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Miguel Veyrat: “Unos logran realizar el verdadero retrato de su tiempo y otros, su caricatura”

Miguel Veyrat: “Unos logran realizar el verdadero retrato de su tiempo y otros, su caricatura”

Miguel Veyrat Rigat (Valencia, 28 de julio de 1938) es un escritor y periodista español afincado en Sevilla. Se graduó en Ciencias Políticas y Económicas y Periodismo en las universidades de Barcelona y Navarra, ampliando estudios de Filología y Psicología en las de Cambridge, Sorbona y Universidad de Paris 8 Vincennes. Alcanzó gran renombre en España entre 1960 y 2000, considerado como un joven maestro del Nuevo Periodismo en todos los géneros, especialmente los de reportaje, crónica, columna y entrevista de fondo. Desempeñó misiones como enviado especial a diferentes partes del mundo, destacando como corresponsal diplomático permanente para diversos medios, entre ellos ‘Nuevo Diario’ y Televisión Española, en París, Ginebra, Rabat, Argel, Roma, Londres y Dublín. Perteneció al claustro fundacional de la primera Facultad de Ciencias de la Información creada en España por la Universidad Complutense.

Durante la dictadura de Franco formó parte de la dirección de la Junta Democrática en París y de la edición parisina del periódico ‘Mundo Obrero’, del que fue último director en la clandestinidad. Asimismo, ideó y puso en marcha para TVE, dirigiéndolo durante varios años, el programa ‘Documentos TV’, amén de organizar la redacción en Madrid de la cadena europea Euronews, pasando por último a coordinar las redacciones en lenguas extranjeras de Radio Exterior de España como su director, al tiempo que ejercía la subdirección de RNE. A pesar de la intensidad de su vida como ciudadano y periodista, nunca abandonó la actividad literaria iniciada en su adolescencia.

Dedicado por completo a la literatura a partir del año 2000, ha publicado numerosos libros de poesía (casi una veintena), narrativa, periodismo, ensayo y traducción, siendo asimismo muy variada su actividad como conferenciante y profesor fundador de la primera Facultad de Ciencias de la Información del Estado español en la Universidad Complutense. Destaca entre todas su obra poética, a la que ha podido dedicarse exclusivamente tras la jubilación forzosa como periodista y que se caracteriza por una drástica independencia de cualquiera de las corrientes o ‘familias’ que coexisten en el panorama literario español; ha sido traducida a varios idiomas y forma parte en la actualidad del currículo de los estudios de Filología Española en distintas universidades europeas. A pesar de su ausencia voluntaria en todo tipo de concursos, cucañas y premios literarios, en 2007 recibió el Premio Stendhal por la traducción de ‘Antología Fluvial’, de Jacques Darras.

Forma parte entre otras antologías de la selección ’25 poètes d’Espagne’, que reunió a los poetas españoles más significativos de los últimos cincuenta años y se publicó en Francia en 2008 (‘Inuits dans la jungle’).

Actualmente trabaja y vive entre Sevilla y los acantilados gaditanos. Participa en la vida cultural andaluza cuando es requerido e imparte conferencias y recitales.

Javier Gilabert: Lo ha sido todo en el mundo del periodismo. ¿Qué le falta y qué le sobra al periodismo que se hace hoy en día? ¿Hasta qué punto la exigencia de la inmediatez y la falta de juicio crítico influyen en el género periodístico actual? 

