Crónicas de conciertos

El Hijo Ingobernable: el hombre tranquilo

El Hijo Ingobernable. Foto de Javier Martín Ruiz
El Hijo Ingobernable en directo en la sala Aliatar de Granada. Foto de Javier Martín Ruiz

El Hijo Ingobernable: el hombre tranquilo

Crónica del concierto de presentación del EP ‘De mis soledades vengo’, de El Hijo Ingobernable (Sala Aliatar, Granada. 08/06/18).

Cuando se escribe sobre el trabajo de alguien que se conoce, o que se cree conocer, se corre el peligro de no hacerlo con la objetividad necesaria. Este es el caso; la objetividad queda a un lado, porque si algo hubo el pasado 8 de junio en la Sala Aliatar fue emoción, que al fin y a la postre es lo que trata de conseguir el artista sobre el escenario.

Lo primero que llama nuestra atención es que al ver el set nos percatamos de que serán muchos en el escenario. Puede parecer un contrasentido cuando presentas un disco titulado ‘De mis soledades vengo’, pero no, allí no sobraba nadie…

Cosmotrío fue el encargado de abrir el concierto. El trío de cuerda formado por Clara Molina, Lorena García Ruiz y Marta Iglesias González nos preparó para lo que estaba por venir con una delicada versión de ‘Time in a bottle’ de Jim Croce, arrancando los primeros aplausos a una sala prácticamente llena. Y entonces apareció el resto de la banda -los ingobernables: Dany Levi al bajo, Antonio Molina Moya a la guitarra eléctrica, Ángel Galera con su lap steel, en los teclados David Montañés y Mafo Fer Olmedo a cargo de la batería- y Víctor García Lapido, El Hijo Ingobernable, vestido de riguroso negro y con aspecto serio y gesto templado. La banda atacó los primeros compases del ‘Give me love’ de George Harrison, que daría paso al primero de los temas extraído de ‘De mis soledades vengo’, ‘A mi lado’. Continuaron con ‘Cierro las alas’, intercalando después una buena versión de ‘The Harvest Moon’ de Neil Young, armónica incluida, tras la que vendría ‘Así lo recuerdo’, primer single del disco, perfectamente acompañado de la proyección del magnífico videoclip realizado por Elena Lechuga.

Después sería el turno de la pieza instrumental ‘Para John Ford’, en palabras del propio Víctor un homenaje a uno de sus directores de cine preferidos, que marcó el inicio de la segunda mitad del bolo, a la que siguieron ‘La nube’ y ‘Te he vuelto a ver’ -en la que cambió su Martin por la Telecaster-, y luego ‘Exilio’ todas ellas extraídas de ‘De mis soledades vengo’. Para finalizar, subió al escenario a su amigo Darren Anderson (Sunset Riders) con el que se marcó a dúo el ‘So you say you lost’ de Gene Clark y tras el cual cerraría el concierto -tras sincerarse con el respetable, al que confesó que no tenían más canciones por ahora (risas)- con un sorprendente ‘Chicago’ de Sufjan Stevens.

Buen debú para este nuevo proyecto de Víctor, cargado de melodías muy cuidadas con elaborados arreglos y letras aparentemente sencillas pero llenas de intención y de imágenes muy potentes, con ese aire melancólico e introspectivo influenciado por la psicodelia y el folk de los sesenta y los setenta que nos trajo a la memoria los mejores momentos de grandes de este género, como Nick Drake o The Byrds, con un dominio absoluto de la guitarra acústica, y todo perfectamente aderezado con los arreglos de cuerda de Cosmotrío y un sólido bloque formado por músicos muy destacables, a los que él ya llama sus ‘Ingobernables’.

Sabíamos lo buen músico que es, y ahora nos sorprende mucho más como cantante y compositor. En la voz de El Hijo Ingobernable hemos encontrado al Hijo Pródigo, al ‘hombre tranquilo’ de Ford que vuelve a sus raíces, donde se siente querido, ganándose tras una dura lucha (musical, entiéndase) el respeto de su gente. Porque si algo se respiraba en la sala era cariño y respeto.

El Hijo Ingobernable nos dejó con la miel en los labios. Esperamos impacientemente la otra mitad, ‘A mis soledades voy’, que probablemente verá la luz el próximo otoño.

Javier Gilabert

Javier Gilabert

Nace en Granada, en 1973. Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).
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