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Alejandro Simón Partal: «Escribir poemas suele ser un pataleo para pedir amor»

Alejandro Simón Partal. Foto de Daniel Pérez
Alejandro Simón Partal. Foto de Daniel Pérez.

Alejandro Simón Partal: «Escribir poemas suele ser un pataleo para pedir amor»

Alejandro Simón Partal (Estepona, 1983) es doctor en Filología Hispánica y profesor universitario. Con su anterior título, La fuerza viva (Pre-Textos, 2017), obtuvo el Premio Internacional de Poesía Arcipreste de Hita, y con Una buena hora (Visor, 2019), su quinto libro de poemas, el Hermanos Argensola. En 2019 estrenó la obra dramática Resistencia y Sumisión (seleccionada por la Factoría Echegaray) y fue autor residente en ETOPIA Centro de Arte y Tecnología, en Zaragoza. 

Su obra también incluye los poemarios El guiño de la Chatarra (2010), Nódulo Noir (2012) y Los himnos abdominales (2015), todos ellos publicados por la Editorial Renacimiento, y los ensayos A cuerpo gentil: belleza y deporte en la poesía de González Iglesias (Visor, 2017) y Las virtudes de lo ausente: fe y felicidad en la poesía española (UNED, 2018), con el que obtuvo la XII Beca de Investigación Literaria Miguel Fernández.

Javier Gilabert: En pleno concierto de Fuerza Nueva en la Industrial Copera de Granada, miro detrás de mí y me fijo en un hombre muy alto, de frondosa y larga melena y marcadas facciones que parece estar disfrutando mucho con  lo que sucede sobre el escenario. “Me parece que lo he visto antes en algún sitio; en Cosmopoética, creo, junto con Antonio Praena” —barrunto. Efectivamente, mis sospechas se confirman en el camerino, en la fiesta posterior al concierto. Los techos de la antesala del camerino son tan bajos que le obligan a moverse por él con la cabeza ligeramente inclinada. Me presento y entablamos una breve conversación. Me sorprenden su sencillez y su bonhomía. Le invito a participar en nuestra sección y él accede con alegría y naturalidad. Son tan solo unos minutos, pero es tiempo suficiente para forjarme una imagen de él que posteriormente corroboro cuando leo entrevistas anteriores, y que constato con las respuestas que nos da a Fernando y a mí y que ahora podéis leer en esta entre2vista: un gran tipo.

J.G.: En alguna ocasión has manifestado tu intención de alejarte de la competitividad, tan presente, por desgracia, entre quienes escriben poesía, y te cito, “de la histeria infantilista de esta generación”, para adentrarte en la creación como si la poesía y la vida misma fueran un acto de fe. ¿Podría decirse que eres un místico moderno? 

Alejandro Simón Partal: La competitividad suele acarrear egoísmo y sufrimiento, cuando no crueldad. Si uno quiere vivir así, es su decisión. Yo entre competir y desaparecer, preferiría lo segundo. Me gusta mucho un verso del último libro de Jaime Siles: “Es desaparecer / lo que nos ilumina”. El mundillo literario suele arrastrar a eso, véase la última novela de Carlos Pardo, pero la poesía es una forma de estar en el mundo y esa posición tendría que elevar el espíritu por encima de esas ambiciones desmesuradas. A mí solo me ha traído ratos memorables y personas muy humanas a mi lado. Me gusta mucho lo que dijo Benedicta Sánchez, la actriz de O que arde, al ganar el Goya, que no estaba del todo contenta porque a ella no le gusta competir, sino colaborar. Quizá tengamos que seguir cumpliendo años para llegar a esa sabiduría. Esta bien aceptar nuestras contradicciones, pero es peligroso ampararnos en ella para justificar actitudes miserables. No podemos manifestarnos a favor de los refugiados y alquilar nuestro piso en Airbnb, por ejemplo. Esto que parece muy obvio, no lo es tanto. En cuanto a lo del misticismo, me gusta la definición que dio, creo, Ernst Bloch, de que el místico es un superhombre, pero sin orgullo. Yo estoy demasiado lejos de esas dos virtudes. 

Fernando Jaén: Tu poesía posee un tono oscuro e íntimo, donde la soledad y la reflexión madura que ofrece el paso por esta vida de quien sabe mirar matizan la bondad y la felicidad de tu obra. ‘Una buena hora’, expresión francesa que explica que la felicidad no es un estado constante del ánimo, sino quizá un conjunto de momentos únicos, sirve para adentrarnos en tu libro con los brazos abiertos. ¿Necesita esta sociedad recordar que la felicidad no es hedonismo, que el campo es el origen de la naturaleza, en definitiva, recordar de dónde venimos? ¿Son la ecología, la defensa del medio ambiente, una llamada de atención a una sociedad demasiado digital? 

