Frutos

Silvio, un capillita con alma de blues

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Silvio, un capillita con alma de blues

“Un perdedor es el que tiene ansia, un ganador el que tiene suerte”
Silvio Fernández Melgarejo

Pasa el tiempo y aun no ha vuelto a surgir en Sevilla un personaje de la talla de Silvio. Se fue hace más de quince años, el 1 de octubre de 2001. Entre sus innumerables aventuras y anecdótas era muy conocida una en la que tras recoger la noble paga que les mandaba su suegro desde Inglaterra -las mujeres no podían sacar dinero sin permiso- decidió ir con un amigo de aeropuerto en aeropuerto fundiéndose todo el dinero en copas y billetes de avión. Esta afición por el alcohol y el tabaco supuso con los años una degeneración física que culminó en el colapso, su última resaca.

Silvio Fernández Melgarejo nació muy al Sur de la Gran Bretaña, concretamente en La Roda (Sevilla), fruto del amor de una madre soltera gitana con un redactor jefe de ABC. No lo hizo en Sevilla por el cabreo monumental que se agarró su abuelo, aunque pronto dio sus primeros pasos por la capital andaluza. Allí se enamoró de los sonidos populares de la Semana Santa, ritmos que estuvieron presentes durante toda su carrera.

Silvio fue batería de los míticos SMASH, cuyo manager era Ricardo Pachón, con quien cosecharían varios éxitos. Tras la disolución de la banda se enamoró de Carolyn, una bella joven de la alta aristocracia inglesa con la que se casó en el Cachorro de Triana. De repente, Silvio pasó de no poseer gran cosa a tener un chalé en Marbella y un Mercedes blanco con chófer. Dos años después y con un hijo en común -Sam-, se divorcian por la anécdota del primer párrafo, la gota que colmó el vaso.

Volvió a Sevilla, donde sufrió un fuerte revés: Eva, su hermana pequeña, decidía quitarse la vida con solo 20 años. Algo se rompió por dentro, se sintió responsable y cuentan que nunca se recuperó del todo.

Paso tiempo hasta que Pive Amador produjera un disco a Silvio. Para Silvio y Luzbel (Al Este del Edén, 1980) le puso la condición de que dejara la batería y pasara a ser frontman, el solista. Un acierto. Silvio en directo era único.

Sus músicos acabaron siendo maestros de la improvisación y los cambios de ritmo. Los setlist no iban con él, sin venir a cuento Silvio podía arrancarse a cantar La Zarzamora en mitad de otro tema. Era imprevisible.

Cuentan que yendo a grabar a Madrid por una semana, mientras los músicos grababan la parte instrumental, Silvio se quedaba en el hotel aquejado de alguna enfermedad común. Al final de la semana se dieron cuenta que estuvo toda la semana invitando a todo el que pasaba por su habitación a una especie de fiesta continua, dejándose las 2.000 pesetas de su dieta diaria en una propina al camarero de habitaciones. Un señor. La cuenta de esa semana ascendió a 120.000 pesetas.

En 1984, Gonzalo García Pelayo consiguió juntarle con Miguel Ángel Iglesias en Barra libre. De ese disco surgió uno de sus temas más conocidos: La ragazza del elevatore, obra cumbre del Silvio idiomático. Lo mismo cantaba en inglés, francés o italiano, todo dependía del número de copas.

Se consolidaba la movida madrileña y por allí pasó Silvio volviendo loco a Alberto García-Alix, que tuvo a bien contar con él para el cortometraje que le dedicó a Johnny Kidd, No hables más de mí, Alberto, desesperado, no tuvo más remedio que darle barra libre para poder terminarlo. Cuando el guión señalaba una réplica de Silvio, veía tras la cámara como éste pasaba y se arrancaba a dar golpecitos en la mesa con ritmos semanasanteros…

De vuelta a Sevilla formó un nuevo grupo: Silvio y Sacramento. Esta banda encumbró a Silvio como figura indiscutible en un mágico triángulo Sevilla-Huelva-Cádiz, donde era ya un mito en vida. La portada del disco Fantasía Occidental es la mejor prueba de que Silvio Fernández Melgarejo podría haber formado una hermandad propia sin problema. Un estilo, una filosofía de vida.

