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Carlos Catena Cózar: «La pandemia ha expandido las fronteras de la verosimilitud y eso siempre es bueno para la ficción»

Carlos Catena Cózar
Carlos Catena Cózar

Carlos Catena Cózar: «La pandemia ha expandido las fronteras de la verosimilitud y eso siempre es bueno para la ficción»

Carlos Catena Cózar (Torres de Albanchez, Jaén, 1995) estudia Máster en Interpretación de Conferencias en la Universidad de Granada y es graduado en Traducción e Interpretación por las universidades de Granada, Münster y Ottawa. Ha resultado ganador de premios como el Ucopoética 2015 o el premio Málaga Crea 2017 y acaba de alzarse con el XXXIV Premio Hiperión (ex aequo) con su primer libro, ‘Los días hábiles’ (Hiperión, 2019 ). Aparece en antologías como ‘Donde veas’ (La Bella Varsovia, 2015) o  ‘Algo se ha movido’ (Esdrújula ediciones, 2017) y ha publicado en blogs como ‘Tenían veinte años y estaban locos’ (selección de Luna Miguel), ‘Digo palabra.txt’ (selección de Oriette D’Angelo) y revistas como Oculta Lit y Playground. Coordinó y tradujo la antología de poesía joven alemana ‘Las bestias del corazón’, publicada por La Tribu en 2015.

Javier Gilabert: Con sólo 24 años cuentas en tu haber con el III Premio UCOpoética, el Premio Málaga Crea 2017 y, recientemente, el XXXIV Premio Hiperión. ¿Y ahora qué? ¿Hasta qué punto esos galardones condicionan tu futuro como escritor?

Carlos Catena Cózar: Pues ahora a seguir escribiendo. El circuito de los premios me parece un buen trampolín para empezar. De hecho, creo que es una de las pocas formas de irrumpir en un mundo por lo demás difuso, en el que hay muchas propuestas nuevas todo el tiempo y son pocas las que consiguen tener algo de recorrido. Pero también es algo muy estresante, supone someterse todo el tiempo a una crítica virtual, porque tú no la recibes, de un jurado que no sabes nunca qué va a decir o si va a decir siquiera algo. Es además todo un artefacto que se sustenta sobre algunas cosas con las que no sé si estoy del todo de acuerdo. Lo que pasa es que algunos vivimos con un síndrome del impostor eterno y necesitamos que alguien, en este caso un jurado, nos diga que lo que hacemos no está tan mal, que merecemos nuestro espacio. Me da pánico pensar en publicar un libro sin premio, porque lo considero un acto de fe y valentía, pero supongo que es el lugar al que me dirigiré antes o después. En fin, cada cosa a su tiempo, antes de pensar en la publicación de un libro hay que escribirlo y que merezca la pena publicarlo.

J.G.: UCOpoética está resultando ser una auténtica cantera de magníficxs poetas andalucxs. ¿Qué se aprende en sus talleres? ¿Crees que puede hablarse de la “generación UCO”?

Carlos Catena Cózar: Yo aprendí sobre todo a ser inmisericorde con mi escritura y a no creerme mis propias excusas. Creo que es algo que antes o después hay que aprender si se quieren hacer las cosas bien, no solo escribir, pero especialmente escribir. Aprendí también que el tiempo escribiendo nunca es tiempo perdido, incluso cuando decides tirar un manuscrito de setecientos versos a la basura y volver a empezar. Me enseñó mucho descubrir la pasión y el entusiasmo de los otros, que a mí a veces me falta; creo que da mucho aplomo y tranquilidad saber que hay otras formas de vivir la literatura y que no todas ocupan siempre los magacines culturales, ni tampoco hay unas que sean mejores -más exitosas- que otras. A UCOpoética yo fui con 19 años y sin haber publicado antes nada, mientras que otros participantes frisan la treintena y tienen libros acabados o publicados, así que imagino que la experiencia de cada uno es muy distinta. Por eso me resulta difícil hablar de una generación surgida directamente de los talleres. Siento que sí, que hay un antes y un después, pero cada uno lo lleva como puede y a su manera. Lo que es indudable es que UCOpoética es una plataforma para lanzar y descubrir talento y un foro para el intercambio poético único, algo muy necesario para conseguir sacar a la escritura del aislamiento del cuarto propio y los archivos de Word.

«Espero que en algún momento nos tiremos a las calles y empecemos a quemar chalés y oficinas»

Fernando Jaén: Imagino que a un joven poeta se le exige primero terminar su carrera, que piense en su futuro, pero ¿qué futuro esperas para ti y para las nuevas generaciones?

