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Rosa Berbel: “Me molesta mucho cuando se habla despectivamente de la poesía joven”

Rosa Berbel, foto de Carlos Allende
Rosa Berbel, foto de Carlos Allende

Rosa Berbel: “Me molesta mucho cuando se habla despectivamente de la poesía joven”

Rosa Berbel (Estepa, Sevilla, 1997) es estudiante del Grado en Literaturas Comparadas en la Universidad de Granada. Fue ganadora de la 4ª edición del Certamen Ucopoética (2016), organizado por la Universidad de Córdoba. Ha aparecido en antologías como ‘La pirotecnia peligrosa. 11 poetas sevillanos para el siglo XXI’ (Ediciones en Huida, 2015), ‘Supernova’ (Bandaàparte, 2016), ‘Algo se ha movido’ (Esdrújula Ediciones, 2018) o ‘Granada no se calla’ (Esdrújula Ediciones, 2018). ‘Las niñas siempre dicen la verdad es su primer libro (Hiperión, 2018) y con él acaba de alzarse con el Premio Antonio Carvajal de Poesía Joven 2018 en su 21ª edición.

Publicaciones del prestigio de ‘Zenda’ o ‘El Mundo’ mencionan en sus páginas la valía de esta jovencísima y descollante poeta, que en estos días no para de aparecer en los medios, como por ejemplo en el programa ‘3 en la carretera’ de RNE. En palabras de F. Aramburu, hablamos de “la entrada de una autora nueva y valiosa en el escenario de nuestras letras. Llega provista de la mejor tarjeta de presentación posible: la calidad excepcional de sus poemas”.

Javier Gilabert: ¿Cuánto de “UCO” tiene tu poética? ¿Qué supuso para ti el paso por este taller que tantas y buenas nuevas voces está descubriéndonos?

Rosa Berbel: Diría que tiene bastante. El taller marcó un antes y un después para mí, tanto a nivel personal como en mi escritura. Cuando llegué a Córdoba tenía una idea muy precoz de lo que quería que fuera este libro, muy inocente, porque era mi primer año fuera de casa y estaban pasando muchas cosas: todo cambiaba muy rápido, sentía también a toda velocidad y estaba tomando conciencia de situaciones que hasta entonces no me había tocado vivir. Sabía, o más bien intuía, que quería hablar de todo eso, pero estaba muy perdida. Javier Fernández me enseñó que la autocrítica debe ser siempre constructiva, eficaz, porque si no es autodestrucción. Y con ello sigo lidiando, con ese shock. Creo que esa semana me insufló valentía y entusiasmo, dos virtudes en la poesía que a veces se pierden por el camino.

J.G.: A pesar de tu juventud ya has actuado como antóloga, junto a Pablo Romero, en ‘Orillas’. ¿Cuál fue el cómo y el porqué de esa obra?

Rosa Berbel: Pablo Romero y yo nunca nos hemos conocido en persona, pero hablábamos mucho por las redes sociales y hemos colaborado en bastantes cosas. En una de nuestras conversaciones empezamos a hablar de la poesía joven en España y Argentina, y surgió la idea de hacer una pequeña antología online, con los medios a nuestro alcance, de poetas jovencísimos de uno y otro lado. Era la primera vez que ejercíamos de antólogos, así que íbamos un poco a ciegas, pero nos lo pasamos muy bien y teníamos mucha ilusión por trazar esos puentes. Él es una persona con mucho talento y mucha generosidad, y fue muy fácil hacer algo a su lado. Luego ampliamos el proyecto y creamos un tumblr, en el que incluimos a más poetas. La idea se quedó un poco ahí, pero no me importaría retomarla y darle alguna vuelta más, porque me interesa mucho la poesía joven que se está haciendo en Latinoamérica.

“Entiendo la poesía como un método de reflexión sobre lo experimentable más que sobre lo experimentado”

Fernando Jaén: Tu poesía transita por lo cotidiano, con hondas reflexiones sobre la familia. ¿Ha sido la poesía un método de reflexión sobre tu propia experiencia?

Rosa Berbel: Creo que lo experiencial en el libro es más o menos anecdótico, o se sitúa muy en los cimientos, y tiene que ver con qué ha significado para mí ser mujer y socializar como mujer en el siglo XXI. Parto de ahí, esa es mi posición y desde ahí observo el mundo, con ese filtro. Pero todo lo demás es independiente de mi experiencia, aunque esté filtrado por esa mirada tan parcial y tan limitada. De todas formas, diría que entiendo la poesía como un método de reflexión sobre lo experimentable más que sobre lo experimentado.

