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Alejandro Pedregosa: “El humor es, por encima de todo, una manera de estar en el mundo”

Alejandro Pedregosa

Alejandro Pedregosa: “El humor es, por encima de todo, una manera de estar en el mundo”

Entrevista realizada a dos voces por Javier Gilabert y Fernando Jaén.

Alejandro Pedregosa, reciente ganador del Premio Andalucía de la Crítica de Relato nació en Granada (1974), aunque su infancia y adolescencia transcurre en Marbella (Málaga). Volvió a Granada para licenciarse en Filología Hispánica (1997) y cursar estudios de Teoría de la Literatura donde recibió clases de poetas como Luis García Montero y Antonio Carvajal. Desde entonces su vida transcurre entre varias ciudades españolas. Actualmente reside en Granada donde colabora con el periódico ‘Ideal’, actividad que simultanea con la impartición de cursos de escritura creativa y su labor como escritor. Es fundador​ de la Escuela de Escritura de Granada.

Entre sus reconocimientos destacan el Accésit del Premio de Poesía García Lorca (Universidad de Granada, 2000), Premio de Poesía Ciudad de Trujillo (Ayuntamiento de Trujillo, 2002), Premio Nacional de Poesía Paloma Navarro (Ayuntamiento de Vílchez, 2004), Accésit Premio José Agustín Goytisolo en 2004, Premio José Saramago (2004), Premio Arcipreste de Hita (Ayuntamiento de Alcalá la Real, 2007) y, por supuesto, el Premio Andalucía de la Crítica de Relato en 2018.

Fernando Jaén: Naciste en Granada, te criaste en Marbella, has vivido a temporadas en distintas regiones de España (Pamplona, Madrid). Además tuviste la oportunidad de vivir una temporada en Praga mediante el programa de ciudades literarias de la Unesco. ¿Te consideras ciudadano del mundo? ¿Qué le aporta a un escritor el hecho de haber vivido en distintos sitios?

Alejandro Pedregosa: Ya sé que lo de “ciudadano del mundo” puede sonar a tópico pero a fin de cuentas es lo único que somos realmente: seres humanos dentro de un espacio concreto: el planeta. Colgar en el balcón una bandera de España o una estelada es un ejercicio de romanticismo que cada cual es libre de llevar a cabo, pero los que no creemos en el romanticismo como modelo de vida también somos libres de mofarnos de las patrias y decir que una bandera no es más que un trapo de colores. Más allá de eso, viajar y convivir con personas de toda cultura y condición es un regalo impagable para un escritor. Leer, observar, convivir… son motores de escritura.

Javier Gilabert: De las distintas ciudades en las que has estado, ¿con qué te quedarías de cada ciudad? ¿Piensas que Andalucía es un buen lugar para la creación literaria?

Alejandro Pedregosa: De mi crianza en Marbella guardo el mar, la luz y los primeros amores (que no es poca cosa). Granada me ha dado los libros, las cañas y grandísimos amigos; a nivel literario le debo a Granada casi todo. Nunca pensé que Madrid me fuera a gustar hasta que viví allí; ahora no paso dos meses sin darme una vuelta por el foro; es mi ciudad observatorio, allí me paro en una esquina y, de repente, todo sucede. Pamplona tiene una dimensión cívica que me enamora; la educación, la sencillez, la honestidad… En cierto sentido es un espejo en el que mirarnos. En cuanto a si Andalucía es un buen lugar para escribir te diría que sí, sin duda. Granada, sin ir más lejos, es un lugar fetiche de la poesía de este país. No puede ser casualidad que Andalucía haya dado tantos y tantos escritores a la historia de la literatura. Nuestras particularidades léxicas (este uso constante de la ironía y la hipérbole) ayudan, creo.

FJ: Eres un escritor todo terreno. Gran poeta (premio Arcipreste de Hita por ‘Los labios celestes’ en 2007, editorial pretextos), gran novelista (premio José Saramago 2004) y de relatos, ya que con tu último libro ‘O’ (Cuaderno del Vigía) has ganado el Premio Andalucía de la Crítica de Relato 2018. ¿Cómo consigues hacerlo todo bien? ¿Un buen novelista podrá ser algún día un buen poeta?

