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Carlos Allende: “Las generaciones literarias son mentira. Son una cuestión de marketing y de mercado”

Carlos Allende. Foto de David Díaz
Carlos Allende. Foto de David Díaz

Carlos Allende: “Las generaciones literarias son mentira. Son una cuestión de marketing y de mercado”

Carlos Allende (Granada, ? – 2054). Vivió en Granada. Murió por causas artificiales. Narrador y poeta. Escribió mucho. Publicó poco (o nada). Lo antologaron en ‘Pero yo vuelo’ (Ediciones en Huida, 2016) junto a la más ¿joven? poesía granadina, en ‘Granada no se calla’ (Esdrújula Ediciones, 2018) contra la violencia de género y en la antología de poesía joven andaluza ‘Algo se ha movido’ (Esdrújula Ediciones, 2018). Decía pertenecer al colectivo artístico Hidden St.

Así se presenta nuestro invitado de hoy en su currículo literario —del que extractamos la información—. Hay que añadir que es doctorando en Literatura Española Contemporánea (dentro del programa de doctorado ‘Lenguas, textos y contextos’ de la Universidad de Granada), que posee tres másteres (de Profesorado de Educación Secundaria y Bachillerato, y en Estudios Latinoamericanos: Cultura y Gestión, ambos por la UGR y Master Recherche Langes et Civilisations Étrangéres en Études Romanes, Université Toulouse-Jean Jaurès) y que ha participado, además de en las antologías mencionadas, en ‘Anónimos 2.2’ (El Dispensario, 2014). Por si fuera poco, publicó el pasado año su primer poemario, ‘La raíz del grito’ (Esdrújula, 2017), es editor (por ejemplo de ‘Troppo Mare’, Esdrújula, 2017), corrector y músico. Con semejante currículo, inversamente proporcional a su edad, nos parecía absolutamente imprescindible charlar con él.

Javier Gilabert: ¿Quién es realmente Carlos Allende? ¿El (futuro) profesor? ¿El escritor? ¿El poeta? ¿El músico? ¿El activista social?

Carlos Allende: Carlos Allende es —Carlos Allende soy, podría decir, y no lo digo, lo que nos dé tal vez pistas de que ni yo mismo lo sé— todo eso. A todas esas facetas hay algo que las une y que le da sentido a todo: la esperanza. Hay un libro esencial de José Ángel Valente que es ‘A modo de esperanza’ en el que hay un poema que se titula ‘El adiós’ y que habla de la lucha y del amor que creo que son dos elementos fundamentales de dicha esperanza. Si la perdiéramos dejaríamos de luchar por lo que creemos —en mi caso un mundo más justo— y sin amor dejaría de tener el sentido completo que tiene por y para los demás.

J.G: Recientemente vio la luz La raíz del grito, un poemario muy bien acogido por público y crítica. También has sido antologado en varias ocasiones, recientemente en ‘Algo se ha movido’ y en ‘Granada no se calla’. ¿Qué destacarías de cada uno de estos tres libros?

Carlos Allende: De ‘Algo se ha movido’ destaco el trabajo y el empeño de dos figuras poéticas jóvenes fundamentales como son Jorge Villalobos y Juan Domingo Aguilar en unir y reunir a 25 poetas jóvenes de las ocho provincias andaluzas. Yo destaco el poder estar con poetas que admiro, con Rosa Berbel, con Alba Moon, con Ángelo Néstore, con Félix Moyano, con poetas que tienen unas voces maravillosas y con los que he encontrado ciertas similitudes, ciertas correspondencias literarias inesperadas.

Hablaba antes de la esperanza y ha sido esta la que ha movido desde el principio la antología de textos contra la violencia de género ‘Granada no se calla’, que ha editado Esdrújula Ediciones con la colaboración del Ayuntamiento de Granada. La literatura tiene ante estos problemas una importancia secundaria. Quiero decir: este libro me parece un gran libro no tanto por la calidad de las autoras y los autores que aparecen y por los textos que se recogen sino por el hecho de que un grupo tan amplio de escritoras y escritores se reúnan para condenar la misoginia institucionalizada y el terrorismo machista y de género.

De ‘La raíz del grito’ destaco el cariño de Erika Martínez, Alejandro Pedregosa y Andrés Neuman. Por lo demás es un libro que supone un principio y un fin. El final de un periodo de aprendizaje y nacimiento poético y el principio de la búsqueda de una voz de la poesía como oficio artesano.

Fernando Jaén: En la presentación de ‘La raíz del grito’ (Esdrújula, 2017), Alejandro Pedregosa hablaba de tu libro como una estructura piramidal que te conducía del exterior a lo más íntimo de esa pirámide, con organicidad, como si de una poesía corpórea se tratase, con una geometría muy marcada. ¿Qué opinas de esa dimensión de tu poesía?