F. J: ¿Es la poesía para ti un método de conocimiento o un fin en sí misma?

Rosa Berbel: En el universo del poema ya existe un conocimiento muy particular, que es el que más me interesa, porque se construye ahí momentáneamente. Supongo que la escritura merece la pena por ese hallazgo, que es efímero e incomunicable.

F. J: Hay algo de desconsuelo que se filtra entre tus versos. ¿Qué te gustaría que encontrase el lector en tu obra?

Rosa Berbel: El lector lo juzgará, pero no me gustaría que se quedase desconsolado, desde luego. Creo que entre tanta precariedad y tanta violencia, de todos los tipos posibles, entre tanto paraíso perdido, también hay lugar para la luz: la sororidad, el compromiso, la ternura, la posibilidad del futuro, etc.

J.G.: Es inevitable preguntarte por tu visión de la poesía que se hace en España, y más concretamente en Andalucía en la actualidad. ¿Tienes tus “filias” y tus “fobias”? ¿Se pueden contar?

Rosa Berbel: Pienso que el panorama poético en España es ahora mismo muy luminoso, aunque por supuesto tengo mis filias. A mí me interesa sobre todo, como lectora, una poesía desobediente e incómoda con el lenguaje y con la realidad, y ahora mismo en España, y por supuesto también en Andalucía, encuentro poesía fantástica en esta línea. Me molesta mucho cuando se habla despectivamente de la poesía joven, porque hay bastantes poetas menores de 35 años (por marcarle un límite a la juventud) que están apostando por propuestas valientes y disruptivas, como un sismo en este panorama de la poesía que a veces es tan rígido y hermético. Y también hay jóvenes que están agitando la poesía desde otro lugar, desde el sector editorial, por ejemplo, o la gestión cultural. Creo que todo esto es muy interesante, y estaría bien que se resaltara más a menudo en los medios.

J.G.: Recientemente apareces en dos antologías bien distintas, pero cercanas en el tiempo y ambas con la editorial Esdrújula, ‘Granada no se calla’ y ‘Algo se ha movido’? ¿Qué destacarías de cada una de ellas?

Rosa Berbel: Creo que son dos antologías muy diferentes entre sí, pero ambas muy valiosas. En ‘Algo se ha movido’, que está antologada por Juando Aguilar y Jorge Villalobos, tengo la suerte de compartir páginas con otros 24 poetas jóvenes andaluces, a los que admiro y sigo desde hace tiempo. Es una antología generacional que funciona casi como premonición, porque apuesta por poetas muy precoces que tengo claro que serán imprescindibles en el futuro. Pienso por ejemplo en Carlos Catena, que a pesar de no haber publicado todavía ningún libro tiene una de las voces más sólidas y atractivas de la antología, a mi juicio. Así que valoro muy positivamente la labor de Juando y Jorge, es un placer estar tan bien acompañada.

Y ‘Granada no se calla’ es una antología necesaria. Todos los días asistimos en España al asesinato de mujeres a manos de hombres, y yo como mujer estoy de forma permanente expuesta a las diferentes violencias patriarcales. Es importante articular este rechazo unánime y tajante desde todos los ámbitos.

J.G.: ¿Qué han supuesto para ti los premios que ya figuran en tu currículo literario? ¿Recomendarías a l@s poetas noveles que se presenten a los concursos?

Rosa Berbel: Ganar el IV Certamen Ucopoética supuso para mí, además de la posibilidad de trabajar con Javier Fernández y mis compañeras, la oportunidad de participar en Cosmopoética, que es un festival de referencia a nivel internacional. También publiqué en la editorial Bandaàparte, así que fueron unos meses de experiencias geniales, de transformaciones poéticas y personales. Y ahora el Premio Antonio Carvajal me ha brindado la ocasión de publicar mi primer libro, siguiendo la estela de tantos poetas a los que aprecio (Laura Casielles, Andrés Neuman, Xaime Martínez), y en una editorial como Hiperión. Así que mi experiencia con los premios no podía ser más positiva. Creo que un poeta que empieza se encuentra siempre con dificultades de edición, difusión y distribución de su obra; es un escollo que tiene que superar. Y en este sentido, los premios lo ponen un poco más fácil. Pero hay que tener cuidado y saber dónde “poner el huevo”, supongo.