Miguel Veyrat: Le falta, a mi juicio, la honestidad e independencia, rigor en suma, debidas no sólo a causa de la inmediatez, sino por la falta de juicio crítico, como usted dice, debida a su vez a una escasa formación y carencia de interés profesional para aplicar la auto-exigencia necesaria y no caer en aquello que le sobra y que ha herido definitivamente su credibilidad: una ‘titulitis’ crónica y contagiada del cáncer de los ‘tuits’, que son definitivamente los que suministran actualmente ‘la información’. Ante este panorama, los medios escritos, impresos y difundidos, ya sea en tinta y papel o en el modo digital, deberían regresar a los viejos principios de informar con datos ciertos e identificación clara de sus fuentes, dejando para las notas editoriales y artículos firmados todo lo opinable. Es en ese ‘cóctel’ entre información y opinión  donde se ahoga a cada segundo la verdad. Se realiza hoy en día un llamado periodismo claramente de estirpe populista y sectario para una población inerme, obnubilada por la televisión y las redes sociales —los medios con mayor dosis de sectarismo— y padeciendo carencias fundamentales de educación que la deja ayuna de voluntad para la exigencia de respeto. Se ha dicho, y termino, que los ‘tertulianos’ han sustituido a los intelectuales, pero sólo en parte; a quien ha sustituido realmente ese espécimen opinante es a los auténticos periodistas.

J.G.: Desempeñó las labores de corresponsal durante décadas y en múltiples ciudades de todo el mundo. ¿Con qué se queda de esa etapa? ¿De qué manera esos viajes, el conocimiento de otros países, han influido en su obra poética?

Miguel Veyrat: No obtuve más que beneficios profesionales que a su vez influyeron en mi poética: me enseñaron fundamentalmente a percibir, entre la diversidad de historias, culturas, razas, religiones, la asombrosa unidad de la palabra poética sea cual sea el idioma local con que se pronuncia. Esa universalidad suprema donde la música de los ritmos busca su equivalencia en el sentido emocional que servirá a la razón para usar la arquitectura del poema al expresarse en cualquier lengua, sea cual sea la latitud en que naciere. Me enseñó por tanto a superar los localismos ideológicos para buscar siempre lo verdadero entre el sinnúmero de indexaciones de normas políticas o estéticas ‘obligatorias’ para el poeta que quiere usar por encima de todo su libertad, aunque deba pagar las consecuencias de su rebeldía para con los brujos de las tribus. Tal poeta no se presentará a premios, no será invitado a concursos de belleza  entre vates y rechazará trepar por las cucañas en busca de reconocimiento. Deberá por tanto viajar solo y sólo verá triunfar su propuesta estética cuando logre agrupar lectores que amen la pureza del verso por encima de todo adorno superfluo; remará también contra las corrientes de roma simplicidad que buscan hablar en necio al pueblo que creen tan necio como ellos. No en vano sabe el poeta verdadero que la poesía es el primer motor de búsqueda de sentido para el lenguaje filosófico, su hijo mayor, que se encargará a su vez de ordenar el pensamiento y transmitirlo.

“La poesía tiene el derecho y el honor de encabezar la ruptura de las formas y contenidos caducos”

J.G.: ‘Documentos TV’ es un programa mítico de TVE fundado por usted en 1986 y que aún sigue en parrilla. ¿Podría contarnos cómo se le ocurrió, cómo fueron sus inicios y por qué, a su entender, se convirtió en el éxito que sigue siendo? ¿Ve en la programación actual programas que sigan esta línea?

Miguel Veyrat: ‘Documentos TV’ nació tras mi regreso a  RTVE cuando ejercía de corresponsal en Londres, y saqué adelante, no sin vencer dificultades emanadas de la atonía propia de la casa, mi propuesta de un programa que no consistiera en los  documentales al uso, sino apoyados en ‘documentos’ autentificados y fuera de toda posible interpretación sesgada. En general, los ‘documentales’ que nos llegaban de las productoras para su emisión estaban plagados de testimonios filmados con declaraciones de actores que comentaban el objeto central del tema de turno, pero plagados de matices que lo desviaban en un sentido u otro para influir en el espectador, siguiendo intenciones a menudo no confesables. Así de simple y así de complicado era ‘comprar’ en los festivales internacionales o producir con los medios a nuestro alcance. La pretensión de una verdad –que por cierto, siempre sería relativa— bien documentada y fundamentada con piezas auténticas y comprobadas llamó pronto la atención de los espectadores, situados ante un poco habitual ‘periodismo de datos’. Tan limpia queríamos que fuera aquella verdad informativa, que yo mismo decidí no aparecer en pantalla presentando cada programa para ‘explicar’ adónde nos llevaría su desarrollo en la pantalla. Pasado el tiempo me sucedió en uno más de los relevos periódicos de ‘La Casa’ debido a los cambios en el gobierno de turno —una de sus lacras que ningún político ha querido remediar— al frente del programa, un simpático muchacho vasco ligado al BBVA que a su vez había sido relevado de la TV pública de la Comunidad de Madrid en uno de esos ‘escraches’ de gobierno mencionados. Él duró muchos años en pantalla, ya que sin duda era un magnífico profesional.

