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Gerardo Venteo: “Escribir es una manera de participar en la vida que te rodea”

Gerardo Venteo

Gerardo Venteo: “Escribir es una manera de participar en la vida que te rodea”

Una entrevista a dos voces de Javier Gilabert y Fernando Jaén.

Gerardo Venteo nace en Galera (Granada) en 1963. Realiza estudios de Magisterio en Granada y es en esta ciudad donde, en asociación con otros poetas, forman el grupo Grama de poesía, que prepara con regularidad lecturas poéticas públicas y entre cuyas actividades destaca la organización y dirección de varios ‘Encuentros de Poetas en Peligros’, municipio de la Vega granadina.

Algunos de sus poemas han aparecido publicados en las revistas de poesía ‘Ficciones’, ‘Extramuros’ y ‘Letra Clara’. En 1995 participó en el programa de radio ‘Poesía 70’ con lectura de poemas del libro inédito ‘El perfil de las aceras’. En varias ediciones codirigió el programa radiofónico de poesía ‘La marcha verde’, emitido en Granada. Ha colaborado con varios artistas plásticos de la localidad nazarí. Entre estas colaboraciones destaca su participación, juntos a otros poetas, en la carpeta de grabado ‘Entredo’, de Maureen Lucia Buth, así como en la presentación de los catálogos de los pintores Ricardo Bellido y Antonio Barbero. En 1996 dirige y colabora en la edición de la carpeta de serigrafías y poemas ‘Memoria azul’. En este mismo año publica el libro de poemas ‘Los verbos conjugados’ (Ediciones Adhara). En 2001 publica el ‘En el corazón dormido del esparto’ (Proyecto Sur de Ediciones), un homenaje emocional al territorio de su infancia, Galera.

Recientemente, después de un largo silencio editorial, ha participado en algunas colaboraciones con la revista de literatura ‘Voladas’, de Rota (Cádiz). En 2018 ve la luz su último poemario ‘El nombre del frío’ (Editorial Maclein y Parker). En la actualidad reside en Sevilla, donde continúa cultivando su obra poética.

Fernando Jaén: Has participado en distintos proyectos artísticos donde se dan la mano diferentes disciplinas, como unir poesía y artes plásticas. ¿Cómo ves esta asociación artística? ¿Qué ha aportado a tu carrera?

Gerardo Venteo: Me gusta hablar de lo que me emociona. Esto ha ocurrido con distintas obras, entre otras, las del acuarelista Ricardo Bellido. Al mirar, muchas veces me dejo sugestionar por lo que veo y eso me produce una evocación. Esa evocación me ha conducido, como espectador, a la necesidad de completar de una manera personal la obra ante la que me encuentro. Otras veces, lo que encuentro en un cuadro o en una imagen me incita a reflexionar sobre lo que veo. Me gusta indagar en lo que hay detrás de lo que me seduce, en lo que la ha motivado y en lo que me sugiere. Mirar, detenerme en lo que veo, de alguna manera, es una forma de participar en la obra e intervenir en ella. En poesía sucede igual. Cuando asisto al poema y me emociona, me dejo arrastrar por las imágenes que propone. De alguna manera, me siento reconocido en lo que leo y establezco una especie de diálogo entre lo que hay escrito y lo que percibo. Así, el poema o la imagen se convierten en detonantes que me provocan diversas reacciones. Por supuesto, esto no ocurre siempre, pero cuando sucede, me siento embargado. Concluyendo en mí la propuesta, participo en lo que el poeta propone. Esta manera de participar activamente me lleva también a reflexionar sobre mi propia obra.

“Los medios de comunicación, controlados en su mayoría por el capital, son los que proponen modelos de consumo y evasión de la realidad”

Javier Gilabert: En los años 90 participaste en un proyecto poético-artístico con fines solidarios, conocido como ‘Memoria azul’. Me gustaría mucho que nos hablases sobre él.

