Opinión y Pensamiento

La educación y cultura de Susana Díaz

Susana Díaz

En estos días en los que toma forma la Gran Coalición auspiciada por la presidenta de la Junta de Andalucía, se tiende a pasar por alto una serie de puntos importantes que han sucedido en esta tierra en los últimos seis años y que han configurado el momento actual, que ahora comienza a hacerse explícito a las grandes mayorías. Empezaremos por 2012, las elecciones al Parlamento de Andalucía que ganó el Partido Popular y saltaremos hasta la investidura que el PSOE obtuvo en las elecciones anticipadas de 2015, que se deberían haber celebrado en 2016, y que gracias al efecto Ciudadanos, Susana Díaz pudo ser investida presidenta habiendo ganado unas elecciones, aunque no por mayoría absoluta. Este partido bisagra que ahora se desinfla, nacido de un evidente astroturfing financiado entre otros por el Banco Sabadell y cuyo objetivo era frenar todo lo posible los acontecimientos electorales que se vienen desarrollando desde las elecciones europeas de 2014, para hacerles ganar tiempo a los partidos de la Gran Coalición y a los intereses de los que estos representan, se dedica desde 2015 a concederle burbujas de oxígeno al Gobierno de la Junta de Andalucía, siendo el ejemplo más evidente hasta la fecha el asunto de la propuesta de Ley de Atención Temprana de Podemos Andalucía, ámbito en el que el PSOE se ha hinchado a recortar y en el que Juan Marín —hoy en Ciudadanos, anteriormente en Partido Andalucista y en el mesozoico en Alianza Popular— aceptó lo que los patronos le ordenaron en una reunión celebrada con nocturnidad, alevosía y a última hora en el Palacio de San Telmo.

Susana Díaz no es así por generación espontánea, es hija de una dinámica cultural de competición neoliberal a la que la política global nos ha abocado a todos los pueblos de la humanidad, donde el darwinismo social engulle cualquier otra lógica política que no sea la dominante, el profit, beneficio financiero de las compañías multinacionales. Ante el miedo a perder el monopolio de la izquierda mayoritaria andaluza, ella reacciona como se le ha educado, enrocándose y no concediendo ni una sola oportunidad a Podemos, particularmente a Teresa Rodríguez, a quien teme y le han hecho temer de forma desmesurada. Y este asunto en concreto está siendo su tumba política, y por arrastre la de todo su partido. El asunto es que el PSOE en Andalucía se ha convertido en los últimos años en una federación muy particular, cuya estructura Susana Díaz ha llegado a confundir como una prolongación de sí misma, y, por extensión, con la de la del todo el partido, ya que es la más grande de los que lo conforman, y habida cuenta del resultado de la decisión del Comité Federal —regido actualmente por una gestora en lo que ha sido una maniobra aparatosamente gatopardiana— para abstenerse en la investidura a la presidencia de Mariano Rajoy, es la federación que lidera el partido de facto. Como muchas sabemos, nuestro territorio es, además del más poblado, el que más lejos lleva la doctrina wild west o toma el dinero y corre, donde se trazan muy a menudo alianzas que a ojos de la galería resultarían hasta hace poco, más que imposibles, alianzas por el control y el trapicheo de todos los recursos públicos, en especial de los naturales y los humanos.

Sin ir más lejos, hasta el agua ya comienza a ser mayoritariamente controlada por compañías privadas—principalmente por Aqualia, equivalente a la que conspiró contra el propio río Ebro, Aquamed, ambas filiales de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC)—, que en gran variedad de municipios y comarcas, no siempre gobernadas por el Partido Popular, vende a estos emporios la propiedad de empresas públicas de agua potable y saneamiento, hasta superar el 50% de los títulos y quedar así completamente sometidas al control y la gestión privada. En muchos casos, esto se hace porque las cajas locales de los partidos hegemónicos andan escuálidas, y para seguir gobernando y manteniendo el poder, se venden incluso los recursos públicos más básicos y así invertir en campañas electorales más potentes que cada vez se hacen más accesorias e inefectivas, aunque a los partidos de cambio les sirven como canal para introducir sus ideas sobre avances en democracia y recuperación de las soberanías alimentaria, sanitaria, energética, tecnológica o laboral. En definitiva, soberanía adquisitiva.