“Me gusta que la poesía haya integrado todos los discursos que la rodean”

F. J.: En tu opinión, ¿de qué crees que se debería hablar en la poesía actual?

Rosa Berbel: Creo que lo más interesante de la poesía joven actual es que se está hablando de muchos temas desde formas muy distintas, y todas ellas muy radicales. Hay una variedad de tendencias y de sensibilidades prácticamente inaudita, y el gusto del lector también está muy diversificado. Me gusta que la poesía haya integrado todos los discursos que la rodean (cinematográficos, seriales, periodísticos, etc.) y que no sea un dominio impermeable. Obviamente me interesan más unas propuestas que otras, pero creo que es interesante ver cómo conviven todas ellas. Pienso, por ejemplo, en ‘Cuerpos perdidos en las morgues’, de Xaime Martínez, que lleva como subtítulo “Una novela de detectives”, y que ha asimilado todo el discurso de la ficción policial, ese juego de pesquisas. O ‘Amor divino’, de Ángela Segovia, que mezcla el western con la ciencia ficción. Me entusiasma esa experimentación y ese riesgo.

J.G.: Redes sociales, ¿sí o no? ¿Son una buena herramienta para la labor de l@s escritor@s?

Rosa Berbel: Yo soy una usuaria muy activa de las redes sociales en mi vida privada. Tengo prácticamente de todo lo que se puede tener, así que a la hora de compartir mi poesía también me sirvo de ellas, aunque en menor medida. De las redes sociales, respecto a la escritura, me interesa sobre todo la posibilidad de tejer una red (valga la redundancia) con poetas del otro lado del mundo. Permiten un acceso fácil y rápido a contenidos que de otra forma nos estarían vedados. Yo no puedo imaginar cómo sería ahora mismo mi poesía si no hubiera entrado en contacto desde los 15 o 16 años con lo que estaban haciendo los poetas latinoamericanos de mi generación (Valeria Román, Pablo Romero, David Meza, etc.) e incluso con lo que se movía en EEUU con la Alt Lit, que luego acabó muy mal. Mi poesía no existiría, estoy segura, o sería otra cosa completamente distinta.

Me resulta muy interesante sobre todo ver cómo los cambios en la forma de comunicación y relación se han trasladado al lenguaje poético, esa necesidad de inmediatez. Lo que menos me gusta del binomio poesía-redes sociales es esa tendencia constante a la autopromoción y el narcisismo, un fenómeno que en lo privado me resulta más o menos simpático pero que en lo poético es un poco insoportable. Tengo miedo de caer en eso, a veces tengo impulsos de borrarlo todo.

F. J.: ¿Crees que es necesaria la verdad para escribir poesía?

Rosa Berbel: En ‘Las niñas siempre dicen la verdad’ he tratado de apartarme precisamente de esa concepción de la poesía como ejercicio confesional. Creo que asociar poesía y verdad sigue lastrando buena parte de nuestros poemas todavía hoy, porque el poema tiene siempre su propia verdad interna. A veces esa verdad no coincide para nada con la verdad moral, y este ruido puede provocar algunas distorsiones durante el acto de escritura. La honestidad en la poesía tiene más que ver con el hecho de despojarse de todas estas posiciones dadas de antemano, de estos corsés, que con la sinceridad.

J.G.: Háblanos de tus ‘Planes de futuro’. ¿Ves a la juventud actual abocada al futuro que describes en tu poema homónimo?

Rosa Berbel: Supongo que hay un miedo común y generacional a ese futuro precario e insuficiente, que pasa en realidad por la asimilación y la integración de esa expectativa. Hemos integrado, de una manera u otra, que nuestro futuro va a ser un poco así, frustrante casi sin remedio. Cuando estábamos en el instituto nos vendieron que para cuando acabáramos la carrera la crisis habría terminado. Nos siguen vendiendo que la crisis ha terminado, pero en realidad uno de cada dos jóvenes están en paro, y los que no lo están ocupan trabajos temporales y en condiciones muy precarias. Ese desengaño y esa tristeza política están presentes en todo lo que hacemos y pensamos. Aunque creo que buena parte de la gente de mi generación firmaríamos el trabajo y el piso en la playa de mi poema, cuando menos.

