La Sandunguería

Cómo ser mediocentro

Cómo ser mediocentro

Eres mediocentro. Estás y no estás. Eres invisible ante un mundo que mira al delantero centro recibir la pelota de cara a la portería rival, ya detrás del último defensa, cortándole las uñas al linier que ha estado a punto de levantar el banderín. Le dejas solo una vez más, ya no importa que falle, que la embarque en el quinto anfiteatro, o que se vaya al vecindario una de las pocas bolas en la que los Estados Unidos no están señalados.

Y vuelves a la sombra de lo sencillo. De nuevo. Diez pasos detrás de ti está el defensa central, que te avisa, el tuyo está allí, intentando desmarcarse. Visualizas lo que está por venir, el portero va a sacar, podrías dejar recibir al 10 y que se dé la vuelta, de ese modo el contraataque sería más sencillo, tendrían al jugador central dado la vuelta, quizás en el suelo, imposibilitado para volver, a sus jugadores de banda arriba y su pivote, de hecho, descolocado, ya está acompañando la jugada. Pero, ¿y si no se la robas? el pase sería franco, la situación peligrosa. Salta de cabeza a por el balón, impide que siquiera la toque, que inicie la jugada, ya volverá a iniciarse la contra en otro momento, no estés a lo que pudiese venir. Odia al 10, míralo como a tu némesis, y salta a por ella, concéntrate en el salto y gánalo. Ya ha pasado todo un segundo desde que el balón está en el aire, golpeado por el portero rival, viene hacia ti. El 10 de ellos se protege con el cuerpo. Ahora, dale. No sobra un rodillazo. No escondas los codos, él no los va a esconder. Dale tú a la pelota si quieres seguir en el partido, mira a la banda, tu compañero va libre. Ahí va la pelota.

No te culpes por odiar al 10 por ligeras fracciones de segundo. Pelota. Salta. Gana. El balón a banda, recibe el compañero, záfate del 10 y pídela. Te llega. Mira al frente. Tienes la complicada labor de conseguir que el mundo se mueva más lento sólo porque tú lo quieras. Por eso ves que te va a llegar y sin mirar la pelota, miras quién va libre. Recibes en un toque, la das en otro y acompañas.

Si se pierde la pelota, vuelve a odiar al 10, ésta vez con más virulencia, no puede recibir y, en cualquier caso, no debe ni siquiera estar de cara a la portería. Simplemente no se da la vuelta. Si algún día fuiste un mal chico es momento de volver a serlo. Si no la pierdes, acompaña, siempre un metro por detrás de la línea del balón. Asóciate. Si algún día fuiste un buen chico es hora de volver a serlo. ¿Ya estás a treinta metros? No hay dos toques. O va a portería o a un compañero sólo. Pegarle a puerta nunca es mala opción. Regatear es de ser chabacano.

No lleves tú el 10, no seas hortera, eso es para otra clase de persona. Lo tuyo es el 5, si eres argentino, el 8 o el 6. Deja que tu 10 intente regatear, lucirse, ser pomposo, pegarle de rabona. El tuyo es otro partido. El 10, quizás, es más rápido, pero tú tienes que saber hacia dónde correr, por eso siempre llegas antes.

Lo tuyo no son los goles, ni los lujos, ni ser aclamado. Tú eres el mediocentro, lo tuyo es ser una sombra sutil y fina, tu talento está en lo sencillo, en pensar antes de la ejecución precisa y aséptica, en dar el pase y desaparecer de la vista del rival, en ser etéreo para el rival y visible para el compañero agobiado que sabe que no hay por qué estar nervioso. En ese caso, que te la den a ti. Ya, entonces, sabremos qué hacer.

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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