La Sandunguería

Artículo optimista

Artículo optimista

Debe de haber un rastro de bosquejo que se haga sandunguero por la tarde, como una herida inquieta del espejo que llora por coraje la risa del consuelo. Estaban los amantes de paseo, cuando la novia se sentó en la puerta, Cupido de repente se hizo ateo y sólo le dejaron dos manitas abiertas. Hablaron del cabrón largo y tendido, volvieron al final las golondrinas, tras dos cafés, un cine y una puerta se trenzaron las trenzas (dijeron las vecinas). Es lícito no ser cuadriculado, ser rígido pasó hace ya de moda: Recuerdo bien el caso del soldado con casco despintado y panties por pistolas: Se ha dejado bigote el tatuaje del macho que iba para legionario, descubierto en un bosque de bostezos lleno de calzoncillos con tintes rojigualdos.

Fantaseo a menudo (en plan discreto) con discursos de cántigas y tangos, que bajen las tasas de desamparo y pongan un impuesto a no decir te quiero. Pongamos urnas rosas contra el cáncer, votemos al primero que investigue qué dios tortura un pecho y a quién siguen los de la religión del “sí, señor” y el “mande”. Sugiero hacer un busto de los bustos, que reflejen precisamente un busto y ya que nos ponemos, yo propongo, Plaza Las Cremalleras y calle de Tus Muslos. No hacen falta pipas, lupas ni Watsons para ver a la peña en las aceras quejarse por un beso en verso libre y aplaudir las hazañas de bandas callejeras. Será que yo también tengo mi estrella, que esta decencia astral me tiene frito, me largo, pues, al barrio del proscrito que vive en la carrera que llevas en la pierna.

Pelayu, que es el típico asturiano; Xoeliño, que es el típico gallego, discuten en la mesa, mano a mano sobre la identidad de esta España y sus pueblos. Un catalán me puso por bandera porque de ancá mi madre me he largado. A independencia el que no corre vuela, me he puesto en la nevera un imán “estelado”.

Le escribo mensajitos con el móvil al Sol que viene aquí a echarse la siesta, hablamos de lo humano y lo divino pues él sabe de todo lo que hay sobre la Tierra. Tiene en la risa otra risa cualquiera, la suelta por el aire así, en dos tiempos, la agita con algo de disimulo para estar bien seguro que se la lleve el viento. Me invita al litro y compra los paquetes de papas y ganchitos que hagan falta, lleva siempre cigarros de juguete porque fumando alivia al cáncer que no hiere. Me explica que la muerte es el destino y todo lo de en medio es una treta que iguala en una vida de madera cementerio con huertas, lo muerto con lo vivo. La vida, sin embargo, es el camino que nadie se ha explicado todavía ¡Tanto pensar en muertes y en destinos se han llevado los libros y han dejado una imprenta! ¡Disfruten de la vida y amen tanto que les duela pensar que esto se acabe! Si viene a rescatarte ese de negro le dices con el dedo que aún te queda viaje.

Me levantó optimista una abogada (la boca más bonita del bufete) tiene un jardín debajo de la cama donde cultiva estampas de barcos en sus muelles. No maneja afición por los zapatos, ni tiene en casa muebles de diseño, no pide que la lleve siempre en brazos, ni lámparas de mármol, ni una playa de ensueño. Me gusta esa cabeza feminista que es capaz de luchar por sus derechos, hace que este poeta sea optimista, que tal como está el tema, da para aplauso, al menos.

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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