Las crónicas de Zico y Paca

La posverdad no es cosa de tontas y tontos

La posverdad no es cosa de tontas y tontos

Sin irnos más lejos del pasado siglo, en 1947-48, George Orwell escribe su novela “1984”. Ha tenido ante sí, la teoría y la práctica de los regímenes totalitarios que proliferan en el centro y el este de Europa al inicio del pasado siglo.

Sin excepciones, aunque con grandes diferencias ideológicas, les unen una serie de elementos comunes.

De entre ellos, Orwell destaca en sus obras “1984” y “Rebelión en la granja”, la creación y utilización de un nuevo lenguaje, el “neolenguaje”. Palabras como “caracrimen” (cara con una expresión impropia) o “doblepensar” (habilidad de mantener en la cabeza dos pensamientos contradictorios), o patolengua y un largo etcétera.

Más en la actualidad política, de la compleja “pel de brau”, vienen a la sobremesa, palabras o frases como “adelanto cuyo objetivo es obtener liquidez” (rescate a una Comunidad Autónoma), “ajuste” (recorte), “concertinas” (cuchillas), “daños colaterales” (matanzas de civiles), “externalizar servicios” (privatizar los servicios públicos)… y un más larguísimo etcétera. Me atrevo a hacer uso del catecismo Ripalda, doctrina de comportamiento de una religión o de una organización partidaria que lleva subsistiendo más de dos veces los mil años de rigor, con una gran capacidad lingüística y camaleónica en cada tiempo y lugar. Dice el susodicho catecismo, que mentir es “decir lo contrario de lo que se piensa, con intención de engañar”.

Remitiéndonos a los ejemplos anteriores, en ambos casos, no hay mentira propiamente dicha, pues no se dice lo contrario de lo que se piensa, pero si hay intención de engañar, mediante la confusión que el melado del concepto recibe o la elaboración de una nueva palabra de terminología más obtusa. Su objetivo era apropiarse de las mentes perceptoras, bien por el miedo a los detentadores del poder, bien en la necesidad de unas palabras aparentemente menos duras para aceptarlas colectivamente.

Sin embargo, el empobrecimiento ideológico de las zonas políticas de la denominada izquierda, su falta de adaptación a las realidades actuales, la elaboración acrítica de los medios de comunicación, su seguidismo a las distintas facciones del poder, o de los gobiernos, ha hecho aparecer una perversión más descarada y dañina para los avances y profundización democrática, ocupando el papel que Marx asignaba a las religiones: el opio del pueblo. Esa nueva droga ensoñadora es lo que se denomina como la posverdad. La utilización de palabras, frases e ideas, de dominio común, que conducen al engaño de la ciudadanía, pues construyen una comunicación falseada de forma descarada, y que cuando son rebatidas o aclaradas (en el caso de que lo sea), ya no tiene efectos retroactivos. Decía Juan XXIII, que cuando dices la verdad te cree la mitad de la gente, y cuando dices la mentira, te cree la otra mitad. Los decios, suelen estar preparados de una fase previa de lluvia fina, soltados a la opinión pública como novedad, y acompañados del coro mediático correspondiente.

En este caso, es una mentira pura y dura. Es decir lo contrario de lo que se piensa, y con intención de engañar. Vamos que si se mueren, van al infierno directitos (si existe) y sufren allí el fuego eterno. Por pecadores. Pero hay, un producto, subgénero del anterior. En el título, lo presentábamos… suele ser el caso, cuando la posverdad intenta construirla tonta o tonto, que de todo haberlo haylo. Hace unos días un amigo, me envió un artículo de la Información de Málaga, realizada a doña Patricia Alba, delegada de educación de la Junta en la provincia de Málaga (últimamente los susanistas de Málaga están triunfando con sus hablares), donde después de hacer un trabalenguas y liarse, entre escuela pública y concertada, pone titulares con “la enseñanza en Andalucía dista mucho de ser un desastre”, y a la pregunta del periódico sobre que “a la hora de la verdad siempre terminamos de bruces con el PISA”, la señora delegada de educación encuentra la salida mágica, “a las elevadas tasas de analfabetismo que sufría la población durante la dictadura”.

Llevan 35 años en los gobiernos del Estado Español y en Andalucía, Diputaciones y Ayuntamientos, con un poder casi sobrenatural… todo el alumnado menor de 40 años no han conocido en nuestra tierra mas enseñanza que la emanada desde las ubres del PSOE, y la culpa no es más que de Franco (culpable por supuesto de genocidio, muchas barbaries y mucha pobreza).

Eso no es neolenguaje, ni posverdad… eso es Formación del Espíritu Nacional (FEN) del PSOE, eso es manipulación goebelsiana a la que nos tienen acostumbrados. No es mentira, es estulticia. Cosas veremos.

Zico y Paca, mis perros, vienen cantando por la via verde de Zuheros, “hemos ganao una copa de meaos y los que han perdido se la han bebío”. Al ver mi cara de extrañeza, me preguntan “¿no te has enterao de la votación en el Parlamento de Andalucía sobre el dictamen de la Comisión de Investigación de los cursos de formación?”. Ellos siguen cantando su canción. “¿Qué se han bebío?” les pregunto. “Una copa de meaos…”. “Poco es…” concluyo lacónico. Ellos siguen cantando. Las quiero y quiero a mi Zico.

Luis Carlos Rejón

Luis Carlos Rejón

Profesor de Historia, escribe de actualidad política en las Crónicas de Zico y Paca
Luis Carlos Rejón

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