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El sistema, contra los periodistas

Solo escucho lo que no oigo. Foto de TonoCano / SecretOlivo

Los periodistas molestan al sistema, se han convertido en una carga y son testigos incómodos. El sistema necesita actuar a oscuras, sin ser visto, quiere tener el campo controlado y sin nadie que le observe y le ponga en evidencia. También es verdad que en este proceso hay periodistas que son cómplices del sistema, que los necesita para desarrollar sus planes perversos. El mundo de la información de los últimos tiempos se está desmoronando: prensa, radio, televisión, sin distinciones. Parece que se está cerrando un tiempo histórico de la información, también lleno de luces y sombras. Es el final de un modo de entender el periodismo y sus compromisos con la sociedad y con la historia.

Las empresas periodísticas están sufriendo una profunda metamorfosis y ya no son lo que eran. Y por si fuera poco la gran crisis social y económica actual ha brindado la oportunidad a las empresas periodísticas para los derribos acelerados (el sector periodístico acumula miles de despidos y cierres de medios en nuestro país en apenas tres años). Y a eso hay que añadir que, en general, no es un sector profesional bien pagado, más bien sueldos mediocres, jornadas laborales interminables, abuso de becarios y becarias, de distintos tipos de contratos y subcontratas. Estamos en una profesión que, salvo excepciones, nadie está en ella para ganar dinero. Y a pesar de ello, el periodista quiere seguir en este territorio.

El proceso ha sido muy acelerado, con grandes cambios producidos esencialmente por grandes y profundas transformaciones tecnológicas y, sobre todo, por la irrupción de Internet, que rompe las fronteras. Por consiguiente, el sistema necesita y busca otro tipo de periodistas, más dóciles, acomodados a la estructura tecnológica, obedientes, técnicos sin imaginación ante un ordenador, robots ante el cúmulo informativo de un mercado que se alimenta del espectáculo, de sensaciones, de movimientos de masas hipnotizadas por los superhéroes, bajo el disfraz del progreso. El periodismo-basura, que tiene en el espacio televisivo (especialmente Telecinco y Antena 3) su principal lugar de difusión, está programado en esta dirección para alienar a una opinión pública reconvertida en masa social sin ideas.

El primer cambio ha sido el del modelo de empresa periodística, transformada en multimedia para hacer negocio. Un nuevo modelo se ha impuesto, unido a las nuevas tecnologías y a un nuevo panorama financiero de estas empresas. Empresarios ajenos al mundo de la información tradicional, condenada a su desaparición, y conscientes del poder que emana desde Internet, han entrado a saco y con ambiciones de poder y de negocio en un territorio que necesita mayores inversiones, sabedores de la influencia de controlar este territorio. El negocio se ha diversificado con intereses en distintos sectores. Y la cruda realidad, en lo esencial, se va diluyendo, ocultada a los ojos de una sociedad sin conciencia. Y para ello necesita la obediencia ciega del periodista.

La cuestión, pues, es que el sistema está contra los periodistas. Es lógico pensar, por otra parte, que también hay un periodismo contra el sistema, dispuesto a sobrevivir aunque no sepa cómo. Sin embargo, hay momentos que surgen en el mundo que despiertan la pasión periodística. Uno de los últimos ejemplos, los sucesos de Túnez, que han suscitado el fervor del reporterismo de siempre. Y me refiero no a los enviados especiales de todo el mundo, que ya se cuenta con ellos lógicamente, sino a los periodistas tunecinos que han resurgido desde las cenizas del régimen demolido. Quizá la esperanza llega a Occidente desde el Tercer Mundo.

Mientras tanto, en España, la agonía continúa. Prisa, el gran magnate de la información, protagonista-líder por la libertad de expresión y del derecho a la información al ser El País uno de los periódicos del mundo elegidos para difundir los papeles secretos de Wikileaks, sin embargo cierra CNN-Plus y sus informativos rigurosos, sacrificando un periodismo honesto, por no ser rentable. A finales de enero de 2011 salta la noticia de que el grupo Prisa prepara un plan de reestructuración que supone la baja de más de 2.000 trabajadores, a pesar de que la empresa ha anunciado un volumen importante de beneficios en 2010. Cada vez va quedando menos de las esperanzas iniciales que acompañaron el nacimiento del diario El País, clave en el proceso informativo de la Transición democrática en nuestro país. De todas maneras, en aquellos tiempos utópicos, ya fue un aviso de lo que vendría en el futuro: que se dejara morir sin más a dos revistas ejemplares: Cuadernos para el Diálogo y Triunfo, que hoy día habría que resucitar.

Trasladar el panorama general al ámbito provincial almeriense es una cuestión necesaria. Aquí podemos estar agonizando por nuestra propia mediocridad, por no tener responsabilidades, por impotencia, por debilidad, por indefensión, por ignorancia o por estar ajenos al poder. La cuestión es compleja, porque la realidad periodística y profesional no es tan uniforme como pudiera parecer. La corrupción implantada en la sociedad se expande, no sólo por la clase política, por el mundo empresarial y financiero, sino también por la profesión periodística. Y Almería no se queda al margen de esta realidad. En 2008, el Instituto de Estudios Almerienses  inauguró el Aula de Ciencias de la Información (Departamento de Ciencias Sociales) con unas jornadas sobre El ocaso del periodismo tradicional con la presencia del profesor Martínez Albertos: “Soy un acérrimo defensor de la idea aproximadamente profética según la cual el periodismo tradicional tiene los días contados”. Mi planteamiento para analizar el estado de la cuestión periodística, en esas jornadas, fue que “el periodismo está secuestrado por la sociedad de consumo, las reglas del mercado, la publicidad, las empresas y la clase política. Y el periodismo en Almería no es una excepción”. Durante varios días, una amplia representación de periodistas almerienses debatió sobre las luces y las sombras del acontecer informativo en Almería, desde la prensa, la radio, la televisión y el mundo de Internet. Las ponencias y mesas redondas están recogidas en un libro (nº 12 de la colección Ciencias Sociales), de recomendada lectura para no olvidar los augurios de la realidad y tener presente hacia dónde nos quieren llevar.

No sería mala idea investigar las relaciones entre corruptelas políticas y maneras de ser del periodismo en Almería. Lo mismo que hay periodistas comprometidos y honestos profesionales, hay periodistas que se mueven en territorios oscuros. Ayer y hoy. También hay un periodismo cómplice de la corrupción y del silencio por la presión de la propia empresa periodística, a su vez con intereses que le llegan desde el poder político o empresarial, y por la actitud personal del periodista cómplice. También hay un periodismo que ha arrojado la toalla y que se ha rendido a la evidencia de las imposturas sociales y se convierte en testigo mudo de lo que acontece a su alrededor. Que esta realidad pueda ver la luz, publicada o difundida en los medios de comunicación de Almería es otra historia. Quién sabe si algún día…

Miguel Ángel Blanco Martín

Miguel Ángel Blanco Martín

Periodista. Expresidente y socio vitalicio de la Asociación de Periodistas – Asociación de la Prensa de Almería (AP-APAL) y miembro del Colegio de Periodistas de Andalucía en Almería (CPPAA) y de la Asociación de Escritores y Críticos de Cine de Andalucía (Asecan).
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2 Comments

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  1. andres

    julio, 2011 at 10:00

    el mejor periodismo se practcó en España en la última etapa del Franquismo, había ansias de libertad y había que luchar contra el poder establecido (algo innato en la prensa). En la Transición políticos y periodistas filmaron una historia de amor porque había que instaurar la democracia y todos teníamos que remar en la misma dirección. Luego muchos periodistas entraron a formar parte de los consejos de redacción concebido como plataformas de acción política. Aún estamos sufriendo las consecuencias de aquel idilio que era necesario pero que nunca debió existir.

  2. manolo

    julio, 2011 at 10:00

    aun nos quedan las barricadas, que en realidad nunca las hemos dejado.

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