Carlos Catena Cózar: Yo espero que en algún momento nos tiremos a las calles y empecemos a quemar chalés y oficinas, la verdad. Hace unos meses decía Juan F. Rivero en Twitter algo así como que a los jóvenes a los que les va bien se los come la ansiedad, y a los que les va mal se los come la depresión (cito de memoria, es probable que dijera otra cosa, pero la idea era parecida). Y esto es insostenible. No puede haber una o dos generaciones enteras sin ningún tipo de estabilidad y pretender que la sociedad sí sea estable. Y la cosa es que ahora todo estará justificado, gracias a la intervención divina de la pandemia, pero no podemos permitir que esta circunstancia tan terrible invalide reivindicaciones y luchas que venían de antes. Me siento agradecido porque tengo ingresos (aunque ojalá no vinieran del trabajo) y todos mis seres queridos están bien, sí, pero también me siento cabreado por una jornada laboral extremadamente larga, por la acumulación de la riqueza o por la violencia sistemática. Nada de esto es nuevo y son cosas que no van a dejar de ir a más.

J.G.: Tinder, WhatsApp, Google, Netflix, Snapchat, Windows, Word, Pornhub, likes… conforman en gran medida léxico de ‘Tinder makes me sad’ (Premio Málaga Crea 2017). ¿Es la poesía un producto de su tiempo? ¿Con qué otr@s autor@s te sientes más identificado?

Carlos Catena Cózar: Si el autor no es capaz de librarse de las condiciones que impone su tiempo (precariedad, distancias, la obligatoriedad del trabajo pero también la salud, la abundancia o la tecnología), ¿cómo va a hacerlo el poema? Es un poco como cuando vas a trabajar y los jefes y las jefas quieren que seas profesional, es decir, que dejes fuera de tu horario de trabajo todo lo que no sea trabajo. Pero las cosas ocurren, y uno va a trabajar pensando en sus hijos, en que le han roto otra vez el corazón o en que tiene que cambiar las sábanas. 

Emocionalmente me siento muy próximo a Rosa Berbel y a Juan Domingo Aguilar, pero no sé hasta qué punto esa proximidad transmuta en literatura. Por hablar de jóvenes, de jóvenes de verdad, no como los que se reunieron el otro día con los reyes, sigo como un fan a Alba Flores y Guillermo Marco. Propuestas un poco más alejadas de la mía, como las de Ismael Ramos, Juan Gallego Benot y Claudia González Caparrós, también me interesan mucho. Y luego ya, en la categoría de adultos, esta pregunta se me hace un poco inabarcable, así que voy a mencionar a A. R. Ammons, que es el último autor que he leído con fascinación. 

F.J.: Con tu libro ‘Los días hábiles’ te unes a la prestigiosa saga de grandes poetas ganadores del Premio Hiperión. Su título parece una forma de invocar a la vida diaria. ¿Es la poesía una forma de vencer a la rutina? ¿Cómo se puede escapar de la vida establecida?

Carlos Catena Cózar: No se puede. Porque hay que pagar el alquiler y la comida y, en el mejor de los casos, cotizar para tener asistencia sanitaria, y la poesía ni paga el alquiler ni compra comida ni cura enfermedades. La poesía -como el cine o el punto de cruz- es un rato agradable que hace lo demás más llevadero, como cenar con los amigos y pasarte con el vino, o como juntarte con la familia de vez en cuando. Esas cosas que nos gustan a los humanos y no sabemos muy bien por qué, así que nos limitamos a decir que somos así y así tenemos que ser. A mí me reconforta pensar en la poesía cuando estoy hastiado, aunque suene cursi, mentiría si dijera que no me mantiene a flote y lo considero una suerte. Por eso en el libro, que es un libro eminentemente negativo, hay algunos destellos de luz como el amor o el sarcasmo, y hay sobre todo también una voluntad de compañía y ternura. Quería que mi libro fuera para los otros lo mismo que son casi todos los libros para mí.

«Quería que mi libro fuera para los otros lo mismo que son casi todos los libros para mí»

J.G.: En ‘Los días hábiles’, la familia es un símbolo que aparece recurrentemente, pero también lo son el desencanto y la política. Evidentemente, el yo poético no tiene por qué coincidir necesariamente con el del autor pero ¿hasta qué punto puede coartar el hecho escribir desde una realidad tan cercana? ¿Es la poesía para ti una herramienta de autoconocimiento?

