La Sandunguería

Bécquer hubiera sido bético

Bécquer hubiera sido bético

Bécquer tuvo que ser un tipo entendedor de la tristeza y la desilusión. Me lo imagino paseando, enamorándose hasta de las hormigas que demostraran tener algo de belleza en sí, regurgitando cada gramo de alegría que pudiera tener, aceptando que la vida es una decepción constante y el amor su principal enfermedad, gustándole ambas cosas.

Me gusta más el Bécquer de las leyendas que el poeta. El Bécquer poeta, es cierto, ha metido a más de un trovador de callejuela a escribir, ¿Quién no ha pensado decirle a alguien alguna vez aquello de “poesía eres tú”? ¡Nadie que se precie! Y así fue como muchos empezamos a pensar que aquello de escribir podía dar alguna que otra alegría, pero el Bécquer de las leyendas me parece más mágico, más inalcanzable. Se me hace difícil creerme al Bécquer poeta, reconozco que si está en todas partes es por algo y tiene el mérito de ser la primera poesía que se aprende en muchos colegios, mas no me llega, el Bécquer de las leyendas es otra cosa.

Me gusta especialmente “Rayo de luna” por ese protagonista que nace entre armas y se dedica a admirar la belleza, un hippie de la época al que seguramente llamaron vago, pero sobre todo, un hombre que busca lo imposible, la hermosura total.

Algo así es ser del Betis. Cuando uno es bético no hace más que buscar el gol de su vida, pero nos conformamos aplaudiendo cuando robamos una pelota en el centro del campo y eso pueda dar lugar a la más mínima posibilidad de gol normal. Aceptamos que lo normal es perder, pero, acostumbrados a ello, somos felices siendo lo que somos. ¡Amar! Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo, justo como aquel que una vez en el 2005 vio como el Betis ganaba una copa -afortunados aquellos que vieron la del 77-. Nosotros no hemos nacido para ganar, hemos nacido para soñar que ganamos, y si algún día ganamos, ya no será lo mismo, igual que si Bécquer -que, por otra parte, pobre mío las que tuvo que pasar- hubiera sido correspondido por alguna de sus musas o, simplemente, por alguna que le gustase, pues tampoco hubiera sido igual. Aquí una prueba:

—Yo soy ardiente, yo soy morena, 
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
                                        —No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
                                        —No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz.
Soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte.
                                      —¡Oh ven, ven tú!

Podríamos habernos hecho del Madrid o del Barça, que ganan seguro, o pasarnos al eterno rival -ni mentarlo quiero- cuando las vacas gordas le llegaron, ganar copas europeas y esas cosas, pero no, el beticismo es la afición que dice sin pensarlo: -¡Oh, ven, ven tú!, que traducido resulta manque pierda. Otros equipos necesitan ganar para subsistir, el beticismo, en cambio, concuerda con Bécquer, la belleza no está en ganar, sino en el estar jugando; como me gusta pensar -por su bien- que pensaba Bécquer: La belleza no está en encontrar el gran amor, sino en buscarlo.

Digo yo que por eso escribía las cosas que escribía, de haber sido, como dijo Machado, “un seductor Mañara o un Bradomín”, Bécquer no hubiera sido Bécquer. De ganar títulos, el Betis no sería el Betis.

Ojo, que si nos ponen por delante ganar la Champions League tampoco hay que decir que no, que una cosa es ser romántico y otra muy distinta es ser carajote. Cuidao.

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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