Fernando Jaén: En 1969 entrevistó a Gerardo Diego en su tertulia del Café de Gijón, en Madrid. Él con 73 años y usted con 30, y me pareció un diálogo entre poetas más que una entrevista. ¿Qué recuerdos conserva de él? ¿Piensa que su poesía era ‘revolucionaria’ como él la definía? ¿Es misión de la poesía ser revolucionaria?

Miguel Veyrat: Gerardo Diego fue en sus principios un poeta con vocación literaria doblada de voluntad ‘revolucionaria’, montado sobre esta jaca tan difícil de domar, con una firme amistad con el Juan Larrea de la revolucionaria revista vanguardista ‘Favorables París Poema’, en cuya aventura acompañaba nada menos que César Vallejo. En el primer número (1926) de los dos que lograron salir adelante, escribían además de Gerardo Diego, Tristán Tzara, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Juan Gris y Pierre Reverdy, en gloriosa nómina. También fue Gerardo Diego el sabio impulsor de la tan mentada ‘Antología Poética’ publicada en 1932 y posteriormente llamada de la Generación del 27, a causa de la celebración en Sevilla precisamente en 1927 del mítico homenaje a Góngora en su centenario, donde coincidiera Gerardo Diego con Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Juan Chavás y José Bergamín. Podríamos citar datos sin cuento, como la factura y contenidos de sus poemas de entonces pero la posterior Guerra Civil partió por gala en dos aquella generación de poetas y Diego, como otros, formó parte de aquella trágica lista del ‘Canto General’ de Neruda: “Y vosotros Gerardos, Dámasos, hijos de perra…”. Don Gerardo escribiría además encendidos artículos en la prensa del Movimiento, donde lamentaba “los trágicos horrores de la revolución roja”. En sus versos se ensalza la ‘gesta’ del Alcázar, y también se llora la muerte de algunos caídos como en el ‘Soneto a José Antonio’: “Por ti, porque en el aire el neblí vuelve, / España, España, España está en pie, firme, / arma al brazo y en lo alto las estrellas”, a la par que se ensalza la figura de Franco al que llama “Huevo del águila”, metáfora que recuerda el abandonado surrealismo revolucionario… Todo esto marcó el antes y después de nuestro poeta, que no fue el único, como hemos visto, en avenirse a la deriva de ‘lo irremediable’. Mi intención en la entrevista fue resaltar, sólo en lo posible, pues la censura seguía viva, la práctica tolerancia de la sociedad española hacia aquellos ‘poetas del Régimen’, en unos momentos en que seguían prohibidos los verdaderos ‘poetas revolucionarios’, tanto literaria como políticamente, aún en el exilio como Alberti o clamando respeto desde sus tumbas como Machado, Cernuda y otros muchos cuyos restos reposan aún en México. De ahí que el antetítulo que escribí a su afirmación como ‘poeta revolucionario’ fue: “Lo dice él mismo”. 

Y sí, creo que la poesía tiene el derecho y el honor de encabezar la ruptura de las formas y contenidos caducos o que han convenido en adaptarse a la ‘realidad’ más garbancera de su época. La gran Historia de la literatura está poblada de tales ejemplos.