Alejandro Pedregosa: (Risas) No lo hago todo bien, ni mucho menos, ojalá, pero soy voluntarioso y me esfuerzo bastante. En cuanto a la segunda pregunta veo más fácil que un poeta escriba una buena novela que lo contrario. La poesía, según entiendo, tiene algo de don, algo muy personal que sacude al poeta desde joven. Con mucho esfuerzo, buenas lecturas y cierta perspicacia narrativa se puede escribir una novela pero hace falta algo más (intuición, música, capacidad evocadora…) para escribir buenos poemas.

JG: Eres poeta y novelista. ¿En cuál de los dos registros te encuentras más cómodo a la hora de escribir?. Si por una extraña conjunción astral te vieses obligado a elegir entre poesía y narrativa ¿cuál sería la elegida? ¿Por qué?

Alejandro Pedregosa: Cómodo, lo que se dice cómodo, no me siento en ningún caso; escribir requiere cierta tensión, parece una actividad relajada pero no lo es en absoluto. A mí las mejores páginas me salen cuando tengo un poco de frío o un poco de hambre, cuando estoy ligeramente incómodo. La placidez atonta y hace que la mente no esté alerta para captar la palabra precisa. Si tuviera que elegir (vaya putada) me quedo con la poesía. Es mi terreno fundacional, yo empecé a amar mi lengua porque rimaba, porque con ocho o nueve años leí un poema que decía: “Abenamar, Abenamar/ moro de la morería/ el día que tú naciste/ grande señales había”. La necesidad de narrar vino después. Yo de niño no leía novelas, solo poesía. Ese es el origen.

FJ: Tu novela ‘Hotel Mediterráneo’ fue publicada por Planeta, y te alejaste un poco de tu trayectoria de novelas negras. Cuando publicas en una gran editorial, ¿piensas más en lo que le vas a ofrecer al público lector? ¿Te expones más?

Alejandro Pedregosa: No pensé más en el público porque fuera Planeta. Es innegable que la proyección comercial de Planeta hace que el libro sea más visible y potencialmente llegue a más personas, pero también los fracasos de este tipo de editoriales son sonados. Tú puedes tener todo el arsenal mediático que quieras, pero al final un libro se defiende en las manos del lector. La literatura es un oficio cada vez más depauperado, no tiene sentido dejarse impresionar por las grandes editoriales, lo importante es el lector, generar una base sólida de lectores que acudan a tu obra. A día de hoy eso se puede hacer también desde editoriales más pequeñas e independientes.

JG: Los críticos destacan de tu prosa el sentido del humor y de tu poesía la sencillez. En tu opinión, ¿tiene la poesía de algún modo cabida en la narrativa? ¿Y el humor en la poesía? ¿Qué lugar debe ocupar este “sexto sentido” en nuestras vidas?

Alejandro Pedregosa: Sí claro, poesía y narrativa tienen grandes y antiguos lazos, los romances o la épica, por ejemplo; y también hay novelas de gran vocación lírica (se me ocurre, a bote pronto, ‘Mortal y rosa’ de Umbral o ‘La lluvia amarilla’ de Llamazares). Los géneros deben ser permeables en sus límites pero sólidos en sus núcleos. En cuanto al humor es, por encima de todo, una manera de estar en el mundo. A mí el humor me sirve para ser feliz. A niveles literarios lo utilizo para generar discursos al margen de la realidad; esto es algo que no agrada a todo tipo de lectores, y yo lo entiendo. Del mismo modo que hay lectores incapacitados para la poesía los hay que no pueden asumir el humor en tanto que discurso enfrentado a la realidad, al racionalismo y a cierto tipo de moral. No pasa nada, también hay que reírse de eso.

