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Qué curioso esto de la fiesta del cine

Ocho apellidos vascos, una de las películas más taquilleras, y aun más gracias a la fiesta del cine

Ocho apellidos vascos, una de las películas más taquilleras, y aun más gracias a la fiesta del cine

¿Quién no se acuerda de aquella frase sobre la calidad del cine de Cristóbal Montoro? Teniendo en cuenta que todas sus premoniciones económicas han fallado, no era raro que en esto también se equivocara. Del 31 de marzo al 2 de abril hemos disfrutado de las salas de cine a 2,90 euros. Un precio razonable. Y, fíjense qué cosas, en los cines de Nervión Plaza (Sevilla) se reservaron tres salas para Ocho apellidos vascos (de Emilio Martínez-Lázaro); no había entradas para ninguna. Digamos que esa película es de las llamadas comerciales: quedaban pocas entradas para Philomena (de Stephen Frears, merecidamente nominada a Oscar a Mejor Película), una película totalmente fuera del convencionalismo americano que tantas veces se traslada a Europa para buscar vender entradas. Qué casualidad…

¡Y qué maravilla! Una pareja puesta en la taquilla delante de mí no sabía qué películas daban. “Qué bien venir al cine como antes, a lo que echen”, decía un componente de la misma. Otro amigo colgó sus entradas en Facebook con un alto y claro “apoyo al cine español”, había visto Kamikaze (de Álex Pina). “No me ha gustado demasiado, pero bueno, tampoco me ha dolido”, decía.

Y hay buenas películas en cartel. Véase: Dallas Buyers Club  (de Jean-Marc Vallée), con un inmenso Matthew McConaughey, que ha sido capaz de arrebatarle el Oscar a Mejor Actor a Leonardo DiCaprio, por el que muchos apostábamos, y un merecidísimo Jared Leto, ambos alcanzando su madurez artística. Philomena, vuelta al gran cine europeo, con una Judi Dench que es la abuela de todos, apoteósica, no sin merecimiento estuvo nominada a Mejor Actriz, que con un grandísimo guión adaptado por Steve Coogan (que además hace un buen papel secundario) y Jeff Pope han creado una cinta verdaderamente hermosa. Por cierto, se aconseja ver todas en versión original, pero Philomena más: se reproducen tres acentos distintos; el inglés, propiamente, el irlandés, tan simpático, y el estadounidense, tan así; una delicia para los que disfrutan de los detalles. Siguiendo la estela americana, 12 años de esclavitud (de Steve McQueen), que tiene la garantía de que la Academia de Hollywood dice que es la mejor de este año, poco más se puede añadir al respecto.

Combinemos estas tres películas para sacar el valor humano del cine, aparte de poder ver arte a un precio asequible. En una (Dallas Buyers Club) se aprende qué y cómo sucede aquello del sida, así de duro, y se llega a ese aislamiento que una persona que sufre de esta enfermedad puede llegar a tener. Philomena es un film para que ese cultureta que habla más de lo que sabe y se le caen los anillos por juntarse con gente que no ha tenido sus posibilidades se baje de ese enfangado carro. Y por último, 12 años de esclavitud nos recuerda que hace menos de lo que nos pensamos la población negra era objeto de mercancía en Estados Unidos. De hecho, empezaron a tener derechos civiles allá por los 60. También hay una película muy reciente al respecto: El mayordomo (de Lee Daniels). Y luego estamos nosotros riéndonos de nosotros mismos en Ocho apellidos vascos, y se lo cuenta a ustedes un andalú, es más, un sevillano que próximamente se va a pegar la Feria metido en su caseta.

Y es que cuando no hay fiesta del cine uno se siente estafado hasta cuando ve un peliculón. No digamos ya cuando no se puede ver en versión original. Hemos visto ocho euros por entrada y, consecuentemente, las salas vacías. ¿No da eso pistas?

Imagínense que un día la conversación de “pues he visto Caníbal, la última de Antonio de la Torre, buenísima. ¡Qué fotografía de Granada” no sea respondida con un “a mí es que el cine español no me gusta”. ¿Cómo le va a gustar a nadie, si nadie puede verlo? ¡Es difícil hasta encontrarlo pirateado! Si hubiera más fiestas del cine, pasaríamos de esa conversación anterior a esta:

—¿Tú qué prefieres, el cine español o el americano?

—¿Yo? El bueno. Y punto.

Fernan Camacho

Soy un tipo normal que un día juntó dos palabras y alguien, no recuerdo quién, me dijo que el puzzle no estaba mal. Después descubrí que las noches que no escribo suelo nacer muerto al día siguiente.
Fernan Camacho
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