“Todo poema que aporte a sus lectores un determinado nivel de satisfacción personal, puede considerarse buena poesía”

F.J.: En un determinado momento de esa entrevista, Gerardo Diego le dice que “la poesía buena nunca ha interesado más que a una pequeña parte de la humanidad”. ¿Qué opina a día de hoy de la utilidad de la poesía? ¿Qué poesía considera usted como “buena”?

Miguel Veyrat: El ámbito poético es una vía al conocimiento anterior incluso a la aparición de la escritura, por lo tanto sólo las personas con la ambición de ver progresar su pensamiento hacia tal objetivo verán una ‘utilidad’ (palabra trampa) en la escucha, lectura o la práctica de la poesía. Como poesía buena o mala pueden catalogarse muchas maneras, desde una opción estética a otra ideológica, según practique el poeta que realice el invento. Pienso que todo poema que aporte a sus lectores un determinado nivel de satisfacción personal, puede considerarse buena. ¿Era buena la poesía de Miguel Hernández en el frente? Era mala la poesía de Emilio Prados o Luis Cernuda desde su exilio mexicano? ¿Era mala la poesía del propio don Gerardo en la España franquista que él mismo y sus lectores habían aceptado? ¿Pueden emplearse métodos críticos imparciales para juzgar a un poeta? Lo veo difícil, pero no imposible, ya sea el crítico de derechas, izquierdas, de centro o mero junta-palabras ‘solapero’ de periódico.

J.G.: Me he tomado la libertad de escoger algunas de las preguntas que le formuló a Gerardo Diego en aquella entrevista, que siguen estando de rabiosa actualidad, para que las conteste, si le parece, usted… ¿Qué cree que mueve a escribir ahora a los jóvenes poetas? ¿Cuál es el papel de la poesía en esta sociedad de consumo?

Miguel Veyrat: Pienso que entre la variedad tan rica y tan al alcance de los copiosos temas que ofrece la sociedad contemporánea, harán lo que hemos hecho siempre los poetas, jóvenes o viejos,  penetrar la realidad buscándole sentido y, una vez hallado, aplicarle las reglas estudiadas y transmitidas por Pitágoras sobre los ritmos de las estrellas y por los grandes maestros de Occidente. Una vez hallado el sentido, las palabras se entrelazarán rítmicamente en la sesera y no quedará más que traducirlas al mítico papel en blanco cuya esencia nos explicó Roland Barthes. Bien es cierto que muchos ingenuos se han entregado al vértigo de las redes sociales y creen que organizar un poema es poco menos que redactar un ‘tuit’, trágico o divertido. No digo que no, pero el papel de la poesía en cualquier sociedad consiste en hacerla pensar en sí misma, trascendiendo hasta la conmoción emocional toda la actualidad que rodea al poeta y sus coetáneos, la cual una vez desnuda de los abalorios correspondientes resulta semejante, si no igual a sí misma, que en cualquier otra etapa de la Historia. Bajtin en sus ensayos de poética histórica lo decía mucho mejor afirmando que la palabra poética es histórica y social,  ya se diera tal relación en el espacio como en el tiempo, en lo que llamaba ‘cronotropo’ surgido de la necesidad de moldear el poema según las épocas y las culturas. Escribir poesía es lo que tiene, resumiendo, unos logran realizar el verdadero retrato de su tiempo, y otros su caricatura.

J.G.: El profesor de la Universidad de Salamanca y crítico del diario ‘ABC’ de Madrid Luis García Jambrina define su poesía como “la luz hecha canto”. ¿Cree que los poetas del Levante y del Sur español están de algún modo influenciados por la luz de su territorio? ¿Cómo lo hace en su caso y por qué eligió Andalucía como lugar en el que residir?