Alejandro Simón Partal: Sí, pero para eso necesitamos empezar desde abajo, no desde un libro de poesía. Por ejemplo, que la Ética fuese obligatoria en todos los cursos de la educación Primaria y Secundaria, y que no fuese optativa a la Religión, que también tendría que estudiarse. O no separar las humanidades de las ciencias, cuyo resultado nos ha traído una ciencia más deshumanizada. Esta sociedad necesita recordar que somos seres prescindibles e interdependientes. 

«No podemos manifestarnos a favor de los refugiados y alquilar nuestro piso en Airbnb»

F.J.: Antonio Lucas afirma sobre ‘Una buena hora’: “Qué manera de lanzarse al mundo y decir a pulmón pleno: voy contigo”. ¿Es la poesía encuentro, compañía? ¿Es este libro un homenaje a las bondades de una vida sencilla y honesta? 

Alejandro Simón Partal: No tenía ninguna pretensión al escribirlo, solo dejar que mis necesidades y obsesiones hablaran por sí mismas, y parece que aspiraban a lo que apuntas. Cuando termino un poema suelo pensar que será el último, o de los últimos que escriba. Eso no supone ningún vértigo. No quiero envejecer entre lecturas y festivales, pero sí entre la poesía. Como lector, encuentro en ella una forma de compañía y amparo. También de espacios nuevos donde poder mirar, respirar y amar mejor.

J.G.: ¿Es ‘Una buena hora’ una lección de vida? ¿En qué medida crees que hay que reivindicar la sencillez y la felicidad en el mundo que nos ha tocado vivir?

Alejandro Simón Partal: Un poema no puede aleccionar, sino ofrecer posibilidades y apertura a otras cosas. Tampoco puedo reivindicar una vida para nadie cuando soy capaz de olvidar el día en que nació mi hijo pero no lo que yo escuchaba, vestía o bebía cuando escribí tal poema. No puedo reivindicar la sencillez, pero sí apuntar a que solo desde esa posición evitamos que nuestro placer nazca del sufrimiento ajeno, como tan a menudo ocurre. Camus lo decía muy bien: “¿Qué es la felicidad sino un simple acuerdo entre el ser y su existencia?”

J.G.: Tu poesía es un canto a la bondad en muchas ocasiones. ¿Qué papel juegan el amor, la amistad o la búsqueda de lo sencillo en tu poética?

Alejandro Simón Partal: Más que un canto, considero que responde a momentos de excepción, de horas memorables. Normalmente los poemas nacen de situaciones magníficas que necesitan respuestas diáfanas, imágenes nuevas que amparen y amplíen nuestra visión. Escribir poemas suele ser un pataleo para pedir amor, que es lo que casi todos estamos pidiendo, que nos quieran un poquito y nos atiendan. 

«La poesía va a existir mientras exista el ser humano»

J.G.: Desde la perspectiva de tu faceta como investigador de la obra de poetas contemporáneos, ¿hacia dónde dirías que se encamina la poesía? ¿Consideras que se encuentra en un momento de expansión y enriquecimiento, o por el contrario tiende cada vez más a ser un fenómeno minoritario?

Alejandro Simón Partal: La poesía va a existir mientras exista el ser humano. Pero lo humano en el hombre nunca ha estado en expansión, más bien en entredicho. Fernando Savater decía que al hombre se le supone lo humano, como al soldado la valentía. Esa suposición sigue sin confirmarse del todo. La poesía es mayoritaria, está en todos lados, pero a su lectura no se acerca esa mayoría. 

F.J.: En tu obra ‘A cuerpo gentil: belleza y deporte en la poesía de González Iglesias’, nos introduces en la obra de este autor dotado de un espíritu olímpico que ve en el deporte austero una vía para el encuentro personal con la trascendencia. ¿Cómo llegaste a elaborar este ensayo? ¿Qué has encontrado en González Iglesias y en su obra que te impele a darlo a conocer?

Alejandro Simón Partal: González Iglesias ya era un poeta muy reconocido y celebrado antes de este estudio. Tomé su obra, su poesía completa, como centro neurálgico de mi tesis doctoral. Es uno de los poetas más importantes de nuestro tiempo. Y gracias a su poesía y a su amistad, he disfrutado de buenísimas horas.

J.G.: Hablemos de tus colaboraciones, como ‘Antagonista’, en las que poesía y música se hermanan. ¿Qué relación encuentras entre ambas disciplinas? ¿Es la experiencia poética más completa cuando se combina con la música?