Carlos Catena Cózar: Normalmente llego al poema después de haber explorado su contenido por otras vías. Quiero decir, casi todo lo que dicen los poemas de Los días hábiles son cosas que yo dije, o sigo diciendo, hablando por teléfono o en un bar con amigos. Luego a la gente le hace gracia: del disparate aquel que dijiste has sacado este poema tan bonito. Claro está, la poesía no es un hecho cerrado, uno escribe y escribe pero el poema al final siempre es otra cosa, como lo de proponer y disponer entre Dios y el hombre. Supongo que descubro sobre mí escribiendo, por eso algunas cosas las borro antes de sacarlas del cajón, cambio algunos detalles y digo ¡es ficción! El exhibicionismo por desgracia me da reparo, creo que sería más libre si me diera todo igual, o si no fuera responsable con la gente que me quiere o me ha querido, pero entonces estaría haciendo algo en lo que no creo.

F.J.: Presentaste ‘Los días hábiles’ en Granada junto a Andrés Neuman. Un diálogo entre poetas de generaciones distintas. ¿Qué admiras de Andrés? ¿Qué os une y qué os separa?

Carlos Catena Cózar: No sé si resultará incómodo este elogio tan fanático que voy a hacer de Neuman pero como escritor no creo que haya algo que no se pueda admirar de él. Es un hombre talentosísimo, todo lo que hace lo hace bien, ejerce el humor con seriedad, la narrativa con lirismo y la poesía con verdad y gusto. Tiene esa cosa, que a mí me fascina de algunos escritores, que es que siempre te cuenta algo que no sabías, que incorporas rápidamente a tu acervo y se te olvida que acabas de aprenderlo. Yo disfruto mucho leyéndolo, consigue devolverme a la modalidad de lectura en la que uno lee solo por leer y no por examinar el texto, detectar los errores y aprender de los aciertos. Por si fuera poco, es generosísimo. Quizás la mayor diferencia entre Neuman y yo (tremenda osadía esta comparación, pido disculpas) sea estética. Otra de las muchas cosas que he aprendido de Neuman es la urgencia por actualizarse, por estar al corriente, por saber escuchar e incorporar lo escuchado. Es un ejercicio que requiere la humildad en su justa medida.

J.G.: ¿Desde dónde y hacia dónde escribe Carlos Catena? ¿Cuál debe ser, en tu opinión, la función de la poesía en los tiempos en los que nos ha tocado vivir?

Carlos Catena Cózar: Escribo porque me gusta hacerlo. He pensado mucho en esto últimamente, porque, bueno, publicar un primer libro conlleva ese momento comming-of-age en el que uno se pregunta para qué ha sido todo esto. Y no lo sé, no sé siquiera si hay una finalidad en escribir poesía que no sea precisamente escribir poesía. Si te soy totalmente sincero, me sorprende la mera existencia de la poesía; si lo piensas con ojos de extranjero es una cosa rarísima, así que supongo que escribo desde la admiración por algo que practico sin comprender del todo y desde la simpleza del disfrute. Quiero pensar que escribo de vuelta hacia ambos lugares, pero sé que escribo también hacia otros lugares más tangibles y políticos: me interesan la ternura, el abrazo distante entre autor y lector, la compañía que es la literatura. La literatura que a mí me interesa es esa, pero no me atrevería a decir que esa es la que debe haber en este tiempo porque no creo tampoco que estemos viviendo un solo tiempo, sino muchos a la vez, y cada uno encontrará refugio en su literatura. Un poco como las verdades. 

«Hay posturas irreconciliables dentro de la misma poesía joven, no es que estemos todos a lo mismo»

F.J.: Apareces en antologías como ‘Donde veas’ (La Bella Varsovia, 2015) o ‘Algo se ha movido’ (Esdrújula ediciones, 2017). ¿Crees que hay a día de hoy algún tipo de «grupo» o movimiento poético en el que puedas incluirte?

Carlos Catena Cózar: Se habla últimamente mucho de las redes afectivas y supongo que, ahora mismo, el único grupo en el que se me podría encuadrar es más por afinidades afectivas que por estar trabajando en una misma línea. Es un momento emocionante porque muchos estamos escribiendo a la vez, escribimos además cosas muy distintas, y nos leemos con mucho entusiasmo. Creo que hay un intercambio muy sano y enriquecedor en la poesía joven. Pero no sé hasta qué punto el intercambio hace el grupo, ni a dónde va a llevar ese intercambio. También hay posturas irreconciliables dentro de la misma poesía joven, no es que estemos todos a lo mismo. 

