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Lo sencillo como norma

Truffaut

Admiro el trabajo fotográfico de Nestor Almendros, sobre todo por la capacidad de distinguir entre lo superfluo y lo necesario. Cuando el presupuesto lo permite, lo fácil es pedir un camión de material fotográfico (por ejemplo), casi como retén, más allá de si es necesario o no. Almendros iluminaba las películas desde la idea misma, desde lo preciso. Por eso no es de extrañar que su mayor ocupación en un pre-rodaje fuese la observación.

Almendros visitaba el set. Pasaba horas en él, a veces solo, observando la luz. Siguiendo sus pasos. Como resultado, gran parte de los planos fotografiados por él están filmados sin un solo foco. Es cierto que lo suplía con su dominio técnico y conocimientos exhaustivos de la cámara y de las emulsiones fotográficas; pero ¿para qué tocar con dos violines si puede hacerse con uno?

En las primeras películas de Truffaut (véase Los cuatrocientos golpes), el espectador puede apreciar unas trazas de realidad, ya insólitas incluso hasta en la mayoría de los documentales actuales. Estas trazas de realidad, características en el origen de la llamada Nouvelle vague, responden ante todo a dos aspectos fundamentales: esencia y sencillez. Pero ¿qué es lo esencial? Podríamos formular varios tipos de respuestas desde diversos puntos de vista, pero todas ellas pueden resumirse en una: lo esencial es lo sencillo, el último átomo de verdad que sobrevive tras desalojar todas las superficies vanas, e incluso perversas, que lo cubren. Lo sencillo es lo esencial, y viceversa.

Sobre lo comentado, desde la Praxis: Truffaut y su equipo (por cierto, pequeño, íntimo, versátil) podrían haber pedido permiso de rodaje al Ayuntamiento de París para la filmación de la película citada; con ese permiso, podrían haber cortado las calles, en las que podrían haber desembarcado una multitud de figurantes y camiones de material; podrían haber cambiado los rótulos de las tiendas y los colores de todas las puertas, las farolas, los bancos, las papeleras, los cables; podrían haber escondido a los vecinos tras sus propias ventanas; podrían haber hecho callar la voz de toda la calle, imponiendo un silencio calculado… Sin embargo, no hicieron nada de esto (tan común hoy, norma hoy). Sin embargo, hicieron Cine: Los cuatrocientos golpes.

Decía Julio César que el secreto de la victoria consistía en la adaptación, en la alianza con los elementos.

Hubiera sido un gran cineasta (o jefe de producción).


Escena final de “Les quatre cents coups” (Los cuatrocientos golpes), François Truffaut, 1959

Jesús Armesto

Director de cine y documentales y guionista. A una distancia prudencial del suelo.
Jesús Armesto

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