Raíces

Blas Infante en busca del flamenco perdido

Blas Infante en busca del flamenco perdido

Con motivo del centésimo vigésimo aniversario del nacimiento de Blas Infante, la Junta de Andalucía ha reeditado Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo, una obra sustancial en la conformación del imaginario político del padre de la patria andaluza. Este título ya había merecido una primera edición por parte del Gobierno autonómico en 1980, obra de Manuel Barrios, obviamente agotada 30 años después, y que suscitó cierta controversia por algunas alteraciones respecto al manuscrito original, en dos de sus páginas.

Redactado entre 1929 a 1931, después de su célebre viaje a Marruecos, Blas Infante ofrece en este ensayo una aproximación al estudio del flamenquismo y de la copla andaluza, basándose en el trabajo de autores precedentes, como Antonio Machado “Demófilo”, pero con aportaciones propias sin duda sugestivas.

Nada tiene de inocente, sin embargo, el afán musicológico del notario de Casares. Su ideal andaluz no sólo se basaba en reivindicaciones estrictamente políticas o en demandas sociales o territoriales, sino que buscaba fijar el canon de una identidad cultural para el pueblo andaluz que le permitiera enorgullecerse de sus raíces y construir sobre ellas la realidad nacional que él y las juntas liberalistas pretendían.

Todo nacionalismo se asienta sobre una Arcadia presuntamente feliz, sobre leyendas poéticas, a menudo falsas como reprochan a veces con razón los detractores de los nacionalismos periféricos frente a los ya consolidados. En el caso de Andalucía, más allá de otros recursos legendarios, existía una realidad antropológica que dialogaba con la diversidad cultural de este territorio que pretendieron abolir los Reyes Católicos y sus sucesores, empeñados en unificar los distintos reinos de España bajo una sola religión, una sola lengua y unas mismas costumbres.

El incumplimiento flagrante de las capitulaciones de Santa Fe con la persecución activa contra los moriscos, hasta la expulsión de los mismos tras la derrota de Aben Humeya en La Alpujarra hacia 1610, la diáspora o la conversión de los sefarditas que dio origen a la vieja polémica española sobre la pureza de sangre de los castellanos viejos y las pragmáticas contra el pueblo judío constituyeron los hitos más pertinaces de aquel genocidio cultural vivido en la Península y que también afectó a otros colectivos mucho más frágiles, como los maragatos o los mercheros.

Si aquel nuevo orden logró expulsar a judíos y a musulmanes, ¿por qué no acabaron también con los gitanos? He ahí la pregunta del millón. Intentaron llevarlo a efecto durante la gran redada, la prisión general de los gitanos, que tuvo lugar en el siglo XVIII pero que no pudo acabar con la resistencia de ese pueblo. Quizá la respuesta a su pervivencia en la Península haya que buscarla precisamente en el hecho de que los egipcianos —como en tiempos se les llamó— carecían de propiedades que usurpar, al contrario que moros y marranos —como se les llegaba a describir—, que bien pudieran haber encontrado acomodo en las tribus nómadas de los canasteros.

¿Por qué los gitanos se encuentran disgregados por media Europa pero sólo participaron en la creación del flamenco en Andalucía? Quizá, al menos esa es la conclusión que podríamos advertir de la lectura de Blas Infante y de otros autores, porque aquí se beneficiaron de otras aportaciones rítmicas, las que él creyó encontrar entre las nubas arabigoandaluzas que descubriera en Marruecos, o los viejos cantos de las sinagogas a los que a veces se alude en las letras flamencas: “Como los judíos,/ Aunque las carnes me quemen,/ No reniego de lo que he sío”, llega a enorgullecerse un cante. Y reza una petenera: “¿Dónde vas bella judía/ tan compuesta y a deshora?/ Voy en busca de Rebeco/ que está en la sinagoga”. Claro que como el flamenco nunca ha sido políticamente correcto, también podemos toparnos con letras como la que sigue: “Si la Inquisición supiera/ lo mucho que t’he querío/y el mal pago que me has dao,/ te quemaban por judío”.

“Como hijo de su época y del tipo de extracción social al que pertenecía, efectivamente Blas Infante tenía estudios de piano y estudios de música básicos pero que le sirvieron en gran medida para hablar del flamenco, no solo desde la perspectiva social que fue la fundamental, sino también de la perspectiva musicológica; en ese sentido hace anotaciones muy importantes en su obra a algunos de los aspectos técnicos fundamentales del flamenco, como la cuestión de la aglomeración en la presentación de los sonidos, la influencia de la vuelta a la tónica, hace estudios específicos sobre las Malagueñas de Juan Breva, o sobre las Tonás del Tenazas, menciona algunas ideas interesantísimas que tienen que ver con algún estudio musical como por ejemplo el aflamencamiento, una teoría que hoy está prácticamente vigente. En ese sentido, Blas Infante fue un cultivador del conocimiento musical pero en su dimensión cultural y social”, explica la antropóloga Cristina Cruces en las primeras secuencias del capítulo dedicado al flamenco de la serie sobre Blas Infante que produjo Mediasur bajo la dirección de Antonio Ramos y que Canal Sur difundió a finales de 2010.

Y añade la antropóloga: “El flamenco es básicamente un producto social, aunque se ejecute individualmente, el propio Blas Infante decía que cuando un Demiurgo —él decía que un cantaor era un Demiurgo— expresa y canta, está cantando la realidad de un pueblo. Que es verdad que determinados cantes sólo se pueden conseguir de forma individual, sin duda, pero el flamenco es una música socializada, no tiene explicación desde una perspectiva del sujeto sino del entorno familiar, vecinal o profesional en el que ese sujeto se desenvuelve. Y además ese sujeto expresa una serie de contenidos que no lo son de forma privada, sino que lo son también de forma social. El flamenco puede hablar de amor, de hambre, de enfermedad, de desamparo, injusticia, trabajo y no son las experiencias de quien las cantas las que dominan al ejecutar esas letras, son las experiencias de un pueblo que escribió sus experiencias así, un pueblo que no pudo escribir más que con los renglones de la música su historia trágica comunitaria”.

Juan José Téllez

Juan José Téllez

Periodista y escritor. Os he hablado siempre desde el borde de la duda. Actualmente director del Centro Andaluz de las Letras
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9 Comments

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  1. Liz Alvarez

    mayo, 2011 at 10:01

    Me gustaría saber donde se encuentra la pintura que ilustra la nota, sé que esta ejecutada sobre una pared…es un trampa al ojo.muchas gracias.

    • El Secreto del Olivo

      mayo, 2011 at 10:01

      Hola Liz, la pintura, efectivamente, está realizada sobre una pared y aprovecha parte de la estructura de ésta para dar forma al objeto representado… El autor es conocido como El Niño de las Pinturas… Esta y muchas otras obras suyas decoran varias calles de Granada.

    • El Secreto del Olivo

      mayo, 2011 at 10:01

      Hola Liz, es un graffiti de “El Niño de las Pinturas”. Está en Granada, entre el Albayzín y el Realejo. Gracias

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