Entre2vistas

José Infante: “A veces pienso que la poesía ha muerto”

José Infante. Foto de Pedro Antonio Ruiz Morate

José Infante: “A veces pienso que la poesía ha muerto”

José Infante (Málaga, 1946), poeta, periodista, escritor. Estudió Derecho, Filosofía y Letras y Ciencias de la Información en las universidades de Granada y Complutense de Madrid. También es diplomado por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, en 1969. Comenzó su carrera periodística en el diario malagueño Sol de España, para pasar en 1973 a colaborar en el diario Informaciones y en las revistas Sábado Gráfico y Cine en 7 días. Trabajó durante 37 años en Televisión Española en diversos cometidos, como redactor, reportero y  guionista en programas como Gente,  Hora 15, Los escritores, Zarabanda, El Dominical Informativo, Informe Semanal y Documentos TV,  y como  director y realizador de diversos programas especiales.

Ha colaborado en multitud de medios de comunicación e igualmente trabajos suyos han aparecido en las más importantes revistas culturales como Cuadernos Hispanoamericanos, Litoral, Papeles de Son Armadans, la Estafeta Literaria, Signos, Barcarola, Atlántida, El urogallo, Artesa, Turia, Estación poesía etc.

En poesía ha publicado Imágenes sucesivas (1970), Uranio 2000. Poemas del Caos (1971), Elegía y No (1972), La uva duodécima (1976), La nieve de su mano (1978), El artificio de la eternidad (1984), Poesía. 1969.1989 (1990), El don de lo invisible (1992), Lo que queda del aire (1993), La arena rota (1998), La arena rota y otros poemas (2003), La casa vacía (2004), Días sin música (2005), Sin orden ni concierto (2006), Daños colaterales (2009), Elegías y meditaciones (2009), El dardo en la llaga (2010), La Libertad del Desengaño (2014), Elegías y Meditaciones, antología 1966-2016, Elegía mediterránea (Antología) nº 3 de la colección Libros Sobre Ruedas, EMT de Málaga, Animal extraño (antología), El toro celeste, Málaga, 2018 y Solo queda una sombra, Col. Signos de Huerga y Fierro, 2019.

Ha sido incluido en infinidad de antologías y poemas suyos han sido traducidos al inglés, al sueco, al francés y al italiano. Ha publicado también, entre otras muchas obras, Antología de la poesía espiritual española (1985), Antología de los poetas del 27 (1985), Antonio Gala, un hombre aparte (Espasa Calpe 1994), Autobiografía del desconsuelo (1995), La musa oculta de Goya. Una sonrisa que esconde una tragedia (MR 2007), Nada te turbe. Antología de textos de Santa Teresa de Jesús (Libros de la Academia, 1, Málaga, 2015), Una señal en el corazón, Antología de textos de Antonio Gala, (Junta de Andalucía, Centro Andaluz de las Letras, 2016) y Antología, Pablo García Baena (El Toro Celeste, Málaga 2017).

En 2018 fue comisario de la exposición Pablo García Baena. La vida es como un bosque, con motivo de su proclamación como Autor del Año de Andalucía y editor del catálogo del mismo nombre. Y en 2019 ha sido coautor de la edición del libro póstumo de Pablo García Baena Claroscuro, editado por la Fundación Gerardo Diego y la editorial Pre-Textos.

Ha sido galardonado, entre otros, con los Premios Adonais (1971), Málaga. Costa del Sol de Periodismo (1972), Premio Ondas (compartido con los servicios informativos de TVE) 1982, Premio Cáceres. Patrimonio de la Humanidad de Poesía (1997), Premio Andalucía de la Crítica de Poesía (2005) y el Premio Nacional José Hierro 2005. Académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo desde abril de 2012. En abril de 2015 le fue otorgada la Medalla de Oro del Ateneo de Málaga, Premio Ciudad de Cabra a toda una vida 2016. En 2018, Premio Torrijos la Libertad.

Recientemente acaba de ver la luz su último libro de poemas, Sólo queda una sombra (Huerga y Fierro Editores, 2019).

Javier Gilabert: Has desempeñado durante casi cuatro décadas las funciones de redactor, reportero y guionista de televisión. ¿Qué destacarías de aquella etapa de tu vida? ¿Qué crees que le falta o le sobra a la televisión que se hace hoy?

