Las crónicas de Zico y Paca

Allons enfants de la patrie..

La Marsellesa, escultura de FRançois Rude

La Marsellesa, escultura de François Rude

Allons enfants de la patrie… o contra la banalidad del torpe y miope enrocamiento, en una visión estrecha de la lucha de clases. A finales de 1847, Federico Engels y Carlos Marx, terminaron El Manifiesto Comunista, y en él, “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada y unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna”.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y además, en casi todas estas clases encontramos, a su vez, gradaciones especiales”.

El 8 de marzo de 1852, escribe una carta a Joseph Weydemeyer, “Por lo que a mí se refiere, no me cabe el merito de haber descubierto la existencia de clases sociales en la sociedad moderna ni la lucha que ellas mantienen… Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases solo va unida a determinadas fases históricas del desarrollo de la producción…”. Evidentemente. La Inglaterra del siglo XIX (“La situación de la clase obrera en Inglaterra”. F. Engels. 1945), no es la España o la Andalucía del siglo XXI, de la misma manera que las guerras napoleónicas no son iguales a las guerras de Irak, por poner unos ejemplos.

Por aquellos años de mediados del XIX, Engels y Marx escribieron en El Manifiesto, que “toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado”. ¿En la actualidad, seriamos tan anquilosados como para defender esta afirmación, después de la pasada por una tremenda y moribunda globalización y sus consecuencias revolucionarias en distintos frentes? ¿Después del resurgimiento de los bloques y de la reactivación de una serie de guerras nacionalistas-religiosas, causa y consecuencia de ese adelantado y no previsto fin de la globalización, podemos seguir planteando la lucha de clases centrada, directa y casi exclusiva entre burguesía y proletariado? ¿De qué burguesía hablamos? ¿A qué proletariado invocamos? Solía repetir, que la lucha de clases existe, lo que pasa es que la llevamos perdiendo más de doscientos años. Si la circunscribimos, a estos dos supuestos contendientes, apuntémonos a la cola historica de los derrotados, de los perdedores, por los siglos de los siglos, amén.

Cojamos, como ejemplo, un Estado de la UE, o una comunidad cercana que nos sirva de referencia. Nuestra Andalucía. Hagamos una simple división, de la población actual entre la ocupada. Hagamos de esta un popurrí…, aceptemos (que es muchísimo decir), que todos son proletarios. Multipliquemos por la media de horas semanales de trabajo. Y finalmente dividamos por la población total, y legaremos al dato de que cada andaluz o andaluza trabaja una media de 5,5 horas a la semana. (Sé que es una operación burda, pero con otra mejor elaborada, llegaríamos a similar conclusión o resultado).

Si a decir de los clásicos, la clase es “un grupo de personas, que están en el mismo o idéntico lugar en unas relaciones de producción social dada”, mal se podría afirmar la condición de clase, con una presencia tan corta, que te determina tu clase y tu conciencia (en sí y para sí) en dicha clase. No da tiempo a concienciarte y a concienciar al resto de clase. Debemos aprender de la historia, de aquello de “la liberación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”, incluso de las estrategias y tácticas militares de Napoleón Bonaparte.

Si verdaderamente queremos sumar, acudamos a la referencia general de El Manifiesto, “opresores y oprimidos se enfrentaron siempre”. No es una huida hacia adelante, es un proceso de suma hacia una necesaria victoria. Opresores y oprimidos. Lo anteriormente manifestado clásicamente es una derrota. En este momento político, económico, social, cultural, militar… ¿Quiénes son los opresores? Bajo distintos organismos, siglas, clubes… ya los conocemos. ¿Quiénes somos los oprimidos? Las ciudadanas y ciudadanos, la ciudadanía… No el pueblo, con ese sonido rural a masas, sino los ciudadanos. Esos que trabajan (en esa cantidad estadísticamente mínima), que perciben un salario directo (cuando lo perciben), que demandan del Estado una salario indirecto (servicios públicos en general), y un salario diferido (pensiones, leyes de dependencia, seguro de paro…), que son parte del colectivo consumidor de productos y de información, que son parte consciente de una democracia secuestrada, donde las decisiones son tomadas por los poderes económicos (generalmente allende las fronteras), de una democracia corrupta, donde el secreto se mantiene sobre los asuntos públicos y la publicidad sobre los privados…. Una lucha de clases, donde los contendientes son los opresores y los oprimidos…, ciudadanos oprimidos, herederos de aquellos que en el Jeu de Paume (Paris 1789) declarararon, “Que todos los hombres nacen y permanecen iguales en derechos…” o “Que la fuente de toda soberanía reside esencialmente en la Nación…”.

A los opresores les llamamos plutócratas, casta, casta más o menos casposa, asquerosos capitalistas en la sombra… lo que queramos, pero lo importante es saber quiénes son y cuáles son sus políticas económicas y su economía política. Lo demás suele venir por añadidura. Sin la categoria de los viejos Marx y Engels, tengamos claro aquello de ¡¡Ciudadanos y ciudadanas de todos los países, uníos!! Hay todo un mundo por ganar, por cambiarlo y además dicen que es posible.

Zíco y Paca, mis perros, ya se saben de memoria La Marsellesa. Se han vestido de “La libertad guiando al pueblo”. Paca lleva sus tetas al aire, mientras blande una bandera roja en la derecha y un mosquete con bayoneta en la izquierda. Se cubre con gorro frigio. A su lado Zico, lleva unos pistolones en cada mano y una gorra. Mira a Paca y lleva una cartuchera en bandolera… entonan, “Allons enfants de la patrie…”

Luis Carlos Rejón

Luis Carlos Rejón

Profesor de Historia, escribe de actualidad política en las Crónicas de Zico y Paca
Luis Carlos Rejón

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