Grabó con ellos otros dos elepés; En misa y repicando y El mito.

Con Sacramento publicó una versión del popular Stand by me (Ben E. King, 1961) dedicada a la Virgen de la Macarena y compuso, tras perder una apuesta siendo sevillista hasta la médula, una de las mejores canciones dedicadas al Betis, el primer equipo andaluz en ganar la Liga, el rival histórico de los palanganas.

Hay quien recuerda cuando desapareció preparando un concierto en Almonte tras pedir un adelanto al dueño del local. Se músicos esperaron alguna y al rato lo encontraron totalmente sobrio a las puertas de la feria. No entendían qué pasaba. Silvio les invitó a pasar con él por las atracciones, donde nada más reconocerle la gente empezaba a llamarle para invitarle a cenar, copas… A lo que quisiera. Eran los padres de todos los niños a los que había regalado las 30.000 pesetas del adelanto gastándoselas en fichas para los autos locos. Genio y figura.

Más adelante, y tras varios bajones en su salud, nuestro ácrata rockero sevillano se reunió con Los Diplomáticos en el que sería su último disco, A color to África from Manchester, en 1999.

Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris

El antihéroe murió hecho polvo, con el hígado quemado y los pulmones destrozados, un surrealista que no trabajaba el surrealismo que consiguió vivir como pocos, haciendo siempre lo que le dio la gana.

Paco Bech estrenó en el Festival de Cine de Sevilla el documental A la diestra del cielo, 2008 merece la pena verlo entero, cuenta con la participación de Pachón, García Pelayo, García-Alix, Rockberto, Carlos Amigo Vallejo o Pájaro, guitarrista en Fantasía Occidental y compositor con Pive Amador y San Juan de la Cruz de Las Criaturas.

Desde que desapareció Silvio su música ha estado presente en versiones más que recomendables de grupos como Los Delinqüentes o Grupo de Expertos Solynieve.

En una de sus últimas entrevistas le preguntaron: ¿Cuentan muchas cosas de ti que no son verdad? Muy pocas, respondió.

Tono Cano

director de secretOlivo
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10 Comentarios

10 Comments

  1. Manuel

    octubre, 2011 at 10:01

    Cuando íbamos a algunos de sus conciertos, siempre lo hacíamos con la duda de si su nivel de alcohol en sangre lo dejaría cantar ese día o no. Aunque no fuera capaz de tenerse en pie, siempre salía al escenario y cantaba al menos un par de canciones improvisando gran parte de la letra, y dejando espacios en blanco que el batería intentaba rellenar poniéndose al micro.

    A pesar de todo, esos conciertos eran míticos. Puro rock sevillano. Pobre Silvio, el alcohol lo mató. Poco antes de su muerte lo vi por última vez en su bar del barrio de los Remedios (El Paso, creo que se llamaba). Su cara estaba tan amarilla que ya se le veía la muerte en ella, pero allí estaba, con su whisky en la mano. Inmortal.

  2. Pedro José

    octubre, 2011 at 10:01

    Como alguien dijo el día de su entierro: “Silvio querría que nos fuesemos a tomar unas cervezas”

    Por ti Silvio, te dedico las cervezas que caigan hoy y mañana!

    Grande Silvio!

  3. turbeng

    octubre, 2011 at 10:01

    Un artículo interesante! Voy a leer más en este blog más tarde.
    ¡Gracias por el comentario en mi blog/podcast!

    Bienvenido a mi blog don Gerardo de Suecia en esta dirección:

    http://turbeng.wordpress.com/

  4. Alberto Reina

    noviembre, 2012 at 10:01

    Gracias por escribir sobre mi padre… gracias por no olvidarte de él, después de estos diez años!.. Avanti con la guaracha, camarada!

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