Carlos Allende: Cuando me planteé escribir ‘La raíz del grito’ lo hice desde la intención de que fuera un libro compacto en ese sentido. Que los poemas tuvieran un orden lógico y cerrado. La decisión de colocar el libro de fuera a dentro fue un poco posterior pero también con un sentido. ‘La raíz del grito’ es un libro de búsqueda constante. El título —robado a Lorca de sus ‘Bodas de sangre’— pretende anticipar eso: el centro es la raíz, el origen de un grito, de algo que me —nos— impele a decir. Tenía claro que esa búsqueda tenía que ir en esa dirección.

“Siempre es mejor decirle a alguien lo que no te gusta de su libro que escuchar a alguien decírtelo del tuyo”

J.G.: Has sido socio de una editorial (Ediciones Paralelo), lector, editor, corrector de estilo, escritor… ¿Qué parte del proceso disfrutas más? ¿Cuál crees que es la más complicada?

Carlos Allende: Sin duda la de corrector. Siempre es mejor decirle a alguien lo que no te gusta de su libro que escuchar a alguien decírtelo del tuyo. El proceso de corrección de un libro es maravilloso y doloroso. Tener que enfrentar los errores, los fallos, aceptarlos y aprender de ellos duele, eso sin duda. Ahora bien, también supone un proceso muy interesante de reflexión ante el texto y los mecanismos de la escritura que rara vez llevamos a cabo. Es la parte del proceso que más disfruto porque es con la que más aprendo.

Aunque el oficio de corrector de libros ajenos es complicado, lo es más aún el oficio de corregir los textos propios. De todas, la más difícil es escribir —y corregir—.

F.J.: Has trabajado como editor y corrector de estilo. Sin duda la crítica del trabajo ajeno es un trabajo difícil, ¿qué aporta a un poeta esta experiencia?

Carlos Allende: A mí me aporta principalmente dos cosas: la reflexión sobre la poesía ajena y la reflexión sobre mi propia poesía. Cuando alguien le corrige el libro a otra persona tiene que cuidarse mucho de no acabar escribiendo su propio libro, es necesario hacer una reflexión y entender la forma de decir, la voz, la intención y la poética de la otra persona. Es fundamental.

La reflexión sobre la poesía propia viene dada por la necesidad de pararse ante la misma poesía y verla con cierta lejanía. Al igual que se aprende leyendo a otras poetas y a otros poetas, se aprende también corrigiendo sus libros.

F.J.: Participaste en la edición de ‘Troppo mare’ de Javier Egea (Esdrújula 2017). Un poeta al que admiras y que ha sido referente tuyo. ¿Qué significa para ti la poesía de Egea?

Carlos Allende: La poesía de Javier Egea es una necesidad para mí. Es mi principal referente literario y la constatación de que la dicotomía forma-contenido está más que superada. La influencia de Javier Egea en mi forma de entender la poesía no está tanto en su poesía sino en su forma de trabajarla, la labor y la concepción de la misma como un trabajo: como la creación de un artefacto ficticio e ideológico.

“La poesía no debe estar manchada de realidad, debe surgir de esta”

F.J.: En ‘Troppo mare’, Egea, en palabras de Juan Carlos Rodriguez, había sufrido una transformación, ahora veía “la poesía como una nueva práctica, como práctica ideológica”. Esa carga ideológica está presente en su obra y en parte en la tuya. ¿Cuál crees tú que es la función de la función de la poesía? ¿Debe estar manchada de realidad?

Carlos Allende: La poesía no debe perder el contacto con la realidad nunca. No es que no deba, es que no puede. Ser consciente de que escribimos desde una ideología determinada supone realizar una reflexión de los propios textos y de cómo estos van o pueden ser recibidos por el público. La poesía no debe estar manchada de realidad, debe surgir de esta.

J.G.: Lxs jóvenes vienen empujando fuerte en el mundo de la poesía. ¿Crees que se está conformando una nueva generación poética con los Villalobos, Aguilar, Berbel, Allende, Néstore, Moon, etc.? De ser así, ¿cuál sería el “nombre” de esta generación y qué tendríais en común sus posibles integrantes?

Carlos Allende: Voy a decirlo: las generaciones literarias —como las entiende la historiografía literaria— son mentira. Son una cuestión de marketing y de mercado. ¿Hay líneas comunes entre algunas autoras y otros? Claro. Al final somos hijxs de nuestro tiempo y por lo tanto compartimos, entre otras cosas, referentes culturales. Nos han criado ‘Los Simpson’ y ‘Pokemon’, así que evidentemente compartiremos elementos personales y literarios pero no creo que sea necesario forzar nada y crear sin fundamento una generación poética. Tal vez lo que más nos una sea el desengaño.

