Literatura

Un Flamenco que hable de nuestra generación

Un Flamenco que hable de nuestra generación

En la Feria del año pasado, Álvaro Ruiz y yo emprendimos un proyecto que seguimos imaginando pero que, por los obstáculos que el propio tiempo nos impone, no hemos podido llevar a cabo.

Quiero hacer un disco de flamenco”, dijo.
Yo tengo alguna letrilla ya hecha”, respondí.

A partir de ahí ambos hemos estado investigando. Él en su cotidianeidad, con su guitarra y la práctica pura del flamenco, yo en las letras y la literatura. Ahí es donde, quizás por saber poco, encontré mi frustración personal: apenas existe un flamenco para nuestra generación.

El flamenco ha evolucionado en su música, eso me parece incuestionable. Quizás por el propio carácter del mismo, dado que el pathos flamenco se sitúa en lo musical y no en la letra, la parte lírica no necesita de esta evolución.

Dicho de otra forma: una cantaora podría frasear un “lerele-lele” y no una letra y, aun haciendo eso, el público podría entenderla a la perfección. Así, en las recientes maravillas publicadas por Quentin Gas y los Zíngaros, Niño de Elche, Canastéreo, etcétera, observo (quizás erróneamente) que el artista tiene que elegir entre una ruptura total (exponiéndose a críticas, dimes y diretes…) o una continuación angulosa y, si lo miramos desde el punto de vista de una persona tan genial, estudiada y gustosa del arte: aburrida y arcaica.

Lanzo, pues, la pregunta: ¿Se puede escribir flamenco sobre hoy en día?

Sí. De hecho, creo que se debe. Nos vamos a encontrar varias dificultades. La primera de ellas es que el flamenco tiene su léxico y es una parte fundamental del mismo. Para escribir flamenco y que suene real tenemos que utilizar determinado vocabulario basado en el calé. De otra forma, blanquearíamos el flamenco y, por tanto, dejaría de ser auténtico. Esta forma de expresarse nos lleva a que, a la hora de escribir un fandango, pensemos en escribir sobre el campo y sus dificultades, pero no en lo difícil que resulta compatibilizar el trabajo con progresar personalmente.

Afirmo, pues, que escribir sobre nuestra generación y sus problemas no puede ser incompatible con las estructuras clásicas.

Además, nuestro imaginario nos va a decir automáticamente que en tanto que decimos oficina y no campo, estamos desgitanizando el flamenco. Esto me parece condescendiente: ¿Acaso no ha cambiado la forma de vida del pueblo gitano? Quien quiera buscar ejemplos, los va a tener por decenas.

Creo que el pueblo gitano mantiene sus tradiciones, pero también trabaja en las oficinas, accede cada vez más a la universidad… Incluso tiene problemas distintos (o manifestados de otra manera) de los que solía tener, lo cual también es un motivo para escribir sobre hoy en día.

El flamenco ha sido, es y será pasión. Y pone voz a protestas, contradicciones, sufrimientos… Y también a nuestras alegrías, claro. No obstante, si bien nuestros problemas y nuestras alegrías han cambiado, el cambio en las letras flamencas es una excepción. El flamenco expresa sentimientos universales, pero dentro de esa universalidad, nuestra generación también existe. Y nos merecemos letras que hablen sobre la tasa de paro; sobre conocer a alguien por internet; sobre la migración…

¡Ah! ¡Y otra cosa! El amor es un tema universal en todas las artes y en todos los tiempos, también en el flamenco. Sin embargo, no solamente ha cambiado la forma de amar: Afortunadamente, ¡han cambiado incluso los amantes! Esto implica que nuestra realidad, base pura del sufrimiento y la alegría, nos tiene que poner a escribir alboreás sobre la boda de Ana y Laura; bulerías donde Pepa sea la protagonista, pero Pepe vea en ella más allá de sus preciosos ojos verdes; tangos donde Carmen no se vea atada para siempre y por toda la eternidad al amor de José…

En conclusión, apuesto por escribir (y por quienes escriben) letras para una generación que las necesita y que, como todas las generaciones, se merece que el flamenco también hable de ellas. Somos y, en tanto que existimos, somos un sujeto poético, es decir: algo de lo que hablar.

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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