Gerardo Venteo: ‘Memoria azul’ fue un proyecto que partió del Comité Anti Sida de Granada y que dirigí junto con Jorge Morcillo. El objetivo del mismo era recaudar fondos para la puesta en funcionamiento de la infraestructura del Comité Anti Sida, que si bien se subvencionaba a través de las administraciones, estas ayudas que se obtenían sobre programas concretos y puntuales eran insuficientes para su sostenimiento, por lo que había que obtener recursos de otra manera. Así surgió el proyecto. La idea era editar una carpeta de serigrafías acompañadas de poemas con el fin de obtener fondos. Los participantes convocados fueron diez pintores y diez poetas granadinos conocidos y noveles. La respuesta fue bien acogida entre los participantes y por las empresas papeleras, que donaron el material sobre el que se estamparon las obras. Se hizo una edición limitada de cien ejemplares que se pusieron a la venta. Paralelamente, propusimos a la Diputación de Granada la edición de un precioso catálogo en cuyo diseño colaboraron dos jóvenes artistas diseñadores gráficos granadinos y que también se puso a la venta, a precio más asequible. Además, en torno a la presentación de la carpeta en una Sala de Exposiciones patrocinada por la Caja de Ahorros de Granada, reunimos la obra donada por más de treinta artistas plásticos granadinos que cedieron algunas obras para su venta en torno a la presentación de la carpeta. Fue un proyecto que entrañó un complejidad importante pero lo hicimos con mucha ilusión y a su vez fue muy emocionante ponerlo en marcha. De todos los participantes en el proyecto recibimos una respuesta generosa y excepcional. También del público que participó en la adquisición de las obras.

F.J.: ¿Hasta qué punto poesía y solidaridad son dos conceptos que van de la mano?

Gerardo Venteo: El poeta, como cualquier otro ciudadano, está invitado a participar del mundo del que forma parte integrante. Participar en el mundo es una manera de ser consciente de lo que sucede alrededor. Ser consciente y participar del mundo que te rodea va unido a una reflexión y la reflexión desemboca en el cómo, en su modo de hacer y escribir. El poeta no es alguien que mira el mundo con indiferencia; participa en él y su participación indica compromiso. Vivimos en un mundo donde nada de lo que ocurre nos es ajeno. El mundo se mueve con nosotros, nosotros nos movemos en y con el mundo. La reflexión es un modo de estar y esa reflexión nos lleva a adoptar actitudes que nos comprometen y existen muchas formas de compromiso. Reflexionar obliga a tomar partido.

El poeta no es indolente. La indolencia pertenece al mundo de los objetos inanimados.

Creo que es el modo en que vivimos el que marca las pautas e impone las condiciones de relación y vida entre los seres humanos. Los medios de comunicación, controlados en su mayoría por el capital, son los que proponen modelos de consumo y evasión de la realidad. Si nos dejamos contagiar, si permitimos que sus mensajes nos empapen, adoptaremos actitudes de evasión al margen de la ética. Si no reflexionamos sobre lo que vivimos o hacemos, sobre lo que nos une, si no hacemos un ejercicio de análisis sobre nuestras propias actitudes y comportamiento, si nos dejamos abducir por los mensajes que otros elaboran para nosotros, perderemos el control sobre nosotros y sobre lo que nos rodea. El poeta se expresa desde lo que vive, y vivir deriva en el compromiso de no permanecer indiferente ante lo que sucede. Escribir es una manera de participar en la vida que te rodea e implica cuestionarse hacia dónde y cómo y, el cómo implica necesariamente un compromiso o una falta de él. En mi poesía, desde donde miro y pienso, adopto una posición crítica que me sitúa frente a las cosas que me rodean aunque esta posición no aparezca expresada como una denuncia fehaciente; sin embargo, reivindico la ternura o la reflexión tranquila como modo de acercamiento y encuentro con el/los otro/s en su diversas formas.

“El poeta no es alguien que mira el mundo con indiferencia; participa en él y su participación indica compromiso”

J.G.: ¿Crees que programas de radio relacionados con la poesía como los que codirigiste en su d, ‘Poesía 70’ y ‘La marcha verde’, tendrían cabida en la sociedad 3.0?