J.G.: A raíz de esta situación que estamos viviendo, ¿qué futuro auguras a la cultura en general y a la poesía en particular? ¿Consideras que habrá una «Generación COVID», una literatura «postpandemia»?

Carlos Catena Cózar: ¿Se puede arrasar un terreno que ya estaba arrasado? Pues lo cierto es que sí. No es difícil de imaginar que se reducirá drásticamente la inversión en cultura, más que por la propia crisis, por las extremas derechas censurando y criminalizando absolutamente cualquier cosa. Eso nos dejará, a los que no vivimos de la literatura, un poco tristes y desanimados, pero dejará en la calle a los pocos que luchaban por dedicarse a ella. Así que no sé qué generación puede surgir de ese terreno si no es una generación de superventas. Es obvio que Vilas, Aramburu y compañía sacarán emotivas novelas de cómo un país que, dicen, se pasaba la vida en la calle, consiguió quedarse en casa para salvarse los unos a otros (y yo las leeré). Es obvio también que va a haber toda una serie de escritores bien posicionados que van a virar hacia el esperpento y las barbaridades. Milena Busquets, por poner el ejemplo que más loco me ha dejado, decía en una columna el otro día que la obligación de llevar mascarilla le recordaba a la estrella de David que los nazis hacían llevar a los judíos. Esa va a ser la verdadera generación COVID, un retroceso enorme y tristísimo y una lucha constante por la verdad y la decencia. Lo bueno es que va a permitir levantar muchas máscaras, lo malo es que va a ser agotador. En líneas más generales creo que la pandemia ha expandido las fronteras de la verosimilitud y eso siempre es bueno para la ficción, al menos a mí eso me resulta esperanzador. 

J.G.: Momento “carta blanca”. Finaliza esta entrevista como te venga en gana. 

Carlos Catena Cózar: Los últimos dos versos que he escrito en las notas del móvil: «No creo que los ríos detesten a los humanos / que no se bañan en sus aguas«. Y estos de Berta García Faet, que he estado releyendo mientras procrastinaba para no responder a esta entrevista: «O sea quería nombrar el correlato objetivo / el amor el lenguaje el crecimiento el decrecimiento todas esas contingencias y cosas / que florecen en la quietud del amor del lenguaje del frío / pero no supe cómo».

Poemas de Carlos Catena Cózar

mi padre me dice: 
tardé cuarenta años en cobrar lo que tú cobras 
yo pienso en 2008 las noticias y los titulares 
mi primo Alberto exhausto de poner azulejos 
trabajaba a destajo alicataba cien pisos al día 
mi padre decía: no puede ser 
tardé cuarenta años en cobrar lo que él cobra 
nunca esperó nada de sus hijos (mi padre) 
nos dio la impaciencia las letras una casa amplia 
en el colegio los niños nos llamaban vagos 
por no mancharnos nunca las manos con cemento
miro hoy mis manos aún limpias de camino al trabajo 
mi padre repite: no puede ser 
tardé cuarenta años en cobrar lo que tú cobras 
con el mal augurio abro el ordenador accedo al sistema 
lamento las ocho horas que me quedan y pienso 
que el estallido de la burbuja inmobiliaria fue un alivio 
para los que ponían azulejos a destajo

(De ‘Los días hábiles’, XXXIV Premio de Poesía Hiperión)

en este verano y su semana de vacaciones 
en la que vuelvo al origen mío y nuestro 
te he buscado en internet desde el lugar común 
donde aprendimos juntos el nombre de las cosas 
donde tú (Ricardo) las has seguido llamando 
a ti que guardas las herramientas agrícolas y cómo usarlas 
a ti que te has comprado un Mercedes te has comprometido 
y no especificas en la red social a qué te dedicas 
te interpelo desde la memoria de mi smartphone y te pregunto 
–veinte años después– si te apasiona lo que haces 
recuerdo que aprendimos juntos las profesiones 
primero futbolista y pronto agricultor como tu padre 
cuánta es pues la extensión de la tierra que trabajas 
¿son tantos los olivos como dudas albergo (Ricardo)? 
he recurrido a ti como en una tarde larga de agosto 
para que juegues conmigo y preguntarte una vez más 
los árboles del camino cuándo crecen las semillas 
o cómo se llega a todos los lugares 
tú que llamabas gandules a los que trabajan sentados 
tú que apareces aquí en la foto junto a un embalse 
con una mujer de caderas anchas y por fin un coche propio 
tú que creces recio como el dolor del tiempo que nos atraviesa 
y tienes ahora barba arrugas en los ojos unos brazos 
tan amplios como este valle y callos en las manos 
tú que tomaste la vereda y no paraste (Ricardo) 
hasta contemplarlo todo desde la cima 
he venido a preguntarte de nuevo a ti 
en este verano tan lejano en esta tarde tan corta en esta misma calle 
donde me enseñaste a tocar a las mujeres
me animaste a apedrear a los gatos 
y parecía que la vida no llegaría nunca 
a ti (Ricardo) único joven de éxito que conozco
he venido a preguntarte cómo vamos a aguantar 
los cuarenta años de trabajo que nos quedan 
         hasta jubilarnos