Miguel Veyrat: Les voy a contar una anécdota sobre lo que yo llamo ‘La luz’ de los poetas, que ilustra muy bien el tema: en tiempos fui muy amigo del gran poeta zamorano Claudio Rodríguez, autor del célebre libro de poesía ‘El don de la ebriedad’. Ambos éramos parroquianos habituales del Café de Gijón en Madrid, donde nos embriagábamos juntos al amor del vino de Valdepeñas y de una discusión recurrente. El citado libro comienza con estas palabras: “Siempre la claridad del cielo viene;/ es un don (…)”. Ahí mismo comenzaba la polémica, casi siempre de madrugada, acompañándonos mutuamente a nuestras casas respectivas una y otra vez. Querido Claudio, le decía yo, la claridad no viene de ninguna luz del cielo, no es un don sino fruto de una difícil búsqueda; la luz de la que hablas y es acogida con aplausos beatíficos, seguramente es la de los profetas y poetas místicos monoteístas: demasiado fácil; en cambio, yo pienso que esa luminosidad que alumbra tus creaciones y las de los grandes artistas, viene directamente de la emoción causada por el resonar de los pasos del hombre sobre la tierra; y esa emoción una vez racionalizada, es la Conciencia, nada más y nada menos. Y mucho mejor si ese proceso alquímico tiene lugar  en la sesera de un poeta que posee de nacimiento ese don”. ¡¡¡Y ya la teníamos ‘armada’!!! Menos mal que el poeta Claudio era muy tolerante y cuando no podía ya más conmigo, bastante más joven e imprudente que hoy, pedía al camarero de turno dos vinos más. A Claudio le dediqué una de las partes de mi libro ‘Babel bajo la luna’. Desgraciadamente murió antes de poder leerlo, ojalá se haya topado con su claridad bendita.

Pero vayamos a la segunda parte de su pregunta. Las gentes del Sur y del Levante gozan en plenitud de la continua ‘claridad’ que les otorga el Sol, que también ha sido elegido frecuentemente como su dios por casi todos los pueblos con muy felices resultados. Al calor de tal luminosidad y energía, los hombres de los Levantes y los Sures se han relacionado también muy felizmente con sus vecinos; sería pues en ese caminar hacia el Otro como poco a poco fue fraguándose un magma llamado espíritu desde la conciencia individual a la colectiva, destinada a convertirse en los códigos morales de nuestro querido y entero planeta. Aún a riesgo, como en realidad sucedió, de ser dura y selectivamente codificada por los distintos chamanes y curas, ayudados por una variedad muy específica de poetas.

En cuanto a mi residencia actual en la que ya es mi propia tierra andaluza, me trasladé por amor, como tantas cosas buenas en la vida y también, ¿por qué no? Para ir en pos de esa luz violeta de la conciencia que obsesionaba a mi maestro Juan Ramón: quería yo buscarla personal y fervientemente en los atardeceres de Fuentepiña.

“Todo es posible para el poeta en su empeño de explorar nuevos caminos estéticos y abiertos al significado de la existencia”

F.J.: Publicó su primer libro, ‘Antítesis primaria’, en 1975, al que siguieron otras publicaciones. Tras diez años de silencio inicia una nueva indagación poética en la década de los 90 con la publicación de ‘El corazón del glaciar’,  ‘Elogio del Incendiario’, ‘Conocimiento de la Llama’, ‘La Voz de los Poetas’, ‘Babel bajo la Luna’, ‘Instrucciones para Amanecer’,  ‘Razón del Mirlo’ en 2010, y posteriormente ‘Poniente’, ‘Pasaje de la noche’ y ‘El hacha de plata’. En su obra predomina la búsqueda de un lenguaje poético veraz y sólido que marca la senda de sus poemas. ¿Cree que aún es posible la creación de un nuevo lenguaje poético? ¿Qué razones encuentra para seguir escribiendo a día de hoy?