“La poesía tiene mucho que decir hoy, pero poco tiempo”

F.J.: Vivimos tempos de cambio, de desmoralización social, de desencanto. ¿Crees que la poesía es esa “arma cargada de futuro” que preconizaba Celaya?

Carlos Allende: Siempre me ha llamado la atención que aun viviendo la mayor crisis económica de nuestra época la poesía no ha atacado estos temas o no de una forma considerable. Hay poetas que han hablado de la crisis —Manuel Vilas o Pablo García Casado— pero son algo anecdótico. Vivimos en un mundo cada vez más rápido, donde el consumo antepone la rapidez y la cantidad a la calidad y la poesía no entiende esos lenguajes. En esta sociedad es, tal vez, más necesaria que nunca pero seamos sinceros, la poesía tiene mucho que decir hoy, pero poco tiempo.

J.G.: De un tiempo a esta parte proliferan en las redes sociales todo tipo de “poetas”, con mucho predicamento sobre todo entre los más jóvenes. ¿Consideras que eso que hacen es poesía? ¿Crees que este tipo de movimientos pueden ser positivos para que los adolescentes se acerquen a la poesía?

Carlos Allende: Para poder decir que algo no es poesía primero deberíamos llegar al acuerdo universal de qué sí lo es y esa pregunta es incontestable. ¿Una receta de gazpacho escrita y firmada como poema por Federico García Lorca sería un maravilloso poema vanguardista?

Ellas y ellos mismos han dicho muchas veces que ni escriben poesía ni pretenden escribir poesía. Si ellxs lo dicen, no seré yo quien les lleve la contraria. Harina de otro costal sería hablar de si es buena o mala poesía. Pero no voy a entrar ahí. Creo que ante todo tiene que primar la honestidad. Ser honesto con tu trabajo y con el trabajo de otras personas que escriben poesía, que trabajan la poesía y que intentan hacerlo de la mejor manera posible.

Hay quien defiende que sí, que este movimiento de Poesía Pop —nombre que apunta Gonzalo Lozano en su artículo ‘Hipsters, poesía, pop. Apuntes de un fenómeno editorial’— acerca a lxs jóvenes a la poesía, digamos, con mayúsculas. Yo, personalmente, pienso que no es así.

“La poesía genera en la persona una profundidad, una capacidad de abstracción y obliga a educar la paciencia”

F.J.: Eres filólogo y tienes una marcada vocación hacía la enseñanza. De hecho has participado en algún proyecto para mostrar la poesía a los niños. ¿Crees que la poesía debe ser aprendida desde la infancia? ¿Qué crees que le puede aportar la poesía a un niño, más allá de esa literatura infantil que busca la imagen y la fábula?

Carlos Allende: La poesía es inútil si la miramos desde un punto meramente productivo y neocapitalista, es cierto. La poesía no produce riqueza, no produce avance científico. La poesía genera en la persona una profundidad, una capacidad de abstracción y obliga a educar la paciencia. La poesía —que no la historia de la poesía— debe ser enseñada desde la infancia. La infancia es la etapa del ser humano en la que el pensamiento es más libre, la imaginación más floreciente y la sociedad aún no nos ha absorbido. La sensibilidad poética, la forma de mirar al mundo, de dejarse sorprender por el mismo son fundamentales para generar seres humanos completos.

J.G.: Háblanos sobre tus nuevos proyectos, sean del palo que sean.

Carlos Allende: Ahora mismo hay tres proyectos encima de la mesa. Uno musical, otro poético y otro narrativo. El primero quiere ser un trabajo a medias con Deez, miembro de Hidden St, el colectivo artístico al que pertenezco. El segundo es un libro de poemas con una línea muy social, muy lejana a la última parte de ‘La raíz del grito’ y con mucha influencia de gente de mi generación —biográfica, claro—, sobre todo Alba Moon y Juan Domingo Aguilar. El tercer proyecto tiene relación con mi otra parte de producción literaria que es la narrativa breve y que estoy ahora mismo organizando y terminando de cerrar.

J.G.: Momento “carta blanca”. Cierra la entrevista como te lo pida el cuerpo.

Carlos Allende: Simplemente agradeceros a Fernando Jaén y a ti la entrevista, el cariño y la amistad. Es un honor participar de esto y compartir experiencia con tanta gente tan maravillosa. Gracias de corazón.

F.J.y J.G.: Gracias por todo, amigo.

(Fotografía de David Díaz. Instagram: @daviddiaz.photo)

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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