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Alfonso Salazar: “Escribir es elegir y, por tanto, renunciar”

Alfonso Salazar. Foto de Joaquín Puga
Alfonso Salazar. Foto de Joaquín Puga

Alfonso Salazar: “Escribir es elegir y, por tanto, renunciar”

Alfonso Salazar es licenciado en Antropología Social y Cultural y gestor cultural de profesión. Ha publicado la traducción de ‘Consejos a jóvenes escritores de Charles Baudelaire’ (2001 y ebook 2011), el poemario ‘Amores sin objeto’ (2004) y las novelas ‘Melodía de arrabal’ (2003 y ebook 2015), ‘El detective del Zaidín’ (2009), ‘Golpes tan fuertes’ (2013) y ‘Para tan largo viaje’ (2014). También ha publicado el libro de cuentos infantiles ‘Pawi en la fábrica verde’ (2003). Realiza habitualmente exposiciones de poesía visual.

Ha colaborado con diversos medios de comunicación de Granada y ha dirigido el programa en radio ‘La Plaza Humana’. Pertenece al equipo de redacción de la revista de pensamiento y cultura www.olvidos.es. Actualmente colabora en ‘Los diablos azules’ de InfoLibre y presenta el programa de radioweb La vida en serie. Ha ofrecido charlas y conferencias en diversas ciudades y en eventos celebrados en España, Portugal, Grecia, Alemania, Francia, India y Marruecos. Crea diseños de camisetas, bajo la marca bysalazarmendias.

En la actualidad, entre muchas otras aventuras literarias, imparte un curso de escritura creativa por la Escuela de Escritura de Granada, que codirige junto al también escritor Alejandro Pedregosa en el Centro Cultural de la Caja Rural y en breve impartirá el de novela negra en colaboración con GRACIL. Además, Ediciones PG, en su colección ‘Sombras oscuras’, está a punto de reeditar su tetralogía del detective del Zaidín, Matías Verdón, en dos fases, la primera de ellas en mayo.

Fernando Jaén: Dirigiste la Asociación Cultural Diente de Oro, en homenaje al recordado poeta Javier Egea, que ha sido y es escaparate de la poesía de esta ciudad. Actualmente, tu empresa se encarga deura la gestión de los derechos de la obra de Javier Egea ¿Qué significan para ti la figura de Egea y su poesía?

Alfonso Salazar: Hace unos años encargaron a mi empresa la gestión de los derechos de la obra de Javier Egea, y en ello seguimos. En enero, finalmente, conseguimos que el legado de Javier volviese a Granada y tras las gestiones realizadas, la Universidad se hace cargo de mantenerlo y protegerlo. Entre tanto, seguimos en la edición de su obra. La publicación de la obra completa por Bartleby fue fundamental, pero estimamos conveniente avanzar en la publicación digital y en una línea de divulgación con ediciones asequibles de los libros principales. El año pasado la propia Asociación del Diente de Oro publicó los ‘Sonetos’ y este año publicaremos ‘Paseo de los Tristes’ con Esdrújula. 2020 será el año de publicación de ‘Raro de Luna’, un libro ya descatalogado y que cumple 30 años. La obra de Javier es monumental, influyente, singular… me sigue estremeciendo. Por desgracia hace veinte años que no podemos disfrutar de esa voz, comprometida, rebelde y grave.

En cuanto a la Asociación, Javier Benítez y yo, hace más de quince años, consideramos que la obra de Javier precisaba de divulgación, impulsamos ese proyecto con una serie de amigos y admiradores de la obra de Egea. De allí surgieron programas tan intensos e interesantes como las “vitolas” que publicó a 100 autores en poco más de cuatro años, en unas ediciones humildes, pero que han calado incluso entre bibliófilos, que necesariamente se acompañaban de un recital semanal en bares y, además, en lunes. Esa costumbre se ha mantenido hasta la época actual. Las posteriores juntas de gobierno de la Asociación acometieron otros muchos e interesantes proyectos, siguiendo esa línea de apostar por un uso lúdico pero formal de la poesía. Actualmente no me encuentro al frente de la Asociación del Diente de Oro pero sí lo estoy con otras como la Escuela de Escritura o la Asociación Olvidos de Granada, que promueve la web www.olvidos.es, entre otros proyectos.