José Infante: De mi etapa en televisión, casi cuarenta años de mi vida, destaco la fascinante aventura de haber vivido en primer plano acontecimientos históricos de nuestro país, la enorme variedad de temas, lugares y personajes que he conocido, la experiencia de someter el lenguaje a una poética distinta, que no debía ser literaria, que tenía que someterse a la imagen,  y que ha sido una experiencia muy enriquecedora, aunque no haya estado ajeno un cierto conflicto a veces con las palabras.

“El poeta nace, y se hace, cuidando el único medio que tiene para expresarse, que es el lenguaje”

J. G.: ¿En qué momento y de qué manera entra la poesía en tu vida? A la luz de tu experiencia, el poeta ¿nace o se hace?

José Infante: No sabría decir cómo llegó la poesía a mi vida, fue una experiencia espiritual desde luego y muy temprana, aunque tardara en cristalizarse. Sí sé que se me impone como una responsabilidad cuando llega el Premio Adonáis, que me hace plantearme la poesía como una forma de vivir, de en tender la existencia. El poeta nace, y se hace, cuidando el único medio que tiene para expresarse, que es el lenguaje.

Fernando Jaén: Estimado José, eres un poeta valorado y apreciado por varias generaciones de escritores. Han pasado casi cincuenta años desde la publicación de tu primer poemario, ‘Imágenes sucesivas’. ¿Te reconoces en aquellos versos? ¿Ha cambiado el paso del tiempo tu forma de entender la poesía?

José Infante: El año que viene hará cincuenta años de mi primera publicación, antes había escrito mucho, incluso libros enteros, que permanecen inéditos. De alguna manera me reconozco en esos poemas porque mi sentir de la poesía como comunicación y conocimiento no ha cambiado esencialmente con el tiempo. Ha cambiado mi forma de expresarlo, pero siempre se ha mantenido el tono elegiaco y meditativo y el vitalismo irrenunciable.

F.J.: Hay quien piensa que el artista tiene su momento de más esplendor al principio de su carrera, pero tenemos ejemplos de sobra donde la madurez dota a las obras de un peso que tiene que ver con haber vivido lo suficiente para contarlo. En tu último poemario ‘Solo queda una sombra’ (2019), destaca ese estilo con el que te has identificado otras veces, meditativo y elegiaco. Es un poemario intenso, que palpita vida a pesar de la presencia constante de la sombra. ¿Es este libro un testamento vital y sentimental?

José Infante: De alguna manera sí. Es un testamento vital y un ajuste de cuentas sentimental y existencial. El libro se había ido gestando desde 2008 pero no es hasta 2011, cuando regreso a vivir a Málaga, después de más de cuarenta y cinco años, cuando va adquiriendo la forma definitiva que tiene en la actualidad. De alguna manera el encuentro con el pasado se me figura como una sombra que me ha seguido siempre y que ha ido cambiando en cada momento. Este descubrimiento es el que le da forma al libro.

“Me considero un poeta isla, independiente”

F.J.: Tu obra es enorme y abarca distintos ámbitos y proyectos, desde la televisión a la escritura. Esto te hecho estar presente en el mundo cultural de nuestro país pero no se te enmarcado en un movimiento o generación concreta. ¿Te consideras dentro de algún movimiento literario? ¿De cuál te hubiera gustado formar parte?

José Infante: Por cronología pertenezco a la generación de los setenta, también por lo que significó respecto a reivindicación del lenguaje, de la libertad de la imaginación y concretamente en la poesía andaluza de la vida como referencia de toda estética, incluso de la más culturalista. Por otro lado creo que al no haber seguido nunca ninguna moda literaria ni poética me considero un poeta isla, independiente, con lo que esto supone de extrañamiento de todos los movimientos y hasta de la exclusión en muchos casos. Asunto que asumo con el convencimiento de haber sido siempre fiel a mi voz personal.

J.G.: A pesar de tu juventud atesoras cinco décadas de experiencia en el mundo de la poesía. ¿Hacia dónde va la poesía actual?

