Ficción

Gandalf cuenta la verdad

Gandalf rememora sus aventuras en El Señor de los Anillos durante esta entrevista.

Gandalf cuenta la verdad: «Estaba al alba del tercer día, pero como habíamos quedado, acampé«

Es de todos conocida la historia del Señor de los Anillos, sin embargo, a pesar de que las innumerables páginas en las que está escrito parecían no dar lugar a dudas, siempre hubo un halo de misterio que nunca pudimos descifrar… Hasta ahora. Gandalf el Blanco ha querido concedernos una entrevista en  exclusiva sobre cómo fue desde dentro la historia relatada por Tolkien.

La imaginación de Tolkien es una casa-putas, a ver si me entiendes, que yo soy de allí y le tengo aprecio a mi tierra, pero que no se puede estar, hombre, que no se puede estar. Y lo del quinto día, ahora que usted me lo mienta, pues en la película quedó muy bonito, pero vamos, que la verdad es que yo estaba allí ya al alba del tercer día, pero como habíamos quedado, acampé; sin móvil ni historias de estas modernas pues para qué iba yo a meterme en jaleos. Así que nada, acampé, hice mis cosas, que no te creas tú que lo del anillo no le pone a uno el lumbago como el árbol de Minas Tirith”. Le preguntamos qué hizo durante los dos días restantes, a lo que nos respondió: “Pues nada, sobre todo dormir, Sombra Gris tampoco estaba para cazar dragones, me fumé mis pipas, me cociné unas papas guisás que cogí por allí, fui a la Venta Pacoli, que me cogía cerca y como para esa época estuve yendo y viniendo mucho, pues ya nos conocíamos el dueño y yo y habíamos hecho hasta amistad. El tipo me preguntaba: “Y lo del anillo, ¿qué?” Y yo le decía: “Mira, Pacoli, estoy del anillo, de los enanos de Dios, de los hombres de las narices, de los elfos de San Quintín y de que Frodo no quiera ir en el AVE hasta donde te diga”. Y nada, poco más”.

Y no todo fue cariño entre el personaje y el autor, el propio Gandalf reconoce: “Pero vamos a ver, vosotros habéis visto que a mí, cuando me sale de las narices, me da lo mismo ocho que ochenta, cojo una mariposa, la convierto en un águila como la pluma de Légolas de grande y me doy un garbeo. Pues nada, el jodío Tolkien de las narices que no quería que yo le dejara un bicho de estos a Frodo y al gordo, “que es que, si no, acabo la historia en veinte páginas”. ¡Joder! ¡Pues veinte páginas preciosas! ¡Pa qué más! ¡Pa qué más, JRR! Y luego Frodo (imitando un tono miedica): “No, es que a mí el AVE me da miedo… No, es que a mí el avión no me da confianza…” Me cago en copín, copón y copete… La que nos hubiéramos ahorrado, madre del señor bendito y glorioso que resucitado se halle”.

En cuanto a sus compañeros de novela, Gandalf opina: “A ver, yo te explico, lo de Légolas es puro vicio. Yo me acuerdo cuando estábamos camino de las Minas aquellas de los enanos que cada vez que dormíamos era un querer y no poder… Porque claro, no te creas tú que Légolas te va a preguntar si quieres o no, qué va, tú te duermes, y cuando te duermes, ¡zasca! Porque otra cosa no, pero sigiloso… Y si cuando te levantas se te han curado las almorranas, pues es que el jodío elfo te ha dejado el mollate como un bostezo. Y a mí me parece bien, eh, a mí me parece bien. Yo lo respeto. Pero, hombre, un poco de educación… Un preguntar, un qué tal, un buenos días…” Y cuando le preguntamos sobre Aragorn: “¡Uy, Aragorn! ¡Uy, Aragorn! Le tenías tú que ver por Rivendell… Mira, cuando tuvo la conversación aquella con ese tan feo de Mordor que tenía la boca como una fábrica de bolis Bic, le dijo: “Mira, tío tonto, yo tengo billetes pa invitarte a ti, a tu hermano el cojo y a los diez mil que seáis, que para eso soy el Rey de Góndor, que se dice pronto, y además me han hecho una espada como para cortar un alcornoque siberiano con el mango de la misma, así que déjate de tonterías que como te arree te va a faltar Tierra Media para correr”. Y luego pasó lo que pasó porque se puso chulo también el otro y para qué queremos más. Y nada, ahora está bien, con su Arwen que no hay quién le saque de allí, para todo lo pimpollo que era, ahora es un calzonazos de aquí te espero y no se toma ni un hidro-miel con los amigos. Tienen un churumbel que es más pesado que un Uruk hai en una alfarería, pero mu guapo el jodío. Unos ojos que ha sacado de la madre… Mu guapo, mu guapo”.

