Frutos

La llegada de la II República

Blas Infante y la llegada de la II República

La llegada de la II República en 1931 representa un marco de nuevas esperanzas de cambio para una Andalucía que arrastra un exceso de desilusión y desigualdades socioeconómicas. Vuelven las libertades y, con ellas, el librepensamiento y el interés por aplicar nuevas fórmulas para alcanzar un futuro de progreso y modernidad. Con seguridad un instante histórico lleno de esperanza colectiva muy semejante al que también vivimos a la muerte de Franco.

Infante abandona su retiro onubense para ocupar ahora la notaría en Coria del Río. Allí tendrá el primero de sus domicilios en propiedad, una casa diseñada por él, llena de sugerentes interpretaciones conforme a su propio gusto y que bautiza con el nombre de Casa de la Alegría. Con su gente de nuevo, constituirá ahora una entidad legalizada y de abierto signo político —aunque no partidista y electoral—, denominada Junta Liberalista de Andalucía, con la que pretenderá reactivar el ideal de aquellos Centros Andaluces. No obstante, muy pronto y a partir de su experiencia, percibirá al nuevo régimen como muy moderado, además de ser un mero continuador en el tiempo de las estructuras sociopolíticas de la anterior dictadura militar. Todo ello, pese a que formaciones de la izquierda tradicional lideraban el Gobierno, y a que se estaba viviendo un momento histórico propicio para los cambios sociales que España venía demandando desde hacía décadas.

De esta forma, y como respuesta a ese desencanto hacia la República, desde unas posiciones heterodoxas y poco convencionales, Blas Infante participará junto a Ramón Franco, piloto y hermano del dictador, el anarquista Pedro Vallina, Antonio Rexach, el agrónomo Pascual Carrión, José Antonio Balbontín y Pablo Rada en una candidatura electoral a Cortes denominada Coalición Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza. Bajo esta extensa concepción de miras y la amplitud de posiciones ideológicas de los distintos candidatos, defenderán una propuesta profundamente renovadora en su acción y abiertamente alternativa a la política convencional.

En su singular campaña y ante las expectativas que esta lista electoral tan atípica suscita, la candidatura acaba provocando los recelos políticos de la coalición republicano-socialista, que desde el Gobierno inventará un supuesto levantamiento militar y armado en la base sevillana de Tablada con el que justificar la anulación de dicha candidatura. Con los resultados finales habidos en dicha convocatoria a Cortes, existirán, para muchos autores, no pocas dudas de fraude ante la sospechosa contundencia de votos que obtiene la citada coalición oficial por muchos municipios de la provincia.

Infante rebatirá la arbitrariedad y alevosía de dichas acusaciones en su obra La verdad sobre el Complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía. Sin duda, su obra más completa e interesante, donde relata la decepción y desconfianza que el sistema republicano le ofrece, las verdaderas intenciones de los reunidos y su visión sobre los hechos, mientras procede a desmontar todas y cada una de las imputaciones que se les hacen, a él y al resto de candidatos. Escrita en pocas semanas y con una alta dosis de enfado y frustración, el volumen retrata al Infante más maduro en sus percepciones e interpretaciones sobre la realidad de Andalucía y sus gentes, pasada, presente y futura.

Si bien las memorias de algunos de los implicados insinúan algunas intenciones políticas dentro de la citada base militar, desde nuestra interpretación todo representa más un temor o una suposición que una realidad objetiva; cuestión que, por otra parte, sería utilizada por el gobierno provisional para expedientar a un nutrido grupo de militares revolucionarios y expulsarlos del ejército. Paradójicamente, las autoridades de la República pusieron más énfasis en reprimir a militares izquierdistas que en percatarse y tomar medidas de lo que fue la progresiva conspiración golpista contra el nuevo régimen desde sectores conservadores.

Pese a la contrariedad por la intentona electoral, Infante, junto a Vallina y Carrión, aprovecharon la campaña electoral para difundir su percepción sobre el problema de la tierra en Andalucía y criticar las duras condiciones de vida del jornalero, de cara al anteproyecto de ley para la reforma agraria que elabora el Gobierno. Demandan competencias para un autogobierno andaluz que gestione soluciones tanto en los Ayuntamientos como en los sectores más desfavorecidos de Andalucía. A los tres citados —que quedarán libres y sin cargos ante el inventado complot— les une la urgente necesidad de una norma rigurosa que socialice la propiedad, que ofrezca al campo andaluz un tratamiento social y que lo modernice; que genere y distribuya una mayor riqueza y dignifique tanto al jornalero como al obrero industrial. Un proyecto en el que abundan las expropiaciones sin indemnizaciones y, fundamentalmente, dirigido a quebrar el secular problema del latifundismo. Sin embargo, no se trata de una concepción que repita el tradicional reparto de una tierra a manos de quien en verdad la trabaja. Más bien, los sindicatos jornaleros y el control municipal serán quienes estén llamados a fiscalizar y garantizar la gestión exitosa de una alternativa que siempre debe estimular la formación, el empleo y el progreso social.