Gerardo Venteo: No solamente creo que tendrían cabida, sino que además creo que son necesarios. Son una manera de dar a conocer y acercar la poesía a los oyentes. Parece difícil porque últimamente vamos muy deprisa, la velocidad impera sobre los modos y creemos que nadie se para a escuchar, pero no es cierto. Somos muchos los que nos detenemos a escuchar y a leer. Pero no podemos olvidar que los medios buscan la rentabilidad económica y para eso necesitan un volumen de oyentes que difícilmente se encuentra entre los lectores de poesía. Afortunadamente buscando, buscando, aún encontramos que algunas iniciativas, aunque de manera precaria, continúan teniendo seguidores.

F.J.: Tu trayectoria te da cierta distancia con respeto a las nuevas generaciones de la poesía granadina. ¿Ves alguna diferencia remarcable con respecto a la de tu generación?

Gerardo Venteo: Nunca me he parado a pensar detenidamente en esas diferencias entre mi generación (entendiendo por generación algo puramente circunstancial y que obedece a criterios de edad) y la nuevas voces. Hubo un tiempo, en mi época de universitario, en que sí estaba al tanto de cualquier novedad literaria que aparecía en la ciudad. Fue en esos años cuando más activo e implicado estuve en la vida poética de la ciudad, con la organización de lecturas poéticas a través del grupo Grama, donde semanalmente hacíamos lecturas públicas de poemas de distintos autores y que desembocaron en la organización de varios ‘Encuentros de poetas en Peligros’, a las que acudieron poetas de la talla de Javier Egea, Luis Muñoz o Elena Martín Vivaldi, Juan de Loxa y el profesor Juan Carlos Rodríguez, entre otros, y desembocaron finalmente en la publicación de la colección Grama de Poesía. Después, por diversas razones y, porque necesitaba reflexionar sobre mi propio trabajo poético, decidí tomar distancia de todo ello y me centré en lecturas que iba descubriendo por azar. El verme obligado a dejar la ciudad, unido a la necesidad de centrarme en un proceso reflexivo sobre mi propia escritura, fue lo que me llevó a habitar un espacio de independencia y soledad para desarrollar mi propia voz poética. A mi regreso me encuentro un panorama poético vigoroso, lleno de voces jóvenes y no tan jóvenes que no conocía y me encanta descubrir la fuerza y la actividad poética continua que se desarrolla en la ciudad, también a nivel editorial.

J.G.: Llevas tiempo afincado en Sevilla. ¿Cómo es el panorama literario de esa ciudad? ¿Podrías establecer similitudes y diferencias con el que dejaste en Granada?

Gerardo Venteo: En ambos lugares, tanto Granada como Sevilla, y me consta que en otras ciudades también, ha habido un resurgir de la poesía. Prueba de ello es la cantidad de nuevas y pequeñas editoriales independientes que editan poesía presentando propuestas muy interesantes tanto en la elección y apuesta por autores desconocidos cuya voz merece un espacio como en el impecable acabado de sus ediciones. Sirvan como muestra, entre otras, Maclein y Parker, Esdrújula, Cuadernos del Vigía, Bandaàparte, Letra Impar…

F.J.: En tu obra destacan los distintos homenajes a tu tierra y a tu infancia. ¿Qué papel juega la memoria en tu obra poética? 

