Entrevistas

Rafael Muñoz Zayas: «Todo acto de escritura busca crear una nueva realidad»

Rafael Muñoz Zayas: «Todo acto de escritura busca crear una nueva realidad»

El poeta Rafael Muñoz Zayas regresa a la escena literaria con un preciso y eléctrico conjunto de poemas, Los astronautas de verdad no regresan a casa (Pre-textos, 2019), una obra donde la observación crítica de la realidad se postula como indispensable, al tiempo que pone en entredicho un orden concreto del mundo, propio y ajeno, en favor de cierto horizonte basado en la desesperanza, eso sí, horizonte que, al fin y al cabo, reivindica nuevas conquistas y trayectorias alternativas.

En Los astronautas de verdad no regresan a casa, ¿hay más de introspección o de confrontación con una realidad que nos exige formas rígidas de estar en el mundo?

He comentado mucho estas semanas con amigos y compañeros escritores, y también con mis hijas, que la publicación de un libro de poesía tenía cierto componente de exhibición impúdica, en tanto que estás dando a la luz parte de ese continente secreto que encierra cada persona y que forma parte de esa introspección a la que aludes. En el propio acto de publicar este libro, en un sello como Pre-textos, que te sitúa en el foco mediático y crítico per se, se da una alineación con lo convencional. En otro orden de cosas, todo acto de escritura busca crear una nueva realidad. En mi caso, mediante la poesía, reexamino y evoco un estado de ánimo que da lugar al poema. Es un acto el de escritura plenamente libertario.

Entre tanto ruido y celeridad e ideas epidérmicas, ¿qué sentido tiene el ejercicio de la palabra?

Hace unos años, en una lectura que ofrecí en Madrid y que presentó Julieta Valero, le llamó la atención un texto que expresaba que el ejercicio de la escritura era un esfuerzo de cenizas, algo que va a ser devorado por el tiempo y que carece de cualquier sentido práctico. Dentro del propio ejercicio de la escritura, en el que hay mucho ruido y mucha escritura superficial y plana, con poca carga de profundidad, permitirse la libertad de escribir de acuerdo con un sistema propio de valores poéticos y con coordenadas que se nutren de escritores y universos literarios dentro del propio canon que me he conformado a lo largo del tiempo que me ha tocado vivir es lo que tiene para mí algún sentido. Si queremos ver este ejercicio de alguna otra forma, carece de sentido.

Los versos se agarran a la desolación, se alimentan de ella, quizá con la evocación de construir un nuevo horizonte ante la mirada del poeta astronauta…

Más que un ejercicio de construcción de un nuevo horizonte es recreación de un momento vivido, o si se quiere, ficcionar lo no vivido para hacerlo propio, o usar ese material basado en la anécdota de lo vivido por otros para dotarlo del sentido que el mundo personal puede aportar a lo ajeno.

Buena parte de los poemas que conforman Los astronautas de verdad no regresan a casa abraza cierta osadía ante la desesperanza, como si se resistieran a un porvenir amargo. Como si tuvieran memoria narrativa ¿Cómo convertir el verso en variable narrativa?

Dentro de los estilos que vamos empleando los escritores a lo largo de nuestra vida creativa, en mi caso particular, aunque el germen del contador de historias ya estaba presente en los poemas de Leucemias infinitas (Virazón, Málaga, 1996), en los últimos años, desde Canto del Mal Soldado han ido ganando en amplitud y ambición, hasta el ciclo de poemas que forman el libro inédito Ríos de Marte, con verdaderos cantos narrativos y que constituyen una verdadera poesía épica, con su constante narrativa, de lo particular.

La poesía ¿es un contrapoder?

La poesía es una herramienta para comprender el mundo, para interpretarlo o para vislumbrar esos recovecos o realidades que no somos capaces de contemplar en una primera visión de nuestro entorno. Si consideramos la poesía como un contrapoder quizá tengamos que considerar la antipoesía como poder por excelencia.

Entre los versos, en sus sombras y memoria, se intuye una necesidad de soledad para crear, casi para poder ser al tiempo que se está. ¿Es la soledad aliento de este poemario?

Más que la soledad lo que alienta el poemario es la desesperanza, la sensación de fracaso, cierta fascinación por la derrota propia y ajena.

La posibilidad de belleza, su experiencia, también tiene un peso primordial en el latido de estos poemas. ¿Fin o medio?

Tengo la sensación y el empeño de ser un poeta de corte muy clásico, que busca el equilibrio entre continente y contenido como una prioridad compositiva. El bagaje personal dentro de las fobias y filias en la literatura me acercan siempre mucho más a Huidobro, Apollinaire o Mallarmé, pasando por Rimbaud o Asunción da Silva, por Larrea o Aleixandre, poetas todos ellos extraordinariamente ricos en su forma de trenzar y dar cobijo a su palabra poética, con los cuales me gustaría que se identificara mi escritura, pero también con Fernando de Herrera o Gil de Biedma. Aunque cierta disrupción en lo formal también es apetecible si queremos que nuestro discurso tenga algún acomodo en el presente, que debe ser siempre vanguardia.

¿Qué esconde el pequeño gesto, el detalle? Allí donde la luz no llega… Cuestión importante en este poemario.

Rafael Berrio tiene una canción en la que dice algo así como que no encuentro la felicidad, francamente, en las pequeñas cosas… guiños aparte, todo universo se construye a partir de pequeñas piezas. Este poemario, que es una versión reducida de un todo mayor, es una versión acendrada y muy depurada de un itinerario mayor, que sin embargo no ha perdido su esencia.

¿Cómo se controla el verso a lo largo de tanto tiempo de creación del poemario? ¿Y cómo se generan esas imágenes tan poderosas?

Con mucho trabajo, no tanto frente a la pantalla o al papel sino en lo que significa volver a evocar un estado de ánimo, a recrear el poema como imagen o reflejo de un estado de ánimo, al menos, en mi caso. En cuanto a las imágenes entiendo que forman parte del propio río de la escritura. Cuando concibes la escritura como un río vocal donde lo plástico encuentra su acomodo y tratas de crear una partitura interpretable por el yo diverso del lector, su generación es, en cierta manera, espontánea.

Cristina Consuegra

Escritora, crítica literaria y musical.

Es miembro del consejo editorial de la revista universitaria de Cultura de la Universidad de Málaga, Paradigma. Colabora en La Opinión de Málaga con una columna de opinión, “Interferencias” y con entrevistas y críticas en las revistas digitales Microrevista, Otro Lunes y Paisajes Eléctricos; en las revistas literarias Alhucema, Nayagua (publicada por la Fundación José Hierro), El Maquinista de la Generación (publicada por el Centro Cultural de la Generación del 27); el fanzine Mitad Doble y las revistas especializadas en música Rockdelux, Mondo Sonoro (Andalucía) e IndyRock.

Ha participado en el volumen Descubrir el teatro contemporáneo; ha sido incluida en varias antologías poéticas
Cristina Consuegra
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