Raíces

Colgar un sambenito

colgar un sambenito

Colgar un sambenito

Bastaba un simple rumor o sospecha, público o privado. Bastaba una prueba, falsa o no, para iniciar la acción inquisitorial, la inquisitio (la búsqueda del culpable)

Se creó en Sevilla en el siglo XVI una agencia privada que se encargaba de falsificar, manipular y revolver todas las genealogías. Eran denominados los linajudos. Estaban muy ligados (cuando no dependían directamente) al Tribunal de la Inquisición. Se dedicaban a descubrir y desvelar la pureza (o impureza) de sangre. Chantajeaban y amenazaban a los conversos con descubrir su origen. No tenían escrúpulo alguno en utilizar todos los métodos (lícitos o no ) para lograr su fin: chantajear a los conversos y ofrecer información al tribunal inquisitorial. Averiguaban si los supuestos conversos estaban circuncisos, si honraban los sábados, si negaban todos y cada uno de los sacramentos, si no comían tocino, cómo celebraban los ritos funerarios, con quienes hablaban, donde se reunían… En suma si eran de los nuestros, de los de toda la vida.

Estos linajudos que actuaban, la mayor parte de las veces, bajo nombres falsos, se dedicaban a chantajear a los conversos. En realidad actuaban a sueldo del Tribunal de la Inquisición que salvaba su identidad mediante el instrumento del secreto. Se conocía la acusación (daba igual si era falsa o verdadera), se conocían las pruebas (daba igual el método utilizado) pero nunca se conocía la identidad del acusador directo (en el fondo instigado y empujado por el propio tribunal). La víctima no podía defenderse. Es posible que alguna vez se hubiese negado a comer tocino. Es posible que alguna vez hubiese realizado algún comentario. Es posible que alguna vez hubiese descansado en sábado. Es posible que alguna vez hubiese comentado que estaba harta de la tutela y presión del Tribunal. Es posible…

Al final a la víctima le cuelgan un sambenito con su nombre puesto y expuesto. El sambenito es un sayal o escapulario que la Inquisición adoptó como signo de humillación para los condenados (algunos de ellos sin juicio). Se mantenía el sambenito en las Iglesias y en las casas de los condenados varias generaciones para conocimiento de los fieles. Como condena y escarnio de su impureza. El descrédito se instalaba intencionadamente sobre ellos… les colgaron un sambenito. Esta es la historia de unas víctimas y de una población que mayoritariamente proyectaba en ellas todas sus miserias… envidia, sospecha desconfianza. La sociedad señalaba con el dedo a las víctimas y disculpaba los métodos y al Tribunal que los ejecutaba. Esta es la Historia.

La memoria nos recupera los archivos y abre expedientes cerrados: Teresa de Jesús, Blanco White, Juan de la Cruz, Arias Montano, Juana Inés, Fernando de Rojas, Pablo de Olavide, Mateo Alemán… Ellos y ellas perduran, la Inquisición desapareció.

¿O no?

Sebastián de la Obra

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