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Diamantino: humanizar a Dios

Diamantino: humanizar a Dios

La mañana se abría en primavera en la sierra sur de Sevilla. En la puerta de la iglesia, algunas mujeres esperaban  que empezara la misa. Pero el cura no estaba. En la plaza, hombres, mujeres y niños cargaban maletas, bultos, cajas en dos autobuses que ocupaban los contornos de la acera. Y el cura, entre ellos, repartía abrazos y buenos deseos. El no iría en aquel viaje. Ya tenía contrato para la vendimia, unos meses después. Tras las despedidas se dirigió hasta el grupo de mujeres que esperaban. “Si venís a buscar a Dios, hoy esta ahí, en esos autobúses“. Y señalo los  autocares  que se alejaban por la calle Las Cruces de la Jara  en un largo viaje de mil kilómetros hasta Navarra. En sus asientos, jornaleros y jornaleras que huían  del paro y la miseria durante algunos meses. Niños y niñas  arrancaos de sus juegos. Viejos que contaban los días que quedaban para la pensión.  Ellos a deshacerse en sudor, a destajo, sobre los lomos de las esparragueras. Ellas, a dejarse la piel y las manos en jornadas interminables en las cintas de las conserveras.

En estos hombres y mujeres, descreídos, muchos de lo cuales solo pisarían la iglesia el día de su entierro, Diamantino supo ver a su Dios. Porque  vio en sus rostros el carácter divino de la humanidad. Humanidad/divinidad que solo podría lograrse declinando el verbo compartir en todas sus acepciones. Compartir esperanzas para ser un poco más felices, compartir la pobreza para ser menos pobres. Compartir el pan  y las responsabilidades en la lucha. Compartir los pocos minutos de una gloria que sabía caduca. “La vida nos la dan y la merecemos dándola”, le escuche decir “remendando” a Tagore. Pero en su caso, las expresiones no eran frases más o menos bien dichas. Escuchándolas de él se sabían verdad. Eran compromisos.  Su ideología no eran el conjunto de las ideas que el defendía sino la puesta en práctica de esas ideas en su manera de vivir.

Hoy cuando los egos nos nublan las entendederas, su ejemplo, su recuerdo, su palabra siguen siendo imprescindibles. Como una brújula en una tormenta. Señalando  que el verdadero sujeto de la lucha por la justicia nunca es, nunca puede ser  individual sino colectivo. Y siempre  alejado de soberbias estériles y grandilocuencias aprendidas.

Antonio Sánchez Morillo

Antonio Sánchez Morillo

Periodista y miembro de la Asamblea de Andalucía. Soy Nacionalista andaluz el único nacionalismo que permite ser libertario. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio
Antonio Sánchez Morillo

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2 Comments

2 Comments

  1. manuel ortiz alcalá

    octubre, 2012 at 10:00

    Solo puedo balbucear ¡¡¡admirable en cuantos sitios esta el Dios del corazón el verdadero representante del ser humano .Diamantino que grande eres tus raices estara con nosotros y las futuras genera
    ciones.

  2. Gilberto Sánchez Martín

    febrero, 2013 at 10:00

    Antonio, no puedo ser crítico primero porque estoy de acuerdo con que las soluciones siempre son colectivas, y segundo porque yo vi como el aula se me quedaba media vacía cunado salían las familias desde Martín de la Jara. Y también porque hay que poner en práctica en lo que uno cree, y defiende. No sé si te he comentado que soy suscriptor de la revista “ANDALUCÍA EN LA HISTORIA” que edita el Centro de Estudios Andaluces. Es un forma de estar en contacto con La Jara y me parece una revista muy interesante.. Te sugiero un libro “Por qué Marx tenía razón” de Terry Eagleton, de ediciones Península. Un abrazo, Gilberto

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