierro con mi poema “La loca más cuerda”, que ha sido mencionado en alguna de las preguntas.

Poemas de Raquel Lanseros

LA LOCA MÁS CUERDA

¿Quién es el ser humano más libre de la Tierra?
¿Quién es capaz de nacer más de una vez?
¿Quién habla con los árboles? ¿Quién llueve?
¿Quién viaja hasta el umbral de otra galaxia?
¿Quién comparte las aguas con las ninfas?
¿Quién ambiciona un tiempo sin subordinación?
¿Quién traspasa un espejo? ¿Quién es el espejo?
¿Quién brinda con Ulises en el puerto de Ítaca?
¿Quién sobrevive ileso a una tormenta dentro del corazón?
¿Quién desposa al destino? ¿Quién corteja a la muerte? ¿Quién emprende una gesta aun a sabiendas de una derrota cierta?
¿Quién para con su mano los relámpagos de un dios?
¿Quién sueña con androides que soñaban con ovejas eléctricas?
¿Quién ha visto su alma? ¿Quién vence a los molinos?
¿Quién tiene largos trenes recorriendo la estepa de sus venas?

¿Con quién es comparable la belleza del fuego?
¿A quién le pertenece lo que no es de nadie?
¿Por quién siguen doblando las campanas?

¿Quién puede competir con la imaginación?

INVOCACIÓN

Que no crezca jamás en mis entrañas
esa calma aparente llamada escepticismo.
Huya yo del resabio,
del cinismo,
de la imparcialidad de hombros encogidos.
Crea yo siempre en la vida
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
Engáñenme los cantos de sirenas,
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
Que nunca se parezca mi epidermis
a la piel de un paquidermo inconmovible,
helado.
Llore yo todavía
por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
Huya yo del realismo encorsetado.
Consérvense en mis labios las canciones,
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.

Por si vinieran tiempos de silencio.

EL BESO

Por celebrar el cuerpo, tan hecho de presente
por estirar sus márgenes y unirlos
al círculo infinito de la savia
nos buscamos a tientas los contornos
para fundir la piel deshabitada
con el rumor sagrado de la vida.

Tú me miras colmado de cuanto forja el goce,
volcándome la sangre hacia el origen
y las ganas tomadas hasta el fondo.

No existe conjunción más verdadera
ni mayor claridad en la sustancia
de que estamos creados.

Esta fusión bendita hecha de entrañas,
la arteria permanente de la estirpe.

Sólo quien ha besado sabe que es inmortal.

RESISTENCIA AL CÁLCULO

Un silencio fecundo de rugidos
acompaña la tarde litoral y nubosa.
Es una playa ilesa del Pacífico.

Manzanillos de agua, heliconias gigantes
meciéndose en la brisa embriagada de nubes.
De repente, el milagro:
dos papagayos rojos
rebasan el umbral de lo posible.

Justo en ese momento
yo soy un marinero de la Santa María
mirando Guanahani desde el mástil.
Yo soy Keats descubriendo
el Homero de Chapman.
Gagarin comprendiendo
la soledad helada del espacio.
Tenochtitlán, Numancia,
Troya llorando a Héctor,
un órdago de Dios,
Edmund Dantès al viento.

Soy el roce de dos ramas resecas
que encendieron un fuego primitivo.

Es fácil de entender si sales de tu nombre.

En la Tierra el misterio.
Yo he venido
a ser ola a la vez que miro el mar.

HIMNO A LA CLARIDAD

A cambio de mi vida nada acepto.
¿Qué se puede ofrecer que valga más
que el calor de la llama, que la espiga
convocada a ser grano, que la noche
que dentro ya contiene el joven día?

Escucho mis pisadas sobre el suelo.
A lo lejos, alguien también las oye.
Tañido lastimero de campanas
en su oído. Eco de brasas tiernas
en el mío, que todavía es temprano
y en el cuerpo palpita el pulso errante.

Me pongo por testigo en esta hora,
cuando la lluvia lava más que riega
y los libros liberan más que nutren.

¿A qué esperáis? Encended los caminos,
que empapen bien los ojos. Recorredlos
mientras haya una lumbre en los pulmones,
mientras un niño aguarde su ocasión
de convertirse en hombre, mientras verbos
de orígenes distantes desemboquen
en una voz unida, mientras reinen
las noches que nos prenden, abrazad
el destello arcilloso de la tierra
que es nuestro hogar común,
el verdadero.

A cambio de mi vida nada acepto,
aunque sepa -y bien que eso me duele-
que no siempre es el justo el encumbrado.
La luz es un oficio fugitivo,
impenitente en su aversión al óxido.

Aun así, yo me aferro a esta urdimbre,
a esta pila de huesos que me suman,
a este rayo en proceso, presentido
en su persecución de lo inefable.
La profecía acampa frente al cielo
con los párpados tersos y se afana
en avanzar en base a lo avanzado.

Que nada nos detenga. La llamada
del infinito debe obedecerse.
Soberana inquietud que nos animas,
enséñanos a merecer el néctar
de estos días que nos tocan. Muéstranos
un modo de luchar contra el vacío
de este dulce interludio. Que la fe
en la alegría posible no abandone
ni la razón despierta ni el recuerdo.

Sé que tengo sentido porque vivo,
y sé que no hay dolor ni menoscabo
que puedan inmolar esta fortuna
de ser en el presente, de existir,
de sentirme el orfebre del instante.

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta
la sed de infinitud que me espolea.
Ante el placer de respirar me postro.

No hay verdad más profunda que la vida.

LA LENGUA NECESITA UNA ESCAPADA

Descansando un momento del ruido
con la mano se aparta el sudor
agotada de utilitarismo
saturada de trivialidad
vuelve a ser el motor primigenio
que toma conciencia.

Le horrorizan los mismos epítetos
las idénticas cartas de amor
sueña con adjetivos exóticos
con orillas de verbos abiertos
alejadas del tedio mimético
y el lugar común.

El lenguaje se mira al espejo
que refleja vigor y belleza
se acaricia el armónico torso
se despoja de ropajes viejos
armoniza al concierto del cosmos
su respiración.

Durante unos instantes es libre
fuerte, joven, poderoso y pleno
sin grilletes de usuarios insulsos
sin el yugo de la menudencia
se sumerge en su lago sonoro
donde es dios del país de la idea
y reencuentra el calor de su amada
por fin, la poesía.

Javier Gilabert / Fernando Jaén
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