José Infante: Creí saberlo, pero últimamente me siento profundamente desconcertado. Temas y polémicas que creí superadas vuelven a suscitarse, como la poesía formalista, la vuelta a los metros clásicos, la poesía social o de denuncia, por no hablar del fenómeno que ha supuesto la entrada de la poesía que se hace en las redes… Me siento como un ser extraño que no entiende mucho lo que ocurre a su alrededor. La falta de interés de los nuevos poetas por conocer la tradición me produce cierta perplejidad.  No sé, a veces pienso que la poesía ha muerto.

“La facilidad nunca es buena para la creación”

J.G: ¿Qué opinas del fenómeno actual conocido como ‘poesía del follow’ (la que se escribe en redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram)? ¿Qué consejo darías a los jóvenes que justo ahora empiezan a escribir?

José Infante: Ya he expresado la perplejidad que me produce este fenómeno. Perplejidad y preocupación porque viene acompañado del éxito fácil y hasta económico. La facilidad nunca es buena para la creación. Pero por otra parte si la poesía ha subsistido a todos los cambios y a todas las vanguardias, pienso que algo bueno puede traer ese nuevo tiempo, esta nueva forma. Eso espero.

Por otra parte a un poeta que empieza le diría lo que ya dijo Rilke en las cartas a un joven poeta: que se pregunte profundamente qué causas le llevan a escribir, que se confiese a si mismo si no le sería preciso morir en caso que escribir le estuviera vedado, y que si es consciente de esto que su escritura sea un testimonio de este impulso y que ame la soledad y el dolor que esta ocasiona y que el son de su queja sea bello.

F.J.: A lo largo de tu extensa trayectoria has recibido importantes premios nacionales. ¿Qué valor les das a los premios, y en concreto a los de poesía? ¿Has sido jurado de alguno de ellos?

José Infante: Los premios en el pobre panorama literario español se han convertido en aldabonazos, en llamadas de atención sobre la obra de quien los recibe, de una forma hipertrofiada. Parece como que los premios suponen un aval necesario para una obra y un determinado escritor o poeta. En algunos momentos se han convertido en la única forma de publicar en determinada editorial o colección. Creo que hay demasiados premios y eso hace que ya empiecen a no destacar unos de otros.  

En algunas ocasiones he sido jurado de algunos premios importantes como el Juan Ramón Jiménez, el Ricardo Molina y otros y es una manera de ver las tendencias variadas que existen y conviven hoy en el panorama poético, donde había hasta hace poco un gran eclecticismo, que creo que se está perdiendo por la invasión de la estética, o falta de estética de los movimientos que triunfan en las redes sociales.

F. J.: Pablo García Baena (Córdoba 1923-2018), premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1984, ha sido un referente en la poesía española contemporánea. Sus últimos poemas, escritos en los años finales de su vida, fueron publicados de forma póstuma bajo el título de ‘Claroscuro’ (Pretextos 2018),  editados por ti y Rafael Inglada. ¿Dónde enmarcas la poesía de García Baena? ¿Cómo fue tu relación con él? ¿Qué consideras esencial en su poesía?

José Infante: Pablo es ya un clásico contemporáneo. Lo era mucho antes de morir. Su poesía es el resultado de un esplendoroso equilibro entre riqueza de lenguaje y verdad humana, un brillante ejercicio de rigor, misterio y precisión. Para mí ha sido sobre todo un amigo, y un maestro de vida. La figura perfecta e ideal del poeta, en el que la excelencia humana ha ido pareja a la excelencia literaria.

“Entre un libro y otro, siento que la poesía me abandona”

J.G.: ¿Qué viene después de ‘Sólo queda una sombra’? ¿Puedes adelantarnos algo sobre tus próximos proyectos?

José Infante: Atravieso una larga temporada de sequedad poética. Por otra parte no es nuevo este sentimiento, siempre me ha ocurrido entre un libro y otro. Siento que la poesía me abandona. Pero tampoco lo veo de una forma trágica, la poesía puede abandonarnos definitivamente. La poesía de poema me refiero, la otra estará siempre en mi interior porque es una forma de entender el mundo, o de no llegar a entenderlo nunca.

J.G.: Momento “carta blanca”. Cierra la entre2vista como te apetezca.

