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Diego Medina Poveda: «Hace falta una poesía comprometida con los otros»

Diego Medina Poveda
Diego Medina Poveda

Diego Medina Poveda: «Hace falta una poesía comprometida con los otros»

Diego Medina Poveda es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Tiene en su haber un Máster en Teoría de la Literatura y otro en Edición y Creación Editorial. Ha publicado cinco poemarios Urbana Babel (Colección Monosabio, 2009), Las formas familiares  (2010), que fue Premio Málaga Crea ese año, He visto la vida más humana (2015, Premio Cero de poesía joven, 2014), A pesar del frío (El toro celeste, 2018; Premio UNED María Zambrano), Mar de Iroise (colección Puerta del Mar, 2017). En 2018 obtuvo el Premio Manuel Alcántara en su 26ª edición con el poema Contrapicado. Actualmente es profesor de español en la Universidad de Rennes 2 en Francia, y codirige la colección Monosabio de poesía y narrativa que edita el Ayuntamiento de Málaga. Su poesía ha sido recogida en diferentes antologías y revistas. Su último libro, Todo cuanto es verdad, accésit del Premio Adonáis de 2019, llega este mes de marzo a las librerías con el número 673 de la colección.

Nacido a caballo entre la generación X y los ‘millenials’, la poesía de Diego Medina Poveda, malagueño de nacimiento y bretón de adopción, poco tiene que ver con las modas y tendencias tan en boga en la actualidad. Con una larga lista de galardones ya en su haber, entre los que brilla con luz propia el accésit que obtuvo con su último libro en el prestigioso Adonáis, cinco poemarios debajo del brazo y mucho y bueno que decir, no podíamos dejar pasar la oportunidad de charlar con él, aprovechando que Todo cuanto es verdad acaba de llegar a las librerías.

Javier Gilabert: Por tu labor docente en la Universidad de Rennes 2, andas a caballo entre Francia (no por nada eres ya «bretón de adopción») y España. ¿Cuál es la percepción que se tiene en aquel país de la poesía escrita en el nuestro? ¿Escribes, o tienes pensado hacerlo, también en francés?

Diego Medina Poveda: Qué bien empezar la entrevista con esa frase que me acuñó un diario francés. Un día abro el periódico, y ahí me encuentro, en la sección cultural, un articulito que anunciaba un recital-camino que iba a hacer por Nantes con poemas de A pesar del frío, diciendo en el titular «Diego Medina Poveda, bretón d’adoption«; puedes hacerte una idea de mi sorpresa, y ahí comprendí a ciencia cierta que esta tierra francesa me había acogido con cariño. Respondiendo a tu pregunta, yo puedo hablarte de mi entorno, no de Francia entera; mi percepción es que aquí existe un interés grande por la cultura; por ejemplo, he hecho varios recitales en muchos lugares y el resultado siempre ha sido un éxito, gente que va a escuchar tus poemas, sabiendo que la comprensión va a ser complicada, por el mero hecho de escuchar poesía y oír español. La Universidad de Rennes 2, de la mano de la profesora especialista de la obra de Antonio Gala en Francia, Françoise Dubosquet, por ponerte otro ejemplo, invitó hace unos años a Claudio Rodríguez Fer, que es doctor honoris causa de la universidad, hace dos años a Luis García Montero, y el año pasado a Almudena Grandes; este año viene Julio Llamazares. A la segunda pregunta te diré que pas du tout, no sería capaz, pero cuento con algunos poemas traducidos al francés por traductores literarios, y mi proyecto a corto plazo sería publicar la traducción de alguna de mis obras.

J.G.: En poco más de una década publicando, no son pocos los premios que adornan ya tu currículo y, sin duda, destaca entre ellos el accésit del Adonáis que obtuviste el año pasado. ¿Siguen siendo los premios literarios un trampolín para los nuevos autores? ¿Hay futuro para la buena poesía, o tienen más peso otro tipo de intereses ajenos a ella?