(De ‘Los días hábiles’, XXXIV Premio de Poesía Hiperión)

me da pereza 
escribir algo generacional que explique 
cómo decidimos empezar o romper 
en base a los likes en Instagram
no quiero y no sé hablar
del sentimiento de amparo que da
Google maps en ausencia de dios
y sé que el día que muera mi marido diré
nos conocimos en internet y algunos 
lo encontraréis triste por eso para qué
abrir mi historial de búsqueda como si abriera 
la carne de mi cuerpo para qué invitaros a todos 
mis perfiles públicos levantar la veda a los privados
exhibirme ante vosotros total y entero para qué 
dejaros señalar sobre mis vísceras sabiendo
que las encontraréis tristes porque 
aunque digamos que la brecha es aún 
salvable que aún no estamos rotos 
que aún cabemos padres e hijos en un 
mismo grupo de Whatsapp en una 
misma conversación de Skype en un 
mismo álbum de Facebook
aunque lo intentemos la brecha
lamento decirlo pero la brecha
esta vez no hay 
quien la salve

(De ‘Tinder makes me sad’, Premio Málaga Crea de Poesía 2017)

busco en google un programa que me cuente tu contraseña
para entrar en tus perfiles y comprobar que de verdad
no me quieres no me contestas porque eres de mentira
toda una construcción que yo he creado a partir 
de los pies de tus fotos de las páginas que tenemos en común
y de aquel recuerdo del verano de 2013 en Estiria
quiero abrir todas tus conversaciones privadas
pasar horas hasta obtener una traducción automática:
el español que habla del cambio climático
anoche tiró la colilla al suelo y luego no nos besamos
ver cómo sigues a otros que no escriben este poema
que tienen más likes y más destreza que a fin de cuentas 
nunca querrán entrar en todas tus redes sociales
como abriendo en canal tu cuerpo:
ya imagino las lágrimas las manos llenas de ceros de unos
la sangre que se desprende de aquello 
que nunca enseñamos

(De ‘Tinder makes me sad’, Premio Málaga Crea 2017)

AHMED Y LAYLA

En Raqqa, capital del Estado Islámico,
a 29 de junio de 2014.
cayó la noche sobre nosotros:
Abu Bakr Al-Baghdaddí lanzó desde los
minaretes kilómetros de tela
ahora el burka cuelga de tus aristas
ahora el burka ha expulsado al hombre del
paraíso
el hombre que no cabe bajo tu vestido
ha aprendido a identificar tus huellas en la
arena del mercado
tus bordados y tu color negro son los más
elegantes del califato
reconozco tus andares en la tela oscura:
allí donde antes sonreías al frutero ahora
aprietas el paso
porque hay cabezas sin cuerpo en lugar de
farolas
oh Layla
echo de menos tu frente tus manos tu nariz
oh Layla
tengo miedo de pedir tu mano
quizá Mahoma se enfade por perder a la más
hermosa de sus siete vírgenes
pero pediré tu mano Layla
y si tu padre dice que sí
jugaremos a ser dos actores americanos de
claros cabellos
de los que se besan y de noche duermen
tapados allí en las tierras del frío
Layla quiero ir contigo a ver el frío
tiritar juntos bajo los neones de la noche infiel
de Occidente
mientras conseguimos los visados falsos para
huir del califato
te enseñaré a decir te quiero en inglés
y si nos detienen en la frontera volveremos a
Raqqa sí pero te juro
que regiremos nuestra casa por normas
occidentales
en la trastienda tengo el vodka que olvidaron
los comunistas en la invasión
y bajo nuestro colchón un disco duro de
películas que olvidaron los yanquis
todo para ti Layla
todo para ti mi Sherezade mi hígado mi Alá
mi Mahoma

(De ‘Donde veas‘ (La Bella Varsovia, 2015), Premio Ucopoética)

Javier Gilabert / Fernando Jaén
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