Gerardo Venteo: Empecé a ser escritor y poeta desde pequeño. Siempre he sido muy perceptivo. Mi atención se ha fijado en pequeños detalles a partir de los cuales he ido indagando en el contexto que los rodeaba. Recuerdo estar jugando con mis amigos en la calle, siendo un niño, y de repente, pararme y quedarme mirando el brillo de los cristales de yeso incrustado en una de las fachadas que no estaba blanqueada. De pronto me sentí abducido por aquel destello. El recuerdo de esa imagen aún me acompaña. Recuerdo fabular sobre objetos o sobre conversaciones de adultos, o sobre mis propios compañeros. Podía pasar horas en el desván de la casa de mi abuela mirando los objetos allí abandonados. Aquel era un mundo secreto y solitario donde me sentía libre y feliz. Miraba la luz posarse en aquellos objetos detenidos durante años en el mismo lugar y los imaginaba en otro momento, cuando su presencia y su uso formaban parte de lo cotidiano. Aquel olor de maderas y pintura vieja me embriagaba. También el espacio televisivo teatral ‘Estudio 1’ me llamaba poderosamente la atención, aunque no llegara a entender la obra del todo. Mi percepción retenía gestos y actitudes sobre las que iba haciendo análisis. Detrás de cada escena había una interpretación y una fabulación. A medida que iba siendo más consciente, a esa percepción se unía un ejercicio de reflexión y un gusto por las palabras como modo de expresar la emoción que me provocaba aquello que percibía. Instalado ya en mi posición como adulto, a veces, hay una vuelta al territorio de la infancia donde todo fluía porque alguien detrás me sostenía y permitía que fluyera sin que yo fuera consciente. Entonces me sentía seguro. Ahora reflexiono sobre qué es lo que había detrás de mí, sobre lo que me proporcionaba la seguridad y recuerdo modos, gestos, olores que traduzco como elementos comunes a todos los que me acompañaban. Cuando escribo sobre ello, lo hago desde la distancia y el agradecimiento hacia aquello que recuerdo me hace sentir feliz.

En mi escritura muchas veces aparecen la luz, los olores, o el frío. Mi obra está llena de sensaciones porque estoy impregnado de ellas y, éstas, las percibí por primera vez en Galera, a donde vuelvo una y otra vez. Todavía percibo la presencia de un cordón umbilical emocional con el territorio, el paisaje y los modos que, de manera consciente o no, aparecen en mis escritos. De ahí surgieron los libros ‘En el corazón dormido del esparto’ y ‘Casas de dos plantas’ (inédito) y otro sobre el que estoy trabajando que tiene como título provisional ‘Días en la nieve’.

“¿Cómo nombrar la muerte, el vacío, cómo nombrar lo desconocido si no es a través de una sensación de lo que conocemos?”

J.G.: Hablemos ahora sobre tu última obra. En primer lugar me gustaría incidir en el título de tu último poemario, ‘El nombre del frío’. ¿Qué razones te llevaron a elegirlo?¿En qué momento surge este libro y por qué lo hace?

Gerardo Venteo: El título surge de mi incapacidad para nombrar la muerte. De hecho, salvo en el magnífico prólogo de Javier Fernández, a lo largo de los poemas que contiene el libro en ningún momento ésta aparece nombrada. ¿Cómo nombrar la muerte, el vacío, cómo nombrar lo desconocido si no es a través de una sensación de lo que conocemos? La muerte es una realidad y un concepto porque es algo que conocemos a través de la pérdida de los otros, pero que no concebimos porque no la hemos experimentado. Así pues, ¿cómo hablar de ella como experiencia de algo cercano, si estamos vivos? En este caso, yo me acerqué a la muerte a través de la despedida de mi amigo en el momento en el que, para él, la vida tenía un plazo fijado más o menos próximo. Necesité hablar de ese tiempo doloroso del tránsito donde lo imaginaba intentando minimizar la gravedad de lo que ocurría. Él, a diferencia de mí, sí podía experimentar la proximidad del vacío como algo aterrador o no. Para mí era un ejercicio de empatía, un intento (imposible) de ponerme en su lugar, sin saber con exactitud lo que él estaba viviendo. Lo que yo experimentaba era una anticipación a la posibilidad de la pérdida ineludible de alguien a quien quería y tuve que enfrentarme a ello de la única manera que, en ese momento, sabía hacer, que era escribir. Escribir era una manera de acercarme a mi amigo, me aliviaba de la idea de lo que estaba ocurriendo y era una forma de hacerme consciente y comprender lo que pasaba, la posibilidad de subir a la superficie lo que vagaba debajo, impreciso.

