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Val del Omar, homo hacker

Val del Omar, homo hacker

Val del Omar, homo hacker

HomoHacker

“Aquello mismo que nos hace menos aptos para el tipo de civilización que hoy priva, acaso, eso mismo nos condicione mejor para la civilización del mañana”. Miguel de Unamuno, 1911.

Estas palabras de Unamuno resonaron con potencia en Val del Omar cuando en 1970 anuncia que “nos encontramos los españoles, manipulantes de los medios mixtos de comunicación sensorial, en fabulosas condiciones para situarnos a la cabeza de la nueva percepción y transferencia audiotactil. España puede hoy encarnar como ninguna otra nación europea el movimiento de la Aprojimación”.

El entusiasmo de Val del Omar no debería extrañarnos: de sus manos-alas salieron el Objetivo de Ángulo Variable, el Grafo-Omar, el laboratorio de Electroacústica de Radio Nacional de España, el Bi-Standard 35, el sistema Faratacto, el Intermediate 16-35, el Tetraproyector para Picto-Lumínica, la Óptica Biónica Energética Ciclo-Tactil, el proyector Castañuela, el laboratorio PLAT…

Val del Omar encarna el prototipo más puro de hacker; dotado de unas sólidas habilidades técnicas, una desmedida pasión por descubrir y resolver problemas y un absoluto desprecio por los límites en los campos en los que trabaja, Val del Omar, el mecánico místico, “baja del éxtasis para construirse la gloria con el corazón y las manos”. El pensamiento de Val del Omar reside en las yemas de sus dedos. “Hacer es pensar”, reza un adagio hacker; “hacer es herir”, contesta Val del Omar desde una España apalancada en la ambigua creencia de que «quien añade ciencia, añade dolor».

“Si a un español autodidacta y propio se le pone en las manos un láser, lo manoseará orientando su rayo luminoso hacia la oscuridad de su propia entraña”. Val del Omar (como todo hacker verdadero) no dejó nunca de jugar y jugó intensamente un juego puro, auténtico y libre con la tecnología, con las ideas y con el prójimo. Cuando Val del Omar jugaba, las máquinas reían. El juego es la puerta de entrada a la cultura difusa (esa cultura que solo penetra por los poros de la piel). De acuerdo con Bartolomé Cossío, la cultura difusa es libre, lúdica, viva y alegre y, especialmente, antiprofesional. Es la cultura de la sangre, o sea, el territorio del amateur, del entusiasta, del autodidacta (que es el material de construcción con el que está hecha la cultura hacker…)

“El profesionalismo es ambiental. El amateurismo es antiambiental. El profesionalismo funde al individuo en patrones del ambiente total. El amateurismo procura desarrollar la conciencia total del individuo y su percepción crítica de las normas fundamentales de la sociedad”, afirma Val del Omar para después sentenciar: “Soy eso que se llama un antiambiente, que discurre en concéntricas… habla en percusión… y desemboca sincopado… en una nueva lengua, en una nueva forma de temblor”.

Las tecnologías de Aprojimación (de aproximación al prójimo) desarrolladas por Val del Omar no tienen público, nunca lo han tenido y no pueden tenerlo. Val del Omar no necesita público; necesita entusiastas, apasionados, creyentes. El universo tecnológico de Val del Omar necesita desesperadamente gente de pupilas abiertas de par en par, gente enamorada de lo extraordinario. Quizá lo que Val del Omar buscó toda su vida fue colaboradores, auténticos beta-testers ávidos por congregarse y aprojimarse en las salas de percepción mixta planeadas por él.

“Las obras de arte nacen siempre de quien ha afrontado el peligro, yendo hasta el extremo de la experiencia, hasta la frontera del misterio e intenta el “plus ultra” ciegamente” … Es en esta frontera del misterio trazada por Val del Omar donde el hacker se detiene, frena, se para en seco. A partir de ahí, solo caminará el místico, tomará el relevo “la generación de fuera de piel”, la que grita “¡adiós a la carne!” porque Val del Omar ya intuyó que “somos monstruosos embriones de lo ultrahumano”.

ángelArias

ángelArias

Anartista, entonarruidos y modulador de fonemas eléctricos. Natural y vecino del puerto natural de estrellas del Reino de Graná. Trabajador infatigable en la transfiguración de sus torpes manos en alas y de sus torpes alas en manos. Crédulo de los increíbles Libros de Plomo, busca la eterna pureza bioelectrónica del irrealizado Dynabook. Sin pies ni suelo, su centro de gravedad gira en torno a la mística casera de las chucherías tecnológicas.
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