Aproximaciones

Lágrimas de son, de sal, de sol…

Lágrimas de son, de sal, de sol…

Hay amores que nunca en la vida
pueden olvidarse,
imborrables momentos
que siempre guarda el corazón,
porque aquello que un día nos hizo,
temblar de alegría,
es mentira que hoy pueda olvidarse
con un nuevo amor.

No es la primera vez que hablamos de la importancia de la música del caribe en el flamenco. Han sido muchos los artistas que a lo largo de la historia han bebido las fuentes musicales del otro lado del Atlántico y viceversa, cantos de ida y vuelta con un sabor muy especial.

Fue hace una década cuando un recuperado Diego Jiménez Salazar (Madrid, 1968), sobrino de Rafael Farina y que había sido bautizado como El Cigala por el mismísimo Camarón de la Isla, en el rastro, cuando de niño canturreaba por las calles del rastro madrileño, se alineaba con Bebo Valdés (Quivicán, Cuba. 1918), desde 1960 fuera de Cuba, cuando se quedó en Estocolmo en una gira con los Havana Cuban Boys y se casó con una sueca y fue condenado al ostracismo… hasta que Fernando Trueba lo rescató en Calle 54 provocando, además, el encuentro con su hijo Chucho, también pianista y de los grandes.

La unión de estos dos curtidos músicos se consumó en el multipremiado Lágrimas Negras, uno de los discos de mayor repercusión en la historia contemporánea del flamenco. El título del disco coincide con el de una canción compuesta en los años 30 por el cubano Miguel Matamoros que permanece, indeleble, en la memoria popular cubana. Y aunque tú, me has echado en el abandono y aunque tú has matado mis ilusiones, en vez de maldecirte con justo encono en mis sueños te colmo de bendiciones.

En este disco atemporal, una obra de arte, el pianista cubano creador de la batanga y el cantaor flamenco impregnan de personalidad el son cubano, llenando de sabor y cante hondo los boleros y tangos que interpretaban. El álbum contiene nueve clásicos y cuenta con la participación de músicos de primer nivel, desde el contrabajista Javier Colina y el percusionista Piraña, que dejan su huella en casi todas las canciones, hasta el saxo de Paquito D’Rivera y la percusión de Tata Güines, Changuito y Pancho Terry o el violín del uruguayo Federico Britos…

Mención especial al brasileño Caetano Veloso, uno de los más grandes, que recita una de sus primeras canciones Coraçao vagabundo en Eu sei que vou te amar de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim.

Miguel Ángel Alonso y Tono Cano

 

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