Raíces

Castellar: de Sevilla a La Habana

Cuenta y canta Carlos, en presente porque nunca se fue, que La Habana es Cádiz con más negritos. El mismo ritmo, el mismo compás, la misma mirada de las muchachas manzanas que pasean por las alamedas. El mismo salitre. La misma sensualidad. Pero La Habana se encuentra también en muchas ciudades andaluzas, si sabemos mirar, si nos asomamos a esa alma mestiza que encierran muchas de nuestras calles.

Os propongo pasear por La Habana sin tan siquiera salir del centro de Sevilla. Bajando por la calle Castellar, desde la plaza de San Marcos  hasta la calle Espíritu Santo en dirección a la calle Feria, un trozo de La Habana Vieja se nos muestra en un salto emocional en el espacio, en el recuerdo, en el tiempo. Corralones que aguantan con una pobreza digna sus paredes mientras la naturaleza aflora en sus patios, exuberante. Escaleras antiguas, en penumbra, umbrales donde se pueden imaginar mil y una historias. Mestizas las casas y mestizos sus inquilinos. En sus habitaciones suenan guitarras por seguiriyas o tambores africanos. Bailaoras, gitanas, libanesas, israelíes muestran y enseñan su arte siguiendo el compás a unos cantaores, a unos guitarristas que entusiasman a los buscadores de un flamenco auténtico alejado de los circuitos para guiris, clandestinos casi.

En las antiguas caballerías suenan cantes por todos los palos, para amantes de un flamenco que no sabe de moda. Algunos supervivientes de los antiguos artesanos que habitaban estos talleres (antes tapiceros de coches de caballos, después mecánicos de coches, ahora herreros, informáticos, vendedores de lo que sea los jueves por la mañana en la calle Feria) conviven con profesores de las más diversas materias. Todos comparten días preñados de esperanza. Talleres de danza, imaginería, escultura, pintura, cerámica, percusión, guitarra, baile, teatro, música, serigrafía, encuadernación, enmarcación, jardinería, fotografía, grabado, moda, corte y confección, forja, arquitectura, talla, dorado, alfarería, cromado, bisutería, manualidades, diseño grafico, restauración, ebanistería, carpintería religiosa,….

Frente a los Corralones, en el número 59 de la calle, un azulejo señala que allí vino a vivir José María Izquierdo al que, según Cernuda, algún secreto debió revelarle la ciudad para que nunca quisiera abandonarla. Debajo del azulejo, un ventanal se va llenando de basura como se acumula la basura frente a las casas de vecinos, antiguas moradas coloniales. Junto a los adoquines, fronteras de las aceras, diminutos riachuelos de agua que se estanca. Y el tiempo que se detiene, no avanza. Aquí, en este rincón de la Sevilla mestiza, como allí en La Habana mitad caribeña, mitad andaluza, una extraña metáfora de ciudades enclaustradas en su propia historia, quizás compartiendo el mismo sueño, el mismo cansancio abnegado y solitario que da el saberse diferentes.

(Con mi agradecimiento a Miguel Ángel Vega  y Elsa Cabria, que miraron desde otras ópticas la singularidad de este rincón de Sevilla).

Antonio Sánchez Morillo

Periodista. Miembro de la Asamblea de Andalucía. Soy nacionalista andaluz, el único nacionalismo que permite ser libertario. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio
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