Raíces

Antífrasis

La distancia entre huésped (hospes) y enemigo (hostis) es extremadamente pequeña, sólo cambian unas vocales y unas consonantes. La distancia entre hospitalidad y hostilidad  radica en unas consonantes que intercambiadas dan un giro radical al significado de las palabras. La hospitalidad hacia un forastero no consiste en asistir a una víctima sino en la complicidad que empuja a reconocerlo como un igual. La hostilidad es una conducta  abusiva y agresiva hacia un forastero. Cuando se suma el miedo a esta conducta recibe el nombre de xenofobia. Si, además, añadimos un profundo sentimiento de superioridad intrínseca de nuestra parte recibe el nombre demisoxenia. Ay, las palabras. Ay, la semántica…

La hospitalidad no se puede soportar en la reciprocidad… de ahí su magnanimidad. Lo dijo Job:“El forastero no puede ni debe dormir a la intemperie, al forastero he abierto mis puertas”; también en la Torá hebrea aparece la más hermosa y mejor definición de acogida, refugio y asilo cuando se expresa que “si un esclavo huye de su amo y pide refugio, no lo entreguéis a su antiguo dueño; dejadlo que se quede a vivir con nosotros en la ciudad que más le guste y el lugar que él escoja y nadie deberá molestarlo”.

El moderno derecho internacional ha establecido el principio de Non refoulement, la no devolución al lugar de origen de quienes buscan refugio y asilo. Los Estados (también modernos) manipulan y retuercen la gramática y el significado de las palabras para no aplicar lo que los textos llevan escrito. Así trampean con el concepto de extraterritorialidad, es decir, aquellos espacios que no son de nadie, en el mar, en las fronteras, en los aeropuertos… para no aplicar el derecho, los derechos. La tentación permanente de atribuir los problemas propios a los de afuera, a los forasteros, es un recurso recurrente en las dictaduras y en las democracias, en la antigüedad y en la modernidad, cuando quienes nos gobiernan se ven en un callejón sin salida al que previamente nos llevaron.

Hace muchos siglos, Zeus, el dios-rey de la mitología griega, decidió adoptar el nombre de Xenius; se trata del dios protector de los extranjeros, de los forasteros, de los caminantes. Xeniuses el patrón de la hospitalidad presto a vengar cualquier injusticia cometida contra un extraño… De esta expresión derivó la expresión xenofobia, de xenos (extranjero) y phóbos (miedo). Ay, las palabras.

El actual gobierno griego ha puesto en marcha un mecanismo policial de expulsión rápida de extranjeros indocumentados nombrado como Operación Xenius. Ni dioses ni hombres y mujeres se han rebelado por, al menos, el uso fraudulento de las palabras. El enunciado de la Operación dice lo contrario de lo que hace. Poner un nombre que indica cualidades contrarias a las que realmente posee se denomina antífrasis.

Ay, las palabras.

El actual gobierno español aprobó un Real Decreto Legislativo /RDL.16/2012) denominado De medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. En esta norma se establece, entre otras actuaciones, una verdadera segregación de los pacientes, de los enfermos forasteros. Unos tendrán garantizados el acceso al sistema como derecho y otros tendrán que pagar por la atención recibida (singularmente los denominados indocumentados, los que carecen de recursos, los irregulares sobrevenidos, los enfermos crónicos, los acogidos en frontera…). Esta norma permite imaginar otras humillantes segregaciones que se avecinan. Cada noche recordamos lo que cada mañana olvidamos. Es una condena difícil de fracturar.

A estos gobernantes griegos y españoles habría de denominarlos como los romanos hacían con los espíritus malignos… Manes, es decir, Buenos en su traducción. Una auténtica antífrasis. Aunque mucho me temo que gobernantes y ciudadanía no están por la labor. Mientras tanto ellos (los gobernantes) continuaran con sus des-manes. ¡Qué poca vergüenza!

Sebastián de la Obra

Un hombre con piernas y memoria.
Sebastián de la Obra

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1 Comentario

1 Comment

  1. Belén

    septiembre, 2012 at 10:01

    Sebastián tiene el don de escribir desde la empatía con el prójimo y con ese don se nace, no es algo que pueda ser aprendido, ni mucho menos aprehenderse, aunque sí trate de imitarse. Sebastián se coloca al lado del otro, como mucho sobre una caja vacía de frutas de un mercado, pero nunca escribe desde un púlpito, porque nunca piensa desde el púlpito de los dogmas, porque piensa libremente y por eso es lo que hace, sobre todo, y además de lo que dice. La luz puede tratar de imitarse desde los púlpitos dogmáticos o desde el horror vacui, pero la luz original siempre está con el prójimo. Y a mí me gusta la luz.

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