José Infante: A veces pienso cómo hubiese sido mi vida sin la poesía y no logro imaginármela. Creo que toda ella ha girado siempre sobre el fenómeno poético, que esta ha sido su eje y ha informado mi existencia de forma determinante. Nada que haya hecho ha sido ajeno a ella. A veces, muy pocas veces, he sentido que me compensaba, he sentido la plenitud de sus hallazgos. Pero siempre, incluso en los momentos de zozobra ha sido la sombra y la luz que le ha dado consistencia a mi vida.

Poemas de José Infante

Agua

Y llegó a ser una rosa encendida…Él
quería ser una tortuga con una capa de veinticinco centímetros de espesor.
Quiso ser una roca de alambres muy abiertos. De alambres retorcidos por   /muchos temporales.
Quiso ser una estatua de bronce, una piedra de abetos semiplanos.
Llegó a ser una rosa encendida…
A sus pétalos acudían todas las mariposas.
Y las abejas secas a saciar su apetito.

Él quiso ser una tortuga alta, sumergida en un río sin nacimiento.
En un río tranquilo que desembocara en el Pacifico.
Quería ser como un cangrejo, como un turpial cantando, o un loro sin    /palabras.
Quiso ser una estrella incansable y pequeña.
Y llegó a ser un águila indefensa que se perdió en el agua sin plumajes ni /hábitos.

Mientras se levantaba. 0 al volver la mañana.
Cuando no habla silencios y los gritos sonaban melódicos y simples, vio volar /margaritas y jazmines de Oriente.
Y quiso ser de nuevo una gota de agua.
Una chispa de luz que no llevase fuego.
Un árbol sin raíces. Pero profundo y fuerte.

Quiso ser una hiena, mordiendo los tres tiempos de todas las sinfonías, /rampante y /afilada.
Quiso ser como el lomo de un burro flautista.
Y llegó a ser una luz sin antenas.
Una estepa de flores sin otoños ni lunas.

Llegó a alcanzar los espacios. Y fue Palmera o dátil.
Asteroide. Meteoro. Estrella. Rayo. Luna.
Llegó a cubrirlo todo. Fue mar y tierra juntos.

Más nunca fue tortuga.
Siempre anduvo desnudo.
Centro y fin de la tierra.
Cuando murió tenía las escamas
Naciéndole.

(De Uranio 2000. Poemas del caos, 1971)

(Octubre)

Mira tierna rosa amarilla de esta tarde,
      Mira
cómo el otoño viene y sin embargo
ponerse a recordar resulta una medida inútil,
puede incluso ser una forma de evasión,
o tal vez algo peor.

Escucha, dime, espera,
    escucha cómo el otro de la noche
se aleja cuando la sangre galopa más aprisa por las venas
y un simple líquido, un líquido más negro
y más amargo que los demás, un líquido
insospechadamente viscoso, enervante,
se va adentrando por los dientes con lentitud de pájaro perdido.

Observa que es de noche. Y sin embargo podrían ser ahora
las doce de la mañana en el paseo marítimo,
y yo perdido y tú igualmente
mirando al mar entre la curva rota de los pies,
podríamos imaginar siquiera,
soñar, tal vez solo pensar en el Caribe.

Date cuenta que también podrían ser las cinco de la tarde
y sin embargo no existir una plaza en esta tierra,
haber muerto de aburrimiento el ganado
vacuno en todas sus especies, podría incluso
ser una mañana grata a la delicia, al placer
de vivir en exultante gozo, o
acaso el veneno de los lagartos embadurnando el aire,
hasta el confín que la locura habita
o habita la sonrisa.