Diego Medina Poveda: Como escuché decir una vez a la poeta Aurora Luque en un recital en el Libertad 8, lugar mítico madrileño, «los premios son meros accidentes en la vida del poeta». Sinceramente, yo escribo porque lo necesito, es una parte de mí, no escribo para ganar premios, pero te mentiría si te dijera que no empleo una parte preciada de mi tiempo en preparar las plicas e imprimir los poemarios para presentarme; y claro, lo hago porque considero que es la manera de publicar en buenas editoriales -que, como la colección Adonáis en Rialp, tienen además una trayectoria histórica importante- con las que llegar al número máximo de lectores. Yo escribo porque lo necesito, pero también para que me lean.

Hay futuro sin duda, la poesía existe desde antes del comercio, porque es necesaria para el ser humano. Las modas no son trascendentales ni consustanciales ni a nada ni a nadie, pasarán; la poesía no es ninguna moda, es una necesidad, simplemente existe y permanece. 

«La poesía no es ninguna moda, es una necesidad»

J.G.: Tu recién nacido (como tú lo llamas) ‘Todo cuanto es verdad’ obtuvo el accésit del Premio Adonáis 2019 por «la musicalidad de su lenguaje celebratorio y a la vez crítico, en el que se funden la herencia barroca y los motivos cotidianos». En tu poesía no faltan los metros clásicos (como el soneto con estrambote que reproducimos en esta entre2vista, o la décima) ni reniegas de la tradición, lo cual no es precisamente lo que está más «de moda» o lo que abunda entre los poetas de tu generación. ¿Qué peso tiene en tu obra la forma? ¿Cuáles son tus referentes?

Diego Medina Poveda: Uf, hablar de modas y generaciones es un tema muy complicado, y difícilmente objetivo, creo que es casi imposible hacerlo sin la distancia histórica suficiente. Yo no sé de qué generación soy; bueno, cronológica sí, nací en el 85, pero eso no unifica en absoluto a los poetas. Tampoco un grupo generado en torno a una antología basta, en mi opinión, para hablar de una generación, incluso el marbete «oven poesía» atiende solo a una cronología que nada habla de afinidades poéticas. El año que viene, con 36, ya dejo de ser «joven», poéticamente hablando, fíjate qué relativo es todo.

Yo no atiendo a modas, escribo lo que me gusta escribir, escribo lo que me gustaría encontrarme como lector, y además, lo más importante, me gusta disfrutar escribiendo. Hacer sonetos siempre me ha gustado, «escribir se parece al vicio solitario» (creo que esto lo decía Gil de Biedma). Es un ejercicio poético muy bueno, pero también mental, en 14 versos, aparte del ritmo del endecasílabo, la rima, etc, hay que tener en cuenta multitud de relaciones de significados y significantes entre las palabras, analogías, metáforas… y a veces, solo a veces, se traspasa el mero ejercicio y sale un buen poema. La forma me ayuda a escribir, nunca es un impedimento, es el cimiento y el andamiaje del poema, incluso el verso libre que uso es, en realidad, una suerte de silva, mezcla de endecasílabos, heptasílabos, etc. Así está escrito Todo cuanto es verdad, donde no hay ningún soneto ni décima, amigo lector, lo prometo. Son versos que fluyen de una manera natural, en los que pasa desapercibido el metro, gracias al tono de oralidad de los poemas. Cuando opto por alejarme del metro del verso, prefiero hacer poemas en prosa.

Referentes muchísimos, pero tampoco soy muy original en mis lecturas. Suelo leer en español, francés, italiano e inglés (y siempre con una edición bilingüe), poesía mística española y Siglo de Oro, romanticismo inglés, simbolismo francés, surrealismo y vanguardias, existencialismo, etc. No hablo de autores en concreto porque no quiero hacer un vademécum.

Fernando Jaén: Tu magnífico libro ‘Todo cuanto es verdad’, se divide en dos partes bien diferenciadas pero complementadas. La primera se adentra en el concepto de mudanza, que en tu caso tiene un cierto carácter ascético que bebe de los abismos cotidianos y discurre en un florido mundo interior. «Hoy tu boca se adentra en el secreto/de las horas ocultas y alfareras», nos dices. ¿Crees que el lector puede trascender de la rutina a través de la poesía, de tu poesía? ¿Es la poesía una mirada interior para poder entender mejor el mundo?