Miguel Veyrat: Creo en esa búsqueda de un lenguaje poético veraz y sólido que usted evoca. No imagino a un poeta verdadero que no busque nuevos ritmos en sus horizontes culturales, nuevas relaciones entre todos los significados posibles de las palabras para crear significantes no utilizados hasta el momento. La polisemia de las palabras es una bendición para el poeta. Una búsqueda asimismo entre los filósofos y poetas del pasado, para hallar interrelaciones o puntos de partida aún no explorados desde su obra. Todo es posible para el poeta en su empeño de explorar nuevos caminos estéticos y abiertos al significado de la existencia. Me parecen suficientes razones para seguir escribiendo al día de hoy, cuando se obedece al impulso que todo creador alberga en su voluntad de indagar en lo desconocido. Actitud sobradamente ‘revolucionaria’, como decíamos…

F.J.: Recientemente publicó dos nuevos poemarios, ‘Diluvio’ y ‘Tu nombre es Eros’. En el primero parece explorar paisajes que sólo se vislumbran en la voz del poeta. ¿Es necesario un Diluvio para que surja de nuevo la palabra? ¿Quién se salvaría en este hipotético diluvio?

Miguel Veyrat: Sí, creo necesario tal Diluvio para que en el interior del poeta no perduren residuos malévolos como el silabeo de recuento y la rima, por ejemplo, residuos traídos por la facilidad, pero que fuera del contexto de sus creadores renacentistas toscanos y algunos de sus émulos europeos, incluidos los españoles, no resultan aceptables en la actualidad. Pienso, aunque jamás he intentado que nadie siguiera fielmente aquello que yo piense, que el poeta debe situarse  siempre ante la palabra como ante la ya famosa hoja en blanco, que a menudo se asemeja a un muro que escalar y del que se intenta la revelación desde lo alto de un mundo desconocido una vez atravesado el obstáculo de la materia. El resto, esa música interior, casi sinestésica, el ritmo en que cada poeta tiembla desde niño, se lleva en la sangre y sólo precisa ser aplicado.

F.J.: Tras el ‘Diluvio’, quizá sólo el poder de Eros pueda salvarnos. ¿Qué nos ofrece ‘Tu nombre es Eros’? ¿Es Eros más poderoso que la propia muerte?

Miguel Veyrat: Sí, en efecto, Eros es el principio de vida, el punto cero desde el que parte todo conocimiento posible. Algunos platónicos lo han confundido con el ‘alma’. Eros es nuestro viaje hacia el ‘Punto Cero’, donde recomienza toda vida.

J.G.: A buen seguro tiene usted nuevos proyectos en mente. ¿Qué nos puede contar sobre los mismos?

Miguel Veyrat: ¡Jajajajaja! Seguir escribiendo poesía sin parar. Tengo en el garaje de mi ordenador varios libros inéditos, que no sé si lograré ver publicados ya que el tiempo acosa sin cesar y cuanto más viejo es uno, a mayor velocidad se fuga.

F.J.: Con todo el respeto que me merece, la edad ha dotado a su poesía una hondura que magnifica su misterio y su humanidad. Sin embargo, el poeta es en cierto modo un nómada, que a veces transita entre las sombras. ¿A estas alturas, prefiere usted la luz o las sombras?

Miguel Veyrat: A estas alturas, mi deseo de nómada irremediable es que el avance implacable de la edad me permita seguir transitando con provecho desde la luz a las sombras y viceversa, por algún resquicio aún desconocido. Muchas gracias a usted y su compañero Javier por sus inteligentes preguntas.

J.G.: Ha llegado el ya clásico momento ‘carta blanca’. Finalice esta entrevista como le parezca mejor.

Miguel Veyrat: Muchas gracias, porque pienso que dada mi edad ya puedo oficiar, aunque prudentemente, de consejero tanto para poetas jóvenes como para coetáneos: Huid siempre de la peligrosa ‘facilidad’. Es un abismo sin fondo.