F.J.: Tu saga (tetralogía) del detective del Zaidín se ambienta, con humor y crudeza, en las vidas cotidianas de uno de los barrios más característicos de Granada, y se centra especialmente en la década de años noventa. ¿Cómo serían Matías Verdón y su fiel compañero “el Desastres” hoy? ¿Cómo ves al barrio del Zaidín y a Granada ahora? ¿Habrá una quinta novela?

Alfonso Salazar: Este mismo año Ediciones PG hará una reedición de las primeras cuatro novelas. Me ilusiona que queden agrupadas y fijadas, revisadas y armónicas. Creo que cierra una parte importante de mi labor, y rinde homenaje al Zaidín. Pero homenajear al Zaidín es homenajear a muchos otros barrios y, sobre todo, a una clase social. Es lo que pretendía: esas cuatro novelas recorren la historia de España desde 1985 a 1996, desde el referéndum de la OTAN hasta la victoria del PP. Se cumplió esa profecía de Guerra, cuando dijo que a “este país no lo va a reconocer ni la madre que lo parió”. De eso van esas cuatro novelas. Ahora estoy terminando unas ‘memorias’ de un delincuente de barrio, y por supuesto, sucede en el Zaidín de los 80, cuando la heroína se llevó por delante a gran parte de una generación y los jóvenes del barrio eran identificados por el resto de la ciudad como ‘quinquis’. Aunque no dejo el género, el suspense: estas ‘memorias’ se trufan con una intriga negra pero los personajes de la serie del detective del Zaidín no son fundamentales. Es muy probable que en los próximos años vuelva a Verdón y Desastres y por supuesto al paisaje del barrio. Es también muy posible que utilice dos panorámicas temporales distintas: el año 2000, cuando creímos que el mundo iba a cambiar y no sabíamos que llegaría el miedo y el terror; y 1975, cuando veníamos del miedo y creímos que el mundo cambiaría a mejor.

“Supongo que pusieron el término “amigo” en ciertas redes sociales porque no supieron encontrar otro más afortunado”

F. J.: En tu obra se resalta siempre de alguna manera la amistad. Quizá su valor se haya perdido hoy en día, con tantas amistades y enemistades virtuales. ¿Qué importancia tiene para en tu vida la amistad?

Alfonso Salazar: La familia la heredas, las amistades las eliges. Es una familia seleccionada, ni mejor ni peor que la original. Yo creo que la virtualidad de las amistades es una milonga. Supongo que pusieron el término “amigo” en ciertas redes sociales porque no supieron encontrar otro más afortunado, o porque quisieron vendernos una moto. Ni siquiera creo que unos chavales en un garaje en California o en el comedor de una Facultad hicieran un estudio de marca ni tuviesen intención de cambiar el concepto de amistad. Tengo la impresión de que nadie ha comprado esa moto, porque sabemos muy bien qué es un amigo. La amistad es fundamental para la vida: de los amigos te marca la lealtad, la traición y la muerte.

F. J.: ‘Amores sin objeto’ (2004), funciona como una antología de poemas escritos durante una década. Parece que el tiempo hiciera las veces de juez y parte en este poemario, ya que juzga al poeta más que a la poesía. En el prólogo, Ernesto Pérez Zúñiga afirma que “la historia de la poesía es también una historia de la renuncia”. ¿Opinas como él que la poesía es renuncia? ¿Debe el poeta renunciar a sí mismo para que poema le sobreviva?

Alfonso Salazar: Toda expresión humana implica una renuncia. El fotógrafo fija su objetivo sobre un lugar en un momento determinado; en ese mismo momento hay otro lugar que no está fotografiando. Tiene que elegir. El pintor decide un tema, prefiere una emoción a otra. El músico opta por una tonalidad, por una orquestación. El escritor elige sobre qué escribir, elige una trama, un motivo. Escribir es elegir, y por tanto renunciar, porque la vida del escritor no es eterna ni omnipotente. La existencia humana es una existencia de renuncias, por eso hay que valorar las elecciones que se hacen.

