Malditos

Soy Teresa Wilms Montt

Teresa Wilms Montt

Soy Teresa Wilms Montt

María Teresa de las Mercedes Wilms Montt. Ella. Protagonista. No sólo del lienzo que le dedicó Julio Romero de Torres, también de una vida marcada por la incomprensión y el dolor.

Teresa Wilms Montt por Julio Romero de Torres

Espíritu libre. Carisma. Talento. Melancolía. Se suicidó a los 28, en París. Contexto muy distinto a aquel en el que se desarrolló gran parte de su historia, en su Chile natal. Criada por institutrices, destacó por su dominio de los idiomas, su sensibilidad al piano, su brillantez en la escritura.

Bohemia. Segunda de siete hermanas de una familia burguesa, se casó con Gustavo Balmaceda, ocho años mayor que ella, pese a la oposición de ambas familias.

El matrimonio, marcado por los celos de él y el progresivo reconocimiento social de ella como escritora, fue ensombreciéndose paulatinamente hasta que una relación extramatrimonial de Tebal pseudónimo bajo el que publicaba Teresa supuso que Gustavo -Tribunal Familiar mediante- decidiera recluirla en el convento de la Preciosa Sangre, a la vez que le quitaba la custodia de sus dos hijas.

Mi suegro conoce todas las infidelidades de Gustavo. A él lo celebran, a mí me condenan como a una enferma

La querían dócil, sumisa. A partir de ahí, comenzó la locura. De saber quién era y qué quería mientras se veía atrapada, coaccionada, anulada. En el convento, intentó suicidarse por primera vez. De esta pesadilla que parecía no tener fin escapó gracias a la ayuda de su ángel, Vicente Huidobro. Llegaron ambos a Buenos Aires, donde ella se reescribió. “Oh, sangre mía que fuiste azul y hoy roja luces. Roja de infierno, de pecado, de revolución”.

Se fue adentrando en espacios reservados para intelectuales –masculinos bonaerenses a la vez que emergía su carrera. En 1917 publicó “Inquietudes sentimentales” y “Los tres cantos”. Fue entonces cuando presenció el suicidio de un amante al que le dio una negativa a su propuesta de matrimonio.

En 1918, tras haber sido confundida con una espía alemana, decidió instalarse en Madrid y olvidar Nueva York. Publicó “En quietud del mármol”, con prólogo de Valle Inclán, y “Anuarí”, dedicado a su malogrado príncipe encantado.

Su quinto libro, que vio la luz en 1919, fue titulado: “Cuentos para hombres que todavía son niños”. En 1920, París, consiguió ver a sus hijas con la ayuda de Huidobro y de una institutriz. Pero sintió que –por dictamen de su exmarido- las volvía a perder.

Un año más tarde, sumida en una profunda depresión, falleció a golpe de somníferos.

“Fui crucificada, muerta y sepultada,
por mi familia y la sociedad.
Nací cien años antes que tú,
sin embargo te veo igual que a mí.
y no soy apta para señoritas”

Soy Teresa Wilms Montt

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Este artículo forma parte de Malditos, segundo número impreso de secretOlivo. Gracias a las personas que adquirieron su ejemplar de esta edición limitada ahora está disponible, de manera libre, en versión online.

Mercedes Domenech

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Periodista. Guerrera. "Tu libertad me atrae / igual que un viento universal" [Pedro Salinas]
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