POEMAS DE MIGUEL VEYRAT

La primera mujer

La nube como el amor no tiene género
a menudo se abre cuando el rayo
la alimenta y entonces llueve pariendo
la alimenta y entonces llueve pariendo
a su paso ríos —fuentes océanos
torrenteras hombres y mujeres que van
juntos a dar en la vida que fue el
morir y que carece de género conocido

(‘Diluvio’, Sevilla 2017)

No hay regreso

Y sin embargo estoy donde ya estuve
siempre envejeciendo
en ese rumor partido por gala en dos
escrito entre espacio y
tiempo silenciosos más cerca todavía
de ser aquella lágrima
inesperada y que sin embargo rebosa
la voluntad de regreso
hasta las fuentes a renacer en oleajes

(‘Diluvio’, Sevilla 2017)

Y un conjuro

Ya navegan celajes de nombres rotos
en mónadas huidas
a la misma velocidad que otras vidas
Mas dime tú ahora
mismo aquello que no puede morir si
la luz inocente por
Oriente empieza a ceder poco a poco
con tu sombra hacia
el Nadir ¡Cuántos soles ardiendo para
que fueses cuerpo
enterizo antes de disolverte! O cuánto
aire cuántos mares
para que no fueras un desierto poblado
de estatuas de arena
polvo hijo de la herida que contigo ha
navegado Sílaba
por salvar del nombre que fue el tuyo

(‘Diluvio’, Sevilla 2017)

Voz sola

Anonadada en lo abierto
Oh sangre mía
no alcanzas a ser voz
callas ante un silencio
Vacío —no tienes
lugar en lo abierto, como
ave que no llegara
jamás a ser tu viva voz
Del afuera hasta el adentro.

(‘Tu nombre es Eros’, Sevilla 2015-18)

Esa pura rosa que renace

Porque las voces son signos
son pasiones, dijo
el sabio. Y las letras y cosas,
copia de pasiones.
Ah pero la voz es tiempo y
es grámma que será
nombre más tarde, ah!
Otro sabio nos dirá luego
Que el espíritu se hace trizas.
Y el hombre ya es sólo
la noche, esa pura nada
que amanece en su
conciencia. Esa pura nada
O esa rosa blanca, copia
del espíritu rosa que lo mira,
salta y se desvanece
en la cabeza ensangrentada.
Su nombre es Deseo si renace.

(‘Tu nombre es Eros’, Sevilla 2015-18)

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
1 Comentario

1 Comment

  1. mery sananes

    octubre, 2019 at 10:01

    Extraordinaria entrevista, sin duda, con excelentes preguntas y respuestas muy al tono de quien no hace alarde alguno, sino que responde destilando lo complejo, desmenuzando aquello que tantas veces se hace incomprensible. Pero, comenzando desde el principio, la entrevista nos presenta al otro Miguel Veyrat, el periodista, buscador de la verdad más allá de las anécdotas en un tiempo en el cual los datos siempre permanecían –como ahora- en manos de quienes esgrimen los mayores poderes.

    Y bien vale conocer esa faceta de MV que revela los propios ingredientes de su poética. No es profesión sino compromiso. Y se realiza sin temor alguno a confrontar algunos de los considerados mayores. Después de todo MV no cree en esas clasificaciones. Y si hay que elegir hay que ir al verso que alcanza su propio ritmo y cadencia, o a la noticia que se mantiene sobre datos verificables o confiables.

    Y qué inmensa tarea, la suya. Deslastrar la noticia de todo lo episódico e interesado. Y llevar la poesía al desnudo hueso de su propia conciencia. Y sin duda que en ambos ámbitos MV no permitió que nada ni nadie lo hiciera desistir de las vigas que sostienen todo su hacer y pensar. Entonces y ahora.

    En las preguntas iniciales que le hace Javier Gilabert sobre su experiencia como periodista y corresponsal, MV deja muy en claro su opinión sobre qué debe ser la información y como hasta el día de hoy, lo veraz sigue siendo lo oculto, y la información una corriente donde hacer navegar a quien lee en aquello que interesa a al productor de sus ejércitos de palabra.

