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Gacelas y Casidas del Diván del Tamarit

Carlos Cano | Diván del Tamarit, gacelas y casidas

Cuando se habla de Carlos Cano se suele poner el acento en su reinterpretación de la copla, también hay quien se centra en las letras más combativas de sus inicios o quien se queda con su composición de canciones que se han convertido en clásicos populares, pero muy pocas veces se hace mención de su faceta más vanguardista, que es la que se condensa en Diván del Tamarit.

Ya la portada, con esa evocadora fotografía de Chema Madoz (sobre concepto de Fernando Bellver), nos avisa de que nos acercamos a una auténtica obra de arte.

Carlos Cano en concierto

Este doble disco es el fruto de años de trabajos y sueños de Carlos, y se basa en la adaptación de poemas de Federico García Lorca, del libro del que toma su título. De hecho, ya en elepés anteriores podemos encontrar algunas de las canciones que terminarán formando parte de este trabajo, como anticipo de lo que iba a llegar, como migas que Cano fue dejando a través del tiempo marcando el camino que desembocó en este Diván del Tamarit.

La adaptación de los textos de Federico es simplemente perfecta, porque Carlos Cano imprime en su música la misma mezcla entre lo popular y lo vanguardista que el poeta evoca con sus versos, sabe destacar al detalle los pasajes más líricos (imposible no estremecerse escuchando “Quiero dormir un rato, / un minuto, un siglo / pero que todos sepan que no he muerto”), igual ocurre con el erotismo y con todo lo que sugiere cada poema/canción.

A la vez, Carlos tiene la habilidad de dar luz con la melodía a los poemas más herméticos y a los pasajes más crípticos (…En el jazmín un elefante y nubes / y en el toro el esqueleto de la niña…); en este sentido, contaba una anécdota muy simpática que le solía ocurrir en la gira de presentación de el Diván: se le acercaba gente que le decía “Yo no he entendido muy bien lo que dicen algunas canciones ¡Pero cómo me han emocionado!”… ¿Se puede explicar mejor lo que es la poesía?

En cuanto a arreglos y la instrumentación que visten a las canciones, podemos decir que son, simplemente una maravilla, un derroche de imaginación, sensibilidad y sabiduría. Están firmados por la mano del cubano Leo Brouwer, una de las grandes eminencias de la música contemporánea. La combinación perfecta de la que hablábamos antes entre letra y melodía se completa con los arreglos, que van en la misma línea, dando como resultado un engranaje musico-poético que encaja y camina con toda la naturalidad.

Así encontramos momentos que van de la armonía e instrumentación exuberantes con orquesta filarmónica, guitarras, batería, percusiones, sitar (tocado por Gualberto, cómo no), teclados, coros, etc (Gacela del amor imprevisto) a algún pasaje sólo con la voz de Carlos a capella (Gacela del amor con cien años) con toda la gama de combinaciones de texturas sonoras que las canciones van pidiendo, con guiños al flamenco, al rock, a la copla, a las canciones tradicionales mediterráneas, a la música andalusí, a Manuel de Falla, a la música experimental, al pasodoble, a la canción de autor, etc.

Estos arreglos están interpretados por músicos sobresalientes, y las grabaciones mimadas al milímetro por el ingeniero de sonido Barry Sage (Rolling Stones, New Order…) , que debió alucinar sin duda con este trabajo.

En cada detalle se aprecia que en este disco, Carlos Cano se volcó por completo, se nota que fue importantísimo para él y que es fruto de su ilusión, quizá por eso esté lleno de numerosas colaboraciones de compañeros que aparecen, a veces sutilmente, en estos surcos, como si este trabajo fuese para Carlos una fiesta a la que hubiera querido invitar a sus amigos.

Podemos escuchar en Diván del Tamarit las voces de Santiago Auserón, Paco Ibáñez, Javier Ruibal, José Menese, Luis Pastor, Marina Rosell, Clara Montes, Navajita Plateá, Javier Krahe, Pablo Guerrero, Labordeta, Joaquín Díaz, Chicho Sánchez Ferlosio, Alberto Pérez, Rasha… incluso el torero Curro Romero diciendo “¡Ole!”. Tremenda lista de nombres y talentos.

Sin duda, detrás de cada una de estas colaboraciones hay una historia, una anécdota; desde las peripecias de Carlos para grabar a Curro Romero detrás de una furgoneta a la de la presencia de Paco Ibáñez que hunde su raíz en el tiempo: Paco fue invitado al homenaje de la UNESCO a Federico García Lorca en 1972, había cantado la Casida de las palomas oscuras en 1964 y al no poder asistir, llamaron a Carlos que estaba en el Manifiesto Canción del Sur para sustituirlo… Así que su colaboración en este disco cierra un círculo mágico lorquiano.