‘Amores sin objeto’ fue una antología escrita con toda intención. Cuando me ofrecieron la publicación, creo que fue a través de Josevi Pascual o José Rienda, no supe elegir un libro mío, de tantos inéditos, quizá no supe renunciar a ninguno, así que propuse a Ernesto que realizase una selección de poemas. Y renuncié a elegir, qué curioso. Posiblemente ninguno de los libros merecía ser publicado por sí solo. En cuanto a esa “renuncia a sí mismo” que dices, yo creo en la poesía como un oficio que se aprende, como una herramienta más de la expresión. A veces tomo la poesía para decir algo, otras veces la prosa, otras el cuento, quizá una columna de prensa, incluso el objeto visual me vale. Depende de qué quiero decir, dónde y cómo. La renuncia que hace el escritor es al tiempo que emplea en no hacer otra cosa, quizá más interesante incluso que escribir, como pasear, hablar con los hijos o admirar un paisaje.

“Desde mi perspectiva de gestor cultural siempre comparo la cultura con el cuidado medioambiental”

Javier Gilabert: Granada es una ciudad plena en iniciativas literarias: Granada Noir, Feria del Libro, Día Mundial de la Poesía, Festival Internacional de Poesía… ¿Qué le sobra o le falta a la oferta literaria de nuestra ciudad?

Alfonso Salazar: Hay que aspirar a cubrir todas las manifestaciones artísticas. Desde mi perspectiva de gestor cultural siempre comparo la cultura con el cuidado medioambiental. No nos preguntamos si los parques públicos deben ser inversiones o gastos que haga la Administración: simplemente sabemos que los parques deben estar, que mejoran nuestra calidad de vida. La concejalía del ramo no mide el aprovechamiento de la sombra de un árbol, ni cuantos ciudadanos hacen uso, simplemente ponen a jardineros a cuidarlos, para que estén ahí. Así que los festivales y cualquier otro modo de expresión cultural deben estar ahí, como están los parques, al servicio de la ciudadanía. Siempre nos faltan parques y nos faltan iniciativas. Específicamente hay géneros literarios (añadiría el teatro a los que señalas) que no tienen su lugar entre los que existen actualmente, pero merecen que se les preste tanta atención como a los que ahora la tienen. Supongo que poco a poco surgirán. Granada es una ciudad eminentemente creativa. Lástima que los gestores públicos se vean tan limitados y la clase política no apueste con claridad por la cultura. La apuesta se hace poniendo parques sin miramientos y dotando de presupuesto al principal motor de la ciudad.

F.J.: Has llevado la libertad a la poesía en tus diversas exposiciones de poesía visual. En cierto sentido me recuerda a aquellos poemas escritos en el cielo por el poeta chileno Raúl Zurita (2 de junio de 1982: cinco aviones especialmente acondicionados escribieron en humo blanco sobre el cielo del barrio de Queens de Nueva York los quince versos del poema de Zurita ‘La Vida Nueva’). ¿Qué nos puedes decir acerca de esta forma de poesía, de la poesía visual?

Alfonso Salazar: Contar con medios debe ser increíble. Yo hago una poesía visual humilde, con pocos medios, a veces son solo ocurrencias; pero, como te decía, la poesía visual es un medio de expresión más y no declino ningún medio: hay tantos que me gustaría utilizar (la música, el cine, la pintura…) pero uno no puede aprenderlo todo. Yo me quedo en aprendiz de mucho. Mirando durante años poesía visual y soltando la imaginación, he conseguido hacerme con un centenar de obras, llevo más de 15 años en ello, con mayor o menor fortuna. En estos días, hago una exposición de obras seleccionadas (de exposiciones anteriores) mimetizadas en la Librería Praga. Me interesa mucho ese aspecto: colocar la poesía visual en el entorno menos esperado. Ahora expongo en una librería, pero exponer en un supermercado o en una sucursal bancaria debe ser tan interesante como escribir sobre el cielo de Nueva York.

J.G.: Tu actividad profesional está íntimamente ligada a las letras. ¿Es posible vivir hoy en día de la literatura?

Alfonso Salazar: Conozco muy pocos compañeros que vivan exclusivamente de la literatura, al menos en el sentido de vivir de la publicación. Se puede vivir de la literatura y sus alrededores: talleres, conferencias, charlas, colaboraciones en prensa… pero la mayoría de los escritores combinan su dedicación con otra profesión. En mi caso, como gestor cultural, estoy muy cerca de las manifestaciones literarias, pero trabajo mucho más en el campo de la producción de música, teatro, ilusionismo…

“Para ser escritor es mucho más importante la herencia cultural que la herencia genética”

J.G.: Como docente de talleres de escritura creativa, ¿crees que cualquiera puede llegar a ser escritor? ¿Has apreciado un cambio notable en el nivel de l@s alumn@s de las últimas generaciones?