    Sin duda que lo más difícil reside en ajustarse a una ética que el periodismo hoy en día lleva más extraviada que nunca. Y esto lo puntualiza muy claramente MV para quien ningún oficio es inocente y ninguna concesión ética se puede justificar. En realidad más se mal-informa que aclarar, lo que trae como consecuencia que la verdad queda tan arropada que parece inaccesible. Y además MV deja muy en claro el periodismo sectario y populista que tanto daño hace al colectivo pero que muy buenos dividendos les depara a los podres y sus representantes.

    Asimismo un importante aporte de la entrevista es dejar conocer, a quienes no lo saben, lo que en una mente definida en lo ético y en la claridad de lo que se busca, se convierte la tarea de informar o recoger los trozos de la verdad. Y a mi parecer es esa visión amplia del mundo y de su gente, lo que permite que MV haya podido aprovechar de tal manera sus estadías fuera de sus fronteras, donde aprendió a valorar y estimar las más disimiles culturas, creencias y actitudes. De manera que hecho de esos ingredientes, sin duda MV tenía que ejercer como un periodista que se enfrentaba al periodismo tradicional. Como aún lo es hoy.

    En cuanto a las preguntas que le formula Fernando Jaén, ya entrando en su territorio mayor, están las que el mismo MV le hiciera a Gerardo Diego. Eso le daba oportunidad, al entrevistador, de interrogar al poeta desde su propio patio. Y no podía estar más cómodo el poeta para responderlas. Sobre todo daba pie Fernando a plantear las vicisitudes de una guerra civil que como lo dice MV: partió por gala en dos aquella generación de poetas y también partió en dos a más de un escritor.

    El entrevistador le resulta fácil entonces plantear cuestiones que siempre giran alrededor de las diatribas literarias: ¿debe ser la poesía revolucionaria? ¿Qué vamos a entender por tal? Si aceptamos esa propuesta ¿acaso la otra literatura estaría a servicio de qué? MV con su claridad, razona sobre la poesía desde un territorio muy distinto. Y lo sintetiza así: “el papel de la poesía en cualquier sociedad consiste en hacerla pensar en sí misma, trascendiendo hasta la conmoción emocional toda la actualidad que rodea al poeta y sus coetáneos”. Obviamente le queda al entrevistador y al lector descifrar el sentido y contenido de esas palabras para alcanzar el verdadero zumo de la poesía y su efecto en quien la recibe.

    Y sorteado esos primeros escollos, el entrevistador se lanza a fondo para poner en aprietos a MV y le lanza este anzuelo: “¿Cree que los poetas del Levante y del Sur español están de algún modo influenciados por la luz de su territorio? ¿Cómo lo hace en su caso y por qué eligió Andalucía como lugar en el que residir?” ¿Considera su poesía como la luz hecha canto, como la definiera Luis García Jambrina?

    Sintetizo su respuesta: …”la claridad no viene de ninguna luz del cielo, no es un don sino fruto de una difícil búsqueda; la luz de la que hablas y es acogida con aplausos beatíficos, seguramente es la de los profetas y poetas místicos monoteístas: demasiado fácil; en cambio, yo pienso que esa luminosidad que alumbra tus creaciones y las de los grandes artistas, viene directamente de la emoción causada por el resonar de los pasos del hombre sobre la tierra; y esa emoción una vez racionalizada, es la Conciencia, nada más y nada menos.”

    Muy poco que agregar porque en todas páginas, MV vierte su sinrazón poética, su visión del escritor y el lector, y define, de la manera más sencilla y concreta en qué consiste el oficio de escribir, de cómo se valida ese acto y de cómo se somete a prueba cuando el lector desconocido lo lee.

    Lo demás, ese recorrido por su obra que le propone el entrevistador, se lo dejo al lector para que, como lo hago, sienta el disfrute y el deleite de una entrevista amena a la vez que profunda, que devela la inteligencia de los entrevistadores y le otorga espacio a la del poeta, que puede encontrarse en la lectura de cualquiera de sus versos, siempre y cuando el lector se deje transfigurar al encontrar en ella, algo que también le pertenece.

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