F.J.: En la medida en la que en él abordas la muerte y la agonía, este libro puede parecer difícil de escribir. Sin embargo, en sus poemas se aúnan la vida y la muerte. ¿Cómo has conseguido darle este aspecto vitalista a un asunto tan complicado de tratar?

Gerardo Venteo: En ‘El nombre del frío’ no hay fingimiento alguno. No hice un planteamiento inicial sobre cómo tratar el tema de la muerte. El libro nace de la experiencia, surge porque, ante el hecho próximo de la muerte, necesito reflexionar sobre qué es lo que está ocurriendo. La circunstancia de que la proximidad de la muerte fuera una experiencia vital en un amigo muy querido me hizo indagar en dicho fenómeno. Miré dentro de mí. La muerte la conozco a través de los que he ido perdiendo en el camino. ‘El nombre del frío’ es un ejercicio de empatía y transferencia, un ejercicio vital que necesito hacer para comprender qué está sucediendo. Las circunstancias me obligan enfrentarme a la enfermedad de un amigo, pero no asisto de manera presencial al momento de la lucha por vivir, no asisto de manera presencial al momento de la agonía. Me llega a través de las conversaciones telefónicas con mi amigo, en las cuales él se empeña en restar importancia a lo que está ocurriendo, intenta evitarme toda preocupación, aligerarme de cuanto está sucediendo. Esta es una actitud que mantiene con cuantos le rodean y acompañan en ese momento. El testimonio de todos aquellos que vivieron ese tránsito de cerca coincide en destacar su intento por calmar y no anticipar nada de lo que aún no ocurría. Ante nosotros él procuraba restar toda gravedad a lo que le estaba ocurriendo. No obstante, en mi necesidad de comprender, intento ir más allá de lo que me dice, intento ponerme en su lugar, intento ser yo a través de su voz, las palabras que dice y las que omite. En su compromiso generoso estaba el del amor, el del alivio hacia las personas que amaba; sus amigos, nosotros, que tanto le importábamos porque formábamos parte de su vida. Él se sentía reconocido en nosotros como nosotros en él. Este poemario sólo es un intento de conocer y comprender lo que ocurre en el otro y traerlo a mi propia vida. Los poemas no son sino un ejercicio de alivio y de hacer consciente lo que está ocurriendo y que aún es la vida, en el momento en el que se escribían. Estos poemas son una especie de diario de otro, sin intentar suplantarlo, sino una manera de verme y reconocerme en el otro.

J.G.: Javier Fernández te ha escrito un magnífico prólogo en el que, a modo de sucesión de contradicciones, hace un recorrido por tu libro indicando que podría tratarse de poesía fúnebre, de desolación, sobre la experiencia de la muerte, incluso que se trata de un exorcismo del propio dolor, y sin embargo concluye con la afirmación rotunda de que estamos ante un libro de amor. ¿Qué opinas de este análisis?

Gerardo Venteo: Javier hizo un gran ejercicio de estudio y análisis para la presentación de este poemario con el prólogo, que lleva como título ‘Vivir, estar’. A lo largo de su texto, nombra todo lo que es y a la vez lo que no es este libro. Pasa de una percepción a otra y ninguna es excluyente sino que todas son intenciones que aparecen a lo largo del poemario; una y su contraria se complementan. Javier, en su prólogo, planeó como un águila sobre la presa, dio círculos en el aíre hasta que finalmente se precipitó sobre ella y, de un zarpazo, la cazó. Cuando dijo “‘El nombre del frío’ es en realidad un libro de amor”, me devolvió algo a lo que yo tampoco había puesto nombre, pues éste es un libro de amor, que habla del amor y está escrito con amor pero, hasta ese momento en que lo pronuncia Javier, yo no lo había hecho consciente como tampoco lo fui del hecho de estar escribiendo un libro en el momento en que lo estaba escribiendo. Javier, como lector, me ha devuelto algo que yo había propuesto como autor. Me ha devuelto una cualidad que yo, inmerso en el poemario, no había sido capaz de percibir. Esto es un milagro maravilloso que ocurre cada vez que un lector completa la propuesta del autor. Hay tantos poemas o libros como lectores leen ese poema o ese libro. En este caso fue Javier me devolvió mi libro maravillosamente renovado. ‘El nombre del frío’ es un libro de amistad y de amor.