También tuvo unas palabras de cariño sobre los caídos, como Boromir, del que dijo: “A ver si me entiendes, a Boromir le pudo el ansia, estaba el hombre con lo suyo, porque no te creas tú que Boromir no tenía sus historias, mucho hijo de Senescal, mucho Capitán de la Torre Blanca, pero luego… bien que le gustaba una gotica, pero bien, eh. Y nada, se le fue la mano y Frodo, que no es por mal meter pero es que cualquier cosa y ya se ponía “ay que me matan… ay que me pegan… ay que esto… ay que lo otro… ay que no me sale el pis…”, pues… Y lo malo es que yo tenía que decir que encima Frodo era un valiente, vamos no me jodas, pero vamos, que Boromir era buen chaval. Con sus cosas, pues como todo el mundo”. Incluso habló de su examigo Saruman haciendo uso de una de sus películas favoritas, La Guerra de las Galaxias: “Bueno… Al que me has nombrado, madre del amor hermoso y la buenaventura. ¡Al que me has nombrado! Yo ya lo sabía… Si se veía venir que a este el lado oscuro le gustaba… Porque no sé si lo sabes, pero la diferencia entre el lado oscuro de La Guerra de las Galaxias (que vaya peliculón, madre mía, las tres, eh, me gustan las tres cada una más que la anterior) y el nuestro es que en este nada más llegar te ponen un chuletón por delante y te dan un bono descuento en túnicas del Zara. Claro, ¿qué es lo que pasa? Que llevas sin comer en condiciones lo mismo semanas, con la ropa sucia y claro, “¡Gandalf, vente pa’l lado oscuro que tenemos chuletones y de postre arroz con leche!” Con lo que me gusta a mí el arroz con leche, con su canelita echada por encima, madre mía del poder soberano…” Del que no habló nada bien fue de Frodo: “Mira, Frodo es como la gata Flora, que cuando se la meten chilla y cuando se la sacan llora. Que le dices que un poco más rápido, pues él te dice: “No… Es que me duelen los pies”. Que le dices que un poco más lento porque tal o porque cual, pues él te dice: “No… Es que mira que si no llegamos a tiempo y nos cierran el McDonald’s y no nos podemos comer una hamburguesa de a euro…” Pero, ¿qué hamburguesa de a euro, Frodo? ¿Qué McDonald’s, Frodo? ¿No ves que llevamos diez años de camino y nada más que hemos visto El Pony Pisador y eso fue al principio de la novela, Frodo? ¿Qué hamburguesa de un euro, Frodo? Qué te la vas a pedir, ¿con pan de lembas, Frodo? ¿Con pan de lembas? ¿Eh? Ay… madre mía… Te quitaba yo las tonterías a gorrazos más rápido…

Sin duda alguna, las palabras del Mago Blanco, que vive retirado en Baterno, Badajoz, sorprenderán a propios y ajenos, hasta entonces, seguiremos intentando saber la verdad de qué pasó realmente durante la última guerra (que se sepa) de la Tierra Media.

Fernan Camacho
Últimas entradas de Fernan Camacho (ver todo)
1 Comentario

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

secretOlivo es una revista y web de Cultura Andaluza contemporánea. La minoría que piensa y siente.

Suscríbete a secretOlivo

Hemeroteca

secretOlivo.com utiliza una licencia Creative Commons. (CC BY-SA 3.0)