Alfonso Salazar: Antes comentaba que la escritura la entiendo como un oficio, y todos los oficios se aprenden. La formación previa del escritor (esencialmente como lector) tiene un peso fundamental, así como las inquietudes que han aprendido en su casa desde la infancia, los intereses de los padres. En la cultura, pesa “de tal palo tal astilla”. Para ser escritor es mucho más importante la herencia cultural que la herencia genética. Y la cultura, por suerte, la aprendemos, así que todo es ponerse. No percibo una importante diferencia por la edad. Las personas con más edad tienen mucho más que contar y me encanta escuchar y aprender lo que a mí aún no me ha sucedido o quizá nunca me ocurra. Los jóvenes llegan con una formación mucho más variada, sintonizo mucho con los más frikis, con la imaginación y la creación de mundos fantásticos. Pero cada alumno es distinto, cada uno tiene un valor, cada uno tiene una historia interesante que contar y por supuesto, cada uno de ellos (y ellas, sobre todo ellas) puede llegar a ser escritor. De hecho, en cuanto pisan el taller, se convierten en escritores: solo les falta poner el esfuerzo y la dedicación. Nosotros en la escuela somos meros guías, proporcionamos herramientas, estimulamos, como hacen los responsables de un gimnasio. Pero si me permites seguir con un símil (me chiflan los símiles), enseñar a escribir literariamente es como enseñar a ir en bicicleta: puede haber quien quiera ganar el Tour de Francia, pero casi todos aprendemos a ir en bici para disfrutar del paisaje o hacernos la vida más fácil.

J.G.: Si desde el Ministerio de Educación solicitaran tu consejo para mejorar la enseñanza de la expresión escrita en los colegios… y aceptaras (risas),¿cuáles serían tus propuestas? ¿En qué medida crees que saber escribir es útil para los jóvenes que pronto accederán al mercado laboral?

Alfonso Salazar: Saber expresarse es fundamental. No solo para poder estructurar el pensamiento y la expresión precisa de este, sino que escribir abre mundos nuevos, alimenta la imaginación y expande los límites de los anhelos. En el siglo XIX los burgueses descubrieron que coleccionar libros era coleccionar el mundo, guardar el mundo en una habitación. En los libros está el mundo y la vida. La lectura es el reverso de la escritura. No hay lectura sin lector y autor, pero tampoco hay escritura sin autor y lector. La escritura que nadie lee no sirve para nada más que satisfacer el ego, pues carece del juego de inteligencias que genera la escritura. Yo en mis cursos implico la lectura y la escritura, procuro que los alumnos se lean los unos a los otros, que opinen sobre lo escrito por otros y acepten las críticas de lo que otros leen. El Ministerio de Educación debería preocuparse por cómo terminar con la absurda separación de letras y ciencias, en acabar con una especialización que solo sirve al mercado y dedicarse a proporcionar a los ciudadanos una formación más crítica y capacidad de reflexión y opinión.

“El único éxito es cumplir con uno mismo”

J.G.: Tu producción pasa por la narrativa, el cuento infantil o la poesía visual. ¿En qué campo te sientes más cómodo? ¿Qué libro te gustaría escribir?

Alfonso Salazar: Utilizo cada herramienta para el tema que creo preciso. Hay averías que precisan de llave inglesa y otras de un buen martillo –vaya, otro símil (risas)-. Yo hago lo mismo con los géneros. Como comentaba, quizá no me convierta en un gran especialista en el uso de una herramienta, pero soy muy consciente de que el único éxito es cumplir con uno mismo.

J.G.: Momento ‘carta blanca’. Cierra esta entre2vista como te apetezca.

Alfonso Salazar: Pues no sabría qué añadir. Creo que me he extendido mucho. Nada más, salvo agradeceros mucho que hayáis contado conmigo para estas cosas y encantadísimo de que así haya sido. Hacéis un gran trabajo. Abrazos fuertes.

Poesía visual de Alfonso Salazar

http://cuadernosdealfonsosalazar.blogspot.com/2018/12/poesia-visual-book-2018.html

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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