Diego Medina Poveda: Leer poesía y escribirla requiere un trabajo de concentración, de meditación, de introspección, con el que encontrar un espacio contemplativo, necesario para reflexionar sobre cosas que en el ritmo frenético y cotidiano de la vida no percibimos o no nos paramos a pensarlas, cosas que pueden ser de vital importancia y que pueden ayudar a que nos comprendamos a nosotros mismos, una de las grandes tareas de la vida. La poesía, que al fin y al cabo es entre otras muchas cosas filosofía, nos pone en frente un espejo en el que poder (re)conocernos.

F.J.: Aunque hay un discreto trasfondo de ironía en estos poemas, la verdad en el lenguaje y en el conocimiento de la realidad se impone en tu obra. ¿Busca tu poesía una cierta verdad? ¿Le corresponde a la poesía buscar la verdad?

Diego Medina Poveda: Sí, ciertamente hay dosis de ironía en muchos poemas, pero la mayor ironía está en el conjunto de esos poemas, en cómo muestran «el absurdo paisaje de la vida». «Todo cuanto es verdad, me pertenece […] las mejores cosas son patrimonio común», se lo escribe Séneca a Lucilio (Lib. 1, Ep. 12) para inculcarle la sabiduría de Epicuro y destacar la importancia de lo que se dice por encima de quién lo dice. De ahí extraigo el título del libro, y se intuye el sentido de la verdad: este poemario —olvidémonos de su autor y vayamos directamente a la revelación poética— quiere descifrar en los ojos del lector una serie de verdades sobre el mundo –interior y exterior— que se destapan sólo a través del acto poético, de ese espacio contemplativo de la lectura, y, en mi caso, también de la escritura.

«Somos una generación capaz de arreglar un mundo que está muy estropeado»

F.J.: En la segunda parte, con una mayor influencia filosófica, imperan la soledad y el abandono, incluso un cierto pesimismo al centrarse en nuestra sociedad. ¿Es nuestro modo de vida occidental un sistema social caduco, o hay deja algún resquicio a la esperanza? ¿Qué papel deben ocupar los jóvenes en nuestra sociedad?

Diego Medina Poveda: Caduco no lo sé, porque los que sostienen este sistema siguen sacando muchísimo beneficio a costa del sufrimiento del planeta Tierra, en el que incluyo personas deshumanizadas, animales cosificados y un medio ambiente olvidado. Voces de personas a las que considero consecuentes, que hablan sin eslóganes vacíos, voces como la de José Mujica, desde luego que sí dicen que nos estamos yendo al carajo, por usar sus palabras, pero yo no veo visos de que esto cambie a corto plazo. No hay más que ver las ganas de ponerse de acuerdo que tienen los gobernantes, véase la COP25 que quedó en pantomima, en puro espectáculo, o lo que han tardado nuestros políticos en formar gobierno…

Yo tengo esperanza, sí; en mi libro, a pesar de cierto pesimismo, está la imagen de la puerta abierta que apunta al cambio necesario. Creo que somos una generación de jóvenes con una altísima preparación. A nosotros se nos ha llamado generación ni ni, desde la perspectiva del poder. Pero lo que yo veo es que mientras que las generaciones de nuestros mayores nos gobernaban sumiéndonos en una crisis en la que el índice de paro juvenil era (y sigue siendo) alarmante, como no podíamos encontrar trabajo, no nos quedó otra cosa que estudiar; ahora, más allá de la titulitis, con una larga experiencia de abulia a nuestras espaldas, somos una generación capaz de arreglar un mundo que está muy estropeado.

J.G.: Me llama mucho la atención (entre otras cosas porque en ‘En los estantes’, uno de sus tres capítulos se titula igual que el tuyo) que utilices la «mudanza» como vehículo para ofrecer al lector una visión del mundo, de su mundo interior, pues este lugar común permite que éste se identifique con tus poemas. ¿Hasta qué punto te ha servido este libro para conocerte, para ver tu evolución tanto personal como poética? ¿Con qué te gustaría que los lectores se quedaran de tu libro?

