La Sandunguería

Mi dolor de cabeza

Mi dolor de cabeza es el propio espacio deslizándose sien abajo. Va a goteo, empieza en la coronilla y baja, a las tres o cuatro horas noto perfectamente que detrás de mi oreja hay algo, entonces, me cuesta ver por el ojo derecho, viene por el extremo de mi quijada y las muelas se vuelven apáticas, si me coge comiendo es como si comiera una pasta insípida. Finalmente, cuanto a mi cabeza se refiere, cae por la carótida, como si fuera deslizándose ladera abajo, para acabar en el valle que forma mi clavícula con mi trapecio.

            Una vez en ese valle el dolor ya no es de cabeza. Ahora ya es dolor genérico que se ha perdido cual fantasma entre los muros de un castillo. Para cuando el embalse de la clavícula está lleno, ya no veo por el ojo derecho. Sí veo, es una forma de hablar, quiero decir que es borroso, que necesito unas gafas aparte de las que ya llevo para que esa catarata que se me forma se seque y vuelva a ver con normalidad. No centro la vista, creo que mi mirada se distrae hacia mi nariz, y noto a través de los ojos que huele mal, que estoy seco. Tampoco oigo demasiado.

            Las primeras gotas caen pecho abajo, hacen un río de nerviosismo trágico, como de premonición de un disparo. Me doy cuenta bastante más tarde, no las siento caer porque de alguna forma me concentro en el embalse mohoso de la clavícula, que parece una alberca donde se caen las ovejas que intentan beber agua. Más tarde me doy cuenta de que la alberca se va vaciando gota a gota, cuando han pasado horas porque, acabado el refugio anterior, las gotas se han ido metiendo por el ombligo hacia el estómago y han tomado la forma de unos aguijones pequeños, como las estrellas que se ven desde las azoteas, y van cayendo a una sobre la pared del lado derecho. El lado derecho, no sé por qué, siempre es el más doloroso. Me pasa igual con los pulmones, con el brazo, con la aleta de la nariz, con la pelvis… Siempre es el lado derecho.

            Para cuando llega a los pies ya estoy acostumbrado. Quizás estoy confuso, pero a esas alturas no sé es mi planta del pie que se agrieta o es el suelo que pincha. Suele ser por la noche. Siento que la sangre va llegando a los dedos como un ejército derrotado y me duermo en la postura en la que fallecen los poseídos.

            Qué dolor de cabeza, si ustedes me comprendieran…

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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