FJ: Cuando leí tu libro ‘Los labios celestes’, un bestiario de ficciones y hermosas farsas vestidas de papel celofán, descubrí en tu sonrisa un poso de sabia tristeza. ¿Ha venido el poeta a este mundo para sufrir?

Alejandro Pedregosa: No lo creo, aunque no podemos negar que hay una gran nómina de sufridores, depresivos y suicidas contemplándonos desde el Parnaso. Tal vez haya en algunos de mis poemas cierto poso de melancolía por el drama de lo perdido, pero en todo caso funciona como elogio de un tiempo feliz y primigenio: la infancia y la época de los descubrimientos. Hace años, en una antología de poetas granadinos, mi admirado y queridísimo Juan Varo dijo que yo era un poeta de la felicidad. Quiero seguir con ese galardón. Soy un tipo optimista. Prefiero la belleza de los amantes a las nebulosas del ama sufriente. Digamos que el barroco me atosiga.

JG: En tu juventud hiciste tus pinitos en el mundo de la música. ¿Esa sensibilidad musical puede ser útil a la hora de escribir poesía? ¿Cuál es tu relación actual con la música a todos los niveles? ¿Volveremos a ver a Alejandro Pedregosa sobre las tablas?

Alejandro Pedregosa: Soy un absoluto ignorante en cuestiones musicales. Me encantaría entender, leer los tiempos, las narraciones que, estoy seguro, viajan en una composición musical, pero para mi desgracia nunca he conseguido ir más allá de la letra de una canción (no digamos ya de un concierto clásico). Lo de cantar en un grupo fue una maravillosa diversión adolescente que poco tenía que ver con la música y mucho con la amistad y la posibilidad de ligar algo sobre el escenario.

FJ: Eres un gran aficionado al fútbol, algo no habitual en el mundo poético (aunque con excepciones como Luis García Montero o Andrés Neuman). Incluso alguna vez hemos hablado de tu equipo favorito, la Real Sociedad, aquel equipo mítico donde Arconada parecía el auténtico perro Cerbero. ¿Te sigue emocionando el fútbol? ¿Puede un buen poeta ser afinado a este deporte?

Alejandro Pedregosa: Esto que voy a decir ahora va a parecer una boutade, pero no lo es en absoluto. A mí no hay nada en el mundo que me guste más que jugar al fútbol. Ni leer, ni escribir, ni comer, ni siquiera hacer el amor. Cada vez que juego vuelvo a ser el niño de barrio que se pasaba el día detrás de la pelota. Ver fútbol o hablar de fútbol no me interesa demasiado, casi nada, pero jugar con la peña de los jueves, compartir el esfuerzo, la carrera, la complicidad de un pase… Ay, amigo, eso supone regresar a la infancia por una hora, lo cual, sencillamente, es un auténtico milagro.

FJ: No solo escribes, también das clases de escritura creativa y formas parte (junto con Salazar) de la escuela de escritores de Granada. ¿Con qué disfrutas más? ¿Enseñas o te enseñan?

Alejandro Pedregosa: Es evidente que se aprende mucho dando clases, hay alumnos con grandes posibilidades literarias y otros sin ambición narrativa ninguna, simples lectores que se apuntan a los cursos para saber cómo funciona una novela por dentro, cómo es eso de levantar historias con andamios de palabras.

JG: Desempeñas un activo papel en la vida literaria granadina, bien como escritor, bien como profesor en la Escuela de Escritura. ¿Cómo describirías la actividad cultural de esta ciudad? ¿Es Granada un buen sitio para los escritores?

Alejandro Pedregosa: Granada (proporcionalmente al número de habitantes) es el lugar con más escritores por metro cuadrado de España. Y eso sencillamente es magnífico para todos los que vivimos en el mundo del libro. No vas a encontrar una ciudad de provincia con más editoriales que Granada. La universidad por su parte también es un gran foco cultural que nutre de futuros poetas y narradores; y ahora el Centro Lorca, que está llamado a ser un lugar de investigación y activismo literario. Incluso amigos escritores de Madrid o Barcelona nos miran con cierta envidia. Aquí, por cuestiones de dimensión, puedes acudir todos los días de la semana a un acto literario (presentación, lectura, conferencia…), en las ciudades grandes algo así es inviable.