Por otra parte, el gran proyecto político de la Junta Liberalista será conquistar una autonomía para Andalucía como posibilidad legal que sería permitida por la Constitución de 1931, y que los andalucistas impulsarán al mes de proclamarse la República. El 7 de mayo de aquel año, solicitarán a la Diputación de Sevilla, como ya hicieron en 1918, promover el proyecto autonomista. Sin embargo, la siembra de décadas anteriores comenzará ahora a dar sus frutos. Gracias al empeño personal de Hermenegildo Casas, antiguo colaborador del Centro Andaluz de Sevilla, tanto en su calidad de diputado en Cortes como presidente de la Diputación hispalense, se desarrolló una labor institucional liderada por esta última entidad, destinada a redactar borradores estatutarios y a incitar al debate sobre los mismos, tanto a representantes públicos como a entidades sociales o privadas, colectivos, personalidades o ciudadanía en general. Casas, en una ardua labor, en muchos casos muy por delante de la formación socialista a la que pertenece por estos años, organiza una Comisión Regional compuesta por las ocho Diputaciones andaluzas que sería la responsable de coordinar las acciones programadas, mientras que cada entidad provincial dinamizaría, a su vez, a los municipios existentes en los territorios de su competencia.

1931 y 1932 fueron intensos años de incitación a la reflexión autonomista en los que la Junta Liberalista, de la mano de Infante, ocupó un importante y activo papel. Los comentarios editoriales, artículos de opinión, los encuentros locales o provinciales, así como los posicionamientos públicos y privados se sucedieron con desigual ritmo e intensidad por cada provincia y municipio, de forma que la iniciativa pro autonómica sufrió la incomprensión tanto de sectores reaccionarios, que percibieron la autonomía como un invento para fracturar la unidad de España, como por parte de muchos ámbitos de la izquierda tradicional, que la recibieron como una iniciativa burguesa y no prioritaria, dados los grandes problemas que debía superar con más urgencia la nueva República. En paralelo, la labor de las Diputaciones y de los Ayuntamientos fue clave para incentivar un debate que inicialmente fue desigual y con diferente calado. Los argumentos partidistas se mezclaron con las suspicacias locales en un escenario difícil y muy crítico, que desconocía las ventajas del autogobierno cuando no las despreciaba.

La culminación de todas estas iniciativas durante los dos primeros años de República progresista fue la convocatoria en Córdoba de la llamada Asamblea Regional Andaluza para finales de enero de 1933. Tras superar reuniones locales y provinciales previas, aquel foro, realizado en la sede del Círculo de la Amistad, estuvo destinado a ser la máxima representación de los andaluces a la hora de consensuar los borradores de estatutos que se habían dado a conocer antes. Sin embargo, pese al interés de muchos, no faltó quien desatendió la convocatoria o bien acudió con la única intención de que ni siquiera se constituyera la mesa del encuentro. Pese a todo, superando un aireado y malicioso anuncio en prensa referente al abandono de provincias enteras, la gran mayoría de asistentes formalizaron el encuentro y elaboraron una propuesta de Bases para el Anteproyecto de Estatuto de Autonomía de Andalucía, a la vez que establecieron una continuidad en el tiempo tanto de las consultas sobre el citado articulado estatutario como de la campaña de sensibilización autonomista.

Los resultados de aquel encuentro pro autonómico no fueron los esperados, dado que la izquierda tradicional y, sobre todo, los representantes parlamentarios no arroparon la iniciativa como sí harían en otros territorios. Si bien hubo honrosas excepciones, unos y otros pretendieron boicotear una cita que, pese a todo, alcanzó importantes acuerdos, los cuales, finalmente, no fueron llevados a la práctica debido al cambio de signo político que propició un Gobierno conservador, el cual hizo todo lo posible por congelar las reformas emprendidas. Es más, desde dichas instancias gubernamentales durante ese bienio rectificador (1934 y 1935), se persiguió la cuestión autonómica y el proyecto andaluz quedó aparcado. Sólo la Junta Liberalista, de sus fondos, imprimió el borrador de estatuto redactado en Córdoba y lo distribuyó de nuevo por instituciones así como entidades públicas y privadas, en un intento de que no cesara la reivindicación ni la conciencia entre los andaluces, asumiendo de esta forma labores de coordinación regional ante la inhibición de las instituciones. La propia Generalitat de Cataluña, de forma solidaria, había animado a la Comisión Regional en sus esfuerzos.

Relacionadas: Biografía de Blas Infante (1), (2), (3) y (4).

Manuel Ruiz Romero

Andaluz que aspira a serlo de conciencia, busca militancias pretéritas para construir la Historia del futuro. Amigos de sus amigos, investigador social y crítico constructivo
Manuel Ruiz Romero
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