Opinión y Pensamiento

Romeo, Julieta y el crecimiento económico

Romeo y Julieta

Siento en el alma el spoiler que voy a hacer de Romeo y Julieta, pero creo que es algo de vox populi, al final, ambos mueren. De todas formas, como alegato, quisiera poder decir que el nombre original es “La tragedia de Romeo y Julieta”, no quisiera yo pasarme de listo, pero Shakespeare, desde el primer momento da una pista bastante grande.

El acto quinto, escena primera, Romeo va a comprar el veneno que lo matará a posteriori, lo cual está prohibido por las leyes, tanto morales como jurídicas. El boticario, un hombre bastante pobre, no quiere vendérselo. “My poverty, but not my will, consents /Mi pobreza consiente, pero no mi voluntad” a lo que Romeo, que forma parte de la nobleza, responde: I pay thy poverty, and not thy will./No es tu voluntad la que pago, sino tu pobreza”.

Volvamos al 2014, Rajoy dice que nos recuperamos. Es mentira, y esta vez la pueden ver por ustedes mismos. ¿Cómo es que si hay más trabajo, hay más pobres? Según el INE, uno de cada cinco españoles vive por debajo del umbral de la pobreza. ¿Esto cómo se explica? No es tan complicado.

Han aumentado los trabajos a tiempo parcial, por lo tanto, si una persona trabaja veinte horas semanales, aunque tenga un trabajo, no pasa de los mil euros al mes, y eso con mucha suerte. El Gobierno no concibe que el trabajo sólo dignifica si la voluntad del trabajador pesa más que su pobreza. No es que no se quiera trabajar, lo que pasa es que han denigrado tantísimo las condiciones que lo que antes no se consideraba un trabajo digno ahora es, simplemente, trabajo, y se acepta sin pensar en el maltrato que supone. Más que creación de empleo, se está fomentando la mendicidad de los empleados, cada vez más dispuestos a vender veneno si hace falta, como hizo el mendigo. En este punto de la triste economía española, el empleador no está comprando voluntad, sino pobreza, haciendo que la dignidad del trabajador caiga.

Vayan por cualquier calle de un barrio normal, al menos en Sevilla, verán que todo lo que no sea un bar ha cerrado. No quedan estudios fotográficos, pero sí fotomatones, las zapaterías han desaparecido, ahora sólo quedan locales en el centro, donde el poder adquisitivo es mayor. Cualquier tipo de comercio fuera de franquicias o grandes almacenes está vetado porque el ciudadano medio no puede competir ni tampoco emprender algo con lo que pueda vivir bien, pues la financiación de los bancos es nula a pesar de haberles rescatado. ¡Y eso que aquello de emprender era una de las banderas del PP antes de gobernar! ¿Quién va a emprender, sino quién puede arriesgarse a perder una ínfima parte de su fortuna? El resto podemos emprender, pero tardaremos en ganar un sueldo digno tanto tiempo que deberíamos tener un trabajo aparte, con lo que no podemos dedicarnos a nuestro negocio plenamente, convirtiéndose esto en una merluza que se muerde la cola, mientras la clase alta sí puede emprender “libremente”, el resto no empieza en las mismas condiciones.

Por sectores, sólo crece el sector servicios, que se está llenando de gente sobre-cualificada, es decir, gente que no ha estudiado para trabajar en la hostelería sino es de gerente. Por lo tanto, el Estado está perdiendo dinero, ya que el fondo invertido en los estudios de esas personas no se está empleando para crear buenos abogados o ingenieros, el porcentaje de jóvenes que han encontrado trabajo “de lo suyo” está muy relacionado con el porcentaje de gente que ha emigrado a otros países para trabajar.

El crecimiento económico no existe, la voluntad del trabajador tampoco, está acomplejada por la desesperación de su propia pobreza, sólo ha crecido económicamente el que ya tenía un buen salario. Y no molesta tanto que nuestros políticos sean malos gestores, sino que pasen por alto que algunos hemos leído a Shakespeare, estudiamos una carrera y servimos unas copas que da gusto verlas.

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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