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Concertinas en Melilla

Concertinas en Melilla

¡Qué cosas tan terribles estamos consintiendo!

La Europa democrática, la Europa de los derechos humanos —descritos en el año 2000 en una de las Cartas más precisas y preciosas—, la Europa desarrollada y próspera… mirando hacia otro lado. La Europa que hace pocos años era ejemplo de cooperación, de solidaridad, de ayuda… es ahora reticente, llegando incluso a la xenofobia. La Europa de los mercados ha olvidado los “principios democráticos” que tan lúcidamente se escribieron en la Constitución de la Unesco al final de la Segunda Gran Guerra.

La Europa de los paraísos fiscales, del cortoplacismo, de la deslocalización productiva, de la codicia de los más prósperos… y, a su lado, sumisos, países que hace bien pocos años parecía que habían comprendido que era indispensable la refundación de un sistema multilateral democrático… pero que, bajo la inmensa presión de las grandes potencias neoliberales, al fin se hincaron.

A España, que tanta inmigración provocó en tiempos de la burbuja inmobiliaria (sin regularizar por quienes la consideraban únicamente “mano de obra”), ¡sólo se le ocurre ahora poner más objetos cortantes en las vallas! Y pedir 45 millones de Euros a Europa para elevarlas y hacerlas más hirientes e inaccesibles con las concertinas.

Esta no es la solución. La solución es el desarrollo. Un gran plan de desarrollo. Recuerdo aquellos años en que el programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, con las palabras “com-partir” y “co-operar”, pretendía que el mundo pudiese lograr progresivamente una convivencia pacífica centrada en la igual dignidad de todos los seres humanos.

El Banco Mundial tiene un apellido: “para la cooperación y el desarrollo”. Pero todo cambió, y la cooperación se sustituyó por la explotación, y la democracia por la plutocracia, los valores éticos por los bursátiles, y la economía de desarrollo global sostenible y humano por una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra (no me canso de repetir que cada día se invierten más de 3.000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niños y niñas de uno a cinco años).

Miren a los ojos de quienes consiguen saltar la entrada a Europa por Ceuta y Melilla. O los que intentan entrar por Lampedusa… No son personas que han elegido, tal como está el patio, darse un garbeo por Europa. Si intentan acceder a la UE, es porque se están muriendo de hambre, porque viven en la pobreza extrema, porque sobreviven en condiciones inhumanas. 

Señor ministro: no pida 45 millones para cerrar todavía más las entradas. España y los países más prósperos de Europa deben dar una ayuda al desarrollo a la altura de “todos los seres humanos iguales en dignidad”, para que no se vean forzados a tener que abandonar su país. ¡Ah, y no digan “es que no hay dinero”! Esto ya se dijo, por parte de los más ricos de la Tierra, en el año 2000, cuando las Naciones Unidas propusieron los Objetivos del Milenio. “No hay dinero”. No había dinero para el sida (unos 8.000 millones de dólares al año, que es lo que se gasta en dos o tres días en armamento). No había dinero para un gran plan de alimentación mundial (de 40.000 a 60.000 millones de dólares, lo que se invierte en medio mes, como máximo, en seguridad… del 20% de la humanidad, que es la que vive en el barrio próspero de la aldea global).

Si es verdad que, como acaba de comunicar Oxfam, 85 personas tienen unos medios económicos equivalentes a los de la mitad de la humanidad (unos 3.300 millones de seres humanos)… no cabe duda de que la solución no está en pedir 45 millones, sino en fortalecer los medios de convivencia pacífica a escala mundial. Abandonen de una vez los ridículos grupos G6, G7, G8, G20… y únanse, únanse todos los Estados, especialmente los que todavía tienen algún convencimiento democrático, para ofrecer a todos los jóvenes del mundo unos horizontes menos sombríos.

También les aconsejo que lean la Carta de la Tierra, el preámbulo y el artículo 1º de la Constitución de la Unesco… en lugar de fiarse exclusivamente de los informes de instituciones económicas, y muy especialmente del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que ha eliminado de su apellido la referencia al desarrollo.

Sobre todo, cuando se han dado para la recuperación bancaria millones y millones de euros que, por haber comenzado a construir Europa por el tejado, con una unión monetaria sin una unión económica y política previas, se amplían las desigualdades en lugar de reducirlas.

La Europa xenófoba, que no pone en práctica su excelente Carta de Derechos Humanos del año 2000, no aporta subvenciones relevantes para el desarrollo, no debe tener como símbolo en España las concertinas, sino el fomento del desarrollo humano, empezando por aquellos países que viven en la más completa desesperanza.

Federico Mayor Zaragoza

Bioquímico. Poeta. Ex Director General de la UNESCO. Presidente de la Fundación Cultura de Paz y presidente de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte
Federico Mayor Zaragoza

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