Susana Díaz, por su educación de ama de llaves que lleva toda la vida trabajando en el aparato del partido, simplemente se deja arrastrar por la inercia de la dinámica neoliberal imperante, confundiéndose de esta forma ella y su equipo, no ya con el aparato del PSOE, sino lo que es mucho más grave, con el aparato de la propia Junta de Andalucía. En los pasillos del Parlamento, en especial en aquellos que por mágico sortilegio llevan a través de tuberías más propias del Reino en el que curra el  bigotudo fontanero de los videojuegos, hasta la Cámara de Cuentas de la Junta. Cámara en cuya composición aún no tiene presencia Podemos, ya que PP y PSOE decidieron renovarla en enero de 2015 en lo que sería un paso previo a la Gran Coalición, tal y como lo fueron la reforma de la Constitución del último año que Zapatero gobernó —para que la configuración de esa cámara que se renueva bianualmente obedeciera a los resultados de las elecciones andaluzas de 2012, en lugar de las que estaban a punto de celebrarse, algo que hicieron con el voto en contra de Izquierda Unida—. Esta Cámara de Cuentas, lugar donde verdaderamente influyen unos ‘hombres de negro’ que no han venido del Fondo Monetario Internacional, figuras opacas que tienen a sus conseguidores enchaquetados en las bancadas del Partido Popular y por supuesto también en las del PSOE, y que en muchos casos han tenido anteriormente cargos públicos en la administración. La suma gravedad de todo esto radica en que este enorme aparato de la Junta de Andalucía es a su vez la pieza más grande e importante que conforma la estructura de todo el Estado; y sin hacer mucho ruido, pues el férreo control sobre medios públicos de desinformación y la fina propaganda de las grupos de medios de la órbita AEDE, dejaría en tirillas hasta a la Telemadrid de Esperanza Aguirre o el Canal 9 de Francisco Camps. A muchos sorprenderá leer que Andalucía es el territorio del Estado donde más se esquilma dinero y recursos públicos, tanto en formas legales como ilegales, superando de lejos los casos expuestos anteriormente.

Lo que es aún más horrible de toda esta situación es que, en la fiesta que llevan disfrutando los hijos hipócritas de los ya cuestionables padres fundadores de nuestra primera y largamente esperada concreción política andaluza hace treinta y ocho años —el PSOE comenzó a gobernar la Junta preautonómica en 1978, cuatro años antes de que se hicieran las primeras elecciones autonómicas andaluzas en 1982 y dos antes del referéndum del 28F de 1980— y que llevamos pagándoles los últimos treinta y cuatro, encontramos que la identidad política de esas tuberías, que para ellos son de ensueño y para nosotras de pesadilla, se confunden hoy en día el autoritarismo corporativo más franquista, la sumisión más descarada a los nuevos y viejos poderes económicos y patrimoniales —financieros, multinacionales y latifundistas— y el desprecio más absoluto a las grandes mayorías de nuestra tierra. A nosotras, pueblo, a efectos prácticos y materiales, estos festivos verdugos, esbirros de las oligarquías, nos tienen desde hace al menos veinticinco años completamente arrinconadas.

Como es sabido, cuando el cuerpo físico del dictador pasara a estirar la pata, la cultura del cacique no desaparecería, al contrario, el estilo de su herencia se seguirá sintiendo hasta hoy, sumado a la presencia de las corporaciones privadas, domésticas y globales, haciendo sufrir a todo el cuerpo social andaluz como no lo hacía desde la segunda crisis del petróleo, llevándonos a un 43,2% de la población en riesgo de exclusión social (3.620.684 personas), un 12,8% en pobreza extrema (1.075.000 personas) y un 8% que padece Carencia Material Severa (671.923 personas), en datos que publica la EAPN-A. Y no sólo en Andalucía, también más allá. Desde los callejones del barrio de la Macarena, que en su Basílica aún continúa enterrado Queipo de Llano, hasta en los andares y maneras de un Felipe VI que ya comienza a demostrar su verdadero rol fundamental como comisionista del Reino. Posicionándose en Colombia del lado de los que hace sólo unas semanas hicieron campaña contra los acuerdos de paz con las FARC firmados en La Habana, que tristemente no pudieron ser refrendados por sufragio a causa de elementos políticos y comunicativos similares a los que aquí nos referimos y sufrimos, y cuya cara visible es Álvaro Uribe. En este caso, la Familia Real, con o sin éxito, se llevará la comisión de Gas Natural, en una disputa que la multinacional de la energía fósil mantiene estos días con el Gobierno de la nación colombiana. Otro capítulo más de estos tiempos neocoloniales que parecen llevarnos irremisible y aceleradamente hacia un abismo que por días se hace más sombrío.

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Este artículo va dedicado al único Franco al que he escuchado en mi vida, Franco Battiato, cuya música, voz y poesía me acompañaron mientras desarrollé su estructura básica.

Versión de La Cultural Solynieve del mismo tema, Personalidad Empírica —ahora Grupo de Expertos Solynieve—, grandes artistas de Granada que nos acercaron este tema en la cara B de su primer sencillo, Se ve que hay calidad, hace ya nada menos que diez años.

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