Raíces

El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada (La Toma de Granada II)

El Triunfo del Ave María o la Toma de Granada
(La Toma de Granada II)

El Triunfo del Ave María”, obra anónima atribuida al autor granadino Cubillo de Aragón (siglo XVII), podría considerarse una más de las funciones de “moros y cristianos” que desde el oriente andaluz hasta Valencia se representan tradicionalmente desde esas fechas. Aunque quizá es la más “teatralizada”. Se puede considerar como la función de moros y cristianos propia de la ciudad de Granada donde se representaba todos los años en torno al 2 de enero. Dejó de representarse al finalizar nuestra última guerra civil, en 1939.

TARFE: ¿Habrá quien vuelva por ella?

GARCILASO: Y quien te mate también.

Entraban los caballos por el patio de butacas de aquel antiguo teatro Isabel la Católica que el fuego de la injusticia social y la incultura se llevó por delante en los años treinta. Entraban el moro Tarfe y el cristiano Garcilaso, mediocres actores por lo general, y el público, que llenaba el teatro cada día 2 de enero, recitaba al compás de los románticos héroes, granadinos al fin los dos, los versos de lo que era nuestra “función de moros y cristianos”.

Muchos granadinos de más de sesenta años* recordarán todavía alguno de los versos de la comedia. Más de uno habrá escuchado a sus familiares los “destrozos” que a veces provocaban los caballos entre las butacas, sobre el escenario, la frecuentemente espantosa actuación de los actores, bienintencionados eso sí, las constantes introducciones de “morcillas” que convertían la función en un acto cómico, festivo…

Nuestra última y cruel Guerra Civil se llevó por delante la representación del Triunfo del Ave María tras varios siglos de continuidad. No estaba Granada para celebraciones festivas aunque la excusa fuera, al parecer, un signo de respeto a las tropas marroquíes que apoyaban en la península a las fuerzas que consiguieron el triunfo final. Contradicción tradicional y paternalista de quienes levantaban la bandera de la Patria y la cristiandad.

Pero es que esta contradicción, es simplemente falsa. Si se observa con atención, el carácter de nuestras funciones de moros y cristianos, tan bien estudiadas por Demetrio Brisset hace pocos años, hay que señalar dos aspectos fundamentales. Por un lado el comienzo de su representación popular, que es poco después de la Guerra de las Alpujarras donde parte del elemento morisco aún no integrado realiza un desesperado levantamiento armado. Comenzaron los destierros internos, aunque las primeras expulsiones legales fueran ya entrado el siglo XVII. Y por otro lado, la propia participación popular en las representaciones: quién, desea ser cristiano y quién, moro.

No habría que ser muy osado para ver en estos aspectos dos intenciones. Por una parte, las fuerzas eclesiásticas creen ver en la teatralización de unos hechos recientes en la memoria, una actitud pedagógica cristiana y al propio tiempo de hermandad. No hay que olvidar que sin excepción, los musulmanes se cristianizan en las funciones y se bautizan y se abrazan con sus “hermanos” cristianos que los han vencido gracias al apoyo de la Virgen María en cualquiera de sus variadas advocaciones. Tampoco hay que olvidar que María, madre de Jesús, era muy venerada entre los musulmanes del Reino de Granada antes de la conquista.

Una segunda intención habría que verla de la mano de la fuerte minoría intelectual morisca convertida sinceramente al cristianismo, que ve como sus hermanos de ¿sangre?, ¿etnia? ¿civilización?, que restan marginales se encuentran ante un futuro inviable. No habría que olvidar la fundamental intervención morisca en los descubrimientos del Sacromonte, por los que nos encontramos que el primer obispo de Granada, Cecilio, era un árabe palestino al que la Virgen María envió a convertir a los granadinos de la época. Y lo aseguró como cierto el propio Vaticano tras ardua investigación.

Pero no nos vayamos demasiado. Estamos en que hace casi sesenta años* Granada se quedó sin función de moros y cristianos y el Ayuntamiento ha tratado de organizar, en vano,  un magno desfile conmemorativo de la caída de la ciudad en 1492. Cualquiera que haya leído el prólogo de este librito, del gran granadinista –es fea la palabra pero clara- Francisco de Paula Valladar, habrá sabido la certeza histórica de lo que representa “El Triunfo del Ave María”.

Ni Garcilaso de la Vega estuvo en Granada –había fallecido casi cuarenta años antes-, ni la aventura caballeresca del Ave María tuvo nunca lugar, ni la entrada de los Reyes Católicos fue como en el cuadro de Pradilla, ni los musulmanes granadinos fueron expulsados en su mayoría ni en 1492 ni en 1614, ni San Cecilio está en el Sacromonte, ni…

Pero Valladar lo dice claro en el prólogo: “Cuando las invenciones representan una idea tan hermosa y poética como la de EL TRIUNFO DEL AVE MARÍA y no se hicieron con ningún pensamiento utilitario para nadie, produce pena convencerse de que no sean indubitadas verdades históricas”.

Triunfo del Ave María

Triunfo del Ave María

Granada se ha dejado arrebatar muchas cosas, aparentemente; puesto que el problema de la ciudad está clavado en el centro de la misma, en su decadencia lenta clara. Pero no hay que exagerar. La polémica que cada 2 de enero levanta los nervios de algunos granadinos sobre la Reconquista o Conquista, sobre los moros y los cristianos, no es reciente. Puede asombrar que dure tras cinco siglos, pero sería motivo de otro estudio y en otro lugar aunque, como botón valdría la siguiente cita: “…La generación presente es demasiado descreída y nada heroica para orar con fe sincera, para cantar los gloriosos hechos de los insignes y claros varones de la conquista…” (Jiménez Serrano, granadino, en el prólogo de esta misma obre en unas edición fechada en 1851, se quejaba de esa manera).

Pero, a pesar de todo, Garcilaso de la Vega de Granada, Pulgar, Tarfe, San Cecilio y Miguel de Luna están ahora disfrutando juntos más arriba de Valparaíso de una eterna romería campestre, en unión de Muley Hacén y Valladar. Y seguro que se están partiendo de risa haciendo entrar una y otra vez los caballos por el patio de butacas.

“¿Habrá quien vuelva por ella?”

*Epílogo de  Eladio J. Fernández-Nieto para la edición facsímil de El Triunfo del Ave María en 1991,  Granada. Reproducida de la de 1909 editada por El Defensor de Granada.
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