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Álvaro Iranzo: “Hoy en día se nos vende la idea de que escribir poesía es fácil, que cualquiera puede hacerlo”

Álvaro Iranzo. Foto de José Luis López Recio
Álvaro Iranzo. Foto de José Luis López Recio

Álvaro Iranzo: “Hoy en día se nos vende la idea de que escribir poesía es fácil, que cualquiera puede hacerlo”

Álvaro Iranzo (Granada, 1982) abandonó muy joven los estudios para dedicarse a la canción de autor, aunque por el camino ha tenido que dedicarse a otros oficios, como el de vigilante nocturno. Compartió noches y escenarios con el grupo de jóvenes cantautores granadinos agrupados en torno al mítico bar La Tertulia. Al mismo tiempo, comenzó a escribir relatos de modo autodidacta, muchos de los cuales ha ido dando a conocer durante años en su blog personal y en distintas revistas literarias y periódicos. Ha sido columnista, asimismo, en medios como ‘Diario de Almería’ y ‘Wadi-as’. Según sus propias palabras, escribe porque es su forma de respirar. ‘Sobre cristales rotos’ (Esdrújula, 2017) es su primer libro.

Javier Gilabert: Afirmas que fuiste un estudiante desastroso, y sin embargo te decantaste por la creación literaria. ¿Crees que el sistema educativo actual favorece la creación en general y la literaria en particular? ¿Qué fue lo que te animó a escribir?

Álvaro Iranzo: Creo que el sistema educativo actual no funciona en absoluto. No funciona entre otras muchas cosas porque está en manos de políticos y no interesa que la educación funcione. Lo que interesa es crear peones prescindibles, piezas intercambiables para la maquinaria del capital, no que los niños o los jóvenes tengan una visión crítica del mundo en el que viven. El más claro ejemplo es el desprecio hacia las humanidades. Yo empecé a escribir con trece o catorce años, por culpa de esa angustia vital que suelen tener los adolescentes. Con el tiempo intenté hacer de aquella angustia un oficio. Fíjate qué curioso, que, mucho antes, cursando la EGB, mi profesora de Lengua y Literatura me dijo que ni se me ocurriera ir al instituto, que yo era carne de albañil o camarero. Como si esas dos profesiones tuviesen algo de deshonroso o yo qué sé. Tal vez esa despreciable y gris funcionaria me empujó hacia este oficio más de lo que ella se podría imaginar jamás. Por suerte ella no era ejemplo de nada. Sé de profesores que luchan contra viento y marea por transmitir a los alumnos su pasión por la literatura. Tenemos la enorme suerte de contar con una educación pública de calidad, a pesar del enorme intento que se está haciendo por destrozarla.

“Creo que el sistema educativo actual no funciona en absoluto”

J.G.: Sitúas tus comienzos en el mundo de la música. ¿Qué echas de menos de los escenarios y qué te alegra de haberte apartado de ellos? ¿Volveremos a ver a Iranzo a la guitarra?

Álvaro Iranzo: De las tablas echo de menos las cosquillas, los nervios del escenario. Gracias a la música conocí gente y lugares que de otra manera me habría sido imposible. Nunca fui un cantautor al cien por cien, siempre me ha interesado mucho más la literatura que la música. Pero bueno, no descarto algún día volver a coger la guitarra. A fin de cuentas, las dos cosas, la música y la literatura, forman la misma parte de un todo, que no es ni más ni menos que contar historias.

Fernando Jaén: Hay pocos lugares en Granada que respiren música y poesía como La Tertulia. ¿Qué significa para ti este lugar?

Álvaro Iranzo: La Tertulia es un lugar mágico. Es mi casa, donde me siento a salvo de la estupidez que inunda al mundo. Es un sitio donde te puedes tomar una cerveza, conversar de literatura, observar muriéndote de la envidia, como lo hago yo, a una pareja que baila un tango, sobre los compases de ‘Quejas del bandoneón’. Allí puedes beber acodado en una barra en la que antes lo hicieran Rafael Alberti, Mario Benedetti, Javier Egea o Ángel González, o que siguen frecuentando Joaquín Sabina o Luis García Montero. Yo recuerdo noches fantásticas y borracheras terribles con gente maravillosa que por desgracia se fue demasiado pronto, como Miguel Mateos o el maestro Enrique Morente. Es algo más que un bar o un café: es un lugar mágico, como te decía.

“Tenemos la enorme suerte de contar con una educación pública de calidad, a pesar del enorme intento que se está haciendo por destrozarla”

F.J.: Tato, el alma de La Tertulia y del festival de Tango de Granada, te acompañó en la presentación de tu libro. ¿Qué significa para Álvaro Iranzo la figura de Horacio Rébora?

Álvaro Iranzo: Tato es una figura única y un tipo imprescindible en la cultura andaluza. Lleva treinta y tantos años al pie del cañón y aún tiene gasolina para otros treinta más. Tuve el enorme placer de que quisiera acompañarme en la presentación de ‘Sobre cristales rotos’ pero es que, además, tengo el orgullo de que me llame amigo y eso vale más que todos los libros y todos los tangos y las milongas del mundo.

J.G.: En tu primer libro, Sobre cristales rotos’, utilizas en ocasiones la prosa poética. ¿Es de algún modo un acercamiento al verso? ¿Está en tus planes escribir poesía?