Alejandro Simón Partal: No. Pero he disfrutado del privilegio de tener cerca a grandes escritoras de canciones, que es una forma de arte como lo es la poesía, y combinar ambos géneros ha sido una experiencia que me ha ayudado mucho.

«A veces creemos que vamos a contracorriente, y no tenemos ni idea de por dónde va la corriente»

J.G.: Y ahora, si te parece, hablemos de sexo. Afirmas escribir a veces desde la ambigüedad, desde un no-género. ¿Son el género y la sexualidad “normativa” imposiciones artificiales de la sociedad? ¿Hasta qué punto se trasladan dichas imposiciones a la poesía? ¿Sigue siendo la masculinidad tóxica preponderante en lo tocante a los premios o a las figuras más relevantes del panorama español actual?

Alejandro Simón Partal: Desde luego que todo lo normativo son imposiciones artificiales porque la norma siempre es creada: pretende imponer lo universal olvidándose de lo humano, que es lo único que importa. Escribo desde el género que me siento más cómodo, y ese género es transversal. Considero que el capitalismo salvaje que impera, el capitalismo como religión, nos permite la diferencia, la distinción estética, pero no la identidad propia. Y también corremos el peligro de confundir la identidad con el bienestar individual, olvidándonos de los demás, de que el otro eres tú. Que la identidad sirva para que nuestras decisiones, que son la historia de nuestro presente, sean humanas y responsables. A veces creemos que vamos a contracorriente, y no tenemos ni idea de por dónde va la corriente.

F.J.: He leído en alguna entrevista tuya que tus referencias son autores que tienes cercanos y me ha gustado mucho esa respuesta. Lejos de obviar a autores clásicos diriges la mirada al presente y al futuro. Imagino que el hecho de ser profesor universitario te ayuda en esta forma de entender el mundo. ¿Puedes hablarnos de lo que admiras en esos autores que sientes tan cercanos? ¿Ves en tus alumnos un buen futuro?

Alejandro Simón Partal: Admiro el entusiasmo ante la vida, el misterio y la gratitud hacia las bondades que nos rodean. Mis alumnos son ya un presente porque no están dispuestos a seguir tragando con las injusticias y estafas que nosotros hemos padecido. Además, viven la vida sin tantos prejuicios, etiquetas y fronteras. Y algunos ya son buenos escritores, como Mateo Martínez Martija, de Burgos, que es un magnífico narrador y una buena persona. De ellos aprendo.

F.J.: ‘La fuerza viva’, el poemario con el que obtuviste el Premio Arcipreste de Hita, ofrece una visión profunda del paso del tiempo y sus consecuencias, la pérdida. Dijiste de este libro que sus poemas te “ayudaron a mantener la ilusión por algo en un sitio donde casi no es ético hablar de ilusión”. ¿Son los versos que uno escribe la cura de nuestras soledades? ¿Es lícito mantener la ilusión en os tiempos que corren? ¿Qué te ilusiona ahora?

Alejandro Simón Partal: Estos dos últimos libros han sido escritos en contextos muy particulares. La fuerza viva sí que fue un libro que me ayudó a aliviar muchas angustias y ansiedades que padecí en un tiempo difícil para mí. Escribir aquellos poemas en un bistró cerca del puerto de Boulogne sur Mer, en el norte de Francia, me levantó muchos días que parecían pozos sin fondo. Prefiero hablar de esperanza y no de ilusión. Somos seres esperanzados, aunque no aspiremos a nada en particular, que quizá sea la aspiración más alta.

«Prefiero hablar de esperanza y no de ilusión»

J.G.: La felicidad, ese bien tan preciado y perseguido por el ser humano, es un concepto sobre el que fundamentas tu discurso pero que además-esa fue la impresión que me dio cuando te conocí en persona- emana de ti. ¿Acaso has encontrado el secreto para conseguirla? (Risas) ¿Podrías darnos la receta?

Alejandro Simón Partal: Me alegra haberte dado esa impresión. También es verdad que nos conocimos en un camerino, creo, y no es el mejor lugar para sacar impresiones de alguien. No he encontrado el secreto para conseguirla. Sí que me reconozco en esos caminos, que  quizá sea lo único que tengamos, vías para la felicidad, que parte del despojamiento, de la aceptación y el abandono a lo que pase. Me gusta eso que decía Sartre de que todo ha sido descubierto, salvo cómo vivir. Somos seres banales y efímeros, y nos cuesta demasiado aprender a identificar lo esencial entre todas las absurdidades que nos rodean y nos someten. Lo que yo trato de abordar es justo eso, lo fugaz, y no tanto la felicidad.

J.G.: Momento “Carta blanca”. Finaliza esta entre2vista como te venga en gana.