Mira que son solamente la seis de la tarde. Y ahora morir
puede resultar un juego teatral de pésimo gusto, emborracharse
acaso cabría o tal vez matar a puñaladas a algún policía
con casco gris y caballo de plomo.
Tierna rosa de otoño,
mira cómo viene acercándose, blandiendo
corazones amorfos, pechos de adolescentes muertos, de niños suicidas,
cómo se llena el aire de espadas
y palabras que la tarde pronuncia y que luego
el viento difumina y expande,
certifica años de soledad, deseos y realidades
que otra vez acuden a la mente,
cuando, como en esta hora fugitiva,
unas cadenas llaman, llaman, llaman con urgencia
y misterio a las puertas del miedo.
Y sin embargo el miedo puede ser
que en la bahía han atracado barco
con asesinos lívidos y prostitutas internacionales,
agentes de la CIA, cubanos emigrados, deportados por Fidel Castro
o embajadores negros. Pensar
luego que se nubla, que llueve y hace frío.
Mira entonces atrás, o mira hacia adelante,
contempla cómo acaba de repetirse el tiempo,
cómo olvidar no vale a la hora decisiva,
cuando los años pesan y el reloj jamás
puede pararse, porque morir ahora
no significa nada, tampoco
trasladarse, ni huir, salir corriendo.

Tierna rosa de otoño,
mira qué escalofrío produce
la voz de las enredaderas, la voz de los bisontes, la voz
de la nostalgia. Y no vale pensar
en un vaso de tinto, ni en puertos luminosos
o playas habitadas por el verde de amorosas pupilas,
el otoño, vieja rosa amarilla,
todo lo va cortando.

(De Elegía y No, 1972)

Ese animal extraño que me sigue

Bajo mi piel lo siento como sangre.
Por mis venas circula libremente.
Segrega por mis poros y vive de mialiento. Está
en cada arteria o vaso de mi
cuerpo y a mis huesos se adhiere como si
fuera parte, papiloma de luz y de misterio.
Por mis ojos contempla la vida que no es,
lo que nunca ha pasado. A veces lo sorprendo
usando mis palabras, construyendo oraciones
a mi costa, perdido, solo, en la tiniebla de mis ojos.
Nunca lo tengo ausente de mis lágrimas
y en la noche tiene mi voluntad, mi voz,
a su servicio. Siempre me roba el sueño
y se pone delante de mis gestos.
Me usa para buscar la incertidumbre.
Provoca la soledad para que vuelva a él,
su amante. No es amorosa nuestra relación.
Él me ignora y yo lo desconozco.
El mismo cuerpo usamos y si un día se marchara,
nadie podría alimentar, escribir, estas palabras.

(De El don de lo invisible, 1992)

Cuerpo ausente

Si no tengo tu espalda para abrazarme a ella,
la noche se hace larga y el sueño se resiste.
Si no pueden mis labios recorrer tu cintura
y mis manos no encuentran la pasión de tu pecho,
se hace la soledad un océano de miedo
y mi lecho un oscuro lugar inhabitable.

Si no puedo horadar tu cuerpo hasta encontrar
el centro de tu alma, la paz de tu sonrisa
y el eterno secreto de la vida que arde
más allá de la duda y de la incertidumbre,
no quiero el despertar, ni el descanso del sueño.

Si no puedo besar tu boca hasta cansarme,
ni navegar tu cuerpo hasta el agotamiento,
la nada se aparece envuelta entre mis sabanas
y se mete en mis dedos como un clavo de niebla.

Si no siento en mi pecho el ritmo pausado
de tu respiración y el pulso de tu sangre que se exalta,
se apoderan de mí la oscuridad y el llanto,
porque el mundo es un hueco en el que estoy perdido
y tú el ángel salvador que me alarga su mano
para poder volar más allá de la muerte.

(De Días sin música, 2005)

La música regresa

Se eleva misteriosa en esta solitaria habitación,
sube de repente por todas las paredes, inundando
cada oculto rincón, la perfecta armonía y la emoción
de la Cantata 147 de Bach. Sientes que regresa
la música hasta tu corazón, del que huyó
un día de invierno, dejándote abandonado
en el más cruel de los silencios. Vuelve
el consuelo que dan sus notas deslumbrantes,
la melodía que eleva por encima
de las cosas del mundo, la triste realidad
que cada día nos cerca como cárcel
de fuego y de miseria, la vanidad
que es ceniza y es lucha fratricida
de los poderosos, que abandona
a los débiles y a los menesterosos.
¿Se quedará la música ahora
que ha regresado? ¿Será su compañía
el arma suficiente para derrotar
a las fuerzas del mal, al abandono,
al daño que el destino y la desdicha
nos tienen reservados? La música
regresa y nos inunda de belleza.

(De Solo queda una sombra, 2019)

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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