Diego Medina Poveda: La mudanza, llamemos ese hecho de la manera que queramos (los franceses lo llaman déménagement), es algo consustancial al ser humano. La vida como camino, como peregrinación, su analogía del viaje exterior con el interior está en los albores de la literatura, en la parábola (aquí incluyo la Biblia, que es alta literatura, por supuesto). Yo en Todo cuanto es verdad presento una mudanza de una pareja de jóvenes a un piso alquilado donde no cabe ni una lavadora, y tienen que peregrinar todas las semanas a la lavandería; hasta la peregrinación se convierte en rutina.

Creo que este exceso de sedentarismo al que nos obliga el ritmo de vida actual, dominado por la prisa, y del que intentamos escapar con viajes low cost de un fin de semana con los que -al menos en mi caso-, llegamos el domingo más cansados de lo que nos fuimos el viernes, para comenzar a trabajar el lunes… Como te digo, creo que este exceso de sedentarismo y de rutina, de falta de tiempo de ocio, hace que queramos viajar «por dentro de la sangre» (cito El viaje, del libro), buscar un nomadismo interior. Quizás, porque nos afectan cosas parecidas en nuestro entorno, Javier, tu mudanza sea parecida a la mía, y a la de la mayoría de lectores.

En cuanto a los lectores, me gustaría que vieran en el libro una manera irónica de presentar nuestra forma de vida -que considero insostenible- y que los poemas les muevan a desear otro tipo de convivencia más humana. 

«Los que sostienen este sistema siguen sacando muchísimo beneficio a costa del sufrimiento del planeta Tierra»

J.G.: En las páginas de ‘He visto la vida más humana’ afirmas taxativamente: «No creo en la poesía que deba adaptar artificialmente su expresión, su contenido y su forma a los presupuestos temáticos y estilísticos de un poemario». ¿Ha cambiado tu percepción en estos cinnco años? ¿En qué poesía cree Diego Medina Poveda?

Diego Medina Poveda: ¡No se te escapa ni una, Javier! Pues sí, lo reconozco, hoy no lo diría así. Hoy por hoy diría: «No creo que siempre la poesía deba adaptarse artificialmente… a los presupuestos temáticos y estilísticos de un libro». Dentro de cinco años quizás vuelva a cambiar de opinión (risas). 

Claro que mi poesía ha cambiado, la poesía misma está en constante evolución, y es una búsqueda constante de la expresión del pensamiento y del conocimiento, si encontrase lo que busco creo que dejaría de escribir. El poeta debe ser versátil, escribir de todo, pero me parece que hoy hace falta una poesía comprometida con los otros, no me refiero a una poesía de denuncia mediante eslóganes vacíos, como nos tienen acostumbrados los políticos y el espectáculo televisivo al que pertenecen, la poesía debe depurar el lenguaje, que en la sociedad del espectáculo se desgasta, para volver a unir los significados a sus verdaderos significantes, y conseguir que el lector encuentre un espacio de meditación necesario para replantearse su papel en la sociedad y en el mundo, y para reconocerse como parte de él.

F.J.: La poesía, en opinión de algunos poetas tales como Seamus Heaney o Saramago, es reparación. ¿Lo es para ti? ¿Ves acertado este concepto en tu poesía?

Diego Medina Poveda: Si te soy sincero, no conocía el concepto y he tenido que informarme al respecto. Veo que Heaney plantea esa reparación como equilibrio espiritual, entender la poesía a modo de parapeto introspectivo contra la violencia exterior que ejercen las fuerzas opresivas de la sociedad. Creo que este equilibrio es compatible con el espacio de contemplación –del que hablaba antes- al que invita la poesía, lugar donde el ser se reencuentra consigo mismo, con su cuerpo lleno de sangre consciente, con un tiempo que pasa irremediable, que no es el del reloj ni las alarmas para ir al trabajo, es un tiempo que solo puede comprenderse en ese espacio de reposo y (re)conocimiento que crea la poesía. Si es a esto a la que Heaney llama «reparación», creo que sí es acertado también el concepto en mi poesía. 

J.G.: Háblanos de tu faceta editor y como codirector de la colección Monosabio de poesía y narrativa. ¿En qué medida esta labor influye en tu producción? ¿Por qué es tan importante Monosabio y qué tiene cabida en ella?