Alejandro Simón Partal: Estoy escribiendo el prólogo a un libro glorioso de uno de los mejores poetas que por aquí tenemos. Lo tengo aquí enfrente y dice, por ejemplo: “Pertenece a la escarcha / todo lo sagrado”. Estad atentos. Lo publicará la editorial Macklein y Parker.

Poemas de Alejandro Simón Partal

Un hombre acoge en su casa a otro hombre 

Un hombre acoge en su casa 
a otro hombre pobre.

En la televisión comenta con indisimulada alegría
la ducha de más de una hora que el hombre pobre
se dio en su casa.

Todos los informativos abren hoy 
con el fervor de un hombre 
por la ducha de otro hombre.

Miro mi baño vacío y desearía 
que todos los hombres del mundo
agotaran todos los embalses de Europa 
en mi casa. 

Quien celebra una larga ducha ajena 
en su casa tiene un trozo de paraíso reservado,
algo bueno le aguarda tras el vaho que allí es puerta.

El agua que no corrió esa tarde
no conocerá ladera igual. 

(De La fuerza viva, Pre-Textos, 2017)

Lo justo sólo

Pido a los días que abandonen
su agudeza sensitiva 
y vuelvan a su ruda labor de días.

A dirigir desde lo cierto:

un sol que asciende 
y un sol que desaparece;

una nieve blanca
y un agua cristalina después.

A materializar lo que desemboca.

A permanecer desde la equivalencia:

al baldeo nocturno de la memoria,

al entierro muy íntimo de lo irrecuperable.

Eso les pido, 
que vuelvan a su labor de puentes 
y a su labor de rejas,
de tiempo raro para esta época.

Les pido la liviandad 
de un fragmento muy repetido:

una jornada que acaba;
otra que empieza y cubre lo justo,
lo justo sólo.

(De La fuerza viva, Pre-Textos, 2017)

Resistencia y Sumisión

No es el amanecer otra cosa 
que un intento terrestre 
hacia lo divino, 
como lo es la fruta madura en el árbol
o las sábanas blancas tendidas
en un prado abierto.

Poco dura ese momento
en el que los animales gimen
y algunas personas reaccionan
y cuidan la tierra o recogen el fruto.

No pretende más 
que recordarnos nuestra condición
de seres pequeños o necesitados,
de hermanos que algunas mañanas,
muy temprano, salen humildes 
y se encuentran.

(De Una buena hora, Visor, 2019)

Mi hermano lleva a su hija a los columpios

Mi hermano balancea a su hija
en un columpio.

La empuja y la vuelve a empujar
y no hay nada más entre esos dos momentos.

No hay temores lejanos
ni enumeración de ansiedades; no hay
descomposición de ternura en ese silencio
entre un gesto y otro.

El crujido del hierro produce una melodía 
de hogar, una sinfonía de confianza.

Miro desde esta terraza 
ese abandonarse a la inercia 
de lo que viene y va,
ese entregarse al amor sin más atadura
que el cuidado esencial del que ama.

Apuro mi refresco. 

Lágrimas golpean los hielos. 

(De Una buena hora, Visor, 2019)

Días por venir

Estamos cerca del tiempo 
donde no se requieran performers
ni artistas que se flagelen o mutilen,

sino alguien que ponga al otro
una almohada bajo su cabeza 
y lo acompañe en su descanso.

Estamos cerca del momento
donde la plaza vuelva a ofrecer comodidad,
donde la primavera regrese a las montañas.

(De Una buena hora, Visor, 2019)

Bendecidos

Y de pronto, del suelo, 
se han alzado los tomates,
como una pasarela de luces rojas
con las que se inaugura el verano.
El animal en celo. Alguien encala la casa.
De repente, un exceso de vida 
se ha impuesto en nuestra rutina.
Podemos saltar al vacío o amar sin cautela,
desaparecer hasta que no podamos más,
pero solo salimos a la puerta 
y nos sentamos al fresco.

Quiero decírtelo de la forma más sencilla, 
sin laberintos: estamos bendecidos.
Ya nada va a poder con nosotros.

(De Una buena hora, Visor, 2019)

A ellos, no más

Dios, acércame a ellos,
a la que recorre el paseo con el skate
empujada por su perro y por su seguridad;
a los que en la madrugada mezclan esto y lo otro
y por la mañana, en calzoncillos,
abren la nevera y beben a morro de la Fanta disipada;
a los que se entregan como si no hubiera mañana,
y al terminar se marchan alegres, sin más.

Acércame a los que se abandonan, 

a los que temen de la vida 
lo que para nosotros es la vida,

y que sobre el resto 

—sobre lo demás—

la naturaleza haga su trabajo. 

(De Una buena hora, Visor, 2019)

Javier Gilabert / Fernando Jaén
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