El Olivar

Una intervención que no cambiará el curso de la guerra siria

Sea inminente o no, la posible intervención occidental contra Siria está levantando una polvareda mediática que parece diseñada para preparar a la opinión pública de la conveniencia de un ataque contra el régimen de Bashar Assad, pese a la inacción internacional que ha marcado los últimos dos años  y medio. Las encuestas de opinión en Estados Unidos no son favorables a nuevas aventuras militares en Oriente Próximo, por lo que algunos no descartan que declaraciones y amenazas estén destinadas a allanar el terreno de una futura acción militar que no sería tan precipitada como parece.

Estados Unidos, pese a la aparente indecisión del presidente Barack Obama, que aún no habría tomado una decisión sobre el ataque según fuentes de la Casa Blanca, ha adoptado un tono desafiante que recuerda mucho al empleado por Washington en los meses previos a la invasión de Irak, en 2003. Es la primera vez que se plantea la opción militar más de dos años y medio, más de cien mil muertos y millones de desplazados y refugiados después del inicio de la revolución que derivó en guerra civil.

Otros países, como Gran Bretaña y Francia, han empleado discursos similares en los que amenazan a Siria con una respuesta firme por el uso de armamento químico contra población civil. Ahora bien, se habla de “castigar al régimen” y se especifica que no se intenta “cambiar al régimen”. La experiencia de la invasión de Irak, que dio el poder a estrechos aliados de Irán y derivó en una sangrante guerra civil, o las intervenciones en Afganistán o Libia, donde la inestabilidad continúa amenazando a la población y la influencia de los extremistas no ha aminorado, parece disuadir a las potencias de implicarse en otro escenario, especialmente en un conflicto tan complejo como el sirio y donde sus intereses no están tan claros. Al mismo tiempo, la credibilidad de Washington está en juego, dado que hace un año Obama ya advirtió que el uso de armas químicas era una “línea roja” y desde entonces no ha respondido a ningún ataque con armamento no convencional basándose en la falta de pruebas.

La amenaza de ataques occidentales deja abiertos muchos interrogantes. ¿Qué tipo de respuesta militar se producirá? ¿Cambiará el rumbo de la guerra? ¿Responderá militarmente el régimen de Damasco, como ha prometido? Todos los analistas coinciden en que los ataques serán cortos (de una duración de dos o tres días) y puntuales. De hecho, ya circulan listas de posibles objetivos (defensa aérea, centros de Inteligencia, bases con armas no convencionales e instalaciones militares implicadas en la marcha de la guerra, como la base de la IV División en el Monte Qassiun, presuntamente autora del ataque químico del pasado 21 de agosto) que podrían ser atacados con misiles crucero desde el mar para minimizar riesgos y que ya estarían siendo evacuados por Damasco. La aviación occidental podría evitar penetrar en el espacio aéreo sirio y atacar exclusivamente desde el mar. “Se trata de adoptar la opción menos mala”, explicaba un responsable europeo de Defensa. “Nadie quiere arriesgarse a que sus pilotos mueran o sean capturados”.

Estados Unidos ha acercado a la zona su portaaviones USS Harry S Truman, Gran Bretaña mantiene un submarino de ataque en el Mediterráneo y el portaaviones francés Charles de Gaulle acaba de ser declarado operativo tras ser sometido a reparaciones, según ha informado Reuters. Los tres países disponen de aviones en la región (Estados Unidos en Jordania, Turquía y el Golfo Pérsico; Francia en Emiratos Arabes Unidos y Reino Unido en Chipre, un país que, según su ministro de Exteriores, no tendrá un papel mayor en los ataques contra Siria pero se verá involucrado) y los ataques aéreos, como los lanzados en Libia, no se pueden descartar aunque parece poco probable que Washington desee implicarse tanto en la crisis siria.

“La Administración tiene que decidir cuál es su objetivo: castigar para demostrar que hay un precio o cambiar el poder en Siria”, explicaba Dennis Ross, asesor para Oriente Próximo hasta hace dos años. “Sospecho que se optará por lo primero”. Los Ejecutivos de Francia y Gran Bretaña (que ha preparado una resolución ante la ONU para legitimar la intervención) se han pronunciado en un tono semejante: hablan de hacer pagar el uso de armas químicas contra civiles pero han dejado claro que el objetivo no es facilitar un cambio de régimen, lo que recuerda a acciones militares punitivas lanzadas por EEUU y sus aliados en el pasado (contra Osama Bin Laden y Sadam Hussein en 1998, contra Muammar Gaddafi en 1986) que no sólo no alcanzaron sus objetivos, sino que provocaron numerosas víctimas civiles y reforzaron a sus enemigos a nivel interno.