Diego Medina Poveda: Monosabio, que codirijo junto al poeta Francisco Ruiz Noguera, y que dirigió anteriormente mi padre, el poeta Diego Medina Martín, desde su creación en 1997 hasta su muerte en 2015, es para mí una manera de mantenerme en contacto con la poesía de mi tierra. Tener la oportunidad de descubrir nuevas voces y publicar sus óperas primas es una labor muy gratificante para el editor. Monosabio tiene como principal línea editorial la publicación de primeras obras, habitualmente de escritores noveles, pero haciendo honor al carácter ecléctico de siempre, no nos cerramos a nada ni a nadie. Con 23 años de vigencia y con casi 100 títulos publicados, se ha consagrado como una de las colecciones importantes de Málaga donde muchos escritores noveles han encontrado la puerta para iniciar un largo camino literario.

J.G.: Esta entre2vista llega a su fin con el momento ‘Carta Blanca’. Ciérrala como te apetezca…

Diego Medina Poveda: «Yec’hed, que es «¡salud!» en bretón.

Poemas de Diego Medina Poveda

EL MUNDO INTERIOR

Hoy tienen tus palabras acertijos
que sólo tú descifras con tu verso,
hoy en tu cuerpo de agua el universo
se ha derramado entero con sus hijos.

Hoy tu boca se adentra en el secreto
de las horas ocultas y alfareras,
y hay un murmullo de aves extranjeras
que traduces al ritmo del soneto.

Eres la exhalación de los objetos,
la mano que desmiembra unas entrañas
y encuentra en las arterias nuevos mundos,

relojes que se olvidan los segundos
en un instante hueco en tus pestañas.
Eres la historia de los alfabetos,

una etimología de los sueños
que calladas pronuncian las montañas.

(de He visto la vida más humana, 2015)

METEMPSICOSIS 

De adquirir vengo un trozo de conciencia. 

Ahora más que nunca soy creyente, 
gracias al mundo estoy desengañado, 
ni cantos órficos ni libros griegos, 
ni la filosofía demostró 
                             esta transmutación empírica 
del alma hipotecada en otro cuerpo. 
No es la reminiscencia de Platón, 
una mirada basta para ver 
                                 los hilos de oro que nos unen 
y que no vemos: 

aquí viene ese espíritu al que despellejaron, 
allá va ese otro que murió en la calle, 
lo molieron a golpes, le quitaron 
                                      casa, vida, sueños, 
aquel de allí con alas de Prozac 
voló por la ventana, dejó mujer e hijos, 
pero tranquilos, no está muerto, 
vive en la deuda que perdura, 
transmigrada en dinero está su alma, 
la salvación: un óbolo invisible 
que paga con la sangre el heredero. 

De comprar vengo un trozo de conciencia: 

ya ni siquiera nuestra muerte 
nos salva del comercio.

(de Todo cuanto es verdad, Colección Adonáis (Rialp), 2020)

EL REFLEJO

Pont des Trois Continents, Nantes

I

Cada palabra es un abismo oculto
donde se arroja el niño y su ingenua esperanza
de ser alguna vez aquel que quiso.
Cada palabra guarda oscuros callejones
inundados de mares como espejos,
de simas oculares, de profundas farolas,
donde se observa el hombre cuando escribe:
ahogado en su propia fantasía
de ser otro,
alumbra el cristal con la palabra
y es su propio reflejo en el vacío.
Un viejo mira absorto el tiempo transparente:
es el niño que fue y no se ha ido.

(de A pesar del frío, El toro celeste, 2018)

RECICLAJE 

Nos hicieron creer que reciclaban la basura, 
nos educaron para adorar 
contenedores 
                hasta arriba de dioses muertos. 

Los vimos aquel día 
juntar nuestros despojos 
en plena calle —un sol mugriento alumbra 
las carcajadas—. 

 A nadie le importó si cuidadosamente 
yo separé la muerte de mi herida 
o el amor arranqué 
de un tetrabrik de leche desnatada . 
Así intuyo que debe ser la vida 
                                   y sin embargo 
echaré este poema al azul
                             cuando termine.

(de Todo cuanto es verdad, Colección Adonáis (Rialp), 2020)

Javier Gilabert / Fernando Jaén
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