Álvaro Iranzo: A mí me interesa muchísimo la poesía, pero reconozco que no tendría ni el talento, ni la formación necesaria para ello. Es cierto que en ‘Sobre cristales rotos’, tanto por la temática de los relatos, como por el tratamiento del lenguaje, hay un acercamiento a la poesía, pero de ahí a escribir un poema hay un mundo. Hoy en día se nos vende la idea de que escribir poesía es fácil, que cualquiera puede hacerlo. No digo con esto que la poesía deba ser algo clasista, digna sólo de una élite intelectual, pero sí creo -estoy convencido- que no todo lo que se vende como poesía lo es, ni a todo al que cuelgan la etiqueta de poeta, lo es.

“No todo lo que se vende como poesía lo es, ni a todo al que cuelgan la etiqueta de poeta, lo es”

F. J.: Coincidimos en la última feria del libro de Granada en la caseta de Esdrújula. Me dio la sensación de que tenías un largo viaje a las espaldas que dejabas por escrito en ‘Sobre cristales rotos’. ¿Qué nos cuentas en él? ¿Cuánto de ti hay en este libro?

Álvaro Iranzo: ‘Sobre cristales rotos’ es un libro de relatos cortos, que habla de noches, de bares, de gente acostumbrada a perder y de mujeres que nunca volvieron a llamar. La mayor parte de los cuentos están escritos en primera persona y seguramente por eso, habrá quien puede pensar que éste libro es mi biografía o una especie de diario. No es así. Claro que hay cosas mías en el libro. Yo comparto con los personajes la visión negativa y pesimista del mundo, el amor por Jacques Brel, el gusto por la ginebra, la importancia de la pasión y del sexo y el desprecio hacia los poderosos. El resto, quizás no tanto.

F.J.: ¿Cómo se enfrenta un escritor novel a la publicación de su primera obra? ¿Qué te convenció de Esdrújula Ediciones para publicar con ellos?

Álvaro Iranzo: Nunca tuve la intención de publicar un libro. Llevaba años haciéndolo en revistas literarias y periódicos, y con eso mi ego ya estaba más que satisfecho. Fue Jairo García Jaramillo, que de esto sabe mucho (y que además es mi compadre), el que insistió en que publicase y a Jairo no sé decirle que no a nada. Además, con los editores de Esdrújula había compartido muchas noches y muchos bares y me gustaba el trabajo que venían haciendo, así que cuando me lo propusieron fue imposible decirles que no.

J.G.: Durante un tiempo utilizaste la red para compartir tus escritos, pero luego “te borraste” de la misma, cuando paradójicamente hoy en día esto suele funcionar al revés. ¿Qué pueden aportar las redes a un escritor o, por el contrario, en qué pueden perjudicarle?

Álvaro Iranzo: Las redes sociales cada vez me interesan menos. Es cierto que como escaparate son maravillosas y que permiten un acercamiento bidireccional entre el autor y sus lectores de cualquier parte del mundo que antes era impensable. Pero todo tiene un peaje. A mí me saltó la luz de alarma el día que me descubrí autocensurándome. Cualquier mensaje hoy en día en la red, cualquier texto, cualquier opinión, es susceptible de ofender a cien colectivos distintos. Las redes sociales se están convirtiendo en una nueva inquisición. Además, no me gusta esa sobreexposición ni ese exhibicionismo gratuito.

“Las redes sociales se están convirtiendo en una nueva inquisición”

F.J: He visto en tu perfil un tatuaje que luces de la figura de Cthulhu, el mito de Lovecraft. Imagino que no habrá sido tu única inspiración, aunque a buen seguro es una de ellas. ¿Qué escritores te han influenciado más en tu forma de escribir?

Álvaro Iranzo: Me gusta mucho la literatura de terror y la fantástica, aunque no sea un género que yo suela trabajar ni se refleje mucho en lo que escribo, y Lovecraft y Poe me fascinan. Reconozco que en en mis textos puede que haya algo de Raymond Carver, Jack Kerouac o Henry Miller, pero también me gusta pensar que puedan encontrarse trazas del realismo costumbrista de Delibes o de la prosa perfecta de Juan Marsé. En cuanto al armazón de los cuentos, a su estructura, sí que considero que hay un genio absoluto, un maestro que conoce como nadie los secretos del relato corto, y que no es otro que Ángel Olgoso, al que admiro profundamente y que es, sin duda, mi gran referente.

J.G.: Suponemos que estarás trabajando nuevo material. ¿Puedes adelantarnos algo sobre tu(s) próximo(s) proyecto(s)?

Álvaro Iranzo: Dentro de poco me marcho a Marruecos. Yo necesito conocer las cosas para escribir sobre ellas. Necesito los olores, los colores, pulsar el ritmo de la gente que habita allí. Tengo una historia por escribir que gira en torno a Tánger, Tetuán, Castillejos y la frontera del Tarajal. Y hasta aquí puedo contar de momento…

J.G.: Momento “carta blanca”, la que tienes para finalizar esta entre2vista como te apetezca.

Álvaro Iranzo: Ha sido un gusto charlar con ambos para secretOlivo, una revista necesaria que dignifica y promociona el arte y la cultura andaluza sin chovinismos ni nacionalismos cutres y provincianos. Un honor para mí.

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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