La Sandunguería

Llamamiento a la locura

Carta al participante de SICE: Llamamiento a la locura

(SICE es la simulación del Congreso de los Diputados que he tenido el honor de co-coordinar)

En una fábula que escribió un poeta arcaico de la antigua Grecia, no me pidan recordar el nombre, un águila le dice a un gorrión algo así como: “no te molestes en luchar contra mí, si quiero comerte, te comeré; y si no, no. Estás a mi voluntad, luchar contra mí es una locura.”

Sucede que los hombres y mujeres entre sí somos gentes muy parecidas, a lo cual se suma que no es que usemos nuestras inteligencias todo lo bien que pudiéramos usarlas. No somos águilas y gorriones; somos seres humanos del mundo. Dicho mundo nos enseña desde la infancia que hay una forma de pensar establecida (no entremos en cual, ni si es de derechas o de izquierdas, simplemente es) y a todo aquel que piensa distinto se le tacha de loco, de gorrión.

A mí me dicen loco todos los días, si no por una cosa por otra. Al principio, cuando me lo decían por elucubrar planes “para cambiar el mundo”, me molestaba. Ya no. Entendí que los autoproclamados cuerdos no me llamaban loco, el significante del significado que ellos profieren en mi diccionario es “soñador”, y eso es obvio que lo soy, me resulta incluso un halago. Y no es molesto por el simple hecho de que los cuerdos no han hecho nunca nada bien. Estaban cuerdos los que decían que la Tierra era plana, que el Sol giraba a nuestro alrededor; estaba cuerdo el que dijo que no podía ser que una persona tuviera los mismos derechos que un noble, estaban cuerdos los que admitían que una mujer era, de facto, un ser inferior al hombre.

“Mira, vamos a estar sin comer hasta que los británicos que vayan de la India”, “tenemos que acabar con el apparheit y me da igual entrar en la cárcel”, “los indígenas latinoamericanos han de tener dignidad” han sido frases de personas a las que se les llamó locos y locas. Gandhi estaba como una chota, Mandela como para atarle y Menchú para encerrarla en un manicomio.

Amigos y amigas, sé que ustedes también lo están. Y en mi habitual soledad soñadora, como dijo Pablo Milanés, estos días “mi soledad se siente acompañada”. No se repriman, no se juzguen, no se vengan abajo ni se amilanen ante palabras tan vacías de una panda de cuerdos cuya máxima visión es, simplemente, habitar este mundo sin mayor esperanza. Nos llamen locos o no, las mujeres siguen cobrando menos, África se sigue muriendo de hambre y el Mediterráneo es, estos días, el mayor cementerio del mundo. Todas las causas las pelearon los locos. Todos los avances los consiguieron una panda de majaras (a las majaras, directamente, no las dejaban). No se avergüencen de su locura. Piensen en SICE, no están solos ni solas. No son locos, ni locas; son soñadores y soñadoras. Así que sueñen para que cuando se despierten, la vigilia les sorprenda en una lucha por cambiar el mundo.

(Este iba a ser una carta al director sobre cómo es trabajar con este COSICE y con vosotros y vosotras, lo siento, no he tenido huevos. Hablar de una revolución basada en el amor al prójimo me es más fácil que hablar de amor… Amor por las amistades que SICE me ha regalado. De todo corazón: Gracias.)

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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