‘Planes de futuro’ responde a la realidad material y presente de la clase media de nuestro país, de la edad de nuestros padres, pero también canaliza buena parte de nuestra ansiedad.

“Ese desengaño y esa tristeza política están presentes en todo lo que hacemos y pensamos”

J.G.: Momento “Carta blanca”. Finaliza esta entre2vista como te apetezca.

Rosa Berbel: Poco más. Muchas gracias por cederme un espacio con tanta generosidad, y gracias también por unas preguntas tan atentas.

PLANES DE FUTURO

Tenemos cuarenta años y un trabajo que odiamos
que nos hace pagar las facturas,
llegar a fin de mes,
tener eso que llaman dignidad
y que se siente igual que la tristeza.

Tenemos un trabajo y un piso en la playa,
pero ante el mar soñamos
un milagro:
nuestra ropa en la arena como entonces
y quedarnos así a la intemperie, uno
enfrente del otro,
con toda la extrañeza de los cuerpos desnudos,
con esta luz precaria,
con un amor que existe y no nos basta.

Tenemos cuarenta años y dos hijos que corren,
que gritan y que lloran
porque la arena está demasiado caliente,
porque nosotros discutimos,
porque no hay nada aquí que nos divierta.

Tenemos casa, hijos y demasiado miedo
a la muerte, a los contratos temporales,
como la gente normal, miedos
de gente feliz, miedos felices,
como este insomnio dulce de los días
antiguos o esta nostalgia común
y rutinaria.

Tenemos cuarenta años y un país que no nos nombra,
no cogemos aviones
porque hemos olvidado
cómo decir te quiero en otras lenguas,
la violencia del viaje,
cómo dormir tranquilos en hoteles lejanos
donde nadie nos llama por las noches.

Tenemos cuarenta años y una vida feliz
feliz sin contratiempos,
una vida segura,
equilibrada.

Pero después del amor, de la rutina,
la propiedad privada y el verano,
la realidad regresa
inconformista.

En Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión, 2018)

SISTERHOOD

Para Alba,
mi hermana.


No sé si es suficiente con la rabia,
las múltiples aristas del carácter,
no sé si protegemos suficiente
la piel o la memoria de los abusadores.

Pero te digo hoy, que estoy despierta,
que prometo seguir tu cuerpo desde lejos
y no titubear ante las dudas
que sentirás mañana como si fueran propias,
únicamente propias,
como un error de cálculo.

Que te hablaré sincera con la sinceridad
de las desconocidas
de lo que hemos de hacer
para aprender la lengua de los hombres,
para encontrar refugios en sus mapas,
para dictar sentencias como nunca
y no y todavía
es pronto.

Nuestra victoria es
un consuelo discreto en los ojos de otras,
sabernos comprendidas y tristes
y amadas, tímidamente amadas
por las otras,

pedir perdón
cuando esto no nos baste.

En Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión, 2018)

JUSTICIA POÉTICA

Quiero conocer a todas mis madres
reconstruir mi linaje y mi conciencia
a partir de los versos las renuncias
las huellas de todas las mujeres
que he sido al mismo tiempo.

Quiero una larga estirpe de mujeres valientes
que han escrito poemas
después de hacer la cena
y han vivido el exilio
dentro del dormitorio.
Reconocerlas libres brillantes y caóticas
retratando monarcas
sublevando las formas
componiendo sonetos
en una Europa en llamas.

Quiero sobrellevar la carga de la historia
convertirme en relevo
nombrarlas
sin esfuerzo.
Pronunciar con propiedad
el término familia.

(En Supernova, Bandaàparte Editores, 2016)

NUNCA NADA NADIE*

Me pregunto con cuánta de esta gente
volveremos a estar o cuál será su nombre
si tendrán esta rabia común
por las malas jugadas de la vida
o esta felicidad momentánea
y dorada
que atraviesa los parques y las manos
si este espacio que ahora compartimos
será mañana otro si mañana seremos
quizá otros y nos conoceremos desde cero
y no recordaremos el momento
en que pisamos juntos estas plazas
la canción que sonaba en aquel saxo
aquel niño perdido que lloraba en el suelo
o la belleza fugaz
de los semáforos
en los que todo el mundo se besaba.

*Nunca, nada, nadie. Tres palabras terribles, sobre todo la última.
Antonio Machado

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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