Literatura

Oda al 2 de Mayo

Oda al 2 de Mayo de Bernardo López García

Oigo, patria, tu aflicción, y escucho el triste concierto que forman, tocando a muerto, la campana y el cañón; sobre tu invicto pendón miro flotantes pendones, y oigo alzarse a otras regiones en estrofas funerarias, de la iglesia las plegarias, y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron los que su amor te ofrecieron ¡a ti, a quien siempre temieron porque tu gloria admiraron; a ti, por quien se inclinaron los mundos de zona a zona; a ti, soberbia matrona que, libre de extraño yugo, no has tenido más verdugo que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía sus alas rápidas lleva, allí un sepulcro se eleva contando tu valentía. Desde la cumbre bravía que el sol indio tornasola, hasta el África, que inmola sus hijos en torpe guerra, ¡no hay un puñado de tierra sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones, y de la espantada esfera sujetaron la carrera las garras de tus leones. Nadie humilló tus pendones ni te arrancó la victoria; pues de tu gigante gloria no cabe el rayo fecundo, ni en los ámbitos del mundo, ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual cantan tu invicta arrogancia, Sagunto, Cádiz, Numancia, Zaragoza y San Marcial. En tu suelo virginal no arraigan extraños fueros; porque, indómitos y fieros, saben hacer sus vasallos frenos para sus caballos con los cetros extranjeros.

Y aún hubo en la tierra un hombre que osó profanar tu manto. ¡Espacio falta a mi canto para maldecir su nombre! Sin que el recuerdo me asombre, con ansia abriré la historia; ¡presta luz a mi memoria! y el mundo y la patria, a coro, oirán el himno sonoro de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición que, en su delirio profundo, cantando guerra, hizo al mundo sepulcro de su nación, hirió al ibero león ansiando a España regir; y no llegó a percibir, ebrio de orgullo y poder, que no puede esclavo ser, pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar el sacerdote con ira; ¡guerra! repitió la lira con indómito cantar: ¡guerra! gritó al despertar el pueblo que al mundo aterra; y cuando en hispana tierra pasos extraños se oyeron, hasta las tumbas se abrieron gritando: ¡Venganza y guerra!

La virgen, con patrio ardor, ansiosa salta del lecho; el niño bebe en su pecho odio a muerte al invasor; la madre mata su amor, y, cuando calmado está, grita al hijo que se va: “¡Pues que la patria lo quiere, lánzate al combate, y muere: tu madre te vengará!”

Y suenan patrias canciones cantando santos deberes; y van roncas las mujeres empujando los cañones; al pie de libres pendones el grito de patria zumba y el rudo cañón retumba, y el vil invasor se aterra, y al suelo le falta tierra para cubrir tanta tumba!

¡Mártires de la lealtad, que del honor al arrullo fuisteis de la patria orgullo y honra de la humanidad, ¡en la tumba descansad! que el valiente pueblo ibero jura con rostro altanero que, hasta que España sucumba, no pisará vuestra tumba la planta del extranjero!

Bernabé López García, Jaén 1866

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