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Los viajes de Blas Infante

Los viajes de Blas Infante

Cuando el movimiento y la actividad de Blas Infante se encuentran en uno de sus momentos más activos, el golpe militar y posterior dictadura del general Primo de Rivera en 1923 prohíbe y clausura los Centros Andaluces. Infante cambia su destino notarial desde Cantillana a la onubense Isla Cristina. Limitada la vida pública por un obligado silencio, su encuentro con el municipio pesquero y sus «jornaleros del mar» representará un mayor tiempo dedicado a la familia (nacen sus dos primeros hijos), las labores profesionales, la lectura y escritura, la reflexión permanente y los viajes. A tenor de los datos y por la idiosincrasia de su inquieta personalidad, durante estos años toma contacto con el esperanto y la masonería, e incluso, se aventura por divertimento en alguna experiencia literaria teatral. Sin embargo, su valiosa inquietud vital sigue activa y, aun desde la sombra, mantendrá viva la comunicación y el espíritu de un movimiento que llegará a brotar cuando los tiempos vuelvan a ser propicios en 1931.

Es el tiempo en el que Infante viaja a Galicia para tomar contacto con sus nacionalistas (1927) y a Marruecos (1924), donde, en pleno conflicto bélico con España, cruzará las líneas militares para visitar la tumba del último rey de Sevilla: Al Mutamid, enterrado —una vez exiliado y preso— en un morabito en Agmat (cerca de Marrakech). Precisamente, al hilo de esta intensa experiencia que algunos han querido entender como una profesión de fe islámica y no como un acto de admiración por el esplendor de Al Andalus, Infante se sentirá fuertemente impresionado por la similitud entre la música andalusí y nuestro flamenco. A su regreso, y con la emoción del que se interesa por un tema que hasta ahora le había pasado desapercibido, cuando no era considerado de «señoritos», comenzará a estudiar esta peculiar manifestación de la identidad andaluza.

Resultado de los estudios sobre aquella intuición que brotó lejos de esta tierra, será su acercamiento al mundo flamenco y con él, su obra Orígenes de lo Flamenco y Secretos del Cante Jondo, ensayo donde presenta su teoría sobre el origen y la importancia del mismo. Para el notario de Isla, flamenco procede del fellahmengu: el canto, a modo de lamento, del campesino andalusí que ha sido desposeído de sus tierras por el conquistador cristiano y ha visto como eran repartidas como botín de guerra entre nobles castellanos triunfadores de una guerra que les ha impuesto costumbres, pensamiento y religión. Une el histórico problema de la existencia de grandes extensiones de tierra en manos de escasos propietarios (latifundios) con el arraigo y la tradición oral de unas formas de expresión más nuestras, y éstas a su vez, con la existencia y la capacidad de expresión de un sector social —el jornalero— despojado de sus tradiciones, derechos y propiedades, antaño sometido a persecución o a exilio por sus costumbres.

Este hecho cultural será identificado, entonces y hoy, con la etnia gitana, como única que sobrevive en nuestros días a las expulsiones «oficiales» tanto de andalusíes como judíos. En la actualidad, nadie sensato puede dudar que gran parte de nuestra identidad como andaluces posee ricos elementos culturales moriscos y sefardíes junto a los cristianos.

Desde estas posiciones, Infante considera que existe una especial vinculación mediante los lazos culturales, que existieron y todavía existen hoy, entre ambos lados del Estrecho de Gibraltar y que, a lo largo de siglos, representan un origen común: la imposición de una economía feudal y una religión única cristiana, el desencuentro de civilizaciones y el acoso étnico, la persecución intolerante de modos de vida de unos grupos considerados erróneamente extranjeros y ajenos a la línea oficial que les es impuesta.

Son años sin libertad de expresión y de un fuerte control social por los que el andalucismo es obligado a enrocarse en el mundo de las ideas y la creación. Entre sus nuevos trabajos y reflexiones, y en coherencia con la dimensión medioambiental de Infante, desarrolla algunas propuestas de continuado signo ecologista (Los Mandamientos de Dios a favor de los animales y La Plegaria del Pájaro), mientras que otros trabajos continuarán su preocupación permanente sobre la identidad y el destino del pueblo andaluz (Fundamentos de Andalucía).

 

Manuel Ruiz Romero
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