F.J.: A pesar del carácter solemne de ‘El nombre del frío’, que trata sobre la pérdida y la despedida, me llama la atención que en varios de sus poemas está presente la sensualidad. ¿En qué medida tiene ésta cabida entre estas páginas?

Gerardo Venteo: Vivimos y nos hacemos a través de los sentidos. A través de ellos comenzamos a relacionarnos y a crear esquemas de conocimiento del mundo que nos rodea; a través de los sentidos empezamos a comprender el mundo. La sensualidad es la experimentación consciente a través de los sentidos. No podemos imaginarnos al margen de lo que experimentamos. Por eso nos cuesta imaginar y aceptar la muerte, porque la muerte es lo desconocido; sin embargo, sabemos que ésta llegará en algún momento. La muerte forma parte de la vida, no se puede disociar una de la otra. Vivimos con insistencia para evitarla, luchamos, amamos y esos ejercicios son conjuros contra ella. Vivir, luchar por la supervivencia es instintivo. En ese momento de tránsito y de lucha, la vida se hace más consciente de lo que ha sido nunca. Saber que puede haber un plazo que pone fin a la vida, hace que cualquier momento de esa vida se intensifique y adquiera una importancia que antes había pasado desapercibida. Es la percepción de la proximidad del límite la que nos devuelve la importancia de lo que antes pasaba con indiferencia ante nosotros.

La vida, en su extremo, se reconcilia con nosotros que tantas veces hemos permanecido al margen de ella sin ser plenamente conscientes de que la propia vida acontecía en nosotros. Mientras estamos entretenidos, ocupados en la contingencia de lo que sucede, no somos conscientes del hecho de que estamos vivos. De ahí mi insistencia en nombrar lo que acontece en ese momento. Tomar conciencia de la fragilidad, de la fugacidad de lo que parecía infinito, de la proximidad del límite a partir del cual ya nunca más, hace que el instante recupere el valor del presente. Aunque por supuesto, ante el hecho también conviven conjuntamente el miedo, el dolor, el cansancio y la rabia en el momento posterior a la pérdida.

“Este libro está escrito desde la franqueza, no hay impostura, no hay alarde”

J.G.: Otra virtud que a mi entender tiene tu poemario es que huyes del lenguaje críptico y enrevesado; has utilizado un lenguaje fluido, que agiliza la lectura sin restar un ápice a la carga emocional. Tanto que me atrevo a recomendar su lectura poco a poco. Sin embargo, me llama la atención la reiteración que haces de distintos conceptos: La luz, la música, la belleza, la ternura. ¿Qué papel desempeñan en tu obra?

Gerardo Venteo: La luz y la ternura son dos elementos importantísimos en mi obra. De nuevo, sensaciones e intención se aúnan para conformar cada uno de los poemas. La luz me impresiona día a día. Es la que nombra las cosas, la que me acerca a ellas, y la ternura, el modo en que he aprendido esas cosas, la intención volcada sobre ellas y los otros. Ambos conceptos son inherentes a la vida. Vivimos en un mundo sonoro. A ese espacio sonoro es al que yo llamo música, percibir los sonidos cotidianos, formar parte de ellos, nos da la información de que vivimos, de que participamos y pertenecemos a ese espacio. Todos somos parte de ese mundo sonoro, de esa música de la que hablo. Para mí, la belleza es una manera de conformar los escenarios como expresión pero es también una actitud, una intención. Este libro está escrito desde la franqueza, no hay impostura, no hay alarde. En él hay un intento de nombrar lo que sucede y las cosas que son lo que son en su secuencia. Necesitaba desnudar la fragilidad o el miedo tal y como lo percibía en mí, nombrar y mostrar el instante en su desnudez. No tenía más palabras que las del acontecimiento del instante, lo cual, de esa manera, me aliviaba. No había otras palabras, no buscaba, no quería otras.