FJ: Conozco pocos escritores que puedan decir que viven de su trabajo. ¿Es eso así? ¿Cómo lo consigues? ¿Crees que se puede vivir de la literatura hoy día?

Alejandro Pedregosa: Vivir de la literatura en ningún caso significa vivir del dinero que rentan los libros. Yo, con el paso de los años, he conseguido generar un circuito propio de actividades literarias que, a la postre, me tienen ocupado casi todo el año: charlas, clases, artículos, conferencias… Se trata de encontrar el tiempo necesario para la escritura sin la rigidez de una jornada laboral al uso. No es algo que surja espontáneamente, se tarda años pero ya te dije antes que soy bastante constante, por no decir cabezón.

JG: Llegados a este punto, pasamos al ‘Momento carta blanca’. Nos gustaría que acabaras esta entrevista como te apetezca.

Alejandro Pedregosa: No sé, podemos acabar por ejemplo recordando al gran Voltaire, que en una carta a Federico de Prusia le decía: “No me gustan los héroes, arman demasiado estrépito”. A mí me sucede algo similar, no soporto el ruido de los patrioteros, pero parece que lamentablemente en este siglo (como en todos los anteriores) volverán a aguarnos la fiesta.

El embarcadero

El hijo del vecino había muerto
indecible dolor–
en el embarcadero.
El río verde de todos los veranos
se lo había tragado
como una fiera nocturna
¿Acaso no lo era?–

Mi madre dijo: no quiero
que vuelvas a jugar
donde el embarcadero.
Ignoraba mi madre que una niña
tan rubio el pelo largo, Carolina–
vivía al otro lado de la ría
y yo la amaba.

Cuántas tardes
(la buena luz del mundo en sus cabellos)
lancé mi cuerpo al agua para verla.
Si mis brazos de niño o el amor
desfallecían
el hijo del vecino, desde el fondo,
me empujaba.

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert / Fernando Jaén

Javier Gilabert (Granada, 1973). Casado y padre de dos hijos. Maestro desde hace cuatro lustros, disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día. Cuenta entre sus filias la poesía, pasión que ya alentaran sus primeros maestros y con la que afirma haber “jugado” desde la infancia; ésta ha desembocado en su primer poemario, ‘poeAmario’. Siempre atento a las palabras y ávido lector, manifiesta su preferencia por la poesía nacional, especialmente de las Generaciones del 98 y del 27 (en la que incluye y subraya a Miguel Hernández Gilabert), pasando por las más actuales hasta llegar a coetáneos como Montiel, Praena, Iniesta o Jaén, que combina con otra de sus aficiones, la música, de cuyas letras también aprende y destaca las del “maestro” José Ignacio G. Lapido (091).

Fernando Jaén (Granada, 1975). Como poeta ha publicado 'El corral de las cuatro esquinas' (Dauro 2002), 'Los ciclos brutos' (Comares 2012), 'Los días del barro' (Comares 2014) y 'Las orillas difíciles' (Oblicuas 2015). Incluido en 'Todo es poesía en Granada', por el antólogo José Martín Vayas (Esdrújula 2015). Participa en 'Nocturnario', obra colectiva coordinada por Ángel Olgoso y José María Merino (Nazarí 2016). Aparece en 'Pájaro Azul', edición de Marina Tapia, homenaje a Rubén Darío (Artificios 2016).
Ha colaborado con A.L. Guillén en distintas aventuras artísticas y musicales como 'Capricho 69' (1993), 'Restos' (1998), 'Amor sin misericordia' (2003) y 'Aprojimación a tu ciclo' (2013). De este diálogo ascético surge el documental 'Alfa y Omega' (2012).
Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis y del proyecto anartístico Gruppo Ungido. Para el autor, médico de profesión, "la poesía es la fuerza que te permite sobrevivir en la fragilidad".
Javier Gilabert / Fernando Jaén
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