Es difícil destacar momentos concretos en un disco tan completo. Ya la obertura con la Gacela del amor imprevisto nos deja claro que no vamos a entrar en un álbum cualquiera, es algo así como un big bang que da paso a todo un universo sonoro muy particular. La Gacela de la muerte oscura sobrecoje porque parece una doble profecía de Carlos y Federico.

La rumba Gacela del Recuerdo del amor con coros Javier Ruibal logra ese contraste emocionante entre letra oscura y música pegadiza con unos arreglos de vientos llenos de energía. La Gacela del amor con cien años (interpretada a capella y que fue una de las que Carlos cantó en el Homenaje a Lorca en París en 1972) está llena de sabor popular, suena a canción tradicional que se cantara en familia más allá del tiempo.

En la Casida de los ramos, Carlos canta con una intensidad especial. La Casida de la mujer tendida es una de las joyas del disco, con Rasha interpretando parte de la letra en árabe y Santiago Auserón cantando algunos de los versos (“verte desnuda es comprender el ansia…”). La Casida de las palomas oscuras cierra el disco sutilmente con la magia de que no se sepa dónde empieza Carlos y dónde Federico.

En el inicio en París de la gira internacional para presentar el disco, la UNESCO le nombra Artista por la Paz… aquí sigue cerrándose el círculo mágico lorquiano de Carlos: publica su disco más soñado el año del centenario del nacimiento de Federico, y recibe una mención tan especial en la ciudad en la que tres décadas atrás homenajeó al poeta granadino (y donde conoció a Enrique Morente)… ¿Casualidad, causalidad o magia?

Sabemos que en este disco, como ya hemos comentado antes, Carlos se la jugó (tanto en lo material como en lo espiritual), se salió un poco de lo que la gente solía esperar de él, se arriesgó y dio lo mejor de sí mismo. Sin embargo, en sus antologías no suelen aparecer ninguna de estas canciones, ni siquiera están en spotify ni otras tiendas digitales, y en las biografías de Carlos, si se nombra este disco, es de pasada sin darle la importancia y el valor que realmente tiene. Es un trabajo difícil de encontrar, lo cual es una auténtica pena. Por eso aprovecho desde estas líneas para reivindicar esta joya que es el Diván del Tamarit, y, de paso, para invitaros a ahondar en todas las facetas de Carlos Cano y su poliédrica obra ¡Merece la pena!

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Músicos (Diván del Tamarit, Dalur 1998)

Neal Wilkinson: Batería, Luis Jardín: Percusión, Bob Painter: Teclados, Andy Pask: Bajo, Víctor Pellegrini: Guitarra española solista, Juan Cerro: Guitarra española rítmica, Gualberto García; Sitar, Jaime Muela: Flauta, John Parson: Guitarra eléctrica, Araceli Lavado, Marcela Ferrari, Miguel Morant, Miguel Ángel Gamero y Luis Miguel Baladrón; Coros, Ángeles Tey: Soprano, Benjamín Torrijo: Piano, Suhail: Laúd árabe, Andreas Pittwitz. Saxo alto, Álvaro Girón: Guirea española ritmica, Michael Kevin Jones: Cello, Manuel Morales: Saxo tenor y barítono, Matthew Simon: Trompeta, Lulo Pérez: Trompeta solista, Norman Hoguer y Javier Lechago: Trombones, Sección de cuerda interpretada por The Royal Philarmonic Orchestra of London, dirigida por Carlos Gómez, Tañido de campanas de la Torre de la Vela, Jaime Muela: Flauta, Coro de voces interpretado por el Orfeón Donostiarra y dirigido por José Antonio Sainz

Arreglos: Leo Brouwer
Producción ejecutiva: Carlos Cano
Producción artística: Bob Painter
Ingeniero de sonido: Barry Sage
Concepto de portada: Fernando Bellver
Fotografía de portada: José María Rodríguez Madoz
Dibujos interiores: Fernando Bellver
Diseño gráfico: Manuel Estrada
Realización de diseño: Eva Rojo, Cristina Vergara y Fidel López
Maquetación: Vicente Blanco
Modelo portada: Estrella Albina
Ingeniero de sonido: Barry Sage
Asistentes: Luca Petricca y Oscar Herrador
Grabación: Gary Thomas, Tim Jenkins, Barry Sage

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Fernando Lobo

Fernando Lobo

Este mester de locura,
de letras y juglarías
es el que llena mis días
con su excéntrica cordura.
Fernando Lobo

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