La Sandunguería

La vida de los caracoles

¿Sabéis esa cosa de los caracoles que tengo yo? Veréis, a los caracoles mucha gente les tiene asco, aunque aquí en Sevilla se comen. Hay a quien le dan mucho reparo y piensan que estamos locos los de aquí abajo, también hay niños que les hacen todas las salvajadas que se puedan imaginar; los pinchan, los queman, se los dan al gato, los meten en coca cola, los rebozan en chicle… Y entre tanto odio ando yo, que creo que los caracoles son seres maravillosos, de hecho creo que son los bichos a imitar.

Muchos hay que a la hora de parecerse a un animal eligen sin duda a un león africano con la boca como un aeropuerto por la cosa de sentirse los reyes de algo y dominar toda la sabana, supongo. O como un tigre, que son unos animales muy fieros y van por la selva como si fueran especuladores inmobiliarios. Los más retorcidos eligen las serpientes porque de poco hacen mucho y critican a los vecinos y van al trabajo con la cara del que cuenta chistes a la salida de los cementerios y les viene bien el cambio de piel de vez en cuando, también están los que por tirarse al Sol eligen a los lagartos. Yo quisiera ser como un caracol: No verán nunca a un caracol que se preocupe por absolutamente nada. El caracol va a su ritmo, tranquilo, a su rollo, sin meterse en la vida de nadie, el hecho de tener una casa individual les impide meterse en la vida de sus semejantes, por eso nunca van a casa de nadie a criticar la decoración: No caben.

Los caracoles van felices, si van con alguien es porque quieren estar con alguien, de hecho son una mezcla entre Hermes y Afrodita -por eso se dice que son hermafroditas, de ahí viene la palabra- no son animales que vayan rápido, que se salten semáforos, ni son de esos animales que cuando tienen prisa tocan el claxon para que acelere nadie, ni les importa esperar en los pasos de cebra, ni nada que suponga que tengan que correr.

Y lo más importante: Dejan rastro. Otros animales dejan huella, pero ya saben ustedes que las huellas al final no son nada. ¿Alguna vez han dejado una huella en la orilla del mar? Viene una ola y la huella se va donde yo les diga. Un caracol deja rastro, y es un rastro de babas, es decir, les gusta lo que hacen, disfrutan, babean porque es algo que les encanta. Los caracoles son maestros en eso de hacer camino al andar.

Por eso cuando la gente dice “ay, no sé, tengo que llegar”, “ay, no sé, voy a llegar tarde”… No, la verdad es que ese no es un deporte que yo practique. De un tiempo a esta parte voy tranquilamente, disfrutando de lo que hago, con gente que me gusta… Sin excluir tampoco, ¿Eh? Simplemente disfruto de mi camino, como los caracoles, sin nada más.

Hay que ser como los caracoles. Lo tengo clarísimo.

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
Click para comentar

secretOlivo es una revista y web de Cultura Andaluza contemporánea

Suscríbete a secretOlivo

Hemeroteca

secretOlivo.com utiliza una licencia Creative Commons. (CC BY-SA 3.0)