La Sandunguería

Todo es politización, desde la cultura hasta el fútbol

¿Se imaginan que alguien tuviera la feliz idea de decir: “hay que despolitizar la cultura”? Sería absurdo. De momento Miguel Hernández no tendría cabida alguna en cuanto que habla de “niños yunteros” o “nanas de la cebolla”, es decir, de clase; Alberti y su “guerra a la guerra por la guerra” también pasarían a mejor vida, dado que el pacifismo es también una ideología. Al otro lado, a la derecha, están Vargas Llosa o Luis Alberto de Cuenca, que le leía a su adorada Esperanza Aguirre “political incorrectness”, poema que certifica que soy una persona muy abierta de mente, pues tras haberlo leído y releído, no sólo puedo decir que no me molesta, sino que, además, lo encuentro derechosamente encantador.

            Lo que sucede es que a veces la politización es, como diría el anteriormente citado Luis Alberto de Cuenca, incorrecta. Uno puede ser pacifista, puede mojarse en el ambientalismo o declararse un activista que saque a gente de la droga, todo ello lo aplaudo, es bueno militar en cosas, mojarse, hacer -en el sentido helénico de la palabra- lo que uno cree, y por supuesto creo en el pacifismo, en el ambientalismo y en los programas contra la drogadicción, son causas dignísimas y hermosas. El asunto que nos trae aquí es que si uno es pacifista y canta “imagine” o recita un poema de Gloria Fuertes, no importa que haya politización, el problema acontece cuando la politización molesta a un poder establecido y ante el poder del hombre blanco Berta Cáceres lucha por los indígenas, por ejemplo.

            Todo está ya politizado y es una politización hegemónica, se da por hecha sin necesidad de que nadie se pregunte por qué, como cuando una madre te obliga a hacer algo, preguntas por qué y ella responde “pues porque sí”, “la razón materna”, lo llamo yo. Ejemplo clásico de la cultura son los Goya, el cine patrio, en definitiva, manifiesto de izquierda para el público en sentido amplio. A la derecha no le molesta que se politice el cine, lo que le molesta es que se politice para el lado que no es. Si “La mala educación” de Almodóvar se hubiera llamado “la buena educación”, el Partido Popular estaría encantado de la politización almodovariana. También pasa al contrario: Según sondeos del Instituto Francés de Opinión Pública, en 1945 los europeos pensaban en un 57 % que habían ganado la gran guerra gracias a la URSS; en 2004 este porcentaje se limitó al 13 %, dándole a Estados Unidos un 58 % del mérito, en el medio: cientos de películas hollywoodienses.

            No quieren una “despolitización” sino una perpetuación del status quo. Considero respetablemente erróneo al independentismo, pero prohibir banderas nunca ha desembocado en nada más que ansias de rebelión. No serviría de nada. Del mismo modo funciona con ámbitos verdaderamente políticos, de gestión, en Italia se pretendió una “despolitización” del Gobierno entregándoselo a un tecnócrata, pero el tecnócrata tenía una ideología que aplicar, la neoliberal, ¡y vaya si la aplicó! La mirada blanca tan deseada para el fútbol estos días es un postulado posmoderno que busca un corrector de realidades, ¡como si prohibir las banderas fuera a apagar el independentismo! De un tiempo a esta parte, cuando se ha “despolitizado”, simplemente se ha pretendido que la ideología “rival” no entre a jugar el partido, y eso es lo verdaderamente denunciable.

            ¿Cual es la verdadera dificultad? Saber apreciar la cultura como cultura, más allá de su ideología. Vargas Llosa es un gran escritor, como lo fue Miguel Hernández. Y creo que Clint Eastwood es uno de esos tipos a los que el cine echará de menos, pero hizo campaña por Nixon y considero que para eso hay que estar como una cabra. Tenemos que tener y, sobre todo, tenemos que adquirir la suficiente capacidad crítica como para que nuestro entendimiento sepa, acepte y juzgue a la susodicha politización y, en cierto modo, tenemos que tener cuidado y sensibilidad, pues no es igual la politización de un programa infantil que la politización de un programa de humor. Si bien los niños y niñas tienen que aprender a convivir y mirar críticamente cosas como los Derechos Humanos, no está igual de bien que un programa enseñe las bondades de la socialdemocracia, el marxismo o del liberalismo, eso es algo que ya tendrán tiempo de ver. Sin embargo, cuando sólo una parte de la historia está siendo contada, nuestra capacidad crítica necesita que la otra sea escuchada, y es ahí donde el fútbol, que reconozco que es lo que me ha traído hasta aquí a hablar de politización de la cultura, está fallando: recuerdo a Kanouté sancionado por manifestarse tras un gol a favor de Palestina, la UEFA -entre otras- prohíbe este tipo de comportamiento de la misma forma que considera que Israel puede jugar competiciones europeas. Qué extraña tuvo que ser aquella clase de geografía, ¿no creen?

Fernan Camacho

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente. En otro orden de cosas, nato el 15 de junio de 2013, en Sevilla, y actual estudiante de Derecho y Ciencias Políticas. Nada que ver.
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