Las crónicas de Zico y Paca

Los golpes de Julio del 36

los golpes de julio del 36

Los golpes de Julio del 36

El franquismo, ni estaba ni se le esperaba. No sé de quién ha partido esa falsa idea de que “el franquismo existía antes de que surgiera Franco”. Son esas frases, que suenan bien, por inesperadas, malsonantes y regalos de oreja. Una cosa es reinventar la historia, un fake news (¿se escribe así?), y otra llamar asesinos a personas que por geografía, por pensamiento conservador e ideas católicas, por sentirse “gente de orden”, apoyaron el Alzamiento Nacional-Católico, sin ser terratenientes, grandes rentistas o similares. Y a la inversa, en el lado de la legalidad republicana. Así suelen ser las guerras civiles.

El otro día, me puse a pensar en los distintos y diferentes golpes que coincidieron el 23-F. Cuando de un pelotón ciclista se produce una escapada, enseguida se adhieren, los distintos especímenes interesados en ello, desde los que intentan anularla, a los gregarios, pasando por los que aprovechan el momento. Julio del 36 era uno de esos momentos persistentemente preparados y voceados. Después de un meticuloso trabajo del general Mola, tomada la decisión del golpe, la chispa les importaba un comino. Ante un gobierno débil y más temeroso de una (imposible) revolución comunista, que de un golpe “corrector” de los militares, nadie sabía quién era de los suyos. Con el tiempo se enterarían.

En la ensaladera golpista había de todo como en botica. Desde el repetidor Sanjurjo hasta el dubitativo (¿??) Franco, pasando por el ingenuo (¿??) José Antonio Primo de Rivera a los que había que añadir otros sonados nombres en segundo escalón (Cabanellas, Goded o Queipo), sin olvidar los intereses de toda índole de los gobiernos fascistas de Roma y Berlín

No todos estaban (como el 23-F), por el mismo modelo de golpe de Estado. De pequeños, y no tan pequeños, jugábamos a una especie de jeroglífico en la penúltima página de los tebeos, donde había que descubrir el camino que debía seguir el ratón para llegar al trozo de queso. Cuando cansados de dibujar con el lápiz, y de borrar las equivocaciones con bolas de pan, optábamos por acertar, iniciábamos el camino del laberinto desde el queso hacia el ratón. Ese ejercicio de autoengaño, servía para los tebeos, pero no para la historia. Iniciar en la actualidad, con lo sabido y vivido, el camino desde el queso hasta el ratón, nos lleva a la variedad de muridaes mus franco.

Y a tal ratón no se le esperaba, pero estaba. La historiografía franquista y otras, lo sitúan como un personaje dubitativo que solo dio el paso, cuando fue llamado por la historia, con nombre, caras y cuentas corrientes, para salvar a España. Intentan suavizar su responsabilidad en ese mar de sangre: “Paco no quería pero….

Paco, se hizo el gallego, ante los antecedentes. Él no quería un golpe modelo sanjurjada, con canotier y paseo por la calle Sierpes, a tomar unas copas de manzanilla en El Mercantil que llevaba a una dictadura monárquica. La sobrecarga de trajes militares de gala, espadas, cascos y medallas le llevó a la muerte al capotar la avioneta. Ni tampoco el modelo de Primo de Rivera (padre), golpe para salvar monarquía y ejercito africanista, y luego, si te vi no me acuerdo. Paco, tampoco se fiaba del niño Rivera (Paco no se fiaba de nadie, salvo de Carmen). Ya había tenido sus problemas con el padre y con su hijo José Antonio, y no le gustaban los jueguecitos de los señoritos de Jerez redimidos, aunque luego utilizara al Ausente como lo utilizó, incluido el modelo de Juana la Loca, paseando su cadáver por los campos de Castilla en plan “rutas imperiales”. Él quería una represión como la que ensayó en Asturias. Si se da un golpe, se da un golpe. Y el que pierda que se joda. Él ya había “quemado sus naves” a la manera de Cortés, al mandar asesinar al general A. Balmes.

Por eso se hizo de rogar. Lo de “Paca la culona” y lo de “el golpe se da, con Paquito o sin Paquito”, queda para el anecdotario. Él, ya le había vendido a italianos y alemanes lo que querían: un golpe de exterminio total del enemigo, cubriendo las espaldas a Alemania y asegurándole a Italia el Mediterráneo, limpiando a España de rojos y demócratas. A cambio pedía material militar para una guerra total, no para un golpe de salón del XIX. Y lo usó alargando la guerra, para aniquilar al enemigo, durante ella y después de ella.

La soledad de la República y “las muertes providenciales”, más los amaños de su hermano Nicolás, lo llevaron a la “Jefatura del Estado Español. No había franquismo antes de Franco. Los fusilados, lo atestiguan.

Si Carlos Marx hubiera escrito “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”, cien años después hubiera empezado de la misma manera: “De como la situación internacional y las luchas de clases, permitieron a un personaje mediocre y grotesco, representar el papel de héroe”.

Zico y Paca, mis perros, han ido a Doña Mencia a comprarse unas gafas de intelectuales, y lápices bicolores para corregirme el artículo, que dedico a mis padres, de los que tanto aprendí. Los quiero a todos.

Luis Carlos Rejón

Profesor de Historia, escribe de actualidad política en las Crónicas de Zico y Paca
Luis Carlos Rejón
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