F.J: A buen seguro tendrás en marcha nuevos proyectos. ¿Qué nos puedes contar sobre ellos?

Gerardo Venteo: En estos momentos, estoy ultimando un nuevo poemario radicalmente distinto a ‘El nombre del frío’ tanto en el tema que aborda como en el tono empleado. No obstante, persiste la unidad temática en los poemas y una secuencia a través de la que se desarrollan los distintos bloques de contenido que aborda el poemario. También sigo trabajando en proyectos aún abiertos y que poco a poco voy acotando, pero todavía es pronto para hablar de ello.

J.G.: Momento carta blanca. Te invitamos a finalizar esta entrevista como te apetezca.

Gerardo Venteo: El libro como objeto, es algo que me acompaña desde siempre. Detrás de ese objeto está el trabajo, la dedicación y el saber hacer de un equipo de gente que lo hace posible. Quiero destacar que la edición de este libro ha sido gracias a la apuesta y el trabajo de la editorial Maclein y Parker. Un trabajo exquisito. Además de agradecer a Javier Fernández su soberbio prólogo, quiero agradecer y mencionar el trato recibido por Cecilia, Antonio y Rosa que siempre han sido afables, cercanos y generosos, así como destacar su impecable modo de hacer. Siempre he encontrado en ellos una estupenda respuesta a cada una de mis propuestas. No puedo olvidar tampoco a Ramón Repiso, José Gilabert Ramos o a ti, Javier, por vuestro acompañamiento generoso y desinteresado en cada una de las presentaciones. Sin vuestro trabajo y apoyo emocionado no habrían sido lo mismo. Y, por supuesto, daros las gracias, Fernando y Javier, por ofrecerme y darme cabida en este espacio de difusión cultural.

POEMAS DE GERARDO VENTEO (Todos de ‘El nombre del frío’)

Instantánea dolorosa

Como de pronto las cosas que suceden llegan y se instalan permanentes y dóciles, una mañana, sobre la mesa del desayuno, llegaron tus lágrimas veloces diciendo mi nombre sin consuelo. Sin consuelo, que difícil aquella mañana mirar tu amor desnudo frente a mí cuando las horas se habían parado deshechas en un minuto.

Qué difícil no llorar, también yo, cumpliéndose tus manos cuando repetías una y otra vez que te quedarías conmigo. Fue doloroso abrazar tu llanto de niño perdido. Doloroso también, despertar de repente y avistar tierra, descubrir que estábamos llegando a la otra orilla.

Siesta

Ven, todavía es tiempo de ciruelas.

Quiero entrar contigo en el tibio vapor

de la siesta; bailar la danza

del tacto enredado en el tacto,

navegar acompasados

en la evanescencia sutil del calor,

en el ocio que el deseo propone.

Quiero, una vez más,

descansar en tu cuerpo,

nombrarlo como el sabor de una fruta

se derrama en el paladar dichoso.

Ven a mi amor todavía,

ven, que agosto acelera

su pulso y la música

a contratiempo no espera.

Efecto de la gravedad

Esta gravedad enferma me sujeta; creedme, he recuperado el tacto, la pupila, el oído,… Creedme mientras aprendo la regla de la fugacidad, que es o que no es exacta. Cualquier gesto vuestro de ahora es ahora, este momento, causal y extraordinario.

También os digo: contemplo el mar extenso y profundo, su misterio; la belleza.

Las cosas pequeñas

¿Por qué sonrío cuando no estáis conmigo? Son la cosas pequeñas; el olor del café, subir las escaleras de la casa, tomar una cerveza y mirar el mar desde “la casa negra” un sábado de noviembre, el rotulador cansado de corregir exámenes, una discusión domestica resuelta por teléfono media hora más tarde, la designación extravagante de los nombres que os hacen cómplices de una broma…, la disparatada idea de haber sospechado que todo eso había sido insignificante.

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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