“¿Puedes causar daño con misiles crucero? Sí. ¿Puedes impedir con ellos que tengan capacidad para usar armamento químico? Creo que la respuesta es no”, indicaba Anthony Cordesman, analista militar del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, en declaraciones a Los Angeles Times. Si bien una intervención puntual debilitaría la maquinaria bélica de Bashar Assad, mientras siga disponiendo de su Fuerza Aérea (la imposición de una zona de exclusión aérea ha sido excluida) y los rebeldes carezcan de munición pesada, la situación sobre el terreno se mantendrá más o menos estable. Es uno de los motivos por los que parte de la oposición siria es escéptica ante la novedosa indignación occidental: la extendida desconfianza regional a cualquier intervención humanitaria de Estados Unidos y sus socios, que jamás han elevado así el tono ante las múltiples y gravísimas agresiones israelíes contra palestinos o libaneses, les lleva a pensar que se servirá de los muertos sirios para defender sus intereses.

Mientras, Siria, acompañada de sus aliados internacionales, Rusia e Irán, han amenazado con todo tipo de escenarios apocalípticos en el caso de un ataque exterior. El ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, ha advertido de “catastróficas consecuencias” pero ha aclarado que Rusia no entrará en guerra a causa de los sucesos en Damasco, mientras que Irán ha “advertido rotundamente contra cualquier ataque militar en Siria porque tendrá definitivamente peligrosas consecuencias en la región”, según afirmó Abbas Araqchi, portavoz del Ministerio de AAEE de Teherán. El ministro del ramo sirio, Walid Moallem, ha sido el más descriptivo: “Estamos oyendo tambores de guerra a nuestro alrededor. Esos países están dispuestos a lanzar una agresión o un acto militar contra Siria, creo, con el pretexto de unas armas químicas que es falso y carece de base. Como ya he dicho, les reto a que produzcan cualquier tipo de prueba”“Tenemos medios para protegernos, y les sorprenderemos con ellos. Si nos agreden, nos defenderemos. No dudaremos en emplear cualquier medio a nuestro alcance”, añadió.

La experiencia dice que Damasco no responderá a estos ataques siempre que sean puntuales, pese a la incendiara retórica del régimen, que ha advertido que toda la región quedará en llamas. Hasta ahora, los ataques acometidos por Israel contra objetivos en Damasco han quedado sin respuesta por el régimen. Pero la dictadura sí puede activar socios en el exterior que respondan, y el escenario más probable es el vecino Líbano, país que Siria regentó durante casi dos décadas (hasta 2005) y donde conserva una estructura extraoficial y aliados tan estrechos como Hizbulá o grupos armados como el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General de Ahmed Jibril. El movimiento chií ha entrado con hombres en la guerra siria para asistir al régimen; el FPLP-CG ha luchado del lado del régimen en los campos de refugiados palestinos en Siria y recientemente lanzó proyectiles contra Israel coincidiendo con el ataque con gases en Damasco, en lo que ha sido interpretado como un intento de distraer la atención de la masacre química.

Como ya ocurrió entonces, los actores políticos y sociales en el Líbano temen que Siria reaccione en territorio libanés, directamente o a través de sus socios. “Líbano está amenazada por más coches bombas y por asesinatos de figuras políticas con el objetivo de reanudar la guerra civil”,explica un analista que prefiere permanecer en el anonimato. Un jeque próximo a Hizbulá, Afif Nabulsi, aseguró el martes que “cualquier ataque contra Siria obtendrá una dura respuesta contra intereses americanos en la región y contra Israel directamente”. Fuentes próximas al partido chií, citadas por The Daily Star, aseguraban que “un ataque occidental a gran escala en Siria arrastraría al Líbano e inmediatamente llevaría al infierno de una guerra contra Israel”. Dichas fuentes especificaban, sin embargo, que sólo ocurriría en caso de un ataque “cualitativo destinado a cambiar la balanza del poder en Siria”.

No parece probable que Hizbulá se involucre en una acción unilateral contra Israel en respuesta a un ataque selectivo, ahora que debe atender el frente sirio y el cada vez más inestable frente interno, donde la animadversión de su comunidad y la suní amenaza con desencadenar ataques armados y donde los coches bomba se están generalizando. “En el caso de que el ataque occidental se limite a algunos objetivos, Hizbulá no intervendrá”, aclaró la misma fuente.

Tel Aviv, que sólo este año ha atacado en tres ocasiones diferentes objetivos en Damasco desde el aire sin que se haya producido respuesta alguna, también ha empleado una retórica amenazante para advertir de su respuesta en caso de sentirse amenazado. “El Estado de Israel está preparado para cada escenario”, afirmó el martes el primer ministro Benjamin Netanyahu.“No somos parte de la guerra civil siria, pero si detectamos cualquier intento de hacenos daño, reaccionaremos y lo haremos ferozmente”.

Publicado originalmente por Mónica G. Prieto en Cuarto Poder.

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