La mirada andalusí
Por Jose Manuel Sánchez
Cuando el tiempo que queda parece ser poco, y el transcurrido efímero, las miradas suelen nublarse haciendo que la percepción de lo que nos rodea se suma en una niebla premonitoria del desastre al que parece se aboca la vida. Es duro tener que adelantar una mano, antes de avanzar con un pie; es desolador juntar las palabras en una frase haciendo imposible descifrar su mensaje, cuando antes leías libros; doloroso no distinguir el rostro del ser amado a la distancia de un beso y no menos hiriente vivir en sempiterno otoño visual.
En medio del desconsuelo, unas manos milagrosas consiguen mediante una sencilla operación, hacer que la neblina se disipe de nuestras vistas, que todo vuelva a ser nítido y transparente, y que el tiempo que nos queda por vivir abandone la penumbra y se abone a una tarde soleada, de luz intensa, vivos colores y matices casi olvidados. En la gran obra de teatro que es nuestra vida, alguien consigue levantar el telón, para que la obra continúe, y en vez de esperar el aplauso final en la oscuridad de la sala, estar impacientes por que llegue el siguiente acto.
Pocos, muy pocos saben que el primer hombre que obró tal milagro de devolver la vista a quien comienza a perderla por culpa de las cataratas, era andaluz… Sí, del sur, de la tierra olvidada que tantos genios ha dado. Su nombre era Mohamed Al-Gafequi, nacido en Al-Gafaq, actual Belalcázar, provincia de Córdoba. Él fue quien se apartó del camino trazado por sus antecesores y, tras operar a una mujer en Andújar, en pleno siglo XII, consiguió que esta volviera a ver nítidamente. El olvidado y a la vez famoso oftalmólogo andalusí estudió en Bagdad y Córdoba, y fue discípulo del gran Albucasi. Aún se conserva su tratado sobre las enfermedades oculares Guía del Oculista en el monasterio de El Escorial.
Aún muchos negarán el esplendor científico de la vieja Al-Andalus y su decisiva contribución al avance de la Humanidad, Al-Gafequi es solo uno más de tantos andaluces olvidados. Solo un busto en el centro de la capital califal recuerda ya a este genio de la medicina. Solo en la mente de algunos se conserva su nombre. Solo en algunos libros permanece su legado, sin embargo, en muchos de nosotros